Regalo

Regalo

Buscaba un mimo y un halago.

Un suspiro hubiera alcanzado…

No encontré nada.

Recordé que amar es eso de dar y dar y dar

sin esperar nada

se pierde siempre

la entrega es así y ofrece poca recompensa.

En ese momento noté

que yo notaba

que tu notabas

lo mucho e

intenso que era

sentir así.

Y fue cuando

apareció la risa.

Esa magia

la carcajada y la otra

la apenas contenida y

que no se puede ocultar

la risa cómplice la más sabrosa.

Y al reír volví a ser adolescente.

Volví a importarme de nada y todo

que es lo mismo.

Sentí la misma sensación de vértigo.

La necesidad de abandonarme

la fuerza de la risa que transmuta.

Entendí que era simple

que resulte absurdo y profundo

y es que la risa, la mía

vale tanto,

que te amo por provocarla

Y de verdad, no debo esperar más nada.

Escribir

Papelitos por doquier,

notitas innecesarias y excusas intangibles.

Del papel y el lápiz

a la máquina de escribir y de ahí,

al mundo de las pantallas.

Acá y allá o dónde se te ocurra

dejar como el rastro de algo,

alguien o la vida, que es lo mismo.

Me he pasado los años

dejando escritos y aún, no alcanzan.

Tal vez el hechizo esté ahí:

nunca alcanzará y por eso es

tan misterioso y mágico

intentar escribir algo.

Prosas, cuentos, intentos poéticos

y notas, apuntes, conferencias o

charlas, estudios…secretos, espantos,

deseos, recuerdos, novedades y

mil formas de ir dejando esta trama

que vivo en imprecisas metáforas,

borradores eternos.

Busca una a las y los lectores?…

O te encuentran?…

No importa. La sencilla precisión de las palabras, no agitan más egos

que dejar semillas en cada intento.

Gotera

Imperceptible la gotera,

apenas una gota tras la otra

ardua labor del engranaje que

le permite deslizarse.

Y sigue y yo sin pegar un ojo,

repica irónica y desafiante,

es sólo una gota de agua

que inhibe mi sueño

perturba mi noche y me tiene

despierta y furiosa.

La gota cae y se ríe, canta,

yo maldigo y suspiro.

Así se escurre la noche y el

tiempo y las gotas cantarinas

que se llevan el agua.

Tan sólo una gotera

poderosa y enorme de

una o mil gotas,

pueden arrasar tu noche,

o tu vida,

o tu tiempo,

que al final, son la misma cosa.

En todos lados

En las rocas y en las hojas

en las sábanas y en la olla

en la penumbra y bajo el Sol de la ventana.

En el rumor de pasos

en la urgencia de la madrugada

en la lánguida sensación de un después…

En una luna de mentira

en la escoba barriendo hojas

en un plato de ensalada

en el sillón negro…

En esa playa y en la otra

en esa noche y en casi todas

en el río y el arroyo

en la lentitud del campo…

Es que existe algún rincón lugar refugio dónde no te vea?

La vida

La brisa, las ganas, la noche

La luna, tu mano, la arena

Y caminar sin prisa porque el camino es corto y el tiempo largo.

Enterarse que la playa no acaba

y si no nos queda vino,

nos sobran besos…

con eso alcanza.

Y también nos sobra deseo,

nos abraza el amor,

nos olvidamos a propósito

que nos somos eternos.

Sucede lo de siempre

se nos escurre el reloj

se nos achica la magia

se nos dispara el instante

se nos huye la luna que dejamos presa,

se nos va la vida, no era nuestra,

era transitoria.

Ahora, rememorar o

sucumbir.

Entre el desánimo y la felicidad

entre el olvido y la dicha

entre tu voz y la mía

entre resplandor y recuerdos…

la vida.

Trenes

Largo, sinuoso, eterno,

marchaba más de mil quilómetros

el tren que nos llevaba a los brazos

poderosos de mi padre.

En la ventanilla se descolgaba un

paisaje de picos, cumbres nevadas,

majestuosidades naturales que

podían justificar cualquier demora.

Yo me aburría y no podía más que

fastidiar a mi madre.

Ella contaba historias, inventaba juegos,

me permitía ir y venir molestando con

mi cháchara infantil a otros pasajeros.

Cuando ya mi impaciencia la colmaba

me llevaba al salón comedor

dónde esperar manjares me entretenía

un par de horas.

Así recorríamos el largo mapa,

llegaría exhausta de tren y de hija,

pero en la estación, brillaban los ojos de mi padre, su abrazo reparador y protector.

Mi madre recuperaba el humor.

Cuando se quedaban a solas los veía

besarse como novios y

no sabía, no entendía, que trenes y

vida, camino de amor, eran su mejor

herencia.

Llorar con ganas

Mi madre siempre decía que había que llorar con ganas de vez en cuando para que se te lave el alma pero no para que se haga hábito. Y cuando lloraba, ella decía que lo hacía por ella y por las que no podían hacerlo. Eran crisis intensas y breves. Luego se lavaba la cara y proseguía con la vida…
Mamá: eso no pude heredarlo, esa sana costumbre de lavarme el alma con lágrimas saladas como quien se sumerge en el mar, ya no sola sino con todas las que no pueden.
Pero sí heredé la bendita, o maldita según se mire, de llorar por las que no pueden hacerlo…Gracias por heredármelo.

Luna de papel

Corté una luna o media o cuarta o un trozo y la besé y te dije que era un gajo de Luna para tu bolsillo.

Como éramos jóvenes y felices la olvidamos ahí.

Después la vida, el sendero que se pierde…

Hoy la encontré arrugada, lavada y un poco rota en el fondo de tu bolsillo.

Se vivió la vida en tu pantalón.

Hoy la rescaté y los dos lloramos un poquito.

La planchamos y andamos errando por la casa buscándole un nuevo lugar secreto de gajo de Luna de papel de símbolo…