El hombre rico…

El hombre rico y poderoso ordenó su mansión en el centro del monte. Debieron derribar, cortar, tirar y más. ..Cuando finalizaron la hermosa casa al hombre le molestaron los pájaros que lo despertaban muy temprano. Hizo colocar todo tipo de trampas, recompensó por cuerpitos muertos a los cazadores e hizo encerrar a los que quedaban, en jaulas lejanas a su oído infame. El monte quedó silencioso. Ya nada cantó en las ramas. Ya nada aleteó en el sol.

Años después el hombre rico y poderoso luchó a brazo partido contra una enfermedad que lo dejó sordo como una tapia.

En tibia venganza los pájaros enjaulados se soltaron y regresaron a cantarle al monte. Un silencio de muerte en los oídos del hombre. Y un reinado de aves que trinaron y se multiplicaron por doquier.
Dicen que finalmente… murió de insomnio…

Generacional

Me gustaría desnudarme e ir a una playa nudista o naturista o cómo se llamen…

Me encantaría tener el pelo azul…

Me tomaría toda la cerveza que pudiera en una noche…

Fumaría marihuana hasta caer dormida.

Haría el amor hasta tener cistitis.

Tendría más amigas y amigos, viviría de juerga los fines de semana.

Jugaría con mi nietos en la piscina por horas, hasta agotarlos yo a ellos.

Ni loca pensaría en existencialismo, política, pobreza, filosofía o sociología.

Escribiría cuentos para niños sin intención de publicar ninguno.

Pero estoy encerrada en este cuerpo que ya ha soportado tres cirugías y tiene síntomas de artrosis.

Lo digo y lo repito, no tengo 65 años, yo podría tener 24, me gusta la tecnología, adoro las luchas de ahora, me encanta leer en la tableta, considero que la juventud de hoy aún con su abulia, está muy por sobre la que yo viví.

Nunca diré: ” en mi tiempo era mejor “, porque no lo creo y porque de verdad, no sé cuál fue mi tiempo y que quieren decir con eso.

Me preocuparía mucho más por el calentamiento global que por mi salud. Intentaría ser vegana.

Descreería de todo sistema impuesto desde lo educativo, moral y político y pondría en duda todo. Intentaría hacer meditación y creer en teorías diversas…

De hecho… creo que algunas de estas cosas las hago cada día más, pero la biología y un montón de prejuicios me impiden el resto.

Cómo se vive “el resto de tu vida” encerrada en un cuerpo que va envejeciendo y un cerebro que se niega a acompañarlo? Ni idea… si lo averiguo haré mi tesis post mórtem 😂😂😂

Cesar

Quedar al margen.

Estancarse o terminar…se?

Una vida se evalúa en cómputos previstos y mendigos para que ceses…

Y los jóvenes te dicen: yo también me quiero jubilar!

Yo no! Yo quiero seguir trabajando porque he sido una privilegiada, me ha gustado mi trabajo.

Pero estoy encerrada en este cuerpo, en esta edad donde se supone, debo cesar y vivir mi nueva etapa.

Consejos? Miles. Estupideces casi todos ellos, frases hechas, felicitaciones huecas, como si todos y todas, fuéramos iguales.

Al fin me voy al margen a mirar cómo otras y otros corren y yo, simplemente, miraré y casi seguro, descargaré por acá la ausencia laboral.

Sin excusas para no leer ni escribir…

Trampas

Trampas

El olvido nace y crece porque se trabaja sin descanso en provocarlo…

(la suerte también se lo propone)

la polvareda de los vientos locos

el desgaste de los huesos

el descreimiento en una misma

la efímera y tardía vida consciente

la necedad

la abulia

la apatía

el egoísmo

la compra compra compra

lo trivial y lo pegajoso

la necesidad de ser simpática

agradable agradecida cuerda

la opacidad de ser una misma

la melancolía

la desmemoria

las trampas propias y ajenas

… todo eso y un poco más, seremos parte del olvido que dejamos y no supimos prevenir.

Luna sobre el mar

Poesía pura. No podría escribir nada que ya no se lo hayan dicho. Magnífica.

Los turistas de este lugar remoto que no somos muchos estamos atrapados y sacamos fotos. Estamos sin querer asombrados como primitivos frente a la belleza…

Me pregunto… cuando quede solitario y frío este lugar y ella vuelva majestuosa a iluminar el océano que le baila, la mece, le canta… seguirá así? Mostrará la misma impúdica belleza o esperará al próximo verano para enseñarnos dónde habita la poesía sin título?

La karateca

Me es imposible saber la historia de mujeres que arribaron con destreza a las artes marciales acá, en Sudamérica. Supongo que en los años 60 no habría muchas.

Por eso me interesó la historia de esta mujer menuda, con cara de niña pobre, que asaltaba conductores y los golpeaba terriblemente si no accedían a entregarle el dinero.

La muchacha se paraba en zonas estratégicas de la ciudad en horas de la noche. Cuando veía un conductor solitario, que no llevaba prisa, salía a su encuentro gritando, gesticulando desesperada como si se le fuera la vida en ese aventón rogado.

Después de explicar al conductor que la llevase unas pocas cuadras que su novio la venía persiguiendo para golpearla, el auto arrancaba y a los pocos metros explicaba con voz suave la realidad de su aventón:

– Vas a detener el auto ahí, despacio, me vas a dar todo lo de valor que tengas. Si no lo haces, lo vas a lamentar, soy karateca, te romperé los huesos.

Y lo hizo más de una vez, no sé si rompía huesos, pero los dejaba para hospitalizar por la golpiza. La noticia demoró en cobrar notoriedad y sinceridad porque la mayoría de los asaltados no querían : decir que levantaban jovencitas solitarias en la noche y mucho menos, que habían sido atracados y golpeados por una mujer de menos de 60 kilos.

Así que la ” Karateca” ladrona de conductores solitarios se hizo famosa por los murmullos y no llegó a los diarios. Y siguió robando.

Cuando llegó la denuncia oficial del primer hombre que se atrevió a revelar la verdad, después de soportar más interrogatorios y ofensas que un delincuente, la ladrona tuvo tiempo a organizar su escape.

Desapareció. Quedó su historia y la de sus golpeadas víctimas que, haciendo gala de su ego macho, no contaron que también ellos habían caído en la trampa sutil y dolorosa de una jovencita diestra en trucos y artes marciales.

Encallando por amor

Importa la fecha exacta? Las cosas que valen la pena y casi nunca se cuentan, no deberían tener fecha.

Gibelina era una mulata que trabajaba en un puerto brasileño. Esclava por generaciones seguía fregando pisos y escapando de las manos ávidas de su patrón. Escapando de su ama que comenzó a golpearla cuando a ella le crecieron los pechos y su cuerpo se hizo de guitarra.

Gibelina tenía un don natural para bailar agitando sus caderas y vibrando y sudando arrancaba ansias de cualquier mortal. Algunas veces se escapó a bailar en el puerto y los aplausos la entusiasmaron. Se escapó cada vez más hasta que aquel hombre barbudo la raptó y la encerró en su barco.

Gibelina resistió la violación con uñas y dientes y el hombre decidió dejarla sin comida y sin agua para ” ablandarla”. No la quería de prepo, quería que ella gozara.

Así zarpó su barco, con Gibelina encerrada y él intentando conquistarla. Cuando la mulatase dió cuenta que se alejaba de sus amos, sonrió y comenzó a mirar al hombre con un poco de cariño. A los diez días se dejó abrazar y después poco a poco, se dejó llevar al camarote. Después no hubo después, la pasión los desbordó y salían del camarote solo a buscar comida y agua.

La tripulación se cansó de llamar al dueño del barco porque el rumbo estaba mal y se preveía que podían encalla. No hubo forma. El hombre y la mujer se amaban sin treguas y dormían como osos y recomenzaban.

La tripulación se salvó con los botes salvavidas. Ellos habrán encontrado la muerte con estertor de orgasmo o durmiendo el agotamiento, es lo mismo.

Nunca sacaron el barco que encalló en esta playa, antes no habrán podido, después no habrán querido. Ahí está, corroído por el salitre, asoma entre el oleaje, testigo de un amor suicida y perpetuo.

Cada año, en verano, camino cuadras por la arena y le invento una historia…

Mutaciones

La vida amerita mutar. Me lo dijo en tono filosófico y yo, que le creía todo, lo acepté. Mutar lo que se dice mutar. No una simple máscara de carnaval o de vida. No, no, que lo tuyo era del blanco al negro y del gris, al rojo.

Entonces dije o más bien pensé, que se arregle, entre tantas mutaciones se perderá de sí mismo. Y así fue.

En un recodo de la vida se encontró tan perdido que ni la memoria le servía para nada. Esas preguntas triviales que nos hacemos en crisis existenciales, rebotaban vacías, sin respuestas. Perdido y sin huellas de sí mismo también, consecuencia casi lógica, perdió el rumbo.

Anduvo buscando su yo y se encontró con tantos que no supo con cual quedarse y menos aún, cual de ellos era su esencia. Perdido, sin memorias fidedignas descubrió horrorizado que no tenía sombra. Ni de día ni de noche. Ni en la arena ni en la pared.

Ahora anda en su búsqueda. Alucina pensando que al encontrarla, se hallará. No sabe que cuando una sombra desaparece, otro dueño la ampara y ella, porque es mujer orgullosa, no regresa jamás.