Mi computadora dice: escribe.Y como todos estos días gasté horas leyendo ciencia ficción, le tomo la palabra.
Escribe María, me digo, escribe que todas las heridas de tu alma se han curado escribiendo. Y, de qué tanta alma herida, mujer egoísta?, me pregunto. Nunca he pasado hambre, nunca usé ropa de la basura, hace años tengo auto para desplazarme, en mi casa están todos los electrodomésticos básicos necesarios para hacerme la vida más fácil…He criado tres hijos que están en su apogeo criando mis nietos. Y he enviudado dos veces y no me rendí, aún sigo pensando que es mejor amar, y sigo enamorada del que supongo es mi último compañero de vida. Y me duele el alma?
Es que eso justamente es la sociedad de consumo, cuando tienes todo siempre te falta algo, cuando viajas no alcanza, los celulares deben de rotarse cada nueva serie que emerge de un mercado que te tienta en forma permanente, tampoco te alcanzará la ropa, ni la última computadora, nada ha de alcanzarte y así hipotecarás tu futuro a pura cuota, pagada con tu trabajo, con tu esfuerzo. Importa acaso la felicidad, el poder quedarte un rato más en la cama, importa tener tiempo para caminar descalzos y mirar la luna sin sacarle fotos. Importa una caminata a la vera del río sin hablar, escuchando el paso del agua. Importa acaso escribir sobre estas cosas…Importa?
Me duele el alma. A pesar de todo…es que soñé en mi adolescencia con terminar con este mundo tan hipócrita, con tanta vanidad, tanta soberbia, soñé con algo más justo, sin hambre, sin injusticias sociales, donde realmente la libertad no sea una palabra sino un acto real.
Me duele el alma y de eso escribo. Han sido derrotadas mis ilusiones y ahora, sigo presa del capitalismo, del consumismo y el patriarcado. Y tengo una nieta, no quiero que repita mi historia.
Escribo, me duele el alma y pongo otra curita sobre las miles que ya tiene.
Autor: María Luisa De Francesco
Asimov: fantasía o predicción?
En estos días retomé los cuentos de Asimov y los volví a leer. También me detuve mirando una serie basada en su obra.
Y si todo no fuera ciencia ficción? Y si fuera como Julio Verne? Porque qué cosa más fácil sería que al no poder parar la súper población surja otra población de robot que nos remplace e ir eliminando a los pobres…
Todo servicio realizado hoy por gente pobre, sería remplazado por robots. Los pobres serían aniquilados con más hambre y algunas otras estrategias menos sutiles. Las máquinas no tendrían gremios, no cobrarían salarios, no harían reclamos ni huelgas, si acaso no funcionaran se llama un técnico. El técnico puede ser otro robot.
Y quién clasificaría quién vive y quién muere? Y con cuántos habitantes debería quedar el planeta para ya no ser una bomba a punto de estallar? Sería una lucha que ni Marx imaginó porque la masa obrera sería absolutamente electrónica y no me digan que no: las familias pudientes que gobiernan este planeta tendrían un paraíso terrenal.
Creo que Asimov lo pensó y dio argumentos: se pueden lograr robots tan perfectos que luego vendrían otras luchas.
Creo que soñaré con robots muchas noches…y con el final de la lucha de clases!
Laberinto y espejos
Era una de esas tardes de sol inocuo, casi lloviznaba. Había que salir, después de todo estaba de vacaciones y quedarme encerrada no era el plan.
Cada vez que mi médico me envía a vacacionar debo enviarle fotos diarias de mis paseos. Es eso o una acompañante, me dijo un día, debo asegurarme que realmente te sirven las vacaciones y no te pasas todo el día en tu habitación de hotel.
No puedo hacerle trampas porque es el único que logra sacarme de mi profunda letanía depresiva.
Así que salí y me fui al laberinto de espejos que era la atracción de esa temporada. Odio los laberintos porque me producen vértigo, siempre creo que moriré sin salir. Pero amo los espejos. Entré pues mitad rechazo y mitad empatía.
Y fui recorriendo y sacando fotos y chocándome y tal vez hasta sonreí en alguna maniobra torpe. A mi alrededor la risa y los gritos burlaban mi silencio.
No pude verme en ninguna foto. Mi imagen no estaba en ningún espejo. Tal era mi soledad…
Triste como ella
Hoy y ayer sentí esa tristeza que a veces le notaba a mi madre. Lo que no puedo recordar es si era a mi edad o ella era más joven.
Creo que mi madre sufrió de tristeza mucho tiempo. No sé si la comprendía ni sé si la notaba demasiado. Un día en un hermoso lugar de naturaleza imponente, la sorprendí con una foto. Cuando la recogí del revelado vi sus ojos de almendras con una tristeza tan significativa que me sentí la peor hija del mundo.
Mi madre fue definitivamente una mujer triste que a veces, olvidaba la tristeza y sonreía. A veces también cantaba y solía bailar muy bien. Pero casi siempre estaba triste y hoy, que soy la triste, estoy buscando los genes de tristeza. Y la veo me veo nos reflejamos.
También veo la incomprensión de los demás por la tristeza, la tristeza como culpa, pecado, aberración de la vida…no se puede, debe, ni se permite…
Hay que andar por esta vida hipócritamente sonriente y decir que todo es maravilloso, aunque te ahogues en un sistema corrupto e injusto al que no se le ve salida.
Las Redes sociales han contribuido a duplicar esa falsedad, todos son fotógrafos de ese instante feliz de familia, amistades, diplomas, comidas, vacaciones y otros etcéteras.
Todos y todas son bellos, bellas, felices y exitosos. Una vidriera especial para creerse amistades y mostrar al mundo lo maravilloso de sus vidas.
La hipocresía se duplica, las Redes ponen la plataforma virtual a lo que ya venía arrastrándose y las personas, ponen sus ingenuos rostros.
Estoy triste….😔
Buenos Aires y Astor
Mi viejo era porteño. Nunca vivimos en Buenos Aires pero cada vez que recorro sus calles su figura de porteño elegante de otros tiempos camina a mi lado.
Gracias a su porteño ser conocí el tango y la ópera. El boxeo y el fútbol y por supuesto el viejo, ahora convertido en shoping, Mercado de abasto donde él nació, enfrente. También los barrios y algunos perímetros de arrabales más cercanos a literatura borgeana que lo qué hay hoy.
Discutí con él en mi adolescencia sobre la importancia de Astor Piazzolla que según papá, no escribía tango. Y cada vez que lo escucho veo el obelisco, veo la casa de mi abuela paterna y siento el sabor insuperable de sus tallarines tan italianos.
Buenos Aires me llena de nostalgia y soledad. Me siento siempre sola en su vorágine de ruidos, autos, gente, vendedores. Y la música de Piazzolla la siento aunque no esté sonando.
En plena juventud cuando comenzaba la Universidad tuve mi primer hijo en esa ciudad. Y soñé con que ese hijo se pareciera a mi padre. Soñé que fuera el hijo de esa revolución que estábamos soñando y no fue. Mi primer desengaño amoroso con apenas diecinueve lo tuve también en esa ciudad, el padre de mi hijo me abandonó.
Y cada año regreso obstinada y nostálgica. Y recorro los mismos caminos de calles, subterráneos, plazas, parques. Y es como si mi viejo con su gardelito haciendo juego con su traje, caminará conmigo.
Y he llevado mis nietos queriendo que miren con mis ojos lo que ya no está. Y les narro historias de mi padre, de mis abuelos italianos y su llegada a esa ciudad, y siento que Piazzolla es un duende travieso que toca sólo para mí en cada rincón de esa metrópolis que ya nada tiene que ver con la de mi niñez.
Sin palabras
Me he quedado muda de escritura y la pantalla en blanco, ese desafío que enfrentaba orgullosa es un vacío que no logro llenar.
Y si no logro escribir ya no estoy viva.
Dos cosas que cambian tu vida
Querida vieja compañera…
…han pasado los años querida, vieja compañera, huraña y lejana como yo. En la cadera es donde más se nos nota, en el andar seguramente. Supimos, lo sé, ser algo majestuosas y elegantes pero este endurecimiento dicen que es normal. Tampoco dedicamos tanto tiempo a acicalarnos, preferimos mirarnos, mirar la lejanía y si hay suerte dormir, dormir… qué bien nos hace.
El otro día pensé que la edad te ha vuelto un tanto agria y me vi a mí misma: igual o peor. Ya no soporto el gentío, ya me cuesta apartarme de la rutina y me enloquecen los sonidos estridentes. Amiga, querida compañera, hemos envejecido.
Ayer éramos noctámbulas y trasnochadoras, comíamos hasta de más, hoy preferimos acostarnos temprano y comer con moderación.
El amor ya no destila lujuria y se vuelve dulce compañía. El hogar se vuelve el mejor refugio del mundo.
Querida,tengo que darte las gracias, hace casi diecisiete años que me despiertas cada mañana y te acuestas por las noches a mis pies, que no te mueves de mi cama si estoy enferma y compartes mi plato de comida… no sé cuánto más me acompañarás hermosa compañera pero sé que has sido algo por lo que sobrevivir en este mundo humano… ( quisiera reencarnar en una gata si eso fuera posible)
Vamos amiguita, es tarde y hace frío, vamos a compartir la noche, el sueño, tu ronroneo y mi ronquido…







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