Lento

Se viene lento el tiempo del olvido,

la sensación del río viejo que camina sin apuro.

Se anuncia hoy un otoño que llegará inexorable

como tu muerte o la mía…

Sin estar ni perecer sin entender nada

con pasos lerdos nos iremos.

Este viejo cauce de agua que nos mira

se irá también con nosotros.

Y ya no será nuestro paisaje cotidiano

será de otros, nos dejará partir.

Y el tu y el mi será también de otros

y las sombras y las piedras,

el amor y la ventura,

la pasión y el olvido.

Pero tal vez siempre esté el viejo río

corriendo o pasando durante otros tiempos

que no serán los nuestros…

Sin dudas, no será nuestro!

Las inadaptadas

Adónde viven las de otro mundo?

Dónde vivimos las que no nos adaptamos

y menos aún, no nos resignamos?

Dónde está la casa de las soñadoras?

Dónde habitan las transgresoras?

Y las locas de mierda que no quieren?

Las histéricas que no se callan?

Y las que no se dejan?

Y las que nos hacemos las locas?

Las acusadas con el dedo?

Las tímidas y retraídas?

Las que sienten hasta vergüenza ajena?

Las desvergonzadas viven con las tristes?

Las impávidas viven con las apasionadas?

Debe de haber una casa donde viven

las mujeres inadaptadas, las que discuten

y no escuchan

O escuchan pero no oyen.

Quiero vivir con todas ellas,

en sus metros cuadrado de anomalía

en sus cubículos llenos de brebajes

en sus valientes guaridas

de disociación

en su alienación

en su lejano sitio

de otro mundo.

Fuga y misterio

El arroyo era pequeño, apenas se insinuaba pero para nosotras, era el límite. Los límites siempre tienen algo de misterio y por eso seguramente queríamos pasarlo.

Los misterios casi siempre dan miedo y si hay que escapar, doble miedo. Era nuestro caso.

Un día entró en el arroyo la pequeña y dijo que era demasiado frío, que imposible…Al otro día fue la madre y apenas se mojó los pies, aseguró que era fangoso, qué asco…Mi hermana dijo que ella en esa agua turbia no pasaría y yo mentí, dije que había visto víboras.

Así fue creciendo el miedo y el misterio. Y nos parábamos horas mirando y preguntándonos qué habría del otro lado. Nadie había ido nunca, ni se veía nada…

Fue un día cualquiera que alguien propuso, entremos todas juntas. Y fue así que lo cruzamos. Avanzamos temerosas y después nos reíamos de los nervios. Pie con pie, mano con mano.

Cuando terminamos de cruzarlo no lo podíamos creer. Estábamos al fin del otro lado…

Aquí estamos, del otro lado, pensando si regresamos o nos metemos en la espesura del monte, otro misterio, otro miedo, por ver vivir correr….

Mirada

Esa mirada…

perceptiva? intuitiva? veraz?

Esa forma de ver verme vernos

es de acá? de allá? de dónde?

Metáforas habrá

para tu mirada

pero para mí, sólo siembra preguntas…

Es un mundo desconocido?

Es un ser que no sos y mira desde otro lado?

Es un algo inexplicable lo que veo detecto intuyo?

Qué esa forma de ver no es trivial…

Qué nadie notaría tu edad…

Qué nadie comprendería tu profunda inocencia …

Qué nadie vería tu sabiduría precoz…

Qué nadie podría entender que ves…

Qué nadie podría ni podrá olvidar tu mirada, jamás…

Qué tus ojos ven y no dejan de observar cosas que los demás, no…

Tu mirada

qué puntada a la vida,

qué aguja anti dolor,

qué curita para el alma,

qué esperanza a la locura,

qué locura de esperanza tu mirada…

Puentecito

Digamos que ese pequeño y desbaratado puente había significado mucho en la vida de los abuelos.

Gente de chacras, peón él y cocinera ella, se habían ennoviado jóvenes y sus primeras citas fueron en ese puente. Por aquellos días todavía era de madera. Después lograron casarse porque el abuelo heredó una pequeña parcela de tierra y un par de vacas lecheras. La abuela cambió su oficio, lavó ropa blanca para las señoras de la ciudad que reclamaban lavado planchado y almidonado » como Dios manda».

Los hijos les fueron naciendo, cuatro en total y los domingos pasaban las tardes en el puente porque la pesca, fue el único entretenimiento que se permitió el abuelo y lo compartían en familia.

Quién sabe qué esfuerzos hicieron pero lograron que sus hijos estudiaran. Incluso los dos menores tuvieron buenos oficios. Todos grandes y trabajadores, decían los abuelos con orgullo. Y se casaron todos » como Dios manda», por suerte, suspiraba la abuela mientras se hacía tiempo para cuidar y acunar los nietos. Fueron nueve en total.

En el puentecito los nietos y nietas aprendieron a pescar con el abuelo y con la abuela, a comer tortas fritas. Y siguieron siendo domingos de puente y familia.

El puente ha cambiado, la vida también. Se han puesto viejos, algo sordos, tienen problemas de salud. Los hijos y nueras trabajan mucho para pagar el todo que tienen y los nietos estudian o trabajan. Empecinados en seguir en la pequeña parcela, la vieja casita y cerca del puente, quién podría cuidarlos? Imposible!

Ayer se tiraron juntos. Hoy encontraron los cuerpos. Ella de vestido blanco y él, de traje. Estallaron los titulares que hablan de demencia senil…

A mí, que supe ser cercana, me parece que prefirieron salir los dos juntos al encuentro de la muerte, desde el mismo lugar donde les nació el amor… De otra forma, hubieran tenido que esperarla y quién sabe dónde…no aceptaron la condición «como Dios manda».

Manchas

La novia esperaría nerviosa en su noche de bodas. Camisón primoroso de escasa sensualidad pero que exhibía un inmenso escote de época. La habitación señorial olía a jazmines y la alcoba entera era de una cierta majestuosidad trémula, como la novia.

Entraría el novio semidesnudo y con sonrisa seductora. Tomarían un copa de buen vino y sin prisas comenzarían a hacer el amor. Era el hombre quién obviamente, conducía a la joven pero ella, con toda la sensibilidad a flor de piel, tal vez participó más de la cuenta para ser, como lo era, una señorita de clase alta de fines del siglo XIX.

Después que todo terminara y que los besos se prolongaran extasiados, él enterró la daga bajo el corazón lleno aún de gozo. Fue quizás una muerte rápida y sin demasiado dolor.

Desde la ventana donde bebieron el vino y conjuraron el amor por única vez, se arrojó él minutos después. Se estrelló contra las baldosas de piedra pulida de la galería principal.

Las manchas de sangre, lavadas con agua, jabón e infinitas lágrimas familiares, jamás terminaron de salir. La maravillosa residencia, regalo especial a la joven pareja, se fue diluyendo en el abandono.

Cuando fuimos a comprar la casona, con la finalidad de construir un refugio de animales, habían pasado más de cien años y las manchas persistían.

Decidimos dejarlas. Ahí están, atestiguando un triste episodio confuso de locura y crimen que jamás tuvo explicación…

Los perros y gatos adoptados en este lugar tienen especial preferencia por hurgar oler lamer esas manchas. Algunos felinos eligen esos sitios para acostarse, con sus ojos semi cerrados parecen hurgar el pasado. Los perros en cambio, olfatean las manchas eternas, luego se alejan lloriqueando por una historia que intuyen o conocen…

Sombras

Tuve una sombra solitaria,

era aburrida y lenta, como yo,

supongo que se cansó de su dueña,

salió un día de mi tutela…

(te encontró o te buscó ?)

Desvelada por su ausencia andaba,

cómo se puede vivir sin sombra?

cómo puede una sombra rebelarse escaparse perderse?

La búsqueda se inició sin treguas bajo todo tipo de luz

Ni la lámpara ni el sol me la devolvían y pensé:

se extinguió se murió se derritió

( porque nunca entendí qué hace una sombra sin su dueña)

Hasta aquella noche de luna y playa cuando apareció sin razón con tu sombra!

Dejé de ser yo, abandoné la rutina y más loca que mi sombra, te abracé y me dejé amar…

Los cuatro andamos jugando aún con el amor…

Cementerio

Iba como siempre distraída y contenta caminando por la costa. Todos los años me detengo a mirar la montaña de mejillones que se enciman y dispersan después de las olas tempraneras.

Cada uno de ellos, vida que ya no es, representa algo y no sé qué… me da por recorrer de una punta a la otra intentando calcular… cuántos son?:

– Si acá cuento trescientos esa otra pila debe de tener el doble, allá en el recodo de la roca deben de ser más de mil…

Me frustra no saber cuántas cáscaras vacías hay. Los trae vivo el océano y los deja morir en la playa. Tendrá sentido?

Y entonces lo comprendo. Si cada año hago lo mismo, si cada año veo esta cantidad de esqueletos de mejillones, o tal vez menos o quizás más , no representan cada uno de ellos un día de mi vida?

Y si así fuera?

Si pudiera realmente contarlos podría saber exactamente cuántos días me restan por vivir?

El día que cada mejillón muerto estacione su esqueleto a mi paso, terminará mi vida?

Esto no es un cementerio de mejillones, esto es un acertijo como la muerte misma, nunca lo podré resolver…