El Don de los vientos

El hombre que vive conmigo, que me ama y me acompaña, mi compañero de vida, no mi esposo ni mi marido ni concubino, mi eterno amante, tiene el don de los vientos.

Una de sus virtudes es conocer las ciudades sin haber llegado y ubicarse en el lugar que está así lo hayan tirado de un camión en marcha. Para mí, carente de toda brújula, perdida en mi propio patio, esa es una razón para amarlo.

Suele tener una ironía un tanto entreverada que me motiva la risa y esa también es una razón para amarlo. Sin risa el amor es imposible, sería casi como sin orgasmos.

Me encanta que domine los vientos. Que estemos frente al mar y me diga que en media hora virará el Sur y será del Este. Me gusta aún más que me lo tenga que explicar tres veces o más porque yo nunca sé dónde están los puntos cardinales.

Esta es una reflexión muy seria porque cuando se justifica el amor parece qué hay que tener un montón de motivos para amar al otro.

Cómo puede una mujer perdida en sí misma no amar a un hombre que domina los vientos?

Sé que suena a elemento fantástico pero ha sido él, quien sin ninguna prisa, corrigió mis tormentas y dominó mis vientos locos.

Cada vez que lo consigue, lo admiro y lo amo…

Pero me encanta provocarlo nuevamente y vuelvo a ponerme tormentosa, llena de viento Norte, el de locos y locas, para buscar al hombre que domina los vientos… un juego que venimos repitiendo hace casi diecinueve años…

Felicidades 🍾🎈🎉🎊

A un costado

A un costado del camino encontramos las casas abandonadas. Estaban las tres, eran esas que recordábamos, sin dudas.

Techos volados, árboles creciendo audaces en muros semidestruidos, raíces de yuyos trepándose por donde estuvieron los ricos rituales de la comida. Tierra y escombro en las penumbras íntimas del dormitorio y una pequeña parte del cuartro de baño que resiste, vaya a saber porqué. Recorremos las ruinas, no creemos en el olvido, algo habrá, algo aunque sea una pequeña huella.

Estuvimos hasta que cayó la tarde, nos fuimos de regreso con pequeños trozos de infancia que solo nosotros entendemos.

Lecturas

Serena al aire de este mes

recordando historias más o menos

veraces y siempre románticas,

me enseñaba el arte casero

de una literatura

oral e imperfecta.

Se me llenaban los oídos de relatos:

secuencias lógicas

problemas inesperados

finales anunciados

personajes imborrables.

La voz de mi madre me alejaba de lo cotidiano.

Sus versiones libres de tanta novela

fueron la casa

que contenía a la verdadera.

Cuál fue nuestra casa de verdad?

La de Juan de Garra de Oso?

La de la servilleta mágica?

La del potrillo blanco?

Mis noches se llenaron de cuentos

mis noches se vistieron de palabras,

algunas me daban miedo,

otras, me enfadaban,

de otras, me reí a carcajada y

algunas, me pusieron a llorar.

Mamá jamás se resistió a narrar

una y otra vez,

nunca dijo que no a inventar

a cambiar o finalizar

su cuento, mi cuento…

Nuestro cuento…

Mi madre no leyó de literatura ni filosofía.

No supo qué era la pedagogía.

Era lectora y me alentaba a leer todo,

sin censuras…

Y así fue cómo logró, con secreto arte

casero, una hija lectora que

dedica su vida a entender: qué nos hace lectores!!!

Zapato (1)

Fuimos las dos caminando por la arena hasta el barco encallado. Lo miramos absortas y tejimos posibilidades absurdas. Cuando ibamos a retornar encontraste un zapato lleno de musgos, mejillones y un trozo de cordón que, obstinado, recordaba su dueño.

– Hay que guardarlo, me susurraste.

– No, no ya basta de esa manía tuya de coleccionar cosas viejas, inútiles.

Y vos como si nada, llevándote el zapato lleno de arena y sal.

Al año de tu muerte, aterida por el frío de tu recuerdo, decidí limpiar aquel lugar de reliquias y olvidos. Entre muchas cosas ahí estaba, el zapato lleno de naufragio y playa. No sé por qué me lo puse en la oreja y sentí el murmullo del mar como en un caracol. Sentí las olas risueñas chocando en las rocas y lo mejor, volví a sentir tu risa veraniega.

A veces…

Me resigno, apago la luz,

me alejo, no protesto,

ni cerca de confrontar

ni lejos de huir

Es sólo una vivencia

silenciosa

donde se me ocurre que lo mejor

será delegar a la causalidad

lo que deba ser y será.

Me resigno y sin sonidos

vivo el tiempo que necesito

para aclararme, comprender,

enduelarme sin testigos.

Sí , a veces hay que resignarse al caos

a lo injusto, a lo que no puede ser,

confiar en que de una u otra forma

las piezas imantadas volverán

se arrimarán y se alinearán.

El desorden generará otro orden

pero es necesario, algunas veces,

esperar con resignación

ese tiempo y ese lugar

que nos hará confiar otra vez.

Hay veces en que esperar y resignarse

te permiten recargar la energía

del ave fénix y la comprensión

sin odios.

Regalo

Regalo

Buscaba un mimo y un halago.

Un suspiro hubiera alcanzado…

No encontré nada.

Recordé que amar es eso de dar y dar y dar

sin esperar nada

se pierde siempre

la entrega es así y ofrece poca recompensa.

En ese momento noté

que yo notaba

que tu notabas

lo mucho e

intenso que era

sentir así.

Y fue cuando

apareció la risa.

Esa magia

la carcajada y la otra

la apenas contenida y

que no se puede ocultar

la risa cómplice la más sabrosa.

Y al reír volví a ser adolescente.

Volví a importarme de nada y todo

que es lo mismo.

Sentí la misma sensación de vértigo.

La necesidad de abandonarme

la fuerza de la risa que transmuta.

Entendí que era simple

que resulte absurdo y profundo

y es que la risa, la mía

vale tanto,

que te amo por provocarla

Y de verdad, no debo esperar más nada.

Escribir

Papelitos por doquier,

notitas innecesarias y excusas intangibles.

Del papel y el lápiz

a la máquina de escribir y de ahí,

al mundo de las pantallas.

Acá y allá o dónde se te ocurra

dejar como el rastro de algo,

alguien o la vida, que es lo mismo.

Me he pasado los años

dejando escritos y aún, no alcanzan.

Tal vez el hechizo esté ahí:

nunca alcanzará y por eso es

tan misterioso y mágico

intentar escribir algo.

Prosas, cuentos, intentos poéticos

y notas, apuntes, conferencias o

charlas, estudios…secretos, espantos,

deseos, recuerdos, novedades y

mil formas de ir dejando esta trama

que vivo en imprecisas metáforas,

borradores eternos.

Busca una a las y los lectores?…

O te encuentran?…

No importa. La sencilla precisión de las palabras, no agitan más egos

que dejar semillas en cada intento.

Gotera

Imperceptible la gotera,

apenas una gota tras la otra

ardua labor del engranaje que

le permite deslizarse.

Y sigue y yo sin pegar un ojo,

repica irónica y desafiante,

es sólo una gota de agua

que inhibe mi sueño

perturba mi noche y me tiene

despierta y furiosa.

La gota cae y se ríe, canta,

yo maldigo y suspiro.

Así se escurre la noche y el

tiempo y las gotas cantarinas

que se llevan el agua.

Tan sólo una gotera

poderosa y enorme de

una o mil gotas,

pueden arrasar tu noche,

o tu vida,

o tu tiempo,

que al final, son la misma cosa.