Mi paga

… Escuela llena de niñas y niños, escuela en la periferia de la ciudad. Llegó con mi valija de libros, títeres y otras maravillosas herramientas que me ayudan a narrar.

Y nos vamos al patio bajo una sombra frondosa y ahí, las historias salen por mi voz hacia los ojos y orejas de niñas y niños que escuchan, atienden, se sonríen y ríen, se sorprenden. Surgen aplausos tibios de manitas más o menos limpias.

Me voy sonriendo y llega mi paga: algunos abrazos espontáneos, besos tímidos y 6 semillas y … una bolita!!!

Le pregunto al niño si de verdad quiere regalármela. Afirma con la cabeza y señala mi valija: » para tus cuentos «, responde.

Y ahí anda desde ayer la bolita de un niño que quizás no tenga otra y me pagó con ella ese rato en que compartimos cuentos.

Existirá mejor salario?

XV de Historial de las violetas Marosa di Giorgio

Los hongos nacen en silencio; algunos nacen en silencio, otros, con un breve alarido, un leve trueno. Unos son blancos, otros rosados, ese es gris y parece una paloma, la estatua a una paloma, otros son dorados y morados. Cada uno trae- y eso es terrible- la inicial del muerto de dónde procede. Yo no me atrevo a devorarlos; esa carne es pariente nuestra.

Pero, aparece en la tarde el comprador de hongos y empieza la siega. Mi madre da permiso. Él elige como un águila. El blanco como el azúcar, uno rosado, uno gris.

Mamá no se da cuenta de que vende su raza.

Difuntos…

De esa relación especial o quizás diferente, que cada cultura o religión tienen con sus muertos. De filosas estatuas y códigos negros, misas y rezos o también, velas y crespones…De esa asociación o convocación al llanto o al engrandecimiento del difunto…

De todas esas prácticas celebro la Memoria. Que los muertos vuelven a la vida cada vez que se nos enroscan en una frase, en un brindis, en un sueño o un pensamiento. Traerlos a la vida es, una cuestión de Memoria. Una cuestión saludable y beneficiosa. Ellos vuelven y por un instante, fugaz momento de evocación, estamos todos otra vez en el mismo lado: la vida.

Mis muertos siempre rondan mis sueños y cuando lo hacen, despierto pensativa. No sé de que lado he estado en el filo de la madrugada, ellos de mi lado o yo, del lado de ellos…

El loco

Que como era loco nadie lo escuchaba y todos lo engañaban… que sí que sí que sí que a los locos hay que llevarles la corriente.

Y así vivieron toda una vida: él anunciaba infidelidades y partos con niños muertos e inundaciones insoportables y a todo le decían que sí y nadie recordaba al día siguiente sus angustiados anuncios.

Tampoco le creyeron que se mataría y de no creerle lo dejaron colgado hasta que el olor nauseabundo los obligó a sepultarlo.

Por eso la ciudad se vio obligada a soportar su fantasma perpetuo que alejó todo visitante y toda la gente joven que no quiso compartir con ese espectro el resto de sus vidas.

El loco con su fantasma mataron la aldea. Tampoco se lo creían pero se fueron.

El Aconcagua

Así de impresionante como el océano es el Aconcagua. Es finito y no parece tocar el cielo pero casi. Y yo siempre lo vi de lejos y de arriba cuando algún piloto te lo muestra. Y volando por encima como si fuera la gran cosa no se ve la majestuosidad.

Subimos en excursión y a mí me venían dos historias o mejor dicho, dos Libros a la cabeza: De los Apeninos a Los Andes, la historia del niño que sale de Italia y viene a Argentina buscando a su madre y Viven, la historia verídica de los sobrevivientes uruguayos del avión que llevaba un equipo de rugby desde Chile y cayó en la cordillera.

El laberinto montañoso ya es bello sin escrúpulos pero mirar de tan cerca el Aconcagua es otra vez, como frente al océano , sentirse hormiga de este planeta. Eso hace bien.

Me impresionó saber que cada año mueren muchas o muchos intentando escalarlo. No nos aconsejaron visitar el cementerio donde reposan, supuestamente, los desventurados.

Y mientras disfrutaba de esa inmensidad montañosa, de esa falla geológica, de la cordillera más joven del planeta, veía la inocencia de mis nietos en la nieve y el ciclo de la vida, blanco como ella.

Mis sentidos de vuelta a la infancia y ver el otro pico, el Tupungato, pero de la mano de mis padres. Entonces entiendo porqué insistí en traer mi hija, mis nietos.

El ciclo de la vida, volver al origen, a la infancia perdida, a los padres muertos, mirar con estos ojos intentando recuperar el asombro de entonces.

Volví…

Que sea ahora

Que sea ahora, qué aúllen todos los hambrientos juntos, que griten el horror del frío todos los harapientos y qué se caigan todas las orejas que no quieren escuchar.

Que sea ahora, en este instante, que la tierra explote gruñéndonos su hastío de nosotros los soberbios, que se agote el agua y se derrame el petróleo y que mueran las especies mirándonos… mirándonos…

Que sea un Apocalipsis lento y sabio… y después de la nada que resurja algo de lo bueno en algún remoto lugar donde no haya dinero, ni envidia, ni soberbia, ni avaricia…

Pero que sea ahora…

A un costado

A un costado del camino encontramos las casas abandonadas. Estaban las tres, eran esas que recordábamos, sin dudas.

Techos volados, árboles creciendo audaces en muros semidestruidos, raíces de yuyos trepándose por donde estuvieron los ricos rituales de la comida. Tierra y escombro en las penumbras íntimas del dormitorio y una pequeña parte del cuartro de baño que resiste, vaya a saber porqué. Recorremos las ruinas, no creemos en el olvido, algo habrá, algo aunque sea una pequeña huella.

Estuvimos hasta que cayó la tarde, nos fuimos de regreso con pequeños trozos de infancia que solo nosotros entendemos.

Mujer palabra

Dicen que la mujer contaba narraba leía historias y su voz la iba transformando en palabra.

Y que si la historia era romántica se transformaba en la palabra amor, si era cuento de miedo en la palabra temblor, si era algo cómico se transformaba en la palabra risa.

La aldea se reunía cada tarde a escuchar sus historias que jamás eran las mismas. A medida que las contaba todas y todos se iban sintiendo hechizados, adormilados, hipnotizados.

Hasta el día que narró una historia bellísima y larga de un bosque lleno de pájaros de colores. Fue tan largo el cuento que se fueron durmiendo sin notarlo y al alba, estiraron las alas y salieron de los árboles a buscar semillas.