Encontré la llave en el mar.
El agua salobre la escondió,
la enterró en la arena
Mi pie hizo magia, la pisó,
regresamos felices a disfrutar enero.
Después la vida como
en un recorte presupuestal
en una dictadura patriarcal
en una hegemonía de macho
me escondió otra vez la llave
No la he vuelto a encontrar.
La magia existe sólo una vez.
Etiqueta: prosa poética
Mujer lluvia
Que la lluvia caía sin ruido sobre el cristal de la ventana. Caía sin cesar pareja, sana y silenciosa.
Que la miraba tanto, la frente sobre el vidrio, el cuerpo sin sentido, la mente fija sin pensamientos, sobre el agua.
Que la lluvia conmovida la invitó y ella, sin pensarlo aceptó.
Y qué entonces ella fue lluvia y adentro de su casa se formó un lago de su propio cuerpo.
Y qué ella y la lluvia fueron una sola cosa: agua que lava, que cae, que se ahoga en sí misma como de llanto silencioso.
Fue una mujer lluvia en esa tarde de invierno y la lluvia fue ella y ya no pudieron separarse.
El Don de los vientos
El hombre que vive conmigo, que me ama y me acompaña, mi compañero de vida, no mi esposo ni mi marido ni concubino, mi eterno amante, tiene el don de los vientos.
Una de sus virtudes es conocer las ciudades sin haber llegado y ubicarse en el lugar que está así lo hayan tirado de un camión en marcha. Para mí, carente de toda brújula, perdida en mi propio patio, esa es una razón para amarlo.
Suele tener una ironía un tanto entreverada que me motiva la risa y esa también es una razón para amarlo. Sin risa el amor es imposible, sería casi como sin orgasmos.
Me encanta que domine los vientos. Que estemos frente al mar y me diga que en media hora virará el Sur y será del Este. Me gusta aún más que me lo tenga que explicar tres veces o más porque yo nunca sé dónde están los puntos cardinales.
Esta es una reflexión muy seria porque cuando se justifica el amor parece qué hay que tener un montón de motivos para amar al otro.
Cómo puede una mujer perdida en sí misma no amar a un hombre que domina los vientos?
Sé que suena a elemento fantástico pero ha sido él, quien sin ninguna prisa, corrigió mis tormentas y dominó mis vientos locos.
Cada vez que lo consigue, lo admiro y lo amo…
Pero me encanta provocarlo nuevamente y vuelvo a ponerme tormentosa, llena de viento Norte, el de locos y locas, para buscar al hombre que domina los vientos… un juego que venimos repitiendo hace casi diecinueve años…
Felicidades 🍾🎈🎉🎊
A un costado
A un costado del camino encontramos las casas abandonadas. Estaban las tres, eran esas que recordábamos, sin dudas.
Techos volados, árboles creciendo audaces en muros semidestruidos, raíces de yuyos trepándose por donde estuvieron los ricos rituales de la comida. Tierra y escombro en las penumbras íntimas del dormitorio y una pequeña parte del cuartro de baño que resiste, vaya a saber porqué. Recorremos las ruinas, no creemos en el olvido, algo habrá, algo aunque sea una pequeña huella.
Estuvimos hasta que cayó la tarde, nos fuimos de regreso con pequeños trozos de infancia que solo nosotros entendemos.
Lecturas
Serena al aire de este mes
recordando historias más o menos
veraces y siempre románticas,
me enseñaba el arte casero
de una literatura
oral e imperfecta.
Se me llenaban los oídos de relatos:
secuencias lógicas
problemas inesperados
finales anunciados
personajes imborrables.
La voz de mi madre me alejaba de lo cotidiano.
Sus versiones libres de tanta novela
fueron la casa
que contenía a la verdadera.
Cuál fue nuestra casa de verdad?
La de Juan de Garra de Oso?
La de la servilleta mágica?
La del potrillo blanco?
Mis noches se llenaron de cuentos
mis noches se vistieron de palabras,
algunas me daban miedo,
otras, me enfadaban,
de otras, me reí a carcajada y
algunas, me pusieron a llorar.
Mamá jamás se resistió a narrar
una y otra vez,
nunca dijo que no a inventar
a cambiar o finalizar
su cuento, mi cuento…
Nuestro cuento…
Mi madre no leyó de literatura ni filosofía.
No supo qué era la pedagogía.
Era lectora y me alentaba a leer todo,
sin censuras…
Y así fue cómo logró, con secreto arte
casero, una hija lectora que
dedica su vida a entender: qué nos hace lectores!!!
Zapato (1)
Fuimos las dos caminando por la arena hasta el barco encallado. Lo miramos absortas y tejimos posibilidades absurdas. Cuando ibamos a retornar encontraste un zapato lleno de musgos, mejillones y un trozo de cordón que, obstinado, recordaba su dueño.
– Hay que guardarlo, me susurraste.
– No, no ya basta de esa manía tuya de coleccionar cosas viejas, inútiles.
Y vos como si nada, llevándote el zapato lleno de arena y sal.
Al año de tu muerte, aterida por el frío de tu recuerdo, decidí limpiar aquel lugar de reliquias y olvidos. Entre muchas cosas ahí estaba, el zapato lleno de naufragio y playa. No sé por qué me lo puse en la oreja y sentí el murmullo del mar como en un caracol. Sentí las olas risueñas chocando en las rocas y lo mejor, volví a sentir tu risa veraniega.
A veces…
Me resigno, apago la luz,
me alejo, no protesto,
ni cerca de confrontar
ni lejos de huir
Es sólo una vivencia
silenciosa
donde se me ocurre que lo mejor
será delegar a la causalidad
lo que deba ser y será.
Me resigno y sin sonidos
vivo el tiempo que necesito
para aclararme, comprender,
enduelarme sin testigos.
Sí , a veces hay que resignarse al caos
a lo injusto, a lo que no puede ser,
confiar en que de una u otra forma
las piezas imantadas volverán
se arrimarán y se alinearán.
El desorden generará otro orden
pero es necesario, algunas veces,
esperar con resignación
ese tiempo y ese lugar
que nos hará confiar otra vez.
Hay veces en que esperar y resignarse
te permiten recargar la energía
del ave fénix y la comprensión
sin odios.
Regalo
Regalo
Buscaba un mimo y un halago.
Un suspiro hubiera alcanzado…
No encontré nada.
Recordé que amar es eso de dar y dar y dar
sin esperar nada
se pierde siempre
la entrega es así y ofrece poca recompensa.
En ese momento noté
que yo notaba
que tu notabas
lo mucho e
intenso que era
sentir así.
Y fue cuando
apareció la risa.
Esa magia
la carcajada y la otra
la apenas contenida y
que no se puede ocultar
la risa cómplice la más sabrosa.
Y al reír volví a ser adolescente.
Volví a importarme de nada y todo
que es lo mismo.
Sentí la misma sensación de vértigo.
La necesidad de abandonarme
la fuerza de la risa que transmuta.
Entendí que era simple
que resulte absurdo y profundo
y es que la risa, la mía
vale tanto,
que te amo por provocarla
Y de verdad, no debo esperar más nada.









Debe estar conectado para enviar un comentario.