Aeropuerto desconocido

Usted creyó que ya llegando a su destino había acabado el aprendizaje forzoso. Porque usted eligió un destino donde hace muchos años vive un amigo que no ha vuelto a ver.

Y pensó que apenas llegara al aeropuerto su amigo estaría ahí. Dónde? Si a usted le toca hacer migraciones, cuando encuentre el camino correcto, le toca sacarse nuevamente el cinturón, los zapatos y llenar papeles. Le preguntarán donde se quedará y usted tendrá que recordar la dirección de su amigo. Recuerda dónde la anotó ?

Hace unos meses intentó aprender lo esencial del portugués para no tener problemas. Se olvidaron de decirle que el portugués de Portugal no suena ni parecido al brasileño. Después de una hora recorriendo ese otro circo llamado aeropuerto, usted ve con inmensa alegría la salida. Y hasta se pensó que encontraría a su querido amigo ahí nomás, en la puerta. Pero ve un alud de personas con carteles esperando, oteando el mar de pasajeros que como usted, intentan dar con su contacto.

Cuando logra ubicar a su amigo se da cuenta que hace veinte años eran muy jóvenes y que ahora se abrazaban sorprendidos y extrañados. Usted está adquiriendo la cultura de “ veinte años no es nada” que cantó Gardel y ni usted ni su amigo escucharon.

El trecho a la casa del amigo de hace breve, tanto por contar, tanto por decir. Llegar a conocer a la familia. Llegar y darse cuenta que el nivel de vida es otro pero, aún así la casa es pequeña, tienen dos hijos y deberá compartir con ellos la habitación.

Usted ha comenzado a entender que ser rico, clase media o clase obrera en Europa no es lo mismo que en Sudamérica. Pero aún no termina la lección.

Por dos días pasa casi encerrado en la casa de su amigo. Todos salen muy temprano y los que regresan primero, son los dos niños de 11 y 13 años que no se molestan en comprenderlo. La madre y su amigo llegan casi para la cena. Usted estaría merendando en su país. Está entendiendo, aprendiendo, la cultura que llaman jetlag, y la cama se le hace eterna en las noches.

Pero el fin de semana la familia se lo dedicará. Saldrán de paseo, le mostrarán mil y una cosas que usted intentará fotografiar con su celular. Comerá platos llenos de peces y moluscos fingiendo que le agradan. Y su cabeza, tomará clases y más clases, pero son tantas que finalmente el domingo en la noche, caerá rendido en un sueño profundo.

El lunes termina su viaje. Van todos al aeropuerto con usted. Lo ayudan con el famoso chek kin y usted entenderá que al abrazarlos, las lágrimas corren por sus mejillas. Son lágrimas de agradecimiento, de saber que será casi imposible volver y también, de verse otra vez como desnudo frente a un millón de personas que corren por el aeropuerto.

Cuando vuelva a su hogar habrá tomado la primera lección de “ cultura de viaje”. Y se sentirá orgulloso, feliz, jamás contará ninguna de las humillaciones y miedos por los que pasó.

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