Canasto vida

Canasto vida

Mi madre guardaba su vida en un pequeño canasto de mimbre que contenía su todo.

Ahí dentro estaba la flora y la fauna más exótica y también la más autóctona

Lleno de perfiles masculinos y figuras femeninas

Habían detalles tiernos y otros, inverosímiles.

La cadena de colores y texturas anidaban y se enredaban o deslizaban a su antojo.

Según el pulso de mi madre latía en la aguja la textura de la vida que saldría del canasto.

La vi por tanto tiempo días meses años vivir apegada a ese canasto que siempre supe que ahí estaba ella.

No podía dejarlo ni por una tarde.

Era parte esencial de su equipaje.

Cuando se enfermó y aconsejaron internarla, me olvidé de llevarlo.

Por eso mamá aleteó triste su muerte, no tenía su canasto para esperarla tejerla entenderla.

No pudo enredar como buena araña tejedora,su presencia y ella, se la llevó sin su esencia

El canasto vida durmió por años su ausencia hasta que decidí que era hora de dejar de mirarlo y buscar a mi madre en su interior.

Yo soy mi madre, sin su canasto, usando la computadora para tejer relatos…

La araña que no supo tejer

Lila se llamaba la araña que apenas comenzaba a tejer su tela se aburría y se iba por ahí a hacer otras cosas. Cosas que no hacían otras arañas. Cuando regresaba no tenía ni tela, ni comida. Las otras arañas la convidaban porque Lila era muy joven.

– Ya entenderás, le decían, no debes descuidar tu tela y así tus presas, vas a pasar hambre si no lo haces.

Y Lila prometía y al día siguiente tejía primorosa y apurada, todas las demás arañas sonreían, pero a medio día o principios de la tarde, otra vez desaparecía y regresaba al anochecer muerta de hambre.

Pasó el tiempo y las arañas entendieron que Lila no aprendería a ser una verdadera araña. Decidieron dejar de darle de comer pero, aunque no lo parezca, las arañas entre ellas son muy pacientes y solidarias. Siempre una o dos le arrimaban alguna comida a Lila.

Y así siguió Lila su vida tejiendo con empeño por las mañana y saliendo de paseo hasta la noche por las tardes. Fue entonces que apareció en plena mañana en su pequeña tela un macho que la invitaba a fecundarla. Lila, ante el asombro de las arañas aceptó encantada y pudo tener así montones de huevos. No se comió al macho cuando finalizó la fecundación, cosa que sí hacen muchas arañas. Se dedicó a cuidar en extremo sus huevos, dejó de pasear por las tardes y cuando sus hijitas comenzaron a salir, Lila les empezó a contar cuentos.

La tela de Lila creció y creció, todas sus hijas tejían y atrapaban presas con precisión y todas amaban a esa mamá que iba tras ellas contándoles historias que había traído de sus recorridas anteriores.

Y así siguió Lila contando historias para hijas y nietas, vecinas y conocidas, comiendo poquito, sin tejer nada y narrando un montón de cuentos.

Cuando se murió las arañas la extrañaron mucho y tejieron para ella un bello cartel que decía:

ACÁ VIVIÓ LILA UNA ARAÑA CON MUCHAS HISTORIAS

Hacer todo bien

Porque tenés que hacer todo bien. Me lo dijeron tanto qué tal vez por eso intenté hacer algunas cosas mal. Quien estableció eso de hacer todo bien: la Iglesia? Lo siento, soy atea. La Justicia: lo siento, solo he visto presos y presas pobres. No creo en la Justicia. El gobierno de turno: lo siento no les creo, hasta que no ganen lo mismo que un educador o un obrero especializado, no les creo.

Todos los grandes establecimientos del “ bien común “ son mentira. Los Bancos… más ladrones imposibles. Los Jueces… el que no es corrupto está muerto. Las grandes siglas OEA OTAM FMI y todas las ONG que nos protegen… son un chiste, una farsa, emprendimientos para ocultar lo que está mal.

No quiero o mejor dicho, no debería de hablar de la OMS y médicos y laboratorios, pero todavía existen personas que no creen en los millonarios negociados con los laboratorios. Habría que releer a Michel Foucault y El Poder de la Medicina… personas que cobran millones por aliviar o curar a otras personas, no son buena gente, son mercenarios.

Y sigue una lista interminable: fábricas de armas y de pornografía infantil compiten con los narcos. Los narcos aportan a campañas gubernamentales y las drogas siguen prohibidas… para algunxs.

Y en plena pandemia que todavía no se sabe en qué acabará, te mandan promociones de iPhone y perfumes franceses. Y la loca soy yo que estoy llegando a un nivel de descreimiento y anarquía que me deja agotada.

No voy a hacer nada bien. Tengo edad para portarme mal. Ya lo hice en los años 70 y estuve 3 veces presa por pensar diferente… otro día les cuento.

Ahora dirán que soy una vieja loca. Tal vez me mediquen. Mis hijos se horrorizarán y mis nietos se van a reír. Ya no represento un peligro social y necesito hacer todo mal porque me mintieron toda la vida: miren cómo estamos!!!! El desastre que somos!!! Lo que estamos dejando y eso que, casi todxs, hicimos las cosas bien.

Las fechas

A mí hay fechas que me persiguen o yo a ellas. No sé cómo es, tal vez es mutuo. Azar, destino, casualidad no son palabras que tengan significado lógico en mi vida.

Sin embargo se han repetido acontecimientos importantes en fechas que representan algo significativo en mi vida. Cómo puede ser? Tendrá una lógica matemática? Será una cuestión cíclica?

No voy a entenderlo nunca. Pero cómo ya llevo muchas vueltas alrededor del sol, y se repite eso que en tres o cuatro fechas del año sucederá algo intenso, estoy intentando adivinar con cuál de ellas coincidirá mi muerte.

Es tema tan tabú que no lo puedo hablar con nadie. No entiendo y no voy a entender porqué hablar de la muerte a la mayoría le sigue sonando a : sos depresiva, sos suicida, tenes pensamientos negativos y otra cosas más desagradables.

Como en realidad para mí es simplemente una cosa por la que debo pasar, ni me desvela, ni me escandaliza, ni me pone triste. Pero me gustaría saber con cuáles de mis fechas coincidirá.

Bueno claro, eso le gustaría a media humanidad, creo que no hablan de la muerte porque odian saber que puede tomar por sorpresa o demorarse lo que se le antoje.

Y ahora con esta pandemia vas a hablar de ese tema?, me preguntó una amiga. Y sí, claro, hay más posibilidades que nunca. Eso es totalmente negativo, me aseguró, es como anunciarla, no se habla de la muerte y mucho menos ahora.

Entonces mis próximas entradas hablarán de: ganarme la lotería e invertir en una granja comunitaria y ecológica. O puedo hacer entradas hablando que las 100 familias que tienen toda la torta del planeta, la reparten y todo cobra sentido. O puedo hablar de que logro que nadie duerma más con hambre. Que ningún hombre mate a su mujer. Que las guerras queden anuladas por decreto… y así huyo de hablar de la muerte, no la anuncio como dice mi amiga, vuelvo a caer en utopías que tuve a los 18 años y anuncio fantasías que ni con diez hadas madrinas voy a lograr.

Sigo pensando que no moriré un día cualquiera. Será uno de esos días que en mi vida han representado algo muy significativo.

Marcha por los desaparecidos

Cada año el 20 de mayo pedimos saber por los y las desaparecidas en dictadura. La marcha se hace de negro y en silencio, llevando las fotos de aquellos que hace treinta y cuarenta años, soñaron un país diferente, pensaron diferente y se atrevieron a ser contestatarios.

Muchos, la inmensa mayoría eran obreros y estudiantes, los famosos Tupamaros, nombre del grupo guerrillero de este país fueron derrotados y encarcelados en el año 72. Muchas y muchos fueron desapareciendo hasta en los 80.

Fui una privilegiada porque contestaria y de marchar fui desde el Colegio Secundario…cuando llegué a la Universidad fui detenida por primera vez. Estuve tres veces detenida y la última, aquí en Uruguay: esa vez me salvé de ser desaparecida. No era mi momento de desaparecer. Algo ocurrió: canje de prisioneros con Argentina. Me dejaron “ libre” en Uruguay hasta que llegó la democracia. Libre pero indocumentada: imposible trabajar o estudiar menos aún, viajar. Todos los meses me presentaba al cuartel a firmar.

Todos mis derechos fueron vulnerados. En Argentina mi cabeza de delincuente tenía precio y no sólo por las Fuerzas Armadas, ya había recibido una carta de la AAA ( Alianza Anticomunista Argentina) , donde se me anunciaba mi pronta ejecución. Así que estuve presa en este país hasta el retorno de la democracia. No hubo en esos años un día o una noche sin miedo porque todos los meses en el cuartel me lo repetían : por este mes zafaste.

Fui una privilegiada porque sé de los sufrimientos de tantas y tantos. De niñas y niños desaparecidos y de tantos otros encarcelados durante tanto tiempo… perdí tantos amigos…

Cómo no salir a la calle hoy a exigir nuevamente que digan dónde están sus cenizas? Han pasado cuarenta años y ni siquiera dónde ir a llorarlos tienen sus familiares. Claro que salgo con una foto de desaparecido cada año a esa marcha que exige en silencio saber dónde están. Esa marcha que repite sus nombre y todos gritamos Presente!

La respuesta es la misma: silencio, mentiras y ahora, este pueblo uruguayo que supo tener una garra Charrúa ha decidido poner un militar en el gobierno. Hoy hay que gritar más que nunca. Hoy hay que hacer una marcha más grande: pero no se podrá por razones obvias de seguridad sanitaria.

Y estoy más triste que nunca. Y no sabia dónde contarlo. Y este blog pasa a ser el que recibe mis cuentos pero también mis lamentos diarios.

De todos modos iremos a la plaza… a ver un video con esas caras de jóvenes que perdimos y que reclamamos saber dónde están , un video en una pantalla gigante. Con tapabocas y alejados entre nosotros, iremos igual.

La foto es de la marcha de otros años

La mosca que odiaba la caca

– No voy a ir! gritó Mily la mosca que odiaba la caca.

– Pero querida, protestó un moscardón azul, tienes que ir por el bien de tus larvas( y de paso le guiñó un ojo)

– Todas vamos Mily! , gritó la tropa de moscas que ya se iba, no te hagas la diferente!!!

– No voy a ir, odio el olor a la caca… yo quiero ir a las flores…

– Ahhhhh entonces serás un abeja… le gritaron riendo las demás y se fueron.

Y Mily se quedó pensando: podía ser ella más abeja que mosca? Decidió visitar la colmena cercana y preguntar.

– Perdonen que interrumpa vuestra labor… podría ver a La Reina?, preguntó con respeto frente a la entrada.

– De dónde sale esa estupidez? Una mosca visitando a nuestra reina? Jamás! , le respondieron a coro las obreras indignadas.

– Perdonen pero es que ella es la única que podría saber si yo tengo más de abeja que de mosca…

– Pero qué locura…, gritaron indignadas y amenazantes cientos de obreras, eres una mosca sin dudas!

– Es que me gustan mucho la flores y odio la caca!!!! Gritó desesperada Mily al ver tanta resistencia a su pedido.

– Mmmmm respondieron las abejas, vete a preguntar a las avispas… eras más de su tipo.

Cerraron la colmena y dos zánganos la corrieron. Mily se fue a buscar la casita de las avispas.

Las avispas la trataron un poco mejor que las abejas pero tampoco la dejaron ver a la reina. Se rieron mucho de su pretensión de ser avispa y le dijeron, con cierta malicia, qué tal vez ella era la hija deforme de algún colibrí.

– Los colibríes andan de flor en flor y son muy enamorados, dijeron zumbando y riéndose, ve tú a saber si uno de ellos no es tu padre!

Mily, un tanto decepcionada y temiendo la reacción de los colibríes, se acercó a ellos y les preguntó:

Qué posibilidad hay que yo tenga un papá colibrí? Porque como odio la caca y prefiero las flores… abeja no soy, avispa tampoco… me enviaron a preguntar acá…

– Posibilidad ninguna, dijeron a coro mientras bajaban subían y libaban sus flores. Pero si odias la caca y amas las flores quédate donde más te guste.

– Serás una mosca diferente…, dijo un colibrí muy apurado.

– Es eso, se dijo despacito Mily, soy una mosca pero soy diferente.

Y ya no molestó más a nadie. Cuando el enjambre de moscas iban hacia la caca por sus larvas, cantando y disfrutando, Mily se escapaba y se iba a los jardines a disfrutar de las flores a su manera.

Más de una vez las abejas pasaron a su lado y la corrieron amenazantes. Las avispas en cambio reían a carcajadas cuando la veían en una flor. Los colibríes en cambio, simplemente la ignoraban.

De todos modos Mily consiguió ser feliz, supo que era diferente y lo aceptó. Vivió de jardín en jardín y se murió durmiendo encima de una flor. Ni abejas, ni avispas, ni colibríes la recordaron. Pero las flores que visitaba a menudo se preguntaban todos los días por ella.

Mi letra manuscrita

Ustedes son muy jóvenes pero yo tuve profesora de caligrafía. Era colegio de monjas y teníamos horas de caligrafía y pensé que la odiaría pero terminé adorando esas horas.

Plumas, tintas y trazos… como en épocas medievales, la profesora nos enseñaba redondillas, cursiva y cursiva inglesa y hasta gótica ( creo que fueron muchas más pero ya no las recuerdo).

Horas trazándolas y sin querer fui amando esos trazos y también sin querer esos trazos… fueron modificando mi letra, la propia, la que tenía como un símbolo… la que era mi carta de presentación. Y mi letra cambió, se volvió parte de mi personalidad… (que después te enterabas que existían grafólogos hasta en criminología).

Pero después estudié dactilografía y apareció la máquina eléctrica y después aprendí a usar computadoras y luego celular…. y perdí mi letra. Esa hermosa caligrafía que era parte de mi identidad, era yo misma, era mi presentación, era no sólo mi firma… era toda yo pero en letras. Mis primeras cartas de amor, mi primer concurso literario, mi primer poema… era mi letra. Cómo yo, era única, particular, personal…

He perdido el don de mi caligrafía. Ya no me queda bien la manuscrita y poco recuerdo del trazado de imprenta. Mis dedos tocan teclas y aparecen robóticas formas parejas que nada tienen que ver conmigo…

Es como perder la sombra, tu sombra. La letra manuscrita era parte de tu persona. Dibujado su trazo hasta tu personalidad quedaba un poco al descubierto. Una parte de mí se ha automatizado.

Cuántas partes más tendré que perder? Para amalgamarme, modernizarme, no perder la vía por donde transitan todxs y no quedarme a un lado del camino mirando sin ser?

Mi letra manuscrita jamás volverá… una parte mía ya murió, cuántas más perderé antes del viaje final?

Piedras en mis manos

Otra vez caminando a la orilla del rio y otra vez buscando y

encontrando piedras para llevar en las manos.

Mi hermana lo hacía y me enseñó

que la abuela le enseñó

que cuando caminas y llevas una piedra

en cada mano

tus manos no se hinchan.

Y hoy pensaba, afanada en encontrar las piedras justas que en realidad, ellas me encuentran a mi.

Caminé un rato apretando las manos

sobre las superficies pétreas

pensaba que también llevaba a mi hermana

y con ella a mi abuela

Que así, en esa sencilla repetición

las llevaba a mi paseo y

las piedras, que me eligen a mí,

que habrán estado ahí mil o un millón

de soles, me eligen por eso.

Porque saco mis muertas a pasear

con ellas apretadas en mis manos.

La polilla que quiso triunfar

Cuando nació Poly. su mamá le puso ese nombre porque ya no se le ocurrían más nombres de tantas hijas e hijos que tenía, apenas logró emitir sonido se puso a protestar.

– Qué ropero tan viejo eligieron para vivir… es horrible!

– Pues aquí viene poca gente y no fumigan nunca, dijo su mamá, así que es un buen lugar.

– Espantoso, siguió protestando, estoy segura qué hay lugares más bonitos… más modernos…

Y Poly aprontó sus alitas para escaparse en cuanto las fuerzas se lo permitieran. Al día siguiente organizó un vuelo dentro del viejo ropero y por una hendija, se escapó y juró no regresar a vivir en ese lugar oscuro, antiguo, rotoso.

Primero tuvo que recorrer el galpón donde estaba el ropero, montones de trastos viejos y al fin encontró una ventana. Desde allí y bastante lejos para sus pequeñas alas, divisó un linda casita. Ahí tal vez, pensó Poly, se pueda vivir mejor. Y tomando impulso y fuerza se fue a la casa.

La llegada fue triunfal porque las niñas y niños que jugaban en el jardín la aplaudieron, o eso creyó ella, por suerte no hizo caso y buscó rápidamente un lugar para instalarse. Encontró placares llenos de cosas asquerosas y por fin, en la planta alta, cuando sus alitas ya no podían más, encontró un guardarropas de color rosa repleto de vestidos, pantalones, buzos, camisas, calzones, medias… en fin, un banquete que casi enseguida comenzó a degustar.

Por unos días estuvo feliz. Comenzó su banquete esa misma noche en el silencio total de la casa. Pero duró poco porque se escucharon gritos:

– Hay polillas, están comiendo la ropa de la niña!

Y enseguida llegaron bolitas blancas de olor asqueroso y una ráfaga envenenada que apenas logró evitar. Se mudó inmediatamente. Encontró en su vuelo desesperado otro ropero con más comida de la que nunca soñó en su vida. Y cada noche comió un poquito.

No duró demasiado, el ropero fue vaciado y vio la fumigación más de cerca, apenas logró huir. Tendré que encontrar algún lugar hermoso sin gente tan exagerada, pensó Poly. Su vuelo nocturno fue terrible, sapos y murciélagos intentaron comérsela.

Entró huyendo despavorida en un lugar muy amplio y silencioso. Y para su suerte también encontró un amplio guardarropas lleno de trajes, vestidos, chales, sombreros.

– Este sí es mi lugar, dijo Poly feliz.

Pero se encontró con otro montón de polillas que no la recibieron bien.

– Acá todas vivimos en paz, le dijeron, este guardarropas es del teatro. Acá se hace dieta estricta. Se come muy poquito para que no nos descubran. Los actores y actrices no tienen que notar nuestra presencia.

Y así fue. La comida era mínima y siempre había que buscar lo que se usaba poco. Pero Poly más que comer le encantaba ver cuando la sala se llenaba y aplaudían la obra. Soñó con hacerse famosa y recibir aplausos. Cada noche se escapaba y revoloteaba feliz en el escenario. Después se animó y lo hizo entre el público.

– Cuidado Poly, los aplausos matan!, gritaron la noche del estreno las otras polillas.

Pero la sala estaba llena y cada escena era aplaudida más y más. Poly revoloteó por el escenario y no pudo con la tentación y bajó dónde el público de pie, aplaudía sin parar.

Murió sin darse cuenta por unas palmas ruidosas que aplaudían con fuerza y con la ilusión de haberse hecho famosa.