Naranjo sin flor

Este cansancio de saber que sí, es cierto:

Primero hay que saber sufrir,
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento.

Lo que no te dicen es cómo lograr el no pensar,

no desear la flor, adormecer y enduelar la soledad.

Después…¿Qué importa el después?

Si tal vez ni exista después, si quizás toda nuestra vida

ya no tiene después, ya es pasado.

Canto el tango, imagino esa desolación pero

la mía ni siquiera florece, no tiene perfume,

porque tampoco tiene un pájaro sin luz.

Y sé perfectamente que mis manos le dieron mil caricias,

sé que desde hace años me agota el pecho de dolor.

No, no es dolor de vieja arboleda, ni canción maleva,

es dolor de madre agotadada y sufrida,

que no puede marcharse, ni decir adiós.

Deja un comentario