Canasto vida

Canasto vida

Mi madre guardaba su vida en un pequeño canasto de mimbre que contenía su todo.

Ahí dentro estaba la flora y la fauna más exótica y también la más autóctona

Lleno de perfiles masculinos y figuras femeninas

Habían detalles tiernos y otros, inverosímiles.

La cadena de colores y texturas anidaban y se enredaban o deslizaban a su antojo.

Según el pulso de mi madre latía en la aguja la textura de la vida que saldría del canasto.

La vi por tanto tiempo días meses años vivir apegada a ese canasto que siempre supe que ahí estaba ella.

No podía dejarlo ni por una tarde.

Era parte esencial de su equipaje.

Cuando se enfermó y aconsejaron internarla, me olvidé de llevarlo.

Por eso mamá aleteó triste su muerte, no tenía su canasto para esperarla tejerla entenderla.

No pudo enredar como buena araña tejedora,su presencia y ella, se la llevó sin su esencia

El canasto vida durmió por años su ausencia hasta que decidí que era hora de dejar de mirarlo y buscar a mi madre en su interior.

Yo soy mi madre, sin su canasto, usando la computadora para tejer relatos…

Escribir

Qué verbo tan perseguidor el de escribir, escribo, escribía y escribiré. En lo personal cuando tengo estos baches de ausencia del verbo en mi vida, me da una culpa triste y persistente. No es como otra culpa, es mucho más miedosa, el pánico de quedarme sin tema es peor al otro, el de repetirme.

Escribir es también un poco una manía, en mi caso una manía en evolución, del papelito, a la máquina portátil, la computadora y ahora el blog directo del celular. Pero no estoy segura de haber evolucionado: creo que el papel, cualquier papel en cualquier lugar, es un recuerdo romántico de mi misma.

Ahora, en este momento, estoy en medio de un acto y la gente debe de pensar que estoy en las Redes o en WhatsApp, nadie sospechará que reflexiono en mi blog. En cambio en aquellos lejanos días donde cualquier hoja de papel me servía y sacaba una lapicera, tinta verde, y escribía con actitud concentrada… era mirada como la joven intelectual, la joven poeta, la joven que quiere ser escritora… Era más lindo sentirme así.

Es una gran suerte tener esta edad: me importa un carajo si piensan que soy una vieja obsesionada por cadenas de WhatsApp. Me gustaría que pensaran que soy una vieja que tiene amantes lejanos y aprovecha este montón de gente para escribirles y pasar casi desapercibida.

En estos días mis historias no fluyen, ando floja de ritmo poético y reflexionando menos. Terrible culpa. Y sin embargo estoy sentada en medio de un acto político, porque me sigue interesando, y escucho detrás mío una cuerda de tambores que hacen repicar un candombe tan afro uruguay que me eriza la piel.

Si tendría yo material para escribir sobre el tema: cuando llegué huyendo de la dictadura argentina, con solo 24 jóvenes años, me asomé a un balcón del hotel y escuché este ritmo por primera vez. Después conocería los conventillos donde los esclavos pedían permiso para tocar “tangó”, y ese ritmo hereje y africano un día ganó las calles y se instaló en el pueblo. Cada vez que lo escucho un ancestro africano de millones de año me grita desde las tripas.

Tendría tanto para contar: incluso del negocio que se ha hecho hoy para el turista. Pero yo lo conocí un poco antes: antes que la dictadura uruguaya lo prohibiera, o lo corriera de las calles. Por eso hoy, aquí, en pleno acto político escribo y divago: tengo sed y hambre de escribir pero mis personajes han huido y mis historias no son y mis reflexiones no me habitan.

Culpa: a mea culpa.

Mi hermana

Tenía una mirada tan clara
que podía congelarte
o te alegraba la vida
según cómo te miraba…
Mi hermana puso en mis manos
un mundo lleno de libros
un universo de lecturas,
y cuando era pequeña
me leía por las noches
sus novelas y poemas…
A veces ni entendía de qué hablaban
si había que reír o llorar
lo hacía por solidaridad,
( no por comprensión lectora).
En ese tiempo de Infancia mi hermana
era casi mi madre
me cuidaba y me mimaba
me leía y protegía.
Después…
la vida nos fue llevando
los rumbos nos alejaron.
Pero en algunos encuentros fugaces,
volví a reír de su mirada,
volví a leer con ella pero al revés
yo en voz alta y ella, oyéndome.
Mi hermana es un recuerdo
que aún llevo en mi propia mirada
vuelvo una y otra vez a nombrarla.
Y en este empecinado vivir
me he quedado tan sola sin ella que
la retomo cada vez que me brotan
las palabras …

La realidad de los monaguillos.

Marta… en serio te lo digo, la realidad de los monaguillos fue mucho más que una chiquillada. Fíjate, toma nota de todo lo que hicimos . Para comenzar estábamos en plena rebelión religiosa y se te cruzó por la cabeza ir todos los primeros viernes de mes, a misa. Eso ya rayaba en lo de vieja de cincuenta y teníamos trece o catorce. Partí de esa base.

No me invitaste, es verdad, pero pasaste por casa y me informaste dónde ibas, al Colegio de los Padres Capuchinos, misa de siete, una promesa. Dijiste eso e inmediatamente decidí acompañarte. Cómo iba a dejarte sola. Aún en contra de cualquier principio eclesiástico insalubre, eras mi amiga del alma. Así que nos fuimos juntas.

Desde el momento que supe que en los dos primeros bancos, tal vez tres, estarían los monaguillos, supe o comprendí que ese furor religioso tenía otras aristas. Creo que a la segunda misa ya sabía cuál era el monaguillo que te parecía lindo, obvio que busqué otro para poder transgredir juntas: enamorarnos de “hombres prohibidos “. Y fuimos poniéndoles sobrenombres a todos, los elegidos y los no, porque de alguna manera había que nombrarlos. Al principio sólo nos reímos un poco en la misa, solo los miramos de lejos, solo hicimos un poquito de alboroto tibio, diría yo…

Ah, pero no pasó desapercibido y desde el día que se atrevieron a distraerse, ellos, sí ellos, los prohibidos, los futuros sacerdotes, y nos miraron, nos lanzamos hacia bancos cercanos. Las risas fueron más fuertes y las miradas casi directas. Yo no sé de dónde nos venía esa audacia: de la rebeldía de estar en la Iglesia, de pura transgresión o de todo eso más las hormonas haciendo lo suyo.

Y ya no alcanzó el primer viernes de cada mes, porque los otros viernes también iban ellos a misa. Tampoco alcanzó la misa, porque cada día al salir del Colegio de Monjas teníamos que pasar por la puerta del Seminario y la Iglesia. Tal vez, soñábamos, que a otra hora, sin la presión del cura, la misa, los óleos y la gente, nos veríamos más a solas y sucedería algo más que sonrisas disimuladas o miradas casi intensas.

Qué soñaban nuestras cabezas tan ingenuas y audaces? Por eso hoy, amiga querida, lo escribo. Éramos apenas púberes, llenas de romanticismo y fantasías, pero la fibra de la transgresión y la desobediencia: ya germinaba. Y no, ni siquiera eran lindos!!! Cerrá tus ojos, intentando recordar, no eran ni siquiera muchachos bellos. Eran solo prohibidos.

No sé tú madre y la mía que habrán pensado de aquella religiosidad que de pronto nos ocupó las tardes, tal vez se sintieron seguras y nosotras más cerca del pecado y del peligro, nunca habíamos estado.

Ni siquiera hoy que soy abuela diplomada, logro sospechar hasta donde hubiéramos llegado. Ni siquiera habíamos besado un chico. Creo que de sexo conocíamos mucho menos de lo necesario. Qué hubiera sucedido si uno de esos monaguillos provocados por nuestra ingenuidad púber, dicen que eso tienta realmente a muchos hombres, nos esperaban en la Iglesia vacía, en alguna de nuestras visitas a mediodía y nos arrinconaban?

O si descubrían nuestros juegos locos en los confesionarios y se metían dentro? Nos hubieran defraudado? Nos hubieran asustado o nos hubiéramos vuelto locas de amor primero?

Reflexiones al margen, me siguen los recuerdos. Mi viejo había avisado que a fin de noviembre nos íbamos con él al Sur, en lugar de alegrarme me ganó la desesperación. Tenía que dejarte sola tres meses y además, ni una foto teníamos. Las fotos eran importantes, por supuesto no a este nivel, pero estábamos en el medioevo fotográfico y me habían regalado una Kodak. Yo tenia que llevarme una foto de “nuestros seminaristas “ y nosotras. Ese mínimo detalle, aliviaría mi tristeza allá, en la Patagonia argentina.

Así qué nuestra presencia en la Iglesia del Seminario fue cada vez más asidua: cada hora libre podíamos caminar tres calles y entrar con caras de beatas buscando espacios de oración. Cada tarde ofrecían la misa de las 7 de la tarde, cada pequeño mandado estábamos a pocos metros, y estoy segura, nos inventamos alguna que otra excusa.

Las misas de las 7 iban en ascenso de emoción en emoción. Ya ocupábamos el Banco siguiente de los seminaristas, ya reíamos pícaramente casi todo el oficio y buscábamos las miradas sin precaución. Esperábamos a comulgar casi al final, cuando “ ellos” iban.

Y teníamos que llegar una mañana y tomarnos una foto. Vos te reías, como siempre sin parar ni descansar, mi cabeza imaginaba qué carajos le iba a decir al cura para sacarnos una foto con los monaguillos. Qué desastre!

Llegamos y entramos como si fuera normal allá en aquellos años, dos niñas del Colegio de Monjas, entrando al colegio recio y varonil de los Curas!

Fue casi pasando la entrada que el cura con cara de vinagre, nos vió, nos reconoció y se vino como una flecha venenosa. Mi parloteo de qué necesitaba sacar una foto fue cortado abruptamente por un buen reto de esos que te dejaban la cara roja. Que ya basta, dijo, o algo similar, que ya nos había visto de tarde en la Iglesia, que sólo íbamos a molestar, que era una vergüenza y que nos retiráramos inmediatamente… es algo así lo que recuerdo.

Pero no fue suficiente la humillación, cuando nos íbamos, tentadas de risa pero estoicas y de cara al viento, uno de “ nuestros “ seminaristas se nos cruzó y nos dijo con la cara roja: váyanse de acá…

No me acuerdo si corrimos o caminamos hasta casa, desenfrenado debe haber sido nuestro paso… interminable el parloteo y las deducciones. Habrá seguido esa charla durante horas. Deducción e interpretación. Pensamos en algún momento lo mal que lo estarían pasando aquellos muchachos? Pensamos que nuestro ingenuo coqueteo los podría estar atormentado de alguna manera? No sé qué pensamos, pero te apuesto que nos quedamos frustradas y humilladas. Tristes no, sacadas de quicio, sí creo que si…

De todas nuestras locas aventuras, de nuestras desventuras, fue una de las que más recuerdo. Por nuestra transgresión inocente y por el desenlace fatal que nos estaba avisando querida mía, que tú risa y la mía, no durarían para siempre y que la vida, exigiría más… mucho más.

Pobres seminaristas… qué habrá sido de ellos? Serán curas pedófilos? Serán santos? Habrán terminado el sacerdocio? De una cosa estoy segura: ni nos recuerdan, ni siguen siendo cómplices cómo estás dos viejas amigas.

En retiro espiritual

Cómo hago para escribirlo. Es una incógnita aún cuando yo suponga que puedo lograr escribir algo y que se entienda.

El Colegio era de Monjas y las monjas no eran lo peor, ni lo mejor, eran monjas en los años sesenta y tal vez estaban un poco más inclinadas a ser más bien modernas que arcaicas y medievales. Aunque para mí en esos días eran lo más atrasado y retrógrado que podía soportar. Pero me encantaba el Colegio, era bello, amplio, tenía una capilla pomposa, los patios más hermosos del mundo y buenos docentes, aulas amplias e iluminadas. Si, era un hermoso Colegio.

Cuándo nos descubrimos también es casi un misterio, habremos tenido nueve años. Si, tal vez, nueve. Aún sin el bendito primer período que ya nos estaba esperando y que las monjas llenarían de folletería higiénica. Nos hermanamos casi enseguida, fue hermandad por años y fueron tal vez, los mejores, aunque no lo sabíamos. De ser amigas íntimas, mejores amigas, cómplices, compinches en las buenas y malas no se vuelve. Ha quedado demostrado.

Depilarse por primera vez a escondidas, fumar por primera vez en secreto, soñar besos, ensayar besos en el espejos, leernos novelitas románticas, soñar despiertas, compartir el tiempo de la otra, la vida, la familia, no pasar un día sin estar juntas, estudiar todo juntas, así pasamos esos años. Qué nos faltó compartir mientras nos íbamos haciendo adolescentes con aspiraciones de mujeres? Casi nada.

No sé cuándo empezamos a revelarnos con el tema religioso. Si hasta habíamos sido sobresalientes en la materia. Tal vez no hicimos la pregunta correcta o no nos supieron responder lo correcto. Y la misa y los rezos empezaron a molestarnos tanto que no había forma de contener la risa. No hubo penitencia ni oración que calmara nuestra risa. Nos reíamos siempre, sin ton ni son, absolutamente irresponsables del mundo y sus secuelas.

Nos encantaba meternos en el confesionario y preguntarnos los pecados. Responder con palabrotas, ingenuas, y reír a carcajadas. Imaginar pecados graves, casi todos sexuales que ni siquiera conocíamos, era nuestro pasatiempo favorito para ensayar confesarnos.

Entonces llegó aquello de “ retiro espiritual “, la casona en Federación, en el campo, ir a buscar el silencio y la oración, la comunión y La Paz de Cristo. No me lo puedo creer que nos hayan permitido ir. Sería por nuestras calificaciones. Porque nuestras travesuras eran conocidas pero nuestras notas eran excelentes siempre. Además de reírnos y preguntar siempre lo que no debíamos éramos máquinas de estudiar. Así que… nos llevaron al “ retiro espiritual “.

Las monjas nos pusieron a ambas en la habitación más cercana pero estábamos en la la planta alta. Éramos muchas y nosotras sin dudas las líderes de la diversión. No cenamos: preferimos ayunar. Pero nos juntamos a comer de todo en una de las habitaciones y surgió la idea de robar el vino de la misa. Era blanco, dijo alguien, entonces le agregamos agua y ni se nota, deduje.

Y bajamos nosotras, quien más, a robar el Santo Vino, a poner agua en la damajuana y a beber un poco entre todas… bueno, estaban las mojigatas que se negaron. Mejor, más para nosotras y fue la fiesta total: tomamos vino comimos sobras y después castigamos a las mojigatas mojándoles la cama!!! Muy divertido correr y asustarnos en la planta alta hasta que desde abajo cortaron la luz. Las monjas!!!

Correr a buscar la cama, correr riéndonos a carcajadas buscando con falsa desesperación el lugar donde nos haríamos las dormidas. Y las pobres Monjas con linternas revisando cada celda habitación, sabiendo que el sueño era falso, que habíamos hecho fechorías y que mentíamos. A qué hora realmente nos dormíamos? Porque después de la inspección frustrada, venían las risas de nuevo.

Al otro día fuimos a misa como ángeles verdaderos. Y nuestros ojos observaban con mucho afán si el cura hacía un solo gesto con el vino rebajado. Se animaría a decir que el vino estaba aguado? Sería un borracho confeso o la sangre de Cristo sabría siempre igual, con o sin agua?

Salimos de la Iglesia sin pena ni gloria, el cura se tomó el vino aguado, las mojigatas querían contar nuestro pecado, hubo que amenazarlas, el día transcurría y no teníamos a la vista ninguna diversión.

Hasta que nos autorizaron un pequeño paseo por el pueblito rural. Allá fuimos como en estampida, energía de sobra y hormonas también, no sólo dimos “ una vuelta”, dimos varias provocando a los jóvenes que trabajan en el medio rural con risas locas y miradas pícaras. Jamás pensamos que nos seguirían. Éramos tan niñas que todo parecía juego. Así que en el atardecer, en la terraza de la casona de las monjas, mientras ensayábamos destrezas físicas, sentimos silbidos, canciones, llamados…NO LO PODÍAMOS CREER!!!

Un grupo de muchachos, mucho más grandes que nosotras, en las afueras de las rejas nos hacían señas para que bajáramos. Qué hubiera pasado si esa osadía inocente nos hacía escaparnos? Se habían sentido provocados por nuestras tonteras. Querían mucho más.

Esa, y muchas veces más, la osadía no le ganó a nuestra inocencia y seguramente nos salvamos de una pésima experiencia. Las Monjas nos hicieron acostar temprano y escuchar los silbidos de los pretendientes nos dio risa, pero era una risa nerviosa que en el fondo, guardaba cierto recelo.

Ni Marta ni yo olvidaremos aquella casona majestuosa con angelicales destinos, nada nos aportó desde la liturgia pero fue una aventura más de las que sellan la pubertad en santa amistad de por vida.

La casa habrá perecido con el viejo poblado. Nunca más la veremos. De todas aquellas chiquilladas llenas de risa quedamos nosotras querida Marta, recordando y contando nuestras pillerías sin sentido, nuestra amistad libre, loca, vital y llenas de carcajadas imparables…

Qué escondes en el ático?

Nunca entramos a tu ático porque está desordenado. Natalia, cómo se puede creer si eres una de las mujeres más ordenadas de la historia femenina.

Otra cosa, te dije el otro día, para ser un simple ático, tiene buenas ventanas y entreveo cortinas rústicas que impresionan. Te reíste con ganas: para disimular, me dijiste.

Hoy vamos a tu ático Naty, gritó Eugenia desde la cocina, eso fue la anoche que te pusiste como loca como dijo la Peti: tres años que nos juntamos en tu casa y nunca vimos el ático.

Sé que habíamos tomado un poco y fumado otro poco , por eso quisimos forzarte a llevarnos al ático. Una furia desconocida te atacó! Nosotras que nos conocemos desde niñas. Creo que dimos los primeros besos el mismo día a nuestros primeros novios. Nos casamos y nos divorciamos con diez meses de diferencia. La Peti que es la más nueva en el grupo se nos unió en secundaria. Esa nunca salió de su indiscreta soltería. Y Eugenia es tu hermana mayor!!! Siempre con nosotras, desde que enviudó más aún!

Nunca te vimos así: trastornada, gritó tu hermana, no me digas que mataste a alguien!

Puede ser contestaste, te metiste para adentro, nos deshicimos la noche hablando estupideces. Ni el alcohol ni la marihuana levantaban aquel cuadro. Creo que antes de las tres estábamos durmiendo. Durmiendo!!! Imposible, si tu casa es donde vemos salir el sol los domingos y después nos acostamos.

El domingo arrancó la lluvia en forma inusual, como de estampida, y nos sorprendió bastante la tormenta. En el ático se escuchaban las ventanas pero nadie se ofreció a subir. Lo hiciste vos, precisa, sin apurarte, sin demorarte. Trancaste todo y te pusiste a tostar pan para todas.

Un duelo, dijo la Peti,somos un duelo. Y si claro, contesté yo, cuando entre amigas tan pero tan cercanas se esconde un secreto taaaannnn poderoso…

Quería hacerte enojar. No pude. Seguiste tostando pan, hiciste té y nos sentamos alrededor de tu mesa.

Podemos seguir sin hablar nunca más del ático al que no las llevaré?, preguntaste y sin esperar respuesta dijiste: yo pago el almuerzo hoy. Me voy a duchar…( te fuiste y nos miramos fijo las tres).

Vamos, dije yo, pero sonriendo desde la puerta abierta del baño gritaste: la llave del ático está en mi vagina! No van a poder entrar! Y te reíste como siempre.

Y desde entonces estamos haciendo tantos trucos y pruebas para saber qué hay en tu ático que vivimos solo para hacerte trampas…

Natalia jamás dirá qué hay en el ático, declaró tu hermana que te conoce bien. Entonces es un muerto de verdad, digo yo sin intención de molestar más, o uno muy vivo dice la Peti…

La emborrachamos hoy sábado?

Por mí hagan lo que quieran yo tacto vaginal a mi hermana no le hago!!! , declara Eugenia.

Nos reímos las tres, miren si la vamos a poder emborrachar a Natalia…

Natalia y su misterioso ático, un lugar que cercó para todas y cuya llave, según declara, guarda en su vagina.

Debe de tener linda formita esa llave… digo riéndome. Tipo llave consolador? , algo así contesto.

Y acá estamos las tres preparando un súper cóctel para emborracharte y descubrir tu ático… si podemos.

Piedras en las manos

Otra vez caminando a la orilla del rio y otra vez buscando y
encontrando piedras para llevar en las manos.
Mi hermana lo hacía y me enseñó
que la abuela le enseñó
que cuando caminas y llevas una piedra
en cada mano,
tus manos no se hinchan.
Y hoy pensaba, afanada en encontrar las piedras justas que en realidad, ellas me encuentran a mi.
Caminé un rato apretando las manos
sobre las superficies pétreas
pensaba que también llevaba a mi hermana
y con ella a mi abuela
Que así, en esa sencilla repetición
las llevaba en mi paseo y
las piedras, que me eligen a mí,
que habrán estado ahí mil o un millón
de soles, me eligen por eso:
porque saco mis muertas a pasear
con ellas apretadas en mis manos.

Ventanas

Quería hablar sobre puertas pero me tocaron las ventanas. Al final entendí que también podía escapar por una y relativicé la temática.
Abrir las ventanas para escapar es más riesgoso que escapar por la puerta. Las ventanas pueden dar al vacío y las puertas, siempre desembocan en algún pasillo. La cuestión es saber discernir si es preferible el vacío o el laberinto.
Las ventanas no tienen posa pies e invitan a volar. Las puertas son terrenales. Sería cosa de decidir si sueño con volar o sigo caminando.
Las ventanas invitan a ver la luna y las puertas, nuestro suelo. Las ventanas, casi siempre, se abren de a dos, las puertas de a una. Las ventanas invitan a entrar al sol y las puertas a salir al sol.
Desde Romeo y Julieta que las ventanas tienen historias reconocidas y las puertas, se cierran en el final de las historias.
Me encantan las ventanas pero me daría pánico vivir sin puertas…
( filosfilosofía dominguera)

Puras mentiras

Pero cómo se te pudo ocurrir niña tonta de once años, denunciar a tu padrastro? Las cosas estaban bien, tu padre lejos en la otra punta del mundo, casado y al fin, cumpliendo con la cuota familiar. Qué te costaba dejar que tu pobre madre fuera feliz? No se sacrificó bastante por vos y tu hermano cuando quedó sola? No fue una buena madre?

Las cosas mejoraron, tu padrastro tiene trabajo, tu madre puede trabajar menos, la casa está arreglada y no les falta nada. No te entiendo. Qué tonta. Denunciar por denunciar porque el médico dijo que sos virgen. A vos no te violó nadie. Qué es todo ese invento que te tocaba y te hacía tocarlo? Eso es porque andas mirando porquerías en la televisión o en la computadora. De dónde mierda sacaste esos inventos?

Mira…tu padrastro es un buen tipo, es trabajador y no pelea, tu hermano se lleva muy bien con él y salís vos con ese invento del abuso. Abuso! De dónde sacas esas cosas? Abuso cuando yo tenía tu edad que mi padre me partió un palo en la espalda por levantarle la voz!

Pura fantasía tuya… media degeneradita me saliste, mirá que ir a contar todo eso y con lujo de detalles… bueno, estarás contenta, tanto quilombo armaste que tu padrastro está preso. Ahora ni sueñes que lo voy a abandonar! Yo voy a ir a verlo y lo voy a esperar…así que tenes dos opciones: tu padre que vive del otro lado del mapa o la calle… elegí!! Mentirosa, guacha de mierda, elegí…!!!