Lecturas

Serena al aire de este mes

recordando historias más o menos

veraces y siempre románticas,

me enseñaba el arte casero

de una literatura

oral e imperfecta.

Se me llenaban los oídos de relatos:

secuencias lógicas

problemas inesperados

finales anunciados

personajes imborrables.

La voz de mi madre me alejaba de lo cotidiano.

Sus versiones libres de tanta novela

fueron la casa

que contenía a la verdadera.

Cuál fue nuestra casa de verdad?

La de Juan de Garra de Oso?

La de la servilleta mágica?

La del potrillo blanco?

Mis noches se llenaron de cuentos

mis noches se vistieron de palabras,

algunas me daban miedo,

otras, me enfadaban,

de otras, me reí a carcajada y

algunas, me pusieron a llorar.

Mamá jamás se resistió a narrar

una y otra vez,

nunca dijo que no a inventar

a cambiar o finalizar

su cuento, mi cuento…

Nuestro cuento…

Mi madre no leyó de literatura ni filosofía.

No supo qué era la pedagogía.

Era lectora y me alentaba a leer todo,

sin censuras…

Y así fue cómo logró, con secreto arte

casero, una hija lectora que

dedica su vida a entender: qué nos hace lectores!!!

Zapato (1)

Fuimos las dos caminando por la arena hasta el barco encallado. Lo miramos absortas y tejimos posibilidades absurdas. Cuando ibamos a retornar encontraste un zapato lleno de musgos, mejillones y un trozo de cordón que, obstinado, recordaba su dueño.

– Hay que guardarlo, me susurraste.

– No, no ya basta de esa manía tuya de coleccionar cosas viejas, inútiles.

Y vos como si nada, llevándote el zapato lleno de arena y sal.

Al año de tu muerte, aterida por el frío de tu recuerdo, decidí limpiar aquel lugar de reliquias y olvidos. Entre muchas cosas ahí estaba, el zapato lleno de naufragio y playa. No sé por qué me lo puse en la oreja y sentí el murmullo del mar como en un caracol. Sentí las olas risueñas chocando en las rocas y lo mejor, volví a sentir tu risa veraniega.

A veces…

Me resigno, apago la luz,

me alejo, no protesto,

ni cerca de confrontar

ni lejos de huir

Es sólo una vivencia

silenciosa

donde se me ocurre que lo mejor

será delegar a la causalidad

lo que deba ser y será.

Me resigno y sin sonidos

vivo el tiempo que necesito

para aclararme, comprender,

enduelarme sin testigos.

Sí , a veces hay que resignarse al caos

a lo injusto, a lo que no puede ser,

confiar en que de una u otra forma

las piezas imantadas volverán

se arrimarán y se alinearán.

El desorden generará otro orden

pero es necesario, algunas veces,

esperar con resignación

ese tiempo y ese lugar

que nos hará confiar otra vez.

Hay veces en que esperar y resignarse

te permiten recargar la energía

del ave fénix y la comprensión

sin odios.

Regalo

Regalo

Buscaba un mimo y un halago.

Un suspiro hubiera alcanzado…

No encontré nada.

Recordé que amar es eso de dar y dar y dar

sin esperar nada

se pierde siempre

la entrega es así y ofrece poca recompensa.

En ese momento noté

que yo notaba

que tu notabas

lo mucho e

intenso que era

sentir así.

Y fue cuando

apareció la risa.

Esa magia

la carcajada y la otra

la apenas contenida y

que no se puede ocultar

la risa cómplice la más sabrosa.

Y al reír volví a ser adolescente.

Volví a importarme de nada y todo

que es lo mismo.

Sentí la misma sensación de vértigo.

La necesidad de abandonarme

la fuerza de la risa que transmuta.

Entendí que era simple

que resulte absurdo y profundo

y es que la risa, la mía

vale tanto,

que te amo por provocarla

Y de verdad, no debo esperar más nada.

Escribir

Papelitos por doquier,

notitas innecesarias y excusas intangibles.

Del papel y el lápiz

a la máquina de escribir y de ahí,

al mundo de las pantallas.

Acá y allá o dónde se te ocurra

dejar como el rastro de algo,

alguien o la vida, que es lo mismo.

Me he pasado los años

dejando escritos y aún, no alcanzan.

Tal vez el hechizo esté ahí:

nunca alcanzará y por eso es

tan misterioso y mágico

intentar escribir algo.

Prosas, cuentos, intentos poéticos

y notas, apuntes, conferencias o

charlas, estudios…secretos, espantos,

deseos, recuerdos, novedades y

mil formas de ir dejando esta trama

que vivo en imprecisas metáforas,

borradores eternos.

Busca una a las y los lectores?…

O te encuentran?…

No importa. La sencilla precisión de las palabras, no agitan más egos

que dejar semillas en cada intento.

Gotera

Imperceptible la gotera,

apenas una gota tras la otra

ardua labor del engranaje que

le permite deslizarse.

Y sigue y yo sin pegar un ojo,

repica irónica y desafiante,

es sólo una gota de agua

que inhibe mi sueño

perturba mi noche y me tiene

despierta y furiosa.

La gota cae y se ríe, canta,

yo maldigo y suspiro.

Así se escurre la noche y el

tiempo y las gotas cantarinas

que se llevan el agua.

Tan sólo una gotera

poderosa y enorme de

una o mil gotas,

pueden arrasar tu noche,

o tu vida,

o tu tiempo,

que al final, son la misma cosa.

En todos lados

En las rocas y en las hojas

en las sábanas y en la olla

en la penumbra y bajo el Sol de la ventana.

En el rumor de pasos

en la urgencia de la madrugada

en la lánguida sensación de un después…

En una luna de mentira

en la escoba barriendo hojas

en un plato de ensalada

en el sillón negro…

En esa playa y en la otra

en esa noche y en casi todas

en el río y el arroyo

en la lentitud del campo…

Es que existe algún rincón lugar refugio dónde no te vea?

La vida

La brisa, las ganas, la noche

La luna, tu mano, la arena

Y caminar sin prisa porque el camino es corto y el tiempo largo.

Enterarse que la playa no acaba

y si no nos queda vino,

nos sobran besos…

con eso alcanza.

Y también nos sobra deseo,

nos abraza el amor,

nos olvidamos a propósito

que nos somos eternos.

Sucede lo de siempre

se nos escurre el reloj

se nos achica la magia

se nos dispara el instante

se nos huye la luna que dejamos presa,

se nos va la vida, no era nuestra,

era transitoria.

Ahora, rememorar o

sucumbir.

Entre el desánimo y la felicidad

entre el olvido y la dicha

entre tu voz y la mía

entre resplandor y recuerdos…

la vida.