Perdido

En el sendero que va a la playa bajaba cada mañana. Daba una corta recorrida y después se sentaba siempre en el mismo lugar, miraba el horizonte marino como estudiando la lejanía con ojos expertos.

Cuando el sol llegaba al cenit regresaba, lo más extraño de ese regreso era que se volvía cada diez metros y mirando el mar, esperaba olfateando el aire.

Cuando lo vimos hacer cada día y cada mes esa especie de ritual, preguntamos a los lugareños: no tenía aspecto de abandonado, de quién era, porqué cada día repetía con precisión la misma rutina.

– Ah, este perro?- nos preguntó- pero hace cuatro años que lo hace! Ahora es de todos, del pueblo, tiene una historia… El dueño lo traía siempre, cada año, iban juntos a pescar… un día el perro se regresó nadando. Llegó casi muerto. El bote y el hombre aparecieron después. Era un hombre mayor, un veterano, le había dado un infarto. El perro intentó salvarlo, tenía marcas en la ropa y en los brazos…Y desde entonces viene a buscarlo, a esperar… no pierde la esperanza… los animales a veces, esperan más que las personas…

Y allá está el perro repitiendo cada día del año su rito sagrado de esperar o querer irse con su dueño…

La Tarotista

Porque desafiaba fue juzgada socialmente.

Porque fue juzgada prefirió vivir y estar alejada.

Porque vivió alejada se enamoró toda la vida.

Porque se enamoró toda la vida, vivió a tope con el amor.

La descubrimos un verano en el pequeño balneario oceánico, era la Mujer del Tarot, y otras esotéricas conjugaciones. Se ganaba la vida desde su pequeño rancho que estaba decorado con artesanías del lugar y tenía una ventana pequeña desde donde se veía la locura de sal y espuma del mar azul.

Por jugar una tarde de lluvias miles, fuimos. Nos dijo cosas increíbles, nos leyó la vida y nos pareció absurdo. Volvimos cada dos tardes ese y todos los veranos. Se fue transformando en nuestra psicóloga, prestidigitadora de acertijos y amiga consejera.

Una tarde de frío inusual nos contó un secreto: hacía más de cincuenta años se había casado, había tenido un hijo y seguía enamorada del mismo hombre.

– En ocasiones me enamoro de otro y me lo permito – nos dijo dando una larga calada a un cigarrillo- he tenido todo tipo de amantes. Algunos sólo por escrito, otros han sido telefónicos, otros de carne y hueso… Eso es lo que me ha permitido amar cada día más al que elegí a los quince, mi único marido. Para mí el amor es eso, enamorarse y desenamorarse y regresar al original con nuevos bríos…

Esa tarde nos fuimos un poco escandalizadas y otro poco asombradas, curiosas y con mil preguntas que no respondió.

Igualmente su Tarot, siguió año a año, siempre asombrándonos, abriendo más preguntas. Fueron diez años de venir a veranear planeando antes, nuestras visitas.

Hace dos años vinimos y se había muerto, su marido se ha perdido en el laberinto del alcohol y no ha regresado.

Su pequeño rancho tan extraño y hermoso se fue derrumbando y hoy, ni su rastro se detecta. Pero el cartel pintado a mano donde se anunciaba su Tarot ha sido conservado. Intacto, tal vez, repintado…Cuál de todos sus amores mantendrá ese mínimo detalle para tenerla presente?

Espejos embrujados

Desde aquella famosa reina que consultaba al espejo para saberse la más bella hasta hoy, los espejos están todos embrujados. Hay espejos, por ejemplo, con maldades que nadie osa mirar y otros, igual de malos, que todos miramos y justificamos.

Hay espejos más o menos fidedignos que te muestran la posible realidad, pero la mayoría de nosotros, ve lo que quiere ver. Hay espejos cóncavos que deforman y desfiguran y justamente esos son los que mucho miran y justifican, aceptando esa realidad…

Hay espejos sucios que no logran brillar, su mundo es la neblina permanente, no te extrañes, todos querrán tener ése y no otro.

El mundo de los espejos no es un mundo en el nuestro, eso es al revés. Ellos nos contienen, nos miran, nos perfeccionan, nos desfiguran. Nosotros, obedecemos o intentamos hacer notar que lo hacemos, estamos todos metidos en este baile del saber y poseer, los espejos, cuando no los miramos, se deben de reír a carcajadas.

Nuestro lugar

… ha sido largo y corto el camino de verte crecer, verte mujer, madre, guerrera de la vida… igualmente, siempre serás mi niña.

Esta historia que repetimos cada verano de volver a este lugar que no es el más bello, no es el más famoso , ni el más caro pero que a nosotras nos atrapa, y arrastramos a casi todas y todos los que queremos, nos une en un espacio donde hay algo que más allá de lo usual, nos enlaza como aquel cordón que cortaron cuando te separaron de mi cuerpo.

Cada rincón de este lugar guarda un recuerdo de nosotras y de nuestros amores, de nuestros destinos y también, porqué no, de la insana satisfacción de reconocerlo como nuestro.

Acá se han ido quedando verano a verano, nuestros soles, lunas, olas y espumas de los días y noches felices. Es casi como nuestro pequeño santuario. Cada año que no vinimos, lo extrañamos. Cada año que retornamos sentimos esa especial vivencia que no tiene demasiada explicación. Y no tiene porqué tenerla.

Nosotras somos a este lugar como los polos que se atraen, como los imanes, como las locuras poéticas que tampoco tienen explicación pero se sienten.

En mi necesidad imperiosa de verte feliz, como cualquier madre, te sigo y me arrastraría desde el otro lado del mundo por una tarde de sol en nuestra playa semi salvaje.

Cuando tenías nueve años y tu papá estaba vivo,pasamos casi de casualidad, a mí me quedó en la retina la majestuosidad de esta playa inhóspita para muchos. Cuando tu papá se fue en su último viaje, volvimos. Era para recordar u olvidar que a veces, puede ser lo mismo.

Y después empezamos a venir y no pudimos parar y ya van más de diez años y ni sabemos los esfuerzos que hacemos, los minimizamos, ni las luchas que damos por estar hoy. Volvimos. Acá está este lugar agreste, acá sentimos…qué? Acaso importa?

(Creo que vuelvo a sentirte como si fueras niña, creo que me hago joven, que vuelvo a sentir que estar cerca tuyo es tan necesario como antes).

No lo olvides hija: no importa dónde estemos mañana, este lugar es nuestro y eso, nadie podrá cambiarlo. Cada vez que necesites llenarte de toda esa energía pasión calor que hemos dejado, vuelve. Yo de una u otra forma también, siempre volveré contigo.

Amén…

Lo encontramos

Hacía cinco años que el tío había salido una mañana de verano, en el balneario de siempre, con su rutina de costumbre y su balde de juntar caracoles. Nunca regresó.

No hubo pelea familiar, no hubo motivos, ni hubo después un cuerpo para encontrar. Ni en el mar azul de ese verano tórrido, ni el laberinto de dunas, ni el monte nativo que rodea el pequeño balneario.

No prosperó ninguna búsqueda policial,legal, ni de investigación privada. Se pagaron varios meses y años de preguntas sin respuestas. Se fueron desestimando motivos, razones y razonamientos. La familia quedó desbastada.

Cada hermano y hermana, eran seis, hizo averiguaciones sencillas y de resoluciones más o menos caseras. Nada, sin respuestas.

Y todas las sobrinas, éramos doce, acompañamos desde nuestras edades equidistantes los veranos sin el tío desaparecido. Íbamos a la casa de la playa y salíamos de mañana y de tarde viendo huellas inexistente imprecisas ilusorias.

Hasta el quinto verano, cinco años de búsqueda infructuosa, ya el tío era una sombra en luto permanente, nos habíamos resignado. Poníamos flores en cada recodo de dunas o en algún árbol del camino. Y ese día salimos todos a bañarnos, el mar estaba encrespado, frío y azul. A las cuatro regresábamos y se nos ocurrió trepar las dunas altas y corrernos y jugar a la pelota.

La pelota fue la que, mal pateada, se quiso perder entre unos arbustos y encontró un maxilar humano. Y no quisimos tocarlo. Y después sucedió,como en un cuento, todo lo demás.

Otra vez policía, legalidades y un análisis del maxilar que resultó el del tío. Y la vida se nos cambió de golpe otra vez. Se abrieron todos los porqués del mundos y todavía no los hemos podido responder.

El tío, debo decirlo, además de dentista era obstinado y comunista.

Gimena llora aceite

El día que Gimena comenzó a llorar gruesas lágrimas de aceite fue el día del incendio en la aldea. En el fragor de las llamas y ante tanta lucha por salvarse y salvar, no pudo notarlo.

Fue después, cuando los aldeanos la hicieron llorar con recuerdos que notó y notaron que chorreaban aceite sus ojos marrones.

Después quisieron darle una explicación y ella juntó fuerzas para recorrer curas milagrosas o profesionales. Las lágrimas siguieron espesas y aceitosas de un inusual color verdoso.

Y para colmo de sus calamidades las lágrimas le brotaban por todo y por nada, que suele ser lo mismo. La gente se preocupó un poco y ella mucho más, entendió que llorar aceite era muy peligroso. En dos ocasiones estuvo a punto de provocar incendios y en otras tantas, dejó resbalosas las calles luego de la lluvia.

Tuvo que aprender a llorar a solas, en un lugar solitario y sin peligros. No fue fácil. Porque era llanto sorpresivo y brotaba y a veces, no paraba.

Hasta que llegó la mujer aquella que sugirió juntar las lágrimas de aceite. Y el aceite fue bueno. Y se podía consumir. Y era rico y oloroso y era aderezo delicado, fino y gustoso.

Desde entonces andan los aldeanos recordándole episodios tristes o contándole injusticias, así nutren la mesa de cada familia con las lágrimas de Gimena que las regala sin tregua.

El dueño

…este señor me roba el sueño,

me deja siempre asombrada,

aún cuando se repite,

me enamora,

aún cuando es salvaje

me esclaviza,

aún sin pretenderlo

me hace ver ver ver sin mirar,

me obliga a oír oír oír sin escuchar,

me sacude y enfría

a veces me tira al suelo…

Y debe ser que a su lado

retorno a la ingenuidad.

Por eso tan sólo lo amaré

y desearé mi muerte a su lado,

que me cubra su salitre,

que me borre su arena,

que se trague mi cuerpo,

que se apodere de mi resto humano

como si alguna vez,

él también me hubiera amado.

Amanece…

…trivial amanecer

nadie en el faro, ni en el muelle,

la playa luce sin madrugadores

vos y yo, como antes, como siempre,

caemos de rodillas adorando este momento…

vos y yo como siempre nos sentimos venturosos

jóvenes y casi despreocupados

otra vez mano con mano

otra vez asombrados

otra vez agradecidos

otra vez eternizando este instante

otra vez pensando si en otra vida

fuimos amantes y navegantes

y seres de mar

y si fuimos como hoy,

felices ante la simple forma de renacer…