Lluvia y silencio

… para pedir y rogar que no me, los las, olviden

…para recordar que fui, fue fueron, alguna vez jóvenes y felices…

…para impedir de nuevo la barbaridad de los golpes torturas violaciones asesinatos…

… otra vez salir caminar marchar en un silencio que sólo grita Presente! …

… el silencio y la lluvia de ayer… mitigados por los mismos nombres, los mismos recuerdos…

… y la hipotética esperanza intacta…

…y los pasos más jóvenes con el mismo pedido…

… y la calle mojada, obstinada, recordando rostros…

… y la lluvia lavando…

…y la esperanza caminando…marchando… gritando en silencio…

Saña

La bisabuela se quedó ciega, había sido lectora, cinéfala y costurera, creo que la ceguera pudo destruir en gran parte su yo íntimo. Con auriculares escuchaba radio y música todo el día…pero se fue quedando sorda y ya no pudo escuchar a los que no le hablaban a los gritos.

La bisabuela tuvo más de sesenta años de matrimonio. No sé si fue feliz. Algunas mujeres que tienen hoy cien años lo habrán sido. Supongo que la bisabuela no. Supongo que se casó sin amor y soportó del otro muchos malos tratos. Y tal vez sí, algunas veces logró estar tranquila y ser casi feliz. Sobretodo después que le sacaran el útero y usó esa excusa para separar las camas para siempre.

Cuando sobre los noventa años el bisabuelo murió, no lo perdonó. Se quedó demasiado sola. Ciega, sorda y sola. Su vida desde entonces, se volvió ácida, irónica y cruel.

Destrató y maldijo como un camionero, justo ella que fue una mujer delicada, no tuvo piedad con nietos y bisnietos, justo ella que amó siempre a todos los niños, odió con una saña incontrolable, justo ella que nos había demostrado el amor por la vida.

A los cien años era una anciana muy mala. Se gana o se pierde en una vida larga. Esa imagen fue lo único que nos quedó porque obstinados, no la recordamos más como la mujer gentil que fue… pero… cuál fue? Tal vez la bisabuela toda su vida fingió y se dió el lujo de ser ella misma al final…

La silla

Era la misma silla, dijo la tía abuela al verla, la misma que arrastró desde su pueblo natal y que bordó primorosamente para casarse. Era costumbre restaurar y bordar el tapizado de una silla como señal de bonanza en el casamiento.

No hubo forma de que entendiera que no podía ser la misma, que habían pasado setenta años y que no podía lucir igual.

La artesana que la encontró y la reutilizó, la que bordó su tapizado, estuvo de acuerdo con la tía abuela. Porqué no puede ser la misma? nos preguntó. Y porqué no puedo haber intuido los mismos colores y dibujos?, también nos preguntó. Hay cosas más complicadas y sin embargo, suceden…

Así que ahora, en el cumpleaños de noventa de la tía abuela, compramos la silla y la pusimos en su habitación… con la secreta ilusión de que se siente en ella y vuelva a su juventud y se ría y cante y entone melodías de amor, como hacía en esos días de novia…

Tola y Antonio ( versicuento)

La ratona Tola y el ratón Antonio

hace mucho tiempo se han puesto de novios.

La ratona Tola y su novio Antonio

salen de paseo mientras gato Cato

duerme por un rato.

Cómo en unos días se quieren casar,

muchas cosas lindas tienen que encontrar

Y van por aquí y van por ahí

buscando cositas para ser feliz.

Encuentran tela blanca y cintas para el vestido,

también un trozo de queso

y un buen salame cocido.

Regresan contentos y corren sin aliento,

a todos los amigos invitan al casamiento.

Ha llegado el día de la ceremonia

y en su cuevita se viste la novia.

El novio, nervioso, se viste apurado

todos sus amigos lo notan preocupado.

… es que, el gran gato Cato, despierto, alerta,

vigila y vigila toditas las puertas.

Los amigos del novio roban de la cocina

una gran lata de sardinas

Y el gran gato Cato, muy fino de olfato

se olvida de Tola y va derecho al plato.

Por fin los ratones se pueden casar

luego, en la fiesta, van a cantar y bailar.

Mientras gato Cato con su panza llena

está de duermevela,

todos los ratones gritan:

Que vivan los novios!

Que vivan Tola y Antonio!

Elisa

Elisa no hacía otra cosa que leer. Fue la hermana menor de una prole de cinco varones, la única que terminó la Escuela. También cursó tres años de secundaria. Como era la favorita del padre ayudaba poco y se pasaba las horas leyendo. Era la mejor usuaria de la Biblioteca y se gastaba cada moneda que obtenía en comprar libros. Leía con velas por las noches porque la madre se quejaba de que aquellas cuentas de luz tan elevadas, eran por culpa de Elisa que leía sin parar.

Cuando terminaba un libro que le había gustado mucho, lo abrazaba y se iba a dormir.Elisa siempre abrazaba un libro para dormir o para salir a caminar.

Elisa desapareció en la Biblioteca. Fue una mañana, como siempre pidió una novela, se sentó en un rincón apartado y solitario, nunca regresó. La buscaron hasta el agotamiento. Los del personal,que la conocía muchísimo, dijeron haberla visto leyendo y luego, nada. Nadie más la vió. Rarísimo: no se había llevado ningún libro prestado.

Han pasado los años y muchos piensan que la perdió su loca pasión por la lectura.

Yo pienso que Elisa logró meterse en su novela favorita.

Mujer envidiable

Por justificar el amor se declaró enamorada.

Por sentirse enamorada transgredió varias normas.

Por transgredir las normas fue severamente juzgada.

Por ser juzgada y criticada, renunció a vivir como las demás.

Cuando la conocimos, uno de esos veranos tórridos al lado del océano, tenía un rancho con techo de paja, pequeño, limpio y lleno de artesanías, desde su ventana pequeña se veía un mar azul y salvaje.

Se ganaba la vida con el tarot y las cartas astrales, la numerología, los caracoles y la quiromancia.

Por ese tiempo ya tenia la piel muy curtida por el sol, el pelo blanco y la sonrisa lenta. Se ganaba la vida en los veranos y en invierno, leía novelas y se enamoraba.

En una visita nos tiró un tarot mágico, nos dijo cosas que eran imposibles y nos pareció más una psicóloga maternal que una bruja playera.

Fue tan mística esa visita que la repetimos cada año, terminábamos fumando, tomando mates y hablando de la vida. Vivió a su antojo hasta que durmiendo murió, el año pasado, cincuenta años con el mismo hombre. Sin embargo aseguraba que para alimentar ese amor,tenía que enamorarse cada tanto de otro.

Seguramente cierta su forma de vivir el amor, aunque la llamaban puta, loca, bruja y otras cosas más que nunca nos importaron. Para nosotras, ella era una mujer para envidiar.

Soledad apresurada

En algún lado leí que Gabriel García Márquez decía que para saber envejecer hay que aprender a llevarse bien con la soledad. Y creo que tiene razón.

Eso le dije a mi prima en su último cumpleaños cuando le entró la crisis de los setenta.

Yo no pienso llevarme bien con nada, me dijo sin apuro. Ni con la vejez, ni con la soledad.

Bueno, parece que la biología te lo aprueba, le aseguré tomando un mate recién cebado, estás espléndida y vas a vivir muchos años más.

Nadie se compra la vida, ha muerto gente tan joven, me respondió casi susurrando. Te das cuenta que tengo setenta años?… y me miró lejana e indiferente.

No sé cómo se las arregló para estar muerta a la semana siguiente. Nunca había sentido nada, era fuerte como un roble, hacía su yoga semanal, su dieta balanceada y un ACV se la llevó antes de que pudiera acostumbrase a la soledad y a sus arrugas.

Mujer pirata

No quiero ser extranjero…

Ni quiero mucho dinero…

Quiero ser pirata

aunque tenga mala pata!

Quiero ser mujer pirata

y calzar sólo alpargatas!

Quiero ver el mar estrellado

y no comer ni un pescado.

Quiero andar con brújula

pero también con una bruja.

Quiero pura piratería

y no visitar ni una tía!

Tener una gata parlanchina

y una amiga de la China!

Un barco medio encallado

con chocolate y helado.

Un mar lleno de risa

sin un asomo de brisa.

Amigas por todos lados

que me escriban de costado

que me escriban en las nubes

que me escriban mal o al revés,

todas sin un después…

Quiero ser mujer pirata

y tirarme al mar de patas!

Usar trabucos y cañones

con flores y caracoles!

Quiero ser mujer pirata

y andar siempre de alpargatas!