Desaparecid@s

Nos desaparecieron.
Nos mataron y nos tiraron.
Nos asaltaron y nos humillaron.
Nos torturaron y nos violaron.
Nos borraron.
Nos escondieron.
Nos calsificaron.
Nos derrotaron. Nos acribillaron.
Nos creyeron olvidados…

Pero siguió la búsqueda

Siguen nuestras fotos marchando

Gritaron las madres y las abuelas

Nuestros nombre fueron repetidos

Año tras año, nombrados, gritados,

PRESENTES!, dijeron

Y por eso o, cada tanto sucede:
Algún hueso desanda el camino
de este olvido…
Algún retrato aviva el recuerdo
necesario…
Algún dolor recuerda aquel otro
que un día nos borró el rastro…
De atrás de todo ese olvido
un brote será planta y tus huesos
y los míos serán raíz y gajo y otra vez
habitaremos este suelo y sin volver, volveremos.
( pequeño homenaje)

La mujer del friso

Mi tía me cuenta que alguien quiso comprar la mujer del friso y que no quiso ni pudo venderla. La mujer del friso como la proa de un barco, ha vigilado esta familia desde que los abuelos eran jóvenes.
Ha visto noviazgos, casamientos y bautizos, más innumerables e inevitables muertes. Ha escuchado confesiones más o menos importantes, declaraciones y sacrificios… también debió escuchar secretos y alguna traición, porqué qué familia no la tiene?
En el piso con baldosas antiguas que custodia su mirada fija, aprendí a jugar a la payana con cinco piedras. Desde ahí me lanzó el golpe fatal mi hermano en un ataque de ira esquizofrénica que casi me mata.

Salieron muchas novias, mi tía Nélida de excelente reputación como modista, vestía a las novias que bajaban los siete escalones de mármol. Allá arriba ella controlaba?

Mis tías y mis primas en penumbras de la noche besaron y fueron besadas. Algunas hasta fueron infieles. Única testigo: la mujer del friso.

La que vio salir a mi abuelo y mi abuela, felices a visitar su chacra y vio regresar meses después, con una pierna más corta, a la abuela de riguroso negro.

Y vio alborotarse la casa en navidades extremas. Vio convertirse esa salida en un hospital de campaña porque todo pariente enfermo se recuperaba o moría en esa casa. Ella, ahí arriba, solo era una testigo que nadie reparaba.

La mujer del friso tiene más de cien años. Ella sigue impávida a los cambios de los tiempos que corren. Adentro, hay solo una mujer que la sabe allí. Ha pasado noventa años bajo su mirada hueca.

Afuera me quedo yo, mirándola, deseando ya no estar cuando la saquen, cuando la decapiten, cuando la asesinen en aras de la modernidad, cuando la arranquen con cierto cuidado si hay un comprador. No quiero estar.

La mujer del friso siempre fija, siempre eterna, se llevará mi genes femeninos. Mi pedazo de historia y la de mi familia materna. Decido no ver ese asesinato.

Otras letras de otoño

Me sucede…
en estos días donde las hojas
me miran tiritando desde las veredas,
donde los vientos cambian sus rumbos
y se acercan
los tiempos de lluvias,
y me sucede en estos tiempos
que siempre coincide con
las mismas hojas del almanaque…

…tiempo previo al invierno:
mañanas tristonas
tardecitas diplomadas de noche
alfombras de hojas suicidas…

Entonces me nace, me hiere,
me convoca,
la mágica sensación de armar
líneas mientras se ríen las hojas
allá, afuera,
y desde este lado las palabras
surgen rápidas, raudas
anhelando amores o muertes
que a veces, suelen ser
la misma cosa…

… los fantasmas del pasado
siempre rondan mi casa
desde aquel día,
hasta el último que haya
de beberme,
andarán buscándome en
este equinoccio de soles
esquivos y brisas frescas…
… me quedo mirándolos,
esperando que sus recuerdos
me inspiren los versos
o los cuentos,
son ellos los que dictan desde
su presencia otoñal,
la locura de mis palabras…
me quedo aletargada, esperando
la llegada, los vientos,
las hojas y mis fantasmas…
los veo, mi mano corre rauda
sobre papeles y teclados,
los miro y me veo,
seré yo en algún tiempo
otro fantasma más que ambule
en esta vieja casa,
me miraré en mi propia foto
sin poder gritar
que ya fui,
buscaré las sombras de otros
que fueron conmigo para
que mi errar no sea solitario,
me miraré en los ojos
de mis hijos,
enredaré los dedos de mis nietos
tal vez hasta pueda
susurrarle a alguien palabras
que rasguen papeles
mientras cae el sol de una
tarde tibia…
…descansaré quizá,
porque esa sabiduría no la tengo,
y entonces,
la muerte, sería sin descanso,
otra cosa vana por la que esperamos
sin remedio.

El mar escribe historias

A orillas de este encrespado trozo de Atlántico lo veo ir y venir. Trae, deja, lleva. Su inmensidad se hace espuma y su clamor aullido.

En este rincón olvidado del turismo consumidor y etiquetado, hemos pasado momentos inolvidables. Hemos intentado traer aquí a todos los que amamos y muchas veces, lo hemos conseguido.

Tenemos recuerdos guardados de más de veintitantos años, otros veranos, el mismo océano, la playa brava y cada casa nueva, un acontecimiento.

No sabemos porqué volvemos. Insistimos y cuando no lo hacemos, sentimos que no hemos tenido verano.

Este mar salvaje, nos convoca cada año. Hemos dejado parte de nuestra juventud aquí, hemos visto a los nietos bebés transformarse en hombres. 

Repetimos el ritual que es el mismo pero diferente cada verano. Y el pequeño pueblo sigue sufriendo el embate de las olas y arrinconan piedras para sostener casas. Y cada año vemos que se llevó otra pero un poco más lejos, nació otra. 

Este trozo de mar podrá escribir que cada año, hemos dejado un pedazo de nuestras vidas aquí, en su orilla. En los pliegue furiosos de sus olas, en la infinitud de su esplendor.

Amo este mar bravío, este pueblo pequeño, esta costa rústica e infinita. El silencio de sus noches y las miles de fotos que tenemos guardadas.

Es verdad que el mar escribe historias y a nosotros, a buena parte de nuestra familia, nos escribió el regreso en cada centímetro de piel.

No podemos abandonar esa caligrafía marina que nos invita cada verano a volver. 

Verano,otra vez

Empezó el verano

ya se siente alguna chicharra,

ayer, escuchamos ranas…

Ya se alargó el día y

este sol quema sin tregua…

Ya se arriman las fiestas tradicionales,

este año, llegaron antes?

Es un misterio o un Ministerio esto del tiempo?

Empezó el verano y se fueron corriendo

las mantas, las bufandas y este año…sí este,

también se está yendo.

Volveremos a tener la esperanza inevitable,

la ilusión adherida a cualquier cosa linda,

olvidaremos las enfermedades , el hambre, la guerra, las mentiras,

 nuestros planes sin cumplir y hasta nuestros muertos…

El arte de sobrevivir exige no rendirse,

debemos tener unos momentos de magia,

brindar con brillo en los ojos y

abrazar a los que tengamos cerca…

El arte de sobrevivir exige amar

y pide a gritos solidaridad…

Llegó el verano y se está muriendo lento

otro año inusual que nos hizo pensar más 

que nunca: qué solitario está nuestro planeta,

qué falta nos hace un poco de humanidad por todos lados.

Por ahora… sólo comenzó el verano

y el año se va muriendo…

Árboles

Amo el verde de los árboles o sus ocres otoñales.

Será que nos unen los árboles en esta locura de dormir y despertar juntos hace ya casi 25 años?

Porque a vos te gusta buscar restos de madera y con tus manos de artesano, darle formas.

A mí me gusta escribir y cada año, algún libro logró publicar.

De los árboles alimentamos nuestros pasatiempos favoritos.

Y no está del todo bien, porque al mundo le están faltando árboles.

Pero si tenemos culpa, es solo la que nos corresponde.

Agradezco

Hoy necesito agradecer por ese momento que no fotografiamos.

Ese instante único que nos pertenece y no compartimos.

Dar las gracias por esos secretos celosamente guardados por años. Esos que de vez en cuando, desempolvamos para recordarlos en un lugar que nos gusta.

Agradezco nuestros locos viajes no planeados, sin perfiles de viajes codiciados donde buscábamos tal vez, solo escabullirnos, sin demasiados propósitos.

Esos poemas que nunca te escribí y te los dije mal pero con el alma una noche de luna.

Esas lágrimas que conozco y te nacen con ciertas melodías.

Agradezco tanto sabernos con auténtica sencillez, sin reprocharnos ayeres.

Agradezco más aún venir de aquella lejana época del lápiz y el cuaderno porque quizás eso, nos ha impedido caer en los lugares comunes de la tecnología permanente.

Olor a amor maduro, perfume a madera sazonada, música que nos hermana los sentidos y arrugas que nos dan un recorrido para las yemas de los dedos.

Nada que fingir, nada oculto, todo expuesto y con intensa sinceridad, una apacible vida que aún guarda estremecimientos de ternura, recodos de pasión.

Alguien alguna vez nos dijo que esta puede ser la mejor etapa? No, porque solo se sigue alabando el hecho de ser jóvenes y tener la agilidad en el cuerpo, la elasticidad en la piel y el sexo urgente.

Agradezco estar viviendo con vos esta etapa diáfana de amor, la calidez de la ternura, las nostálgicas noches, la dulzura del beso y la felicidad de amanecer juntos.

Todo lo demás, se quedó en la vidriera de las Redes, por suerte seguimos hablando mirándonos a los ojos. Sin maquillaje.

Petunias

Las petunias de Marosa se han perdido por este clima que desde el caribe, nos ha contagiado el escritor colombiano. Las camelias de la abuela casi no se ven y Dalias y Hortensias son mucho más pequeñas. El mundo de las flores ha cambiado, también ellas, precisas, frágiles y bellas han optado por abrirse en pleno otoño y casi dormir en primavera.

Ellas, tan sensuales, abriendo sus corolas como piernas que ofrecen la humedad del sexo. Ellas que con lentitud retiran las ropas y muestran su húmedo interior. Ellas que se excitan, se muestran y llenan de vida jardines, senderos, macetas. Trampa para colibríes y néctar de abejas y avispas.

Las flores son auténticas mujeres sensuales. Cada vez que las cortan para regalar un ramo o adornar un salón, mucho más para acompañar un muerto, matan sus orgasmos y las condenan a morir secas y frígidas.