Canasto vida

Canasto vida

Mi madre guardaba su vida en un pequeño canasto de mimbre que contenía su todo.

Ahí dentro estaba la flora y la fauna más exótica y también la más autóctona

Lleno de perfiles masculinos y figuras femeninas

Habían detalles tiernos y otros, inverosímiles.

La cadena de colores y texturas anidaban y se enredaban o deslizaban a su antojo.

Según el pulso de mi madre latía en la aguja la textura de la vida que saldría del canasto.

La vi por tanto tiempo días meses años vivir apegada a ese canasto que siempre supe que ahí estaba ella.

No podía dejarlo ni por una tarde.

Era parte esencial de su equipaje.

Cuando se enfermó y aconsejaron internarla, me olvidé de llevarlo.

Por eso mamá aleteó triste su muerte, no tenía su canasto para esperarla tejerla entenderla.

No pudo enredar como buena araña tejedora,su presencia y ella, se la llevó sin su esencia

El canasto vida durmió por años su ausencia hasta que decidí que era hora de dejar de mirarlo y buscar a mi madre en su interior.

Yo soy mi madre, sin su canasto, usando la computadora para tejer relatos…

La mirada, las miradas, mil miradas…

La mirada del joven atravesó la calle y se posó en la figura femenina que subía la escalera de la casa de su amigo. Le gustó lo que vió. Por esas cosas del destino, en el cual no creía , esa imagen perduraría años en su cabeza.

Unos minutos más tarde cruzará la calle subirá la misma escalera y la figura femenina le tenderá la mano cuando sea presentada, formalmente, como la reciente esposa de otro amigo. En un instante brevísimo toma la mano con las dos suyas, un gesto de bienvenida, ella ni notará el detalle.

Pasarán luego días, meses y un par de años. Hablará con ella en varias ocasiones, asistirán a cenas o almuerzos de camaradería y él, insistirá en recordar siempre que es la mujer de un amigo. Intentará observar poco y hablar menos.

En una sola oportunidad ella sintió que la mirada de él tenía un algo, no supo definir el qué pero se puso nerviosa y él, veintitrés años después recién se enteraría de esos nervios que provocó sin querer.

Se marchó en plena dictadura y durante casi veintidós años no supieron uno del otro. El mapa metió incalculables kilómetros entre ambos. En el primer mundo no tenía tiempo a pensar: era otra vida. Incluso tuvo su familia y no fue lo mejor que le pasó.

De este lado del mapa ella cada tanto visitaba sus padres y veía fotos de él, por cortesía, sonreía o hacía un comentario de rutina.

Y fue cuando ella enviudó que mirando una foto, en casa de sus padres, pensó y dijo osadamente:

“ así que se divorció… y ahora yo estoy viuda… debería de escribirle…no está nada mal tu hijo…” después se rió de su frase casi adolescente.

Sin pensarlo lo dijo pero los padres ilusionados al otro día le dieron la dirección de correo electrónico. Y le escribió y se escribieron. Casi veintidós años habían pasado y él recordaba la figura de aquella joven subiendo la escalera.

Los correos amistosos fueron seguidos de chats y noches en vela donde las miradas atravesaban los kilómetros de distancia. Ambos se miraban con cada palabra y se conocían en esa inmensa distancia.

De pronto él se lo dijo: lo mío no es chiste, lo mío es en serio, para siempre. Y a ella se le dió vuelta el mundo. Había cuidado dieciséis años un hombre enfermo y se había prometido libertad total. Se alejó de la computadora temerosa…

Pero pudo más la seducción y el recuerdo, volvieron a trasnocharse en chats llenos de guiños y complicidad, un poco de romance ideal y erotismo enamorado. Tres meses duró.

El muchacho que miró la figura femenina a través de la calle, atravesó el continente y se abrazaron en el aeropuerto como si fueran colegiales. Tenían cuarenta y seis años los dos y en ese momento se quitaron veinte de encima.

El amor los devoró más allá de lo narrado en correos o sugerido por chat. En una de las tantas madrugadas que el sexo los agotaba y desvelaba, él se lo contó:

“ A mí el divorcio me dejó mal y en la calle, me fui a vivir con una amiga… estuvimos un tiempo juntos. Y yo le decía: sueño cada noche con una mujer, está en una Casa Blanca cerca de un río y creo que me llama, que me enamoro de ella… te soñé por meses y cuando llegó tu primer correo supe… te recordé… eras vos…”

Y son ateos, y no creen en reencarnaciones pero sienten que se conocen, que no solos sus cuerpos se amalgaman sino sus espíritus y se dan al amor y se olvidan del mundo…

De tanto en tanto recuerdan el episodio del aeropuerto, leen los viejos correos, recuerdan chistes del chat o noches de amor sobre un mar iluminado por la luna…

Hoy se miran a cada instante y viven aún profundamente enamorados… aunque usted no lo crea, algunas parejas sí, lo logran.

Necesidad

De un océano que ruge
De un monte silencioso
Del árbol vivo sin hojas suicidas
Del humo de una fogata
De un silencio sin dueño
De un destino sin marca
De una paz prolongada
De recuerdos sin fotos
Entrar sin detenerme al sonido de mi sangre
Ser una sola cosa con el aire que me alienta
Olvidar el olvido
Deducir la muerte, entenderla
Abandonar a la otra que anda siempre buscando
Dejar mis ropas
Dejar mis llaves
Dejar mis miedos
De verdad necesito un poco de todo eso
O tal vez sólo un poco

Una pelusa gris

Soy una pelusa gris de un gorrión con frío. O de un árbol desnudo que se dejó llevar una muestra de su invierno. Soy una pelusa gris que sale de una chimenea donde adentro da calor a una casa. Soy una pelusa gris de un perro o un gato callejero. Soy una pelusa gris que se voló de un abrigo de un pobre que duerme bajo cartones.

Soy una pelusa gris que atraviesa este aire gélido de invierno y que como aquella estatua de EL PRÍNCIPE FELIZ, va mirando el hambre, los huesos torcidos de un anciano, la poca carne de una olla en una casita llena de niños… voy volando y mirando y contando hambres, sudores, lágrimas, fríos y desesperanzas.

Soy una pelusa gris espiando las casas donde el fuego arde, las luces están todas encendidas y la comida pasa de abundante a desapercibida. Soy esa gotita en el aire helado que se va achicando por la tristeza.

Soy polvo, pelos, sufrimiento y negación de este siglo que no entiendo. Sigo volando… quiero extinguirme y desaparecer. Me duelo y no puedo ser otra cosa…

El casamiento

En los años 70, casi toda la década, Sudamérica entera era aplastada por dictaduras militares. Uruguay no fue la excepción. País pequeño y de pocos habitantes, el único grupo armado “ Tupamaros” fue reducido rápidamente y para el 73 ya no quedaba ninguno libre.

Sin embargo las desapariciones, torturas y secuestros se perpetuaron hasta los 80 y algo y las escuchas telefónicas durante por lo menos cinco años más de que llegara la democracia.

Sé que no fui de las más castigadas porque sobreviví y no desaparecí. Cada persona vive el miedo, la violación, los golpes, la tortura psicológica y física cómo puede. Nunca fui muy valiente: mi última detención me marcó muchísimo y aún hay noches que me despiertan sueños relacionados con el tema.

Pero una vuelve a amigarse con la vida. Cría hijos, trabaja, vuelve a tener esperanza y se hace amiga de aquellos y aquellas con que comparte algunos, por lo menos algunos, principios políticos, éticos, filosóficos.

Y entonces tu amiga te cuenta lo del casamiento y vos, yo, ingenua se lo creo.

“ Hubo un casamiento acá en la ciudad, éramos todos amigos y familiares porque la novia y el novio, ya estaban requeridos por la justicia. Fue casi un secreto. Cuando terminamos sobre la madrugada cada cual volvió por diferentes lugares, había toque de queda. Al otro día estaban todos detenidos! A los novios no los volvimos a ver, los otros fueron todos presos…”

Obliga preguntar: “ y ustedes?”. No, que increíble a nosotros y otra pareja no nos vinieron a buscar.

Increíble me digo, pero no sospecho porque la conozco como mujer de izquierda. “ Sería porque en ese tiempo mi marido estaba a cargo de los documentos, las cédulas de identidad de la policía”… Ahhhh era de las Fuerzas Armadas?!!!

“ Nooooo él era civil, estaba a cargo de las cédulas nada más “

Nada más y nada menos: sabía perfectamente quienes eran los requeridos. Desconfío durante demasiado tiempo de este relato. De que esta mujer embanderada con la izquierda me haya contado la verdad. Es muy sospechoso el cuento…

Hace un par de meses sé que fueron ellos los denunciantes. Y me rechinan los diente y tengo una rabia metida en el pecho que no me la puedo quitar. Fui a su casa, compartí almuerzos, trabajé con ella, nuestros nietos se conocieron… y son responsables de por lo menos dos desaparecidos y varios encapuchados, golpeados, detenidos…

Y con cuántas personas más en este caótico

“ olvido inyectado” habré almorzado yo? Y con cuántas o cuántos responsables de torturas me habré dado la mano? Me da pánico pensarlo…

Y no los puedo culpar: era tanto el miedo que muchas y muchos querían agradar y quedar fuera de toda sospecha. La disciplina del terror sufre efectos. En mi familia ocurrió y logré entender que confesaran mi paradero.

Pero la familia no se elige… los amigos y amigas si y me duele mi propia ingenuidad. Y los jóvenes novios y los otros y me duele de nuevo mi propia desventura y el encierro por atreverme a pensar diferente. Otra vez… me duelo.

Invitación hoy 19 hs

Vamos a juntarnos por Zoom a charlar y opinar de manera informal sobre la novela LA TREGUA DE MARIO BENEDETTI. Escrita en 1959 y llevada al cine en Argentina, 1973, fue la primera en llegarse un galardón para el Oscar a mejor película extranjera, aunque fue ganado por Fellini y su Amarcord.

De todos modos la novela tiene una característica propia que podría pasar por un clásico de época.

Y nuestro café literario virtual es informal: no tiene características de análisis literario sino de opiniones diversas de lectores libres.

Inscripciones: http://centroculturalvirtual.com

Autorización

A quién le pide autorización la autoridad?

Quién pone las reglas de autorizar en la ley?

Cómo se hace para autorizar lo imposible y desautorizar lo mejor?

Quién puede discutir si autoridad es dignidad o si da lo mismo que no lo sea?

Podría algún personaje desautorizarse a sí mismo ? Tienen una conciencia “ Pepe Grillo” que los autoriza interiormente?

La autoridad es una señora o una señorita?

Por qué la autoridad corre siempre en un mismo sentido? No conoce las avenidas de doble mano?

La autoridad es prima de la justicia? O son hermanas?

La desautorización es hermana de la mendicidad?

La sociedad está totalmente autorizada?

Por qué hay que pagar autorizaciones?

Por qué los autoritarios son soberbios?

Por qué hay que obedecer sin protestar a la autoridad?

Quién autorizó la autoridad?

Firma: una casi anarquista.