Mujer niebla

Se evaporó con la niebla. La niebla era espesa y tenía tintes de grises y azules sospechosos.

No era una niebla cualquiera, era una muy espesa que borraba, deprimía y escurría pero ella fue la única que se evaporó.

Sabíamos, todo el pueblo la conocía, que tenía una sensibilidad extrema y por eso no nos extrañaba verla cada día buscar, hurgar, investigar esas cosas imposibles que las mentes inquietas, encuentran.

Tenía miles de cuadernos llenos de reflexiones. A veces nos dejaba leerlas y cuando lo hacíamos nos despertaba, nos desvelaba, nos dejaba pensando.

Y después llegó la niebla y anduvimos a tientas buscando las cosas triviales. Hoy encontrábamos algo, mañana tal vez otra cosa. Como la niebla persistía, nos desesperamos. De ella no nos acordamos porque pensamos que las otras cosas eran esenciales.

Cuando la niebla se fue y poco a poco recobramos la normalidad, extrañamos su presencia pensante. La buscamos y no la encontramos. Nunca más tuvimos reflexiones que nos dejaran desvelados.

Entonces nos dimos cuenta que lo trivial también necesitaba esa mujer que dejaba pensamientos y husmeaba historias, sin ella nos sentimos otra vez llenos de niebla…era niebla gris y azul pero nos caminaba por dentro. Y no se nos fue nunca más…

Sonámbula

Dicen que era sonámbula. Que de blanco camisón paseaba de noche, que en blanco ponía los ojos y que su sombra, blanca también, la perseguía.

Dicen que el sonambulismo le fue dado para adivinar esperanzas, para otorgar sueños, para establecer contactos con mundos inimaginados.

Nadie en su pueblo la despertaba, ni le temían, ni la escondían, ni la miraban de soslayo. Era esa sombra de la sombra que todo pueblo necesita para tener una leyenda y no morir en el olvido.

Por eso anduvo vagando de noche en noche sin control ninguno. Parió sus hijos caminando en noches tormentosas y los dejó en el camino mientras seguía durmiendo y se iba sin notar nada. Tuvo amores permitidos con muchos y con ninguno, suele ser la misma cosa.

De día jamás recordó su viaje al otro lado. Se despertaba y hablaba, contaba, miraba con ojos nuevos a la luz de la mañana.

A veces predijo tormentas y otras, desgracias o tal vez, eso no fue verdad, pero necesitaban magia y ella era lo único que aquel pueblo tenía.

Cuando se fue envejeciendo el sonambulismo recrudeció. No pasó una sola noche sin andar de vagabunda. Ella y su sombra blanca decidieron ir así, de golpe, a visitar la luna. Y ya nunca más la vieron. Pero inventaron la historia y la luna de ese pueblo tiene la sombra de una sonámbula eterna.

Octavo almohadón

La mujer había bordado con esmero el octavo almohadón del día y cuando lo colocó para vender supo que no era otro cualquiera.

El almohadón en el puesto de venta también supo que era diferente porque no podía quedarse quieto.

Los almohadones, sobre todo los bordados primorosamente, suelen ser hechos para el descanso y la holgazanería, o también para exhibir en forma estática sus dibujos y colores.

Octavo almohadón nació con vida propia y le arruinó la vida a mucha gente. Su propia bordadora apuró su venta a mitad de precio, al verlo saltar de estante.

La joven que lo compró creyó que estaba loca al verlo cambiarse de posición y de lugar; lo abandonó en la basura. Octavo almohadón no se quedó mucho tiempo ahí, se fue con un señor mayor un poco borracho, le sirvió de almohada por un rato hasta que saltó debajo de un gato. El gato huyó despavorido, el señor juró no beber más y el Octavo siguió arruinando vidas, con su tejido intacto y su figura perfecta.

Libre y con vida propia anda Octavo almohadón asombrando o asustando personas y animalitos.

De pesca

En invierno salimos a pescar y el río estaba silencioso. En la seguridad del silencio hicimos las trampas para los peces. El día, frío pero sin crueldad, tenia de su parte un sol tibio.

Tiramos las líneas he hicimos acopio de esa paciencia infinita de los que sí saben pescar y aprovechamos, supongo, para dejar vagar ideas, pensamientos viajeros, silencio con propósito de que la mente se liberara.

A las dos horas, el sol ya se estaba alejando, decidimos volver, apenas dos peces serían la cena frugal pero sin dudas, festejada. Y tiramos los anzuelos por última vez ;mi hermana gritó feliz, traía sin dudas algo grande.

Y tuvimos que tironearle entre las tres, agitadas y maravilladas, ya hacíamos conjeturas cuando vimos el cuerpo sin vida que acercábamos.

Mi hermana soltó todo y corrió hacia el camino como si yéndose pudiera evitar lo ya hecho. Mi madre, ecuánime y curiosa, siguió tirando y me ordenó que llamara al 911.

Fue el principio de la catástrofe. Cómo íbamos a saber que pescaríamos un suicida que había sido mi primer novio…

Elisa

Elisa no hacía otra cosa que leer. Fue la hermana menor de una prole de cinco varones, la única que terminó la Escuela. También cursó tres años de secundaria. Como era la favorita del padre ayudaba poco y se pasaba las horas leyendo. Era la mejor usuaria de la Biblioteca y se gastaba cada moneda que obtenía en comprar libros. Leía con velas por las noches porque la madre se quejaba de que aquellas cuentas de luz tan elevadas, eran por culpa de Elisa que leía sin parar.

Cuando terminaba un libro que le había gustado mucho, lo abrazaba y se iba a dormir.Elisa siempre abrazaba un libro para dormir o para salir a caminar.

Elisa desapareció en la Biblioteca. Fue una mañana, como siempre pidió una novela, se sentó en un rincón apartado y solitario, nunca regresó. La buscaron hasta el agotamiento. Los del personal,que la conocía muchísimo, dijeron haberla visto leyendo y luego, nada. Nadie más la vió. Rarísimo: no se había llevado ningún libro prestado.

Han pasado los años y muchos piensan que la perdió su loca pasión por la lectura.

Yo pienso que Elisa logró meterse en su novela favorita.

Mujer envidiable

Por justificar el amor se declaró enamorada.

Por sentirse enamorada transgredió varias normas.

Por transgredir las normas fue severamente juzgada.

Por ser juzgada y criticada, renunció a vivir como las demás.

Cuando la conocimos, uno de esos veranos tórridos al lado del océano, tenía un rancho con techo de paja, pequeño, limpio y lleno de artesanías, desde su ventana pequeña se veía un mar azul y salvaje.

Se ganaba la vida con el tarot y las cartas astrales, la numerología, los caracoles y la quiromancia.

Por ese tiempo ya tenia la piel muy curtida por el sol, el pelo blanco y la sonrisa lenta. Se ganaba la vida en los veranos y en invierno, leía novelas y se enamoraba.

En una visita nos tiró un tarot mágico, nos dijo cosas que eran imposibles y nos pareció más una psicóloga maternal que una bruja playera.

Fue tan mística esa visita que la repetimos cada año, terminábamos fumando, tomando mates y hablando de la vida. Vivió a su antojo hasta que durmiendo murió, el año pasado, cincuenta años con el mismo hombre. Sin embargo aseguraba que para alimentar ese amor,tenía que enamorarse cada tanto de otro.

Seguramente cierta su forma de vivir el amor, aunque la llamaban puta, loca, bruja y otras cosas más que nunca nos importaron. Para nosotras, ella era una mujer para envidiar.

Mi baile y mi psicólogo

Si yo le contara que de noche en casa, de espaldas a la razón, bailo con muertos? Qué tan loca me creería y qué prejuicios tendría?

Recuerdo que no me gustaba bailar, era tímida con mi cuerpo y no quería que me abrazara nadie que yo no hubiera elegido. Para cuando me liberé y tuve compañero de baile y aprendí, pasaron otras cosas… y otras, me fui olvidando del baile.

Pero ahora, sola en este caserón sombrío, en este castillo roto, vacío y lúgubre, me he reencontrado con el baile. Y ahí está la foto del señor de barba que baila conmigo. La del abuelo que he llevado por años en mi cartera. La de mi padre. La de otro gentil señor que en realidad es una pintura. Y bailo…con mis maridos y amantes, muertos todos ya. Y agradezco las fotos que atesoré y escondí. Agradezco la zona de este mausoleo que aún tiene luz y me permite reproducir viejos temas.

Y ellos danzan conmigo, puedo olerlos, percibirlos, hablarlos… mis muertos queridos queribles inolvidables.

Y usted sentado ahí dice que estoy loca, usted me juzga y se cree cuerdo y omnipotente, usted me quiere quitar las fotos de mis muertos para expropiarme mi baile. Acá, el único desequilibrado es usted, gusano reptante que vive a costillas de locas como yo…

Mujer espuma

Cuando la vimos bajar a la playa pensamos en otra mujer mayor, solitaria, veraneando con austeridad y sin prisas.

Después, con el correr de los meses la vimos juguetear con las olas de la orilla y pisar la espuma como una niña de seis. Era graciosa y sonreía todo el tiempo.

La seguíamos con la vista cada vez más. No sé porqué no nos acercamos, no intentamos hablarle como a otros turistas. La playa es lugar de amigos transitorios.

Lo que no podíamos hacer era dejar de mirarla jugar metiendo sus pies en la espuma. Era una ilusión óptica o cuando lo hacía su figuraba cambiaba? Le renacía una juventud y una agilidad casi de ave? Era en realidad una turista solitaria?

El día de la tormenta el mar arrojó ventiscas espumosas y espesas por toda la costa. No bajamos pero la vimos desde la ventana. Recorría saltando la espuma, cada vez más danzarines los pies, cada vez más ágil el cuerpo viejo, cada vez más veloz su carrera por la orilla.

Y la espuma la fue cubriendo, el cuerpo se le tapó de blanco, sopló ese viento fuerte de salitre y de pronto, toda la espuma se diseminó. Ya no hubo más espuma ese verano. Y nunca más la vimos…