De los miedos…

Hablábamos de los miedos. Todos y todas a algo le tememos. Y salió la oscuridad y la enfermedad y la muerte como protagonistas en primera instancia. Hasta que ella dijo:

– Tengo miedo que me griten, que me digan que hago algo mal…

Mujer madura, pensé con autosuficiencia de docente, es raro. Pregunté:

– Algo de tu infancia? Gritaban mucho en tu casa?

– Gritaban sí…- fue largando lenta la respuesta- mamá era alcohólica y cuando no podía dormir nos mandaba a buscar alcohol en el almacén y si no nos atendían o no nos daban, cerraba la puerta y dormíamos afuera. Papá a veces se enojaba y le pegaba y mamá gritaba.. desde entonces no soporto los gritos…

Cómo se hace para desenredar una respuesta de este tipo, me preguntaba sin saber cómo seguir, era imposible porque además todas las otras mujeres la miraban asintiendo y ella quería seguir contando…

– A veces salíamos de madrugada a buscar alcohol, mamá si no tomaba… no dormía y se ponía malísima. Así una noche con otra, muchas durmiendo afuera. Hasta que ya crecimos y nos empezamos a vender…y ya no le faltó más alcohol. Mi padre se fue, pero ella vivió así borracha, borracha, como diez años más. Mientras fui prostituta no la dejé gritar más…

Miro a mi alrededor, las compañeras le hacen comentarios, veo las rejas, los alambres de púa y los guardias del otro lado. A veces, cuando estoy leyendo para mujeres privadas de libertad, aprendo muchísimo más que lo que te enseñan para recibirte de docente.

Homenaje a Marosa di Giorgio

Ni úteros, ni diademas, ni huevos azules, ni zorros deseosos, ni la abuela recordada o madre venerada, una hermana azul de violetas o un paisaje lleno de rosas, ni otras flores insospechadas…

Ella se ha ido con todos sus partos increíbles, se ha ido dejándonos de regalo cada uno de esos vientres felices, llenos de palabras maravillosas e insoportables…

Ella se ha ido quedándose encerrada en un marco de hierbas y transita por un camino de pedrerías. Ella, tan criticada por una sociedad pacata, ella tan recordada por la misma sociedad pacata.

Ella, inadmisible soñadora de prosas eróticamente suaves, con una naturaleza arrolladora y pasional, se ha quedado para rebuscar entre los que la criticaron, la prueba auténtica de que al morirnos, todos somos venerados.

La naturaleza de su prosa es inadmisible. Fue realmente transgrediendo hasta los lindes de la misma fantasía. Porque supo ver animales y flores que no existen y que jamás osaríamos pensarlos así. Fue la clave de los que la veneramos: poder asustarnos con pensar que tal vez, pudimos y no nos animamos a ver lo que ella podía ver.

Ella vio y supo entender aquellos coágulos de sangre que eran huevos azules o de tonos diversos, conejos que saltan y se meten en todo tipo de agujeros, y sobre todo, vio animales diversos que hurgan ese rincón especial de las féminas. Los vio treparse, arrastrarse, penetrarse, lamerse, los vio de cualquier color, aroma y sabor. No tuvo límites y díganme la verdad: se perdona la fantasía sin límite de una mujer apasionada? No, ni hoy, ni ayer, mucho menos ayer.

Ella era la auténtica mujer fatal de la palabra transgresora y por todo eso, será recordada; no, ustedes se confunden, ella no será venerada por ese detalle feliz de su prosa, más bien por premios que encontró en otros caminos y por otras lides de letras asombrosas. Seguramente no le importaría, como no le importó exigir sus teatros cubiertos de gladiolos rojos para ella poder recitar sus letras con larga túnica negra, como una aparición extraña en su ciudad, en la misma que hoy la intenta colocar en bastidores dorados.

Más allá de todos los hipócritas de la pequeña ciudad, más allá de detractores de turno, ella sigue caminando al encuentro de lectores que se la merecen y ese camino, ese paso, es eterno. Qué suerte.

Buscándonos

Buscándonos

Separada de ti ya fui otra cosa.

Arrancada de tu ser, empezaba a ser

y despacio caminé a tientas, buscándome.

En ese recorrido creo que he sido

soy y seré muchas, porque me aburre ser

una sola.

El tedio a la rutina es propio o lo heredé.

El intento diario de vencer la abulia

La interpretación permanente

El goce por imaginar

Y otros estrabismos más o menos locos,

los habré agarrado por no parecerme a vos.

Vos te aferrabas a lo que había que decir,

hacer, pensar e

intentaste hasta el cansancio la sensatez.

Por eso a veces estabas tan triste

que dolía en mi alma tu mirada.

Eran fugaces tus caídas en el desánimo

pero nada igualaba tu instante de tristeza.

Cuánto hay en mí de vos

desde el corte

fiero de nuestro cordón.

De tu tristeza a la mía, de tu sonrisa

y de tu enamorada forma de leer

la vida.

De tus jardines perfectos a mi poca habilidad

con las pobres plantas.

De tus bordados en hilo que logro sólo imitar

con toscas palabras.

De tu arte culinario que no supe heredar,

seguramente no quise.

Y todo esto madre, todo esto, que no

terminaré jamás de escribir

para remplazar un te extraño eterno

que no termina jamás.

La herencia

Ruinas, desvastación, vandalismo, robo y abandono, así encontró la gran Casona que era su herencia. Esas ruinas fueron el motivo de su vida. Por ellas vivió y asesinó, fue a la cárcel y pagó mucho dinero, mintió muchísimo portándose bien, jurando arrepentimiento y haciendo de fregona en la prisión para salir diez años antes.

Se paró justo enfrente de la Casona y por primera vez en sus sesenta años deseó llorar a gritos sin fingir.

Lloró mintiendo cuando enterró al marido envenenado y cuando enterró su hijo, también envenenado. Lloró mintiendo cuando regresó a la gran Casona de sus padres ya viejos. Lloró mintiendo cuando enterró a su padre envenenado y también a su madre, unos meses antes que la policía comenzara a sospechar.

La gran Casona de dos plantas y la cuenta bancaria quedaron a la deriva cuando las investigaciones dieron con su nombre y apellido como una de las primeras asesinas seriales del lugar.

Gastó muchísimo dinero en pagar abogados y para tener lo indispensable en la prisión. Hizo hasta lo indecible por portarse como arrepentida y salir antes.

No sabía que la casa ya era sólo ruinas. Un juego de huecos, ladrillos y raíces desnudas al viento.

El pueblo se fue cobrando su rencor. La saquearon, la incendiaron y vandalizaron. Ruinas, sólo eso quedaba.

Juntó sus últimas fuerzas para intentar recuperar lo que no podía y al año se murió sola en el hospital. » Muerte sospechosa», dijeron todos y alguien recordó ese refrán que

» el que ha hierro mata..»

Maldades oníricas (3)

Yo era una palabra, no sé cuál,

( acaso importa?),

era un par de sílabas,

un sonido,

salía de una boca

y volaba por el aire

iba directo a una oreja.

La oreja no quería dejarme entrar,

tenía que volver a intentarlo…

Acción en cadena repetitiva

iba y venía de la boca a la oreja.

La boca se iba exasperando

me iba pronunciando en voz aullido,

en casi grito, luego en grito.

Entonces yo palabra, salía

volada, escupida, empujada.

Y la oreja nada, se resistía y me cerraba

la única posibilidad de ser oída.

Me desperté ronca esa mañana,

con la sensación de haber gritado

en silencio toda la noche,

y la angustia de que nadie quiso

saber qué palabra era…

Tampoco yo la recordaba…

Maldades oníricas (2)

Nadaba como sin consuelo

( nadar me gusta)

el agua se agitaba oscura

( mamá me había dicho en secreto

que el agua oscura presagia muerte)

Descordinadas mis brazadas

intentaban que el círculo oscuro

no me atrapara.

Inútil y desaforado esfuerzo,

me agotaba y no avanzaba,

( en pleno sueño tuve noción

del infinito)

los movimientos eran imprecisos

el agua, eterna.

Iba a suceder algo, lo presentía

no era un algo bueno…

sería una roca, una tempestad,

un vacío…

Y entonces pensé en pleno sueño

“ estoy soñando “

y desperté empapada.

No pude disfrutar

ni un instante de ese día

por el esfuerzo fallido de la noche…

Maldades oníricas

Maldades oníricas

…

¿por qué no soñar cómo todo el mundo

con mis muertos o con calles vacías?

¿con necesidades incompletas o

verdades develadas en quién sabe qué pasillo?

No, otra vez se me enroscan dos víboras

en los tobillos tallados de musgos,

otra vez las veo sutiles y rápidas

ejerciendo un poder ancestral

que me guía al centro de un espiral eterno,

una fuerza poderosa me lleva: estoy muerta,

más allá de las sombras la luz prometida

y la trampa de siempre:

siete puertas para elegir paraíso o infierno.

(no las cuento el número es símbolo)

Alguien a mi lado me arroja

(¿ángel o diablo?)

un manojo de finísimas llaves doradas

(¿ángel o diablo?)

Tengo que elegir con cuidado

cielo o averno,

tengo tan poco tiempo y

es tan difícil… que me despierto asustada:

¿por qué no sueño con mi

último libro leído o veo el rostro

de los que me amaron?

Teatrerías

Conocí la lectura y el teatro de la mano de mis padres, pero el teatro así, casero, de gira en gira, de la mano de mi hermana. No saben ustedes lo feliz que puede ser una niña haciendo ruta, tipo circense así de casero,e ir de pueblo en pueblo. Y lo más lindo: ver entre bambalinas, por así llamarlas que a veces eran baños y de aquellos que …casi ni puertas.

Y las madrugadas juntando todo para irse de regreso. Y los paisanos que a veces no entendían…muy gracioso pero en su momento, qué disgusto. Debo de ser una agradecida porque de eso a escuchar ópera en el Colón hay mil pasos y yo, los di siendo niña.

Tendría unos diez años cuando mi hermana de veinte, quiso hacer su debut en el teatro local, pequeño pueblo de provincia argentina. Mi padre, horrorizado, lo prohibió porque sin ser el Colón, todo lo otro era de putas. Pero mi madre logró a duras penas, convencerlo.

Convencer a mi padre fue lo mejor porque mi hermana emprendió una carrera artística y yo, condición especial, tenía que acompañarla.

Era teatro pueblerino, los fines de semana a veces nos íbamos de gira por pueblitos rurales. Los paisanos poco entendían a Lorca pero silbaban como locos ante las actrices, aunque usaran el riguroso luto de Bernarda Alba.

Eso me permitió aprender libretos de memoria, de puro aburrimiento y recorrer zonas rurales alejadas , de la mano de mi hermana y del arte teatrero.

Mi hermana en escena se transformaba y crecía, así la veía yo. Dramática por excelencia no sé si hubiera podido ser cómica. El teatro la llevó a hacer radio teatro y ahí comprendí más aún la esencia de la oralidad.

Me debía este recuerdo después de tantos años de amar el teatro y la oralidad. La vida de nosotras con el arte tendría mal final: mi hermana no pudo seguir porque los rumores le ganaron a la buena voluntad de mamá y en mi caso, me ganó la dictadura y debí callar por años mi secreto arte de narrar.