El derecho al viaje

Cuándo lo van a crear? Porque viajar es la foto favorita de las Redes, me obligo a no hacer sufrir a nadie con las mías, pero es cultura.

Nadie debería pasar por esta vida sin el crecimiento personal que da un viaje. Por favor: no hablo de esos viajes de jubilados, de niñas quinceañeras. No, hablo de un viaje real donde se pueda elegir un destino y aprender que todo lo que aparece en las películas, es mentira.

Aprender a moverse en un aeropuerto es una cultura casi brutal que toda persona debe adquirir. Para entenderlo usted debe viajar en clase turística, llegar tres horas antes y perderse dos o tres veces por pasillos y corredores. Gente extraña, gente de todos colores, baños impecables, a veces, perros también ahora, altoparlantes que casi nunca se entienden y en tres idiomas. Es cultura ver que uno jamás llevará bolsas repletas de lo que venden en los free shops y que debería de haber comido algo antes de las tres horas de espera. Si Ud no lo hizo, pagará el triple.

Y ver tanta gente le hará preguntarse: de dónde sale tanta gente con tanto dinero para llenar tantos aviones. No sabe, no contesta. Eso le recordará que a Usted le están pagando un pasaje porque de ninguna manera lograría hacer un viaje sin ese recurso.

Cómo está alegre a pesar de ese estado circense de un aeropuerto, conversa con alguien que a su lado dijo una palabra en español. Y entabla una conversación trivial con un desconocido que nunca más verá. Usted acaba de adquirir la cultura de los mil y un tonos y formas del español. Con mucha suerte mantendrá uno o dos diálogos interesantes. Si le toca una de esas personas que adivinan en Ud un turista, alégrese, no se va a aburrir porque le preguntará o le dará consejos sin parar. Y usted acaba de adquirir la cultura del escucha. No entiende ese español pero prefiere oír a ver correr con extrema lentitud, el reloj de su vuelo.

Cuando finalmente anuncien el tan esperado avión que lo llevará a su destino entiende que hará una hora de cola, como esa que odia en los supermercados, hasta que lo llamen por su fila. Es que usted no viaja en primera clase ni tampoco en las primeras filas. Será de los últimos en ascender y le pedirán dos veces más el pasaporte y la tarjeta. Usted ya los había guardado con miedo a perderlos. Su cara enrojece, el personal de aerolínea lo mira con una cordialidad hipócrita. Usted siente que no, no es como en las películas, usted sufrió ya en la entrada donde le chequearon el equipaje, le obligaron a dejar una botella y lo obligaron a quitarse los zapatos y su cinturón favorito.

Cuando consigue llegar a su asiento, casi una hora después que anunciaran el vuelo, la azafata con fuerza y decisión lo ayuda con su bolso de mano. Y comienza la lección del cinturón y cómo salvarse en caso de caer al mar.

Usted entiende que es muy posible que el avión se caiga, porque de otra manera para qué tantas indicaciones antes de volar y menos aún comprende, que siendo este su primer viaje, le den lecciones de salvataje. Usted acaba de obtener cultura de vuelo.

Viajar es cultura. Y eso que recién comienza su viaje.

Le cuento como es llegar a un aeropuerto desconocido?

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