Del silencio

Qué es el silencio?

Es esta cantidad de palabras que zumban en mi mente y no dejo salir?

Son estos pasos míos que resuenan mientras dejo mi boca muda?

Es tal vez, este murmullo de viento qué hay en mis oídos?

Ese rumor de agua y yo callada, es silencio?

Esa música que no pedí pero no puedo evitar, es eso?

Dónde habita el silencio? Cuál es su guarida? Dónde esconde su real sentido?

Será que su lugar habita el límite de todas las palabras? Será que es infinito cómo los números y siempre y más allá está lleno de más silencio?

A veces me gusta. Me dejo ganar, me dejo habitar por su magia.

Atrapo todo lo que dije, digo, diré y entonces, callo.

Vestida de silencio, atrapo mi lengua y mi voz se enmudece.

Y todo cobra sentido. Este aire que inhalo y nunca escucho me llena de vida. Esta sangre que como por laberintos recorre mi cuerpo tiene sonido, mis vísceras aúllan, mi piel transpira ruidosa, soy una con mi silencio; me escucho.

En mi útero inmóvil se duermen todas las palabras hasta que decida cuándo dejar de acunarlas,. Hasta que vuelva a parirlas, me llenaré de un profundo silencio o respeto, que es casi lo mismo.

Extinción

Que se termine de una vez esta sobre valoración de la vida! Que acaben los optimistas, los poderosos y los religiosos de mentir…

Han transcurrido miles de años y seguimos matándonos, siguen molestando los pobres, los diferentes, los inadaptados, sigue importando tener y no ser.

Y lo peor del caso: seguimos con esa manía de que llegará un político, un pastor, un mesías, un militar y lo solucionará. Y vuelve la credulidad ingenua y la vida es maravillosa porque mis pulmones y corazón siguen su marcha.

Basta! Váyanse todos con su optimismo de mierda a lamer manos o botas con tal de seguir mendigando vida.

Yo quiero morir dignamente o sea… sabiendo que es la única verdad que no perdona.

El vacío

El vacío es una montaña

Una roca o una cornisa

O el borde de tu taza de café

O el borde de mi copa de vino

Y de ahí a la nada porque el vacío es nada

Porque esa partícula de nada una vez fue algo

Esa mísera gota fue café o vino

Tirarse, perderse, morirse o desintegrarse

Y qué importa si el vacío es lo único que siempre estará esperándonos….

Lo lleno está sobrevalorado, lo único real es el vacío…

Segundero

Implacable y eterno da vueltas el segundero.

Quien espera desespera rezan los viejos pero

no se salva nadie de mirarlo.

Gira, marca, sonidiza el segundo y la vida,

es lo mismo.

Alguien notó el minutero detenido mientras

giraba convencido el de los segundos.

Alguien buscó los relojes y las pantallas

modernas.

Alguien salió y como

mujer u hombre primitivos, miraron el astro rey y lo vieron…

Detenido justo a la hora exacta que el crepúsculo es rojo intenso, se detuvo el tiempo.

Se paró todo por un momento o siglos, qué importa cuánto…Vos y yo, todos juntos los otros,

la esfera y las constelaciones, el antiguo centro, el péndulo, la vida, estática inimaginable y sin sonido.

Después pudo y aconteció todo, las alucinaciones predichas, las mitologías siniestras, los suicidios masivos, las hecatombes humanas, triviales, más eternas y tristes y el pobre segundero que nunca se enteró de nada… siguió fiel a su giro de rutina.

Insomnes

Los insomnes ya nos cansamos de contar ovejas

Contamos los maullidos de gatas en celo

Los ladridos de perros guardianes

Olemos el aire al filo de la madrugada intuyendo la flor

Los insomnes ya estamos cansados de leer libros, escuchar música relajante y

tomar tisanas

Hartos de recetas, aburridos de propuestas antiguas, nos desquitamos con recetas nuevas

Los insomnes somos desobedientes y tampoco nos hacen efecto los fármacos

Al filo de cada noche, desesperamos, probamos todo, lo antiguo, lo nuevo, hasta lo que dijeron que no…

la copa de vino, la marihuana, las pastillas todas, un bombón y algún otro antojo…

Volvemos a la cama, estiramos las sábanas, acomodamos la almohada y volvemos a empezar

Los insomnes respetamos y cumplimos todas las recetas y agregamos las propias

Prolijos y austeros en el principio de la noche nos desbordamos de locuras después de las tres horas

Cómo los sonámbulos visitamos la casa, la heladera, el patio

Buscamos de nuevo el libro, la película, la música

El sueño llega lento, se va venciendo la vigilia y entonces…

Vuelve el insomnio y ahí ya lo sabes, otra noche más de ojeras y sueño.

Los insomnes no dormimos porque el resto sí puede, porque no saben, no piensan …

Somos guardianes de sueños ajenos, somos el inconsciente de miles millones infinitos seres que duermen…

Los insomnes cuidamos la noche de los que sí logran dormir.

Que se produzca

Que se caiga todo, que nos derrumbemos, que no quede nada, ni los inocentes. Que el final sea rápido y sin escenografías de películas apocalípticas. Que se deshaga como según algún científico describió el Big Bang.

Que la muerte se apodere y el planeta azul se reduzca, se minimice, hasta casi extinguirse y sin dejar rastros… sobre todo eso, sin dejar rastros.

Y en la inmensidad de tiempo y espacio existirá un momento para que las únicas partículas esparcidas quieran intentarlo de nuevo… unirse y formar otra casa para otras y otros.

Ojalá que sean mejores que nosotras y nosotros…

Pero ahora… debería de caer ya el rayo purificador de la muerte.

La fiesta

Corría la década de los 70, acá y allá los que pensábamos diferente nos agrupábamos y corríamos peligros diversos: ninguno suave.

Hilda y José se casaron y se dieron el lujo de una pequeña fiesta. En ese tiempo de todos modos, las grandes fiestas eran sólo para los ricos. Ellos eran hijos de comerciantes clase media y estudiantes universitarios. No tenían tampoco la mentalidad de que su casamiento debía de festejarse con una gran boda tipo tapa de revista. Así que invitaron a los más allegados.

Hilda tenía 19 años y cursaba primer año de medicina, José 21 y iba por el segundo de ingeniería. Y fue una linda fiesta con pocos familiares y pocos amigos.

Sentimos, en algún momento de la noche, ese aire tenso a lo que nos tenían acostumbrados. Los jóvenes podíamos olerlo. Pero seguimos bailando y bebiendo. Teníamos que hacerlo.

A las cuatro de la madrugada sentimos el ruido de los motores. En pocos minutos la fiesta se llenó de uniformes y armas, gritos y personas en el piso, intimidaciones y luego el horrendo silencio y la lenta identificación. Era subrealista buscar los documentos en medio de un casamiento.

A eso de las seis los autos y camiones del ejército se fueron completos de gente joven, casi todos, incluso los flamantes esposos. En la fiesta desolados padres y abuelos lloraban sobre los trozos del pastel pisoteado.

Yo era muy joven, me soltaron casi enseguida. A varios universitarios les tocó padecer entre tres y seis meses de interrogatorios propios de la época, con las violencias del caso porque no se olviden, eran jóvenes, pensaban diferente: eran » el enemigo».

Hilda y José se perdieron en esa niebla espesa y eterna de muchos desaparecidos. Líderes de sus gremios universitarios no merecían otro destino que ser borrados.

Así terminó la fiesta que se expropiaron, la deben de haber gozado muchísimo.

Hay forma de olvidar…?