Buscándonos

Separada de ti ya fui otra cosa.

Arrancada de tu ser, empezaba a ser

y despacio caminé a tientas, buscándome.

En ese recorrido creo que he sido

soy y seré muchas, porque me aburre ser

una sola.

El tedio a la rutina es propio o lo heredé.

El intento diario de vencer la abulia

La interpretación permanente

El goce por imaginar

Y otros estrabismos más o menos locos,

los habré agarrado por no parecerme a vos.

Vos te aferrabas a lo que había que decir,

hacer, pensar e

intentaste hasta el cansancio la sensatez.

Por eso a veces estabas tan triste

que dolía en mi alma tu mirada.

Eran fugaces tus caídas en el desánimo

pero nada igualaba tu instante de tristeza.

Cuánto hay en mí de vos

desde el corte

fiero de nuestro cordón.

De tu tristeza a la mía, de tu sonrisa

y de tu enamorada forma de leer

la vida.

De tus jardines perfectos a mi poca habilidad

con las pobres plantas.

De tus bordados en hilo que logro sólo imitar

con toscas palabras.

De tu arte culinario que no supe heredar,

seguramente no quise.

Y todo esto madre, todo esto, que no

terminaré jamás de escribir

para remplazar un te extraño eterno

Las locas de siempre

Adónde viven las de otro mundo?

Dónde estamos las que no nos adaptamos

y menos aún, no nos resignamos?

Dónde está la casa de las soñadoras?

Dónde habitan las transgresoras?

Y las locas de mierda que no quieren?

Las histéricas que no se callan?

Y las que nos hacemos las locas?

Las acusadas con el dedo?

Las tímidas y retraídas?

Las que sienten hasta vergüenza ajena?

Las desvergonzadas viven con las tristes?

Las impávidas viven con las apasionadas?

Debe de haber una casa donde viven

las mujeres inadaptadas, las que discuten

y no escuchan

O escuchan pero no oyen.

Quiero vivir con todas ellas,

en sus metros cuadrado de anomalía

en sus cubículos llenos de injusticias

en sus valientes guaridas

de disociación,

en su alienación

en su lejano sitio

de otro mundo.

Lecturas

Serena al aire de este mes

recordando historias más o menos

veraces y siempre románticas,

me enseñaba el arte casero

de una literatura

oral e imperfecta.

Se me llenaban los oídos de relatos:

secuencias lógicas

problemas inesperados

finales anunciados

personajes imborrables.

La voz de mi madre me alejaba de lo cotidiano.

Sus versiones libres de tanta novela

fueron la casa

que contenía a la verdadera.

Cuál fue nuestra casa de verdad?

La de Juan de Garra de Oso?

La de la servilleta mágica?

La del potrillo blanco?

Mis noches se llenaron de cuentos

mis noches se vistieron de palabras,

algunas me daban miedo,

otras, me enfadaban,

de otras, me reí a carcajada y

algunas, me pusieron a llorar.

Mamá jamás se resistió a narrar

una y otra vez,

nunca dijo que no a inventar

a cambiar o finalizar

su cuento, mi cuento…

Nuestro cuento…

Mi madre no leyó de literatura ni filosofía.

No supo qué era la pedagogía.

Era lectora y me alentaba a leer todo,

sin censuras…

Y así fue cómo logró, con secreto arte

casero, una hija lectora que

dedica su vida a entender: qué nos hace lectores!!!

Zapato (3)

Éramos adolescentes con ansias de verano y playa. Éramos jóvenes y diáfanos como el agua que llegaba y se iba en olas constantes. Nos aburríamos y divertíamos con la misma frecuencia y nos desaparecíamos de los adultos cada vez que podíamos.

A las 5 de la mañana nos juntamos ese día, el sol aún no despuntaba, comenzamos a caminar por la playa y a reírnos de nada y de todo. Para cuando eran las 9 ya habíamos parado cuatro veces y la playa más cercana, aún no se veía. Teníamos hambre y sed. Pero decidimos seguir porque la consigna había sido desayunar en el otro balneario.

Cuando lo divisamos nos chocamos con el zapato, una bota masculina. Llena de cascaritas, musgo marino, algas y mejillones.

– Sin dudas ha permanecido mucho tiempo en el agua, dijo Juan

– Algún ahogado? – se preguntó Julia.

– Algún hundimiento seguro – afirmó José

– No, dije y aseguré con una voz que no era mía- este zapato pertenece a alguien que todavía no se ahogó… se va a ahogar en estos días…

Con la sospecha de que estaba loca de remate seguimos caminando. Me quité la campera y llevé el zapato adentro sin preocuparme del olor a sal, marisco y peces que tenia.

Esa tarde nos fue muy mal en el regreso: se desató una tormenta sin aviso y apenas si pudimos regresar. La reprimenda fue mayúscula, los permisos de salidas con el grupo cancelados y la tormenta se quedó en la zona por cuatro días y sin amainar.

Cuando finalmente acabó y recuperamos nuestra libertad nos enteramos del naufragio del velero. Pasaban helicópteros y lanchas patrullando la costa, sirenas y luces, todo el tiempo.

Esa noche nos juntamos a jugar cartas en mi casa. Teníamos que quedarnos un poco más cercanos y tranquilos si no queríamos que los adultos se pusieran otra vez, insoportables.

Jugamos cartas, tomamos unas cervezas, nos reímos de todo hasta que les conté la verdad:

– Ustedes saben que me traje el zapato aquel día… lo guardé bajo candado en el baúl del sótano para que mis padres no se escandalizaran o peor, que lo tiraran a la basura…

Ante mi abrupto corte del relato, mi amiga y amigos detuvieron las cartas y me interrogaron con miradas y gestos…

– No está… que yo sé que suena loco pero no está, desapareció el día del naufragio del velero… vayan a ver, acá tengo la llave del candado!

Y desde ese momento andamos buscando al dueño del zapato que se ahogó antes que el dueño…

Zapato (2)

-Haceme el favor de dejar de joder con esa porquería asquerosa.

Así comenzaban mis vacaciones. Mi madre indignada por un zapato lleno de mejillones, algas, piedritas y cascaritas que, adheridas a él lo transformaban en algo mágico. Y no sé las vueltas que dí para poder quedármelo. Lo escondí en un hueco que tenía la casa que alquilamos ese año.

Mamá solía ponerse de muy mal humor si las vacaciones no resultaban a su medida y ese año, íbamos mal. Un frío terrible en la playa, unos precios de locos en los lugares donde le gustaba almorzar y para colmos, mi padre se fue con su nueva novia y ni pasó a saludarnos. Y mis primos que no llegaban y yo que no tenía con quién compartir mi zapato mágico.

Al final de la quincena ya casi no lo recordaba cuando una tormenta insoportable nos detuvo encerradas. No había otra cosa que hacer, solo jugar a las cartas. Yo ganaba y mamá se enfurruñaba, le hacía prometer cumplir mis prendas y ella aceptaba.

Al final de las partidas mi madre se había terminado el vino, le dije que ya traía mi sorpresa y aparecí con el zapato.

-Mamá, dije solemne, tu prenda es meter la mano en el zapato.

Con cara de asco mamá metió la mano y cuando la retiró traía entre los dedos una medallita con nombre y fecha. Saltamos como si hubiéramos sacado la lotería. Es que yo supuse lo que iba a suceder: mamá se puso a escribir una novela.

Se trajo un montón de libros y se olvidó de todo. Solo escribía y escribía. El zapato ahí, como un florero. Se extendieron las vacaciones y pude esperar a mis primos, que ese verano vinieron con ese amigo tímido de penetrantes ojos azules. Ese que me gustaba tanto y es que yo sabia, el zapato era mágico.

El clima mejoró y papá no sé…él nunca se enteró.

Zapato (1)

Fuimos las dos caminando por la arena hasta el barco encallado. Lo miramos absortas y tejimos posibilidades absurdas. Cuando ibamos a retornar encontraste un zapato lleno de musgos, mejillones y un trozo de cordón que, obstinado, recordaba su dueño.

– Hay que guardarlo, me susurraste.

– No, no ya basta de esa manía tuya de coleccionar cosas viejas, inútiles.

Y vos como si nada, llevándote el zapato lleno de arena y sal.

Al año de tu muerte, aterida por el frío de tu recuerdo, decidí limpiar aquel lugar de reliquias y olvidos. Entre muchas cosas ahí estaba, el zapato lleno de naufragio y playa. No sé por qué me lo puse en la oreja y sentí el murmullo del mar como en un caracol. Sentí las olas risueñas chocando en las rocas y lo mejor, volví a sentir tu risa veraniega.

El día del sol que no se fue…

Habíamos contemplado durante meses un Sol de ocaso perfecto de rojo fuego, rojo sangre, rojo de todos los rojos. Y habían predicho sequías extensas y agobiantes. Las provisiones de agua eran ajustadas y los cultivos se fueron secando con celeridad.

Cada familia y cada aldea se provisionaban cómo podían y manteniendo la calma y cooperación pensamos que podríamos con aquella sequedad que amenazaba con quedarse.

Y la vida continuaba a pesar de la sequía angustiante, logramos incluso salvar los animales y algunos cultivos. La camaradería para la higiene y la cocción de alimentos nos hizo ingeniosos y la voluntad de sobrevivir a toda costa nos hizo creer que éramos de verdad, humanos y mejores.

Un atardecer el Sol rojo de meses se detuvo. Quedó colgado en el horizonte como una bola perfecta de fuego exterminador. No sé si fueron minutos, horas, días, porque cuando el caos apocalíptico estalla el tiempo deja de existir.

En pocos segundos los gritos y golpes pusieron a todos contra todos, el terror y el espanto hicieron el resto. Todos querían huir primero.

Todos querían el agua y llevarse alimentos. No hubo mujer ni hombre que no peleara por robarse algo para llevar. Algunos murieron otros, quedaron mal heridos. Los demás se fueron como pudieron. Cuando la aldea quedó vacía y en completo silencio, el Sol reinició su camino y regresó al día siguiente como si nada hubiera ocurrido.

Dicen que la enorme sequía terminó al día siguiente y que nadie logró salvarse, ni encontrarse, ni volverse a ver…

A veces…

Me resigno, apago la luz,

me alejo, no protesto,

ni cerca de confrontar

ni lejos de huir

Es sólo una vivencia

silenciosa

donde se me ocurre que lo mejor

será delegar a la causalidad

lo que deba ser y será.

Me resigno y sin sonidos

vivo el tiempo que necesito

para aclararme, comprender,

enduelarme sin testigos.

Sí , a veces hay que resignarse al caos

a lo injusto, a lo que no puede ser,

confiar en que de una u otra forma

las piezas imantadas volverán

se arrimarán y se alinearán.

El desorden generará otro orden

pero es necesario, algunas veces,

esperar con resignación

ese tiempo y ese lugar

que nos hará confiar otra vez.

Hay veces en que esperar y resignarse

te permiten recargar la energía

del ave fénix y la comprensión

sin odios.