De grises

Le dije que el gris no le quedaba bien. Le dije que se alejara de los pensamientos e ideas grises. Le dije que se alejara de los vientos del Norte que avisan de la locura y la poseen. Le dije todo eso y mucho más. No hubo manera. Su gris mirada iba con su gris pesona y sus grises pensamientos se volvieron horizontes.

Nada se puede hacer en los casos en que el horizonte se convierte en cosa cotidiana. Se fue de largo por la calle empedrada. Se tranformó en polvo, en aire o en pelusa volátil, yo al final no lo supe, se fue volando como ave o como mariposa, qué importa. A mí, lo único que me importaba y me importa, es si dejó su gris atrás…

El hombre que odiaba los pájaros

El hombre rico y poderoso ordenó su mansión en el centro del monte. Debieron derribar, cortar, tirar y más. ..Cuando finalizaron la hermosa casa al hombre le molestaron los pájaros que lo despertaban muy temprano. Hizo colocar todo tipo de trampas, recompensó por cuerpitos muertos a los cazadores e hizo encerrar a los que quedaban, en jaulas lejanas a su oído infame. El monte quedó silencioso. Ya nada cantó en las ramas. Ya nada aleteó en el sol.
Años después el hombre rico y poderoso luchó a brazo partido contra una enfermedad que lo dejó sordo como una tapia.
En tibia venganza los pájaros enjaulados se soltaron y regresaron a cantarle al monte. Un silencio de muerte en los oídos del hombre.

Vivir como un pájaro

Comenzó a vivir como un pájaro, se levantaba al alba y se dormía al caer el sol. Sus alimentos pasaron a ser las semillas, las frutas y las verduras crudas. Su único pasatiempo dibujar aves y empapelar con ellos su vivienda que se iba transformando en un nido. El día que compró su parapente apareció vestido con un traje alucinante hecho de plumas. Por meses había juntado plumas, las lavaba y las teñía de colores azulados. Cuando se elevó aquel dia, feliz y magnífico, supimos que jamás lo volveriamos a ver. Su nido vacío fue el lugar donde lo lloramos. No regresó nunca.

Soñando pájaros

Anoche soñé con pájaros que bailaban y se reían de mí. Sabía que soñaba pero no quería ni podía despertar. La danza de los pájaros me dolía porque no podía danzar con ellos. En un extremo del cielo se unieron todos y dibujaron figuras geométricas fantásticas. La música era de otra dimensión sin ningún sonido posible o conocido. Una lluvia de terciopelo plateado me mojó las manos y entonces pude extenderlas hacia ellos…era tarde, ya brillaba el arco iris y la danza terminaba con la última gota.
Cuando logré despertar y tomar notas de mi sueño vi la cama cubierta de plumas húmedas.

Agujas


Mamá siempre repetía que ella con una aguja tenía lo que quería. No sólo obtenía un vestido, una camisa, una bata desde un trozo de tela. Mi madre podía conseguir objetos maravillosos que no salen de una aguja común y corriente.
Una vez cosió un billete de cien pesos y tuvimos una época distendida en dinero. Otra vez cosió granos y tuvimos la despensa llena. Cosía pelos de parejas descarriladas y les volvía el amor como en racimos. Cosía ropitas de niños pálidos y les volvía el color y la fuerza. Cosía pelos de animalitos enfermos y los sanaba. Mi padre estaba sujeto a ella por un amor de mil hilos.
Mi casa estaba sujeta a aquella vida por millones de agujas de tamaños inverosímiles. Desde pequeñitas para los llantos de bebé hasta las gigantes que ataban desde un amor o un sueño imposible hasta un hogar, como el nuestro.
Mi madre cosía todo el tiempo y contaba cada puntada. Lo más increíble era que recordaba cuantas daba para cada cosa. A veces cobraba dinero pero otras, comida o ropas, cosas necesarias pero no imprescindibles, decía al pasar los costos. Cuando su fama de costurera universal de todo lo aferrable se extendió por varias zonas, le exigimos con papá que subiera los costos. Y ella cosió para nosotros un billete grande y nuevo. Y comenzaron a llegar a sus manos laboriosas la gente que tiene dinero y aún así, necesita más cosas. Y le pagaban aunque mamá siempre se reía de sus pretensiones. Pero nunca les aferró a sus hilos ambiciones desmedidas o propósitos desopilantes. Mi madre cosía con éxito sólo las posibles necesidades dignas y humanas. Ganó prestigio, todos la necesitaban. Sus manos mágicas cosían un mundo de deseos buenos.
Su vida no fue la misma. Dejó de dormir para poder cumplir y luego de comer. Las agujas y los hilos la fueron atrapando de tal manera que ella misma quedó cosida. Un día dejamos de verla y llorando a gritos la buscamos. Mi padre la encontró cosida a su cama y me dijo que mañana o pasado volvería.
Y volvió. Y fue mi mamá y por suerte nunca más recordó su afán por coser los deseos de otros.

Mujer piedra

Comenzó a juntar piedras cuando era niña. Su búsqueda la hizo construir un espacio en su casa para amontonarlas. Una vez al año las sacaba, las lavaba y las ponía al sol.

En su adolescencia recorrió distancias sólo por encontrarlas. Solía volver a su casa con bolsas llenas de piedras. Llegó el momento en que su familia comenzó a considerar aquello una especie de enfermedad. Intentaron de diferentes formas que abandonara su obsesión. Y por un tiempo detuvo los excesos y trajo sólo alguna los fines de semana.

Cuando ya era una mujer formada, trabajaba y tenía su propio negocio, construyó la casa de sus sueños colocando en el patio todas las piedras que había coleccionado y dormían en la casa de sus padres.

Nunca tuvo tiempo para formar su propia familia, su vida era su negocio y distraerse juntando piedras. Después que tapizó el patio de su casa con las piedras comenzó a buscar más. Y así las fue pegando en las paredes. Hacía una mezcla e iba pegando más y más.

Ella siempre repetía, ante las preguntas inevitables que todos le hacían, que ella no buscaba las piedras sino que ellas la llamaban.

Así fue como un día su casa entera estaba cubierta de piedras, piedrecitas, filosas, chatas, de colores diversos e infinitas formas. Y su casa se transformó en lo más llamativo de la aburrida ciudad.

Envejeció despacio y serenamente, siguió colocando o guardando piedras a diario y un día no la vieron salir más de su casa. Y así pasó una semana, finalmente llamaron a un hermano.

Nunca encontraron rastros de ella. Se hicieron conjeturas de demencia senil y hasta de un posible asesinato. Pero nada fue comprobado y ahí siguió en pie la casa y sus piedras.

Hasta que los sobrinos decidieron venderla… pero nunca lo lograron. Seguramente las piedras no eran bien vistas por los compradores. Y cuando intentaron sacarlas los ganó un cansancio y un hastío súbito y enfermizo que los hizo abandonar la idea.

Pasó un tiempo para que decidieran dona la casa para una escuela de arte. Allí cantaron, pintaron, escribieron, bailaron e hicieron mil cosas más un buen número de niñas, niños, jóvenes.

Lo único extraño, si es que lo hay, es que muchos dibujaban una mujer de piedra…

Este relato fue escrito también en ese taller…

Espejos gemelos

Los compramos idénticos: como vos y yo. Eran como nosotras pero cada quién tenía el suyo. Lástima haberlos comprado idénticos. Eso no fue inteligente.

Fuimos gemelas , alma y corazón en un puño, en un útero crecimos y nos contemplamos. Después pasó la vida. Y justo antes de separarnos el tonto juego de cambiar espejos.

Del otro lado del mundo mi espejo te mira y a mí el tuyo. Te avisa y me avisa y sabemos el final antes que los demás.

Hoy lloré con tu espejo desde el amanecer. Corrí a mirarlo y te vi sin vida. Cuando a media mañana sono el teléfono…ya sabía la noticia: del otro lado del mapa estabas muerta desde hacía casi diez horas.

Hoy regresé de eso que llaman sepelio, horas de viaje en avión para acompañar tu última morada, me traje sólo tu espejo.

Quedará tu ausencia gemela en mi

alma, y una pregunta que ronda mi cabeza… podrás comunicarte conmigo? Habrá alguna posibilidad? El espejo nos servirá de nexo?

Y la otra pregunta: en cuál de los espejos vislumbraré mi muerte antes que llegue?

La bruja Reina

Esta bruja reina

Esta es la bruja Reina

y muchos remiendos usa

Anda sin ninguna prisa :

su escoba es imprecisa,

y está corta de vista

Llega como los reyes,

el seis de enero,

porque ama el veraneo,

pero solo

trae libros y ninguna otra cosa

es una bruja caprichosa…

Llega, tira libros por todos lados

se esconde en algún costado

Y nadie puede descubrirla

porque se transforma en dado!

Es viejita y no ve bien…

Hay que tenerle paciencia

pues es la única en la tierra

que regala historias por doquier

sin preguntar para quién