Negación

También creí que la tierra cubierta de violetas era mágica

Que el sol tibio del invierno era un rayo lujurioso que todo lo entibiaba

Que el océano podía con su movimiento curar cualquier angustia

Que los pájaros eran excepcionales y los peces extraordinarios

Que la Luna era algo maravilloso y la noche la magia negra

Que los ocasos rojos eran símbolo de pasiones de otros mundos

Creí que el amor todo lo curaba y que la pasión lo sellaba

Creí que yo era yo y que los demás no sé qué y vos… sólo vos y nada más

Hoy caí en cuenta que creí lo que quise porque también como todos, como la inmensa mayoría, creer es aferrarse a sobrevivir

Hoy caí en cuenta que nada nunca nadie…

Hoy caí en cuenta la sobrevaloración del color, de la Luz, de la noche…

Entendí que sobrevaloro la vida por el mero hecho de no morir…

Soñándote

Oníricas pretensiones…
Había muchísima gente y todos usaban algún tipo de toga y capuchas. Frailes tal vez. No podía ver sus rostros. Me sentía desnuda porque era la única a cara descubierta.
Caminábamos de prisa, alguien nos perseguía. Cuando apareció el Cíclope supe lo que era obvio, iban a lanzarme a mí. Iba sujetada por los pelos frente a su único ojo inquieto.
En lo alto vivían sus hermanos que no eran tan grandes. Cuando pensé que me almorzarían me dejaron en un sillón inmenso. Me preguntaron con sonidos guturales a quién me quería comer. No quería decir tu nombre. Pero era el único que me sabía. Al pronunciarlo sentí que te iba devorando y desperté con esas ganas locas de ir a buscarte, abrazarte, reconciliarnos con la vida.

Educación

Diálogo con mi padre allá lejos en la vida:

⁃ Ay no papá, convencé a mamá no quiero ir más al colegio de monjas…

⁃ Papá cara escondida atrás del diario:de eso se encarga tu madre..

⁃ Tenés 8 años y tenés que obedecerle.

⁃ Pero no quiero ir con las monjas vos decís siempre que son mala gente.

⁃ Bueno porque a mí en el hospital me trataron muy mal porque yo no quería rezar.

⁃ -Ves papi, a mí también porque nunca rezo, no me aprendo nada de lo que me enseñan.

⁃ No, pero las monjas del colegio no son como la del hospital.

⁃ Pero no quiero rezar.

⁃ Mal no te va a hacer.

⁃ Y vos por qué no rezas?

⁃ Porque no se me antoja y soy grande.

⁃ Eso está mal…

⁃ Las monjas enseñan bien, preguntale a tu madre.

⁃ Papi…¿vos sabes que los que pagamos entramos por la puerta principal y que las que no tienen plata y no pueden pagar entran por la puerta de servicio? Esa puerta chiquita de la otra cuadra…

⁃ Ves, ya estás aprendiendo y tan chiquita…

…Ay papá…a qué me dejaste ahí 12 años renegando, ahora me río de aquella charla pero no sé si te lo perdono totalmente.

Un piojo rebelde

Ser piojo no es tan fácil y eso lo tuvo que aprender rápido Carlitos, que apenas nació lo barrieron con un peine fino. Y cómo no tuvo ni tiempo de conocer a su mamá, pues lo arrancaron de su lado, tampoco conoció su hogar que era la cabeza de una niña de pelo largo y hermoso, Carlitos se hizo rebelde apenas nació.

Aprendió rápidamente a subir a otra cabeza y a esconderse en las raíces de pelos más oscuros. Después aprendió el arte de camuflarse y cambiar de color de acuerdo a la cabeza que encontraba.

También desarrolló un fino olfato que le permitió huir antes que llegaran las legiones de lociones mata piojos. Demostró sus dotes en la piscina aprendiendo a nadar y esconderse hasta hallar cabeza propia.

Vio desaparecer a muchos amigos y amigas, pero se negó a olvidarlos porque eran su ejemplo a seguir: “ los piojos no duermen” era el lema. Por más llenita que estuviera la panza, no había siesta posible porque llegaba una mano con buenas uñas y los cazaba como con pinza, los peines finos eran cada vez más filosos, eran armas de exterminio metálicas, además preparaban el pelo: lo aceitaban. Cuando llegaba el peine fino no había forma de escapar, era como una pista de patinaje y se iban casi todos. Menos Carlitos que gracias a su olfato podía correr y apretarse preparándose para la batalla.

Gracias a Carlitos que luchó con ganas y pudo llegar a conocer varias piojitas que pusieron sus huevos, las cabezas siguieron conociendo la molestia de los piojos. La picazón soberana que dan esos seres minúsculos, la molestia permanente y la vergüenza de los más limpios.

Los piojos vivimos en cualquier cabeza, gritaba Carlitos, saltando de una a otra, no se le resistió ninguna por mejor shampoo que usaran o lociones o tinturas. Aprendió a convivir con niños y niñas, eran sus favoritos porque no se molestaban tanto por tener que rascarse y son remolones para despiojarse. Las cabezas de adultos eran un problema porque siempre los descubrían y tenían que huir. Incluso había suicidas que se rapaban, Carlitos pensaba qué gente loca, perder todo ese pelo, esos cabellos hermosos por unos pocos piojos que sólo viven ahí y sacan gotitas muy pequeñas de sangre.

Y de tanto andar por tantísimas cabezas aprendió varios idiomas. Aprendió a leer en la escuela con la misma facilidad que aprendió a nadar en las piscinas. Organizó varias familias propias y ajenas instruyéndolas en el arte del camuflaje y de extender el olfato para percibir los pesticidas.

Fue nombrado Comandante en Jefe de los piojos y piojas, organizó excursiones hasta adentro de los hospitales. Fue un héroe humilde y generoso porque compartía sus enseñanzas y conocimientos con todo piojo que no sabía sobrevivir. Todas las piojas lo adoraban y querían tenerlo como marido para asegurar sus crías.

Murió en una peluquería en manos de una peluquera que rapó a un niño e inmediatamente puso ese bello pelo en un tacho y lo quemó. Pero para entonces hijos, hijas, nietos y nietas habían aprendido la lección y seguían torturando cabezas por doquier. Incluso los hubo más fuertes y resistentes porque aprendieron a ser resistentes a las muchas lociones inventadas.

Carlitos, el piojo rebelde, se había hecho famoso y todos querían repetir sus lecciones. A medida que pasaba el tiempo se hacían más fuertes y solidarios entre ellos: siempre se protegían o salvaban sus huevos. Así fue como comenzó y aún no acaba: la resistencia tenaz de los piojos. Todo gracias a Carlitos que nació rebelde y enseñó sus tretas sin cobrar nada por ello.

La aldea del insomnio

Un día despertaremos y no volveremos a conciliar el sueño.

..El pobre será pobre y el rico,más rico pero, no sabremos el motivo o el fundamento y nos robaremos los sueños, arderan las cadenas oníricas, nadie volverá a dormir….un eterno insomnio nos arderá en los oídos sordos de no escuchar…los ojos como platos y ojeras por doquier..ciudadanos sin poder dormir ahogados en drogas y vinos que no resultarán. Ya no dormiremos jamás y ese será el único eterno castigo impuesto a la hipocresía, a la mentira, a la soberbia, al egoísmo…

Siesta con ratones


Y de muchas siestas llenas de lectura recuerdo una en particular. No puedo contar si de ahí nació mi aversión a los ratones pero sí la recuerdo, en forma de película que no se te borra.
Estábamos con las primas mirando revistas en la casona de la chacra, tiradas en las limpias baldosas, el tiempo era de mucho calor pero el sol andaba entre nubes y por eso, estábamos más frescas. Cada cual con su revista aunque de vez en cuando compartíamos para reírnos o sonreírnos.
Entonces empezó la caza de los ratones que se habían ganado nada menos que en la cocina, el viejo gato se había muerto y los pequeños roedores andaban detrás de todas las viandas de mi abuela. Alboroto y griterío, mis tías, y mis tíos, encontrando la madriguera. Y luego, la cara de una de mis tías, traspasada de asco y dolor, apretando el pantalón con una mano sobre su muslo, un ratón se había metido en su pierna y la mordía. Gritaba y saltaba, no sabían qué hacer, si lo soltaba el bicho caía, disparaba, qué hacía. Nosotras, las primas, huimos gritando como si nos sucediera a nosotras.
Uno de los tíos tiró a la tía al piso, le quitó la mano de encima del ratón y lo hizo salir por el tobillo, está de más decir que luego lo mató de una patada.
Qué siesta, sin radio, sin lectura, toda la platea para un ratón y una tía que cayó a consecuencia de un bicho inmundo y gris. De ahí en más juré no separarme de los gatos. Hasta hoy cumplo la promesa.

Caperucita Roja, una heroína ingenua.

Antes de abordar el tema de esta historia debemos reconocerle a su favor que se ha transformado en un clásico por excelencia de muchas generaciones. Hay innumerables versiones y está redactada en muchísimos idiomas. Películas, dibujos animados, no hay quién escape a esta niña del bosque. Pero sin dudas, Caperucita es antes que nada, una niña que necesita protección y que ansía ser también, un poco de libertad, por eso los niños y niñas de ayer y hoy, aman la protagonista.
Hay infinitos estudios sobre este cuento popular, que obviamente abrevó en el pueblo como forma de leyenda. Se habla incluso de otras similares versiones de Oriente antes que su primer escritor, Charles Perrault, francés, decidiera escribirla y hacerla inmortal. Si tomamos como referencia que la leyenda nace en los años 1600 aproximadamente, debemos decir que no era un cuento para niños ni niñas, ya que no eran considerados como tales. Por otro lado, que se sugiera como leyenda de pueblo es correcto, no me imagino que la historia real no albergara jamás un niño o niña comida por lobos hambrientos. La leyenda popular suele alimentarse de un hecho y luego, la fantasía y la tendencia a narrarla, va dando forma al cuento.
Dicen que Perrault que era muy purista a la hora de escribir, debió de escribir este cuento por un momento particular en su vida. Se había propuesto reunir en un libro leyendas de la campiña francesa y se quedó viudo con hijas jóvenes. Para un hombre criar solo a sus hijos y ser aficionado a las letras, debió de ser también un gran desafío. Muchos de sus cuentos tienen tendencias a jugar con las palabras, propone entretener al niño, que el pobre hombre haría con los suyos propios. Pero también recordemos que en la época la moral y la religión imperantes hacían el uso de “las buenas costumbres”, las moralejas, debían de estar presente por si un lector ingenuo, no entendía el mensaje metafórico del mismo.
El contenido de este clásico e incluso de la versión posterior realizada por los hermanos Grimm de Alemania, han sido profundamente estudiados, por la literatura y sobre todo por la psicología, el psicoanálisis y la pedagogía. Existen en todos estos estudios una cuestión no discutible, si bien el pequeño/a que escuchan el cuento oyen la historia de una niña devorada por un lobo, las connotaciones sexuales del relato son obvias para cualquier lector ávido y adulto.
Para comenzar vayamos a la versión original de Perrault donde jamás se nos contó, en los libritos que llegamos a ver muchos años después que la niña se desnuda para meterse en la cama con el lobo. Donde la moraleja final es explícita a las niñas que son jóvenes y bonitas advirtiendo que los lobos siempre llegan a sus habitaciones. La advertencia, envuelta en una gran metáfora, es obvia.
Voy un poco más allá, para Erich Fromm, es la historia de tres generaciones de mujeres que derrotan a un macho (esto sería por la versión de los Grimm). Para Bruno Bettelheim, en Psicoanálisis de los cuentos de hadas, la niña se desvía del camino de la virtud, para Carl Jung, es un juego sexual que libera la tensión en el acto carnal del canibalismo.
Si ustedes acceden a la versión original y primaria y Charles Perrault y la primera ilustración de Charles Doré, verán a una caperucita adolescente, asustada pero con una inclinación sexy, acostada con el lobo. Y si no han visto esta versión no contaron nunca, jamás, la verdadera y original historia de una niña, que ya va dejando de serlo, que se aleja del consejo de su madre, porque para hacerse mujer necesita desobedecer, y se mete a la cama con un desconocido, a quién le ha dado la dirección de su abuela, en un juego y que al final, morirá devorada por el instinto sexual. Les dejo el link:
El "chaperoncito rojo" de Charles Perrault.
Luego como dije vendría la puesta a punto de Alemania que consideró mal este acto de crueldad y salvaron los Hnos. Grimm a la niña y su abuela. Ya había también antecedentes literarios de salvar de los ogros a los niños haciéndoles una especie de cirugía.
Pero el profesor Daniel Nahún de Uruguay, tiene una linda interpretación de este lobo con cesárea: es un castigo a su travestimo. Porque el lobo, recordemos, se viste de abuela, de mujer, y su castigo es la muerte, muerte por una cesárea de piedras que lo obligarán a beber hasta ahogarse. ¿Este es el final que más gusta a los niños y niñas? No lo sé, creo que por muchísimas generaciones las versiones narradas no fueron exactas. Las niñas no saben que la precoz púber se desnudó antes de entrar a la cama, los niños no saben que devorar es lidiar con el sexo en la literatura. No lo saben y generalmente, preferimos matar a la bestia, es más fácil que decir que la muerte de una niña puede haber sido su primera experiencia sexual. Eso es un mito que aún hoy, 400 años después de hacerse conocer, la pequeña no puede revelar.
Es una de mis protagonistas favoritas: no es princesa, se desvía de los consejos maternos para experimentar su propio camino, prefiere la cama con una bestia que un casamiento con un príncipe y sigue siendo popular. No creo en su muerte, más bien en su renacer. Hay innumerables versiones, les aconsejo sobre todo la de Gabriela Mistral:
Caperucita Roja de Gabriela Mistral.
O la ingeniosa forma del escritor inglés Roald Dalh:
https://arescronida.wordpress.com/cuentos/cuentos-clasicos/caperucita-roja-y-el-lobo-roald-dahl/

En mi blog, a causa de una discusión, una buena, con quitar a Caperucita por motivos sexista de los cuentos leídos para niños y niñas, hice una defensa en su nombre, si les interesa leerlo, les dejo el link:
https://maluescritora.blog/2019/04/13/otra-vez-caperucita/

Redondeo del tema: Caperucita Roja, una heroína castigada.
Hasta acá traté de mostrar lo que he leído y estudiado sobre este personaje singular. Tan singular que merece otras lecturas, las que les he ofrecido vienen más bien del lado de la psicología y la psicopedagogía. Sin embargo levanto una bandera: la literatura debe beberse como arte. Y Caperucita es una historia popular, y eso importa mucho. Nace y bebe de la oralidad de la campiña europea, francesa, en el final del relato no se transforma en una princesa. Sería por eso que su destino, mil veces escrito y recreado, jamás llegó a Disney como Mega producción. Me lo pregunto o ya sé que los destinos Disney tienen que tener marco de riquezas y lujos propios de la nobleza, no de la voz del pueblo.
Caperucita, leyenda y mito: porque nace de la orilatura popular, es leyenda, porque siendo heroína de su propia historia, muere en el final, es mito. Pero además ella transgrede las reglas y es castigada, muy castigada, como toda mujer transgresora. Ella se atreve a tomar por otro camino, a desobedecer el mandato materno, se atreve a acostarse con una bestia extraña y sabe que del otro lado de su transgresión, la espera el castigo, la muerte. Se atreve: la cuestión de la heroína, lucha, se atreve, se revela, para dar paso al mito con su hazaña.
Si me preguntan qué versión les gusta más a los niños y niñas les diré que es la del lobo castigado con la muerte por piedras en su barriga. Porque los niños y niñas esperan un final feliz, porque el lobo para ellos significa el peligro, porque sin dudas entre los 4 y 12 años el animal significa la maldad, porque también quieren vivir la hazaña de una niña que revive. Revivir y salvarse de la muerte: un sueño humano eterno. Cómo no gustarle a esos pequeñas/os, escuchar que la abuela y la niña se salvan. Sin dudas.
Pero no es la versión original, yo insisto en que los pequeños tienen derecho a escuchar todas las versiones. Que elijan luego de conocerlas. Y me atrevo a presentar este cuento para discusión entre adolescentes o púberes: porqué se castigó a lobo de esa manera por parte de los Hnos. Grimm, fue porque se vistió de mujer? El lobo, para engañar, adopta vestidos femeninos, y eso merece la muerte? Es intencional esta postura que hace que los grandes Grimm modifiquen el final francés por un final alemán más “feliz”? Lo hicieron por dejar felices a los lectores o tenían finalidad de matar a otro transgresor? Porque si esto fuera así, me pregunto también: un hombre vestido de mujer merecía según los Grimm más castigo que una jovencita transgresora? Salvan a la joven pero matan al travestido…
Son todas preguntas. No voy a dar mis respuestas porque propongo acá un debate interno, ustedes de un lado leyendo, buscando información o compartiendo con gente joven, yo desde este lado preguntando.
Y como redondeando sólo digo que el cuento de Charles Perrault, el original, está excelentemente escrito. Cumple todo lo que se le puede pedir a un cuento, es breve, es sustancial y es adecuado a cualquier edad. Lo demás: análisis y supuestos desde la psicología y el psicoanálisis, validan o no al cuento? No, la literatura es arte y por ende, tiene miles de interpretaciones pero a quien lee o escucha el cuento, le encanta el contenido artístico que hay en él. Artísticamente es sin dudas una obra clásica que sigue siendo escuchada, leída, editada y modificada, por ende, su valor.
Gracias por dejarme hablar de una de mis heroínas favoritas, la joven que se animó a transgredir reglas a pesar del peligro inminente que la acechaba.

HISTORIA, CENSURA Y GÉNERO EN LOS LIBROS INFANTILES

CONTEXTO HISTÓRICO

Así como nuestra alfabetización, en la mayor parte del continente americano, sucedió después de la Conquista Europea, la posibilidad de tener historias, cuentos, poemas, se trató también de una cuestión colonizante. A la llegada de los colonizadores, eran pocos los aborígenes que gozaban de escritura. La literatura prehispánica, más precisamente de la que voy a hablar, escritas en superficies lisas como piedras, papel, maderas, arcillas, etc., sólo se registraron en las culturas: INCAS, MAYAS Y NAHUAS. Incluso se hallaron Bibliotecas y métodos de estudios. Sin embargos los otros muchos que habitaron en otras étnicas, tenían una riquísima tradición oral que por razones obvias, se perdió mucho más rápido que estas tablillas o piedras.

Así como se dice que el idioma español pese a su belleza, fue enriquecido por las lenguas originarias de Latinoamérica, también sabemos que la mayoría de los idiomas fueron prohibidos y quedaron sólo los que se siguieron hablando en voz baja, como el guaraní por ejemplo.

En la alfabetización de la enseñanza del idioma tanto español como portugués, se incluyeron sin dudas libros de lectura. Pero fueron muy pocos los que no catequizaban o alfabetizaban, sobre todo cuando llegó la etapa, ya lejana a la conquista, donde fue obligatorio por primera vez enviar a los niños/as a la Escuela. Hablamos ya de finales del siglo XIX y principios del XX. Las historias permitidas eran justamente las que estaban a favor de la moral y la religión, o las que enseñaban a hablar correctamente el idioma.

Pero es que en el mundo occidental, la historia de los libros infantiles ha sido esta: censurar, corregir, recortar y modificar, además de moralizar y mostrar un contenido de género puesto al servicio de la época. También la literatura para niñas/os y jóvenes (LIJ) ha sido la historia de Cenicienta: la hermana menor y desprestigiada de la gran Literatura.

Pero la mayoría de nuestros pueblos originarios tenían sus propias historias, en ellas no primaban los valores patriarcales, misóginos y racistas que trajeron los textos extranjeros. Los roles jugados por héroes, heroínas o dioses y diosas, eran mucho más benévolos y representaban una naturaleza más libertaria: sin pecado. Al perderse y quemarse la mayoría de lo escrito y olvidarse, la mayoría de lo oral, quedamos pues a merced de una alfabetización europea pero también, nuestros jóvenes, a merced de historias que venían con toda la intencionalidad del viejo continente donde primaba el patriarcado obediente al feudalismo.

Nunca, en la historia de la LIJ, se ha dejado de censurar, recortar, modificar, moralizar, de acuerdo a lo que los adultos piensan los libros para infantiles. Siempre se ha servido de ellos como ejemplos de moral, de la imperante. Siempre se ha servido de ellos para ejemplificar la cuestión de género y clases sociales. Porque recordemos, voy a hablar de los Clásicos, y esos libros fueron escritos por primera vez alrededor del año 1600, pero sus versiones orales, desconocemos desde cuándo estaban vigentes.

2. EL PROCESO DE CENSURA

Para hablar de la censura en la LIJ, debemos entender cuándo nacieron los libros infantiles (se entienden por infantiles los que van desde la primera infancia hasta los 17 años). Y este género especial comienza a aparecer a fines del siglo XIX pero se hace visible durante el s XX, después de la Primera y Segunda Guerra Mundial porque la visión del niño cambia y deja de ser considerado un humano en miniatura para empezar a verlo por primera vez como un ser en formación y crecimiento. Con el advenimiento de la pedagogía y psicología, nace una nueva concepción de las niñas y niños y comienzan por primera vez a categorizarse “sus libros”. Grande clásicos como Robinson Crusoe, Gulliver o incluso Pinocho, no fueron escritos para niños. Más bien ellos y ellas se los apropiaron.

En la medida que sí aparecen libros dedicados al público joven, aparece la censura. Todo libro para niños tiene un jurado que recorta y ve desde la órbita moral lo que pueden o no leer. Sobre todo en las cuestiones de género, sexo, muerte.

Por eso el estudio de los grandes clásicos de Hadas, da lugar para este artículo porque en su inmensa mayoría no fueron escritos para niños, y porque cuando llegaron a este continente fueron rectificados infinitas veces hasta llegar a las versiones Disney que son, sin dudas, las únicas que conocen las generaciones del hoy, incluso nuestros jóvenes padres y madres.

Como hablamos de libros infantiles, la censura actúa en forma muy severa, y en años de alfabetización masiva, cuando finalmente el niño de pueblo se incorpora a ser alfabetizado, los cuentos formaban parte de su único ocio, también ese ocio fue regulado. Así se fue hablando de los cuentos clásicos, si eran buenos o malos, si eran sanguinarios o mostraban realidades monstruosas y era preciso “proteger al niño” de esas atrocidades. Muchos años después se incorpora a la niña de pueblo a la alfabetización. Es necesario también insistir con esto: lo de género también va de la mano con la alfabetización, las mujeres como lectoras, tenemos menos historia que los hombres, lo cual marca un atraso. Pedo además, con la censura los roles de género fueron asegurando que la niña lectora tuviera un lugar absolutamente pasivo, que es como debería ser la mujer.

Graciela Beatriz Cabal en el libro Mujercitas, ¿eran las de antes? Dice que en 1940 todavía se estudiaban en textos como estos:

“Ella paciente y laboriosa como una hormiga, trabaja sin hacerse notar, y no habla salvo si se le pregunta. Él, en cambio, inquieto y movedizo, se levanta, se sienta, va de un lado a otro y es siempre el primero en tener prontas las respuestas. Es un excelente alumno.”

Las mujeres que llegaron al siglo XIX leyendo y escribiendo, sin ser nobles, se valieron de diversas estrategias para poder hacerlo: se metieron a monjas, así nacieron Las Carmelitas Descalzas o Las Teresas de Córdoba, donde se les permitía leer y escribir para catequizar. Así fue cómo lo logro nada más y nada menos que Sor Juana Inés de la Cruz.

Otra estrategia era leer y escribir escondidas dentro de un ropaje masculino, sobre todo al firmar un escrito. Así lo hizo Aurora Dupont en Francia quién en realidad es la famosa escritora George Sands.

Cuando hablamos de censura en los cuentos infantiles, en la cuestión de género no debemos olvidar esta cuestión femenina del desafío que representó para el género poder leer y escribir.

Tampoco debemos obviar que: cuando se le permite entrar a esa mujer que lee en el mundo laboral, una de las profesiones permitidas fue el magisterio. Eso se debe, sin engañarnos, a que la educación infantil fue, aún lo es, considerada

“una cuestión menor”, no una cuestión de menores como lo es.

Y dentro de ese marco muchas fueron las mujeres que opinaron también que los verdaderos cuentos para la infancia, los Clásicos de Hadas, debían ser censurados y recortados. El sistema patriarcal de ninguna manera involucra sólo a los hombres.

3. PSICOANÁLISIS DE LOS CUENTOS DE HADAS DE B. BETTELHEIM.

La primera defensa de estos cuentos llamados también maravillosos, vinieron con la Segunda Guerra Mundial, a su término toda una nueva postura del infante y sus lectura marcó pautas importantes que llegarían muchísimos años después a nuestra América Latina toda. No sólo la judía Jella Lepman escapa del exterminio y se dedica a la nueva sicopedagogía del niño sino, el psiquiatra Bruno Bettelheim, también salvado por pocos días de la muerte en un campo de concentración nazi, dedica gran parte de su vida al estudio de los pequeños y deja una obra, exclusiva en su género y su época, El psicoanálisis de los cuentos de Hadas.

De este libro sólo debemos conocer es la defensa que hace Bettelheim: dice que en ellos anidaron los miedos de pueblos primitivos, las ausencias y temores, que cobijaron esos pueblos son, dice, los mismos que tienen los niños pequeños. Por eso al narrarle estos cuentos, suelen hacer catarsis. En ellos hay abandonos, pequeños que triunfan frente a los grandes, el bien se aparta del mal, se controla un mundo por arte de una magia que ocasiona siempre finales felices.

Pero además: si estos cuentos han sobrevivido más de quinientos años, si han sido traducidos a muchísimos idiomas, no hay dudas de su valor literario. Y es un derecho de las niñas y niños conocerlos. ¿Pero en qué versiones? Esa era la pregunta que se hacían y aún hoy se hacen los censores. Porque cuando estos cuentos nacieron, lo hicieron en forma oral, fueron recorriendo los campos cultivados y trabajados por esclavos, transformándose en cada narración. Tienen tenor de leyenda: incluso hay vestigios de que algunos de ellos nacieron de hechos reales que se fueron aumentando y alargando con los años. Y nacieron en épocas feudales, fueron la palabra que alimentó a esa gente que trabajaba sin descanso, fue su fantasía recreativa, fueron sin dudas, su única diversión o entretenimiento. Son ferméntales de manera antropológica, sin dudas.

Por eso considero que también los niños y las niñas de nuestra época deben conocerlos. Pero deberían a mi juicio, conocer los originales. ¿A qué llamo yo originales? Pues a los que se escribieron hace cientos de años por primera vez, antes que se perdiera el arte de contarlos. A los que se imprimieron por primera vez.

Charles Perrault, autor de la famosa Caperucita salió a recorrer la campiña francesa antes de escribir la primera versión de esta niña comida por un lobo. Dicen que incluso encontró la misma versión variando en algunos sentidos, más de doscientas veces. Más de doscientas niñas con caperuzas de muchos colores eran devoradas en esas versiones. Y ahí deberíamos considerar la época: ¿no habrá sido cierto que alguna niña o niño fuera devorado en esos bosques? Sin dudas. Lo que podría significar es que la leyenda se construye frente a un hecho real y se le agrega la fantasía de la época en una versión magistral que Perrault por diferentes motivos, ajustará a su escritura.

Sucede casi lo mismo con los hermanos Jacobo y Willermo Grimm, de Alemania, ellos recogen de la campiña alemana las versiones orales de muchísimas leyendas y por primera vez, los escriben e inmortalizan en libros.

Sin embargo entre aquellas viejas versiones recopiladas y las que conocemos hoy existen grandes diferencias. Sobre todo en la cuestión de género. Y por eso muchos movimientos feministas están hoy queriendo prohibir nuevamente estos cuentos donde las niñas sólo aspiran a ser princesas rescatadas.

No voy a discutir acá la postura de las feministas, yo me considero una, sino lo que sí discuto es la prohibición por cualquier motivo, del arte. Y los clásicos infantiles son testigos literarios de la primera orilatura popular. Pero además, estoy casi segura que no conocen las versiones originales, las que de verdad un día salieron de esos esclavos de los señores feudales. Porque el desenlace de las historias varía poco pero el contenido sí, grandemente en algunos de ellos.

Hago mía las palabras de Inés Bengoa, narradora oral:

Bruno Bettelheim nos habla en este libro de la importancia de los cuentos de hadas en el desarrollo integral de la persona, sobretodo en su período infantil.

El lenguaje simbólico, la existencia de un final feliz y la calidad literaria de la obra son algunas de las características fundamentales que ha de tener un cuento de hadas para ser considerado como tal.

Bruno Bettelheim analiza en profundidad estos cuentos y proporciona una lectura del lenguaje simbólico que utilizan, descifrando y explicando el significado de muchos de los escenarios, números, objetos y acciones que tienen lugar en los cuentos de hadas: el bosque, la bruja, la madrastra, el número 3, el 7, la muerte, el zapato de Cenicienta, la rana… y reconoce el valor psicológico que los cuentos de hadas tienen para niños y niñas de todas las edades, sin importar la edad y sexo del héroe de la historia.

Me parece interesante la lectura de este libro en varios sentidos. Por un lado, durante las últimas décadas el cuento de hadas ha quedado bastante “monopolizado” por las versiones edulcoradas e interesadas que hizo Disney y, casi sin darnos cuenta, hemos llegado al punto de temer qué contamos por tener la idea, equivocada, de que podemos “traumatizar” al niño. Como bien explica Bettelheim el cuento de hadas, el que ha llegado hasta nuestros días de boca a oreja, de generación en generación, el que se ha repetido infinidad de veces “es una versión tan satisfactoria, para el consciente y para el inconsciente de gran número de personas”, que es perfecto así como es, cumple con su función sanadora. Puede pasar de todo en el transcurso de la historia siempre y cuando haya un final feliz, sobretodo en referencia a los niños.

4. DECONTRUCCIÓN DE LAS VERSIONES ACTUALES

La verdadera razón de volver a las fuentes originales de estos cuentos, de preparar conferencias y llevarla por distintos puntos de Latinoamérica, obedece sin dudas a la cuestión de género y censura, en ese orden aunque lo uno, va siempre con lo otro.

Cuando se estudian las versiones originales de estos cuentos, la cuestión femenina adquiere otra dimensión que el de la simple princesa callada que espera quien la saque de la torre, del balcón, del féretro o de la casa de una mala madrastra.

Deconstrucción también significa ver las nuevas formas que muchísimos autores han tomado para burlarse o modificar esas versiones por unas más feministas. Pero esos autores conocían sin dudas, las verdaderas.

Sin dudas, ya lo dije antes, el gran hacedor de lo que hoy conocen no menos de tres generaciones fue el último gran fabulista, Walt Disney. El agregó además de color, movimiento y sonido a estos cuentos. Recordemos a este mago de los niños: comenzó con un tímido y raído ratón migrante, Mickey, que poco a poco se convirtió en “el sueño americano”, tuvo su auto rojo, su casa y su elegante novia. Disney fue sin dudas, él mismo, un sueño americano, subió a lo alto de la cumbre, del dólar raído a los millones. Y fue haciendo lo que la sociedad le pidió, en ello, entraron los cuentos de Hadas que para esa época, debían de: “alegrar y motivar a las niñas y niños a ser felices”. La noción de muerte, venganza, incesto, quedaban prohibidas. Las brujas serían brujas muy malas pero nunca, habría venganza cruel sobre ellas. Las Hadas, que habían viajado desde Oriente desde 2 s. antes de Cristo, se convirtieron en seres asexuados y risueños. Todo tenía que tener brillo, luz, armonía, indicándoles a los pequeños que así sería su vida (el sueño americano). Pero una doble carga intensiva para las niñas: calladas, sin rencores, sin grandes pasiones a la espera del príncipe rescatador.

Vamos a reconstruir las versiones Disney. Vamos a contar lo que no nos contaron y a hablar de que aún en esas lejanas épocas las mujeres heroínas podían ser a veces, más malas que las mismas brujas. Hablemos de esas mujeres además en su contexto: era Feudal. Nada se podía esperar si se era esclava, sólo te podía rescatar un noble. ¿Y es importante que el escucha lo sepa? ¿Le diremos al niño o niña que esa es la verdad, que era imposible no ser esclava si no se había nacido en cuna de la nobleza? Pues claro, el contexto histórico es importante.

¿Será posible contarles a niñas y niños de 5 o 6 años estas versiones? Claro que sí, lo hice muchas veces y quedan fascinados con ellas.

Si aceptamos que los clásicos europeos, cuentos de hadas, son cuentos para las niñas y niños, debemos considerar su derecho a conocer distintas versiones y en esas diferencias, hallarán obviamente, las originales. Sin dudas ellas serán las que más les llamen la atención. Por eso conviene contextualizarlas históricamente y narrarlas o leerlas para después hablar sobre las mismas. Es un ejercicio que recomiendo mucho.

Para la próxima nota daré versiones originales de Caperucita Roja, La Cenicienta, La Bella Durmiente, Blancanieves, y algunos otros menos conocidos donde me planteo la cuestión de género y censura. El porqué de esa postura lo explica y cito textualmente la Dra. Sylvia Puentes de Oyenard en su libro, El cuento mensaje universal ( AULI 1994)

¿ Por qué importa este tema en la infancia? Precisamente, porque la literatura ofrece modelos de identificación y así como el niño puede simpatizar con algunos personajes, odiar a otros, hacer su catarsis y proyectar temores, también encuentra modelos con respecto al sexo. En la sociedades patriarcales la mujer es reflejo de épocas en que los hombres administraban el mundo y ella esperaban pasivamente el regreso del conductor familiar. Pero muchas veces se olvida que ellas fueron las recolectoras de producto agrícolas, las que descubrieron técnicas para preparar y conservar alimentos y las que intentaron curaciones con diversas hierbas que, sintetizadas, han dado fundamento a la medicina moderna. La mujer, desde el principio de los tiempos, cuidó a los hijos, los arrulló, les transmitió los conceptos de la convivencia grupal y desarrolló una representación simbólica que fue la base de nuestra evolución como seres que piensan y utilizan el lenguaje como forma válida de comunicación.

Seguiremos en la próxima entrega si les ha parecido interesante.

María Luisa de Francesco

Experta en Literatura Infantil y Juvenil

Experta en animación de lectura y escritura