Maldades oníricas

Maldades oníricas

¿por qué no soñar cómo todo el mundo

con mis muertos o con calles vacías?

¿con necesidades incompletas o

verdades develadas en quién sabe qué pasillo?

No, otra vez se me enroscan dos víboras

en los tobillos tallados de musgos,

otra vez las veo sutiles y rápidas

ejerciendo un poder ancestral

que me guía al centro de un espiral eterno,

una fuerza poderosa me lleva: estoy muerta,

más allá de las sombras la luz prometida

y la trampa de siempre:

siete puertas para elegir paraíso o infierno.

(no las cuento el número es símbolo)

Alguien a mi lado me arroja

(¿ángel o diablo?)

un manojo de finísimas llaves doradas

(¿ángel o diablo?)

Tengo que elegir con cuidado

cielo o averno,

tengo tan poco tiempo y

es tan difícil… que me despierto asustada:

¿por qué no sueño con mi

último libro leído o veo el rostro

de los que me amaron?

Teatrerías

Conocí la lectura y el teatro de la mano de mis padres, pero el teatro así, casero, de gira en gira, de la mano de mi hermana. No saben ustedes lo feliz que puede ser una niña haciendo ruta, tipo circense así de casero,e ir de pueblo en pueblo. Y lo más lindo: ver entre bambalinas, por así llamarlas que a veces eran baños y de aquellos que …casi ni puertas.

Y las madrugadas juntando todo para irse de regreso. Y los paisanos que a veces no entendían…muy gracioso pero en su momento, qué disgusto. Debo de ser una agradecida porque de eso a escuchar ópera en el Colón hay mil pasos y yo, los di siendo niña.

Tendría unos diez años cuando mi hermana de veinte, quiso hacer su debut en el teatro local, pequeño pueblo de provincia argentina. Mi padre, horrorizado, lo prohibió porque sin ser el Colón, todo lo otro era de putas. Pero mi madre logró a duras penas, convencerlo.

Convencer a mi padre fue lo mejor porque mi hermana emprendió una carrera artística y yo, condición especial, tenía que acompañarla.

Era teatro pueblerino, los fines de semana a veces nos íbamos de gira por pueblitos rurales. Los paisanos poco entendían a Lorca pero silbaban como locos ante las actrices, aunque usaran el riguroso luto de Bernarda Alba.

Eso me permitió aprender libretos de memoria, de puro aburrimiento y recorrer zonas rurales alejadas , de la mano de mi hermana y del arte teatrero.

Mi hermana en escena se transformaba y crecía, así la veía yo. Dramática por excelencia no sé si hubiera podido ser cómica. El teatro la llevó a hacer radio teatro y ahí comprendí más aún la esencia de la oralidad.

Me debía este recuerdo después de tantos años de amar el teatro y la oralidad. La vida de nosotras con el arte tendría mal final: mi hermana no pudo seguir porque los rumores le ganaron a la buena voluntad de mamá y en mi caso, me ganó la dictadura y debí callar por años mi secreto arte de narrar.

Veinticuatro horas ( Infantil)

Era una ciudad común y corriente que estaba creciendo a la vera de un río. Como no paraba de crecer alguien inventó eso de vender de noche y de día y de día y de noche para que las ventas también crecieran.

Y fue tan bueno que crecieron los vendedores y los puestos para no parar de vender.

Hubo tantos que la ciudad se desveló. Los habitantes empezaron a comprar casi todo en la noche y al día siguiente se dormían y llegaban tarde al trabajo e incluso a la escuela.

Los señores gobernantes decidieron correr los horarios y modificar los relojes. La noche ya no era noche, el día no era día. Las cortinas en las ventanas estaban desahuciadas y los gallos mudos. Se gastaba tanta luz por andar comprando en las noches que inventaron un espejo gigante para reflejar la luz de la luna.

Entonces la luna dejó de llegar y el sol anduvo perdido de ocasos en amanecer, despistado y sin huellas.

La ciudad con más ventas del mundo se perdió en los confines de todos sus comercios y ni un solo habitante supo ni qué hacer, ni por dónde regresar…

Regalo

Regalo

Buscaba un mimo y un halago.

Un suspiro hubiera alcanzado…

No encontré nada.

Recordé que amar es eso de dar y dar y dar

sin esperar nada

se pierde siempre

la entrega es así y ofrece poca recompensa.

En ese momento noté

que yo notaba

que tu notabas

lo mucho e

intenso que era

sentir así.

Y fue cuando

apareció la risa.

Esa magia

la carcajada y la otra

la apenas contenida y

que no se puede ocultar

la risa cómplice la más sabrosa.

Y al reír volví a ser adolescente.

Volví a importarme de nada y todo

que es lo mismo.

Sentí la misma sensación de vértigo.

La necesidad de abandonarme

la fuerza de la risa que transmuta.

Entendí que era simple

que resulte absurdo y profundo

y es que la risa, la mía

vale tanto,

que te amo por provocarla

Y de verdad, no debo esperar más nada.

Llegaron las garzas

La mañana que comenzaron a llegar las garzas nosotros, los seis primos que siempre estábamos con la abuela, llegamos un poco tarde al río. Es que la abuela se había quejado toda la noche de un dolor de espaldas como si » cargara dos o tres muertos», dijo. Así que hasta que no le dimos un calmante y la dejamos en su cama confortable, no fuimos a la competencia de canotaje. Igual nos tiramos al río pero nos llamaron la atención las garzas. Paradas y sin miedo, casi sin volar ante nuestra presencia. Al regresar, en el ocaso, no las vimos.

Al día siguiente la abuela despertó en un grito de » diez muertos sobre mi espalda» y llamamos su médico que le dió calmantes y le dijo:

– No son muertos abuela, son sólo años…

– Qué sabrás- respondió ella mientras se adormilaba por la inyección.

Cuando la vimos calmada fuimos al río para ver el final de la competencia y nos llamó la atención cómo había crecido el número de garzas. Seguían tranquilas, prácticamente ni se movían de la orilla. Al oscurecer se fueron.

Al día siguiente fue necesario internar a la abuela que para entonces tenía más de cincuenta muertos en su espalda y fue el momento de llamar al resto de la familia.

Mientras la abuela seguía juntando muertos arriba de su frágil espalda nos íbamos enterando de la » invasión de garzas» como decían las radios, los diarios y el único canal de televisión del pueblo. Entre los quejidos de la abuela y la desesperación de la familia logramos ver en fotos y pantallas un río totalmente tapado de garzas. Algo insólito, pero nosotros sólo atendíamos el quejido de la abuela y los innumerables muertos que cargaba en su espalda.

Al amanecer del octavo día la abuela se sentó en su cama y con voz muy clara nos dijo:

– Ahora me los llevo conmigo.

Después se durmió plácida casi sonriendo, estiró su espalda y acomodó su cuerpo y fue dejando de respirar con lentitud. Cuando ya no respiró más sentimos el golpeteó de alas frente a los ventanales que daban al Oste. Las garzas, como la abuela, se retiraron.

Mi prima Vera ( Primera Infancia)

Con una pollera verde

y su cabellera alocada

llega y se sienta sonriente,

mientras estornudo en mi sala.

Mi prima llega siempre

sonando como campana

Aveces se pone muy loca

y enfría todo lo que toca.

Tiene días más mansos

con soles tibios y calmos.

También se pone furiosa

sopla el aire como pocas…

En mi habitación se esconde

si no me ve, se pierde,

y no hay forma de saber

que ropa te vas a poner …

Si abrigo, blusa o campera

porque es inestable la Vera,

no es una prima cualquiera

Es una de mis favoritas

no me importa si me grita,

o si de sorpresas me agita.

Me gusta que llegue con calma…

Pero sé que es imposible

pedirle que sea sensata.

Mejor esperarla con ganas

con un montón de alegría

con té de menta y cedrón,

ajustando el corazón

a su presencia tramposa

que te quita la razón

y te transforma todo

con un profundo sacudón.

Una…

Una acá inventándose sombras y primas mientras otros matan, otros roban, otros aman con locura, otros ganan millones que nunca les alcanzan, otros intentan otra guerra para ganar un poco más, otros inventan un antibiótico, otros juegan inocentes, otros se ríen, otros se mueren, otros se casan, otros se enamoran, otros y otras,,,y una acá, en este espacio, en este lugar, inventando para dejar la desidia cotidiana, para frenar lo infrenable, para vivir o para no dejarse vencer y mientras tanto, la vida va….y una entiende que inventa historias para no morir…

Conejos de lana

Primorosamente tejidos estaban los conejos en la exposición del día. Con sus zanahorias, de lana también, por si alguno tenía hambre.

Mamá coneja custodiaba desde lo alto. Las niñas no paraban de tocarle las orejas. Los niños no dejaban de tocar su zanahoria.

A mediodía el enjambre de gente fue mermando, el calor hizo que la exposición tuviera unos momentos de sosiego. Y los conejos salieron primero en puntas de pie como bailarinas, después a los saltitos como canguros y cuando se acercaron al final de la calle, corrieron como conejos.

Los salimos a buscar con los perros de lana, después con los de verdad y después, sin perros. Revisamos los parques y las plazas, las escuelas, los jardines de infante, los teatros, miramos por debajo de las baldosas flojas. También buscamos por encima de los techos y en las chimeneas. Atrás de una nube casi azul y adentro del arroyo. Nada… los conejos de lana se habían evaporado!

Pasaron los días y las semanas, perdimos las esperanzas. Al mes volvimos a la exposición sin noticias de los conejos. Vimos demasiados niños y niñas en un puesto de verduras.

Claro, cómo no nos dimos cuenta, los conejos andaban vendiendo zanahorias y verduras a granel. Quién se resiste a comprar zanahorias o verduras en un puesto de venta de conejos de lana?