El único espejo

Un espejo y sólo uno. No había otro que pudiera mirar. Sería su loca fijación porque se lo dejó su abuela, sería porque fue lo único que conservó de su infancia. Quién sabe y qué importa.
En la afilada y resbalosa superficie, cada noche se untaba la cara con crema…escudriñando. Algunas veces el cristal le hablaba o más bien, le mostraba: sus absurdas mentiras, sus comentarios hipócritas, su mansedumbre comprada, su indiferencia pagada, su lejanía forzada.
Y de tanto buscar sus perfiles oscuros en el único espejo que no le mentía, desapareció en su diáfano cristal sin dejar huellas.

Sonámbula

Dicen que era sonámbula. Que de blanco camisón paseaba de noche, que en blanco ponía los ojos y que su sombra, blanca también, la perseguía.

Dicen que el sonambulismo le fue dado para adivinar esperanzas, para otorgar sueños, para establecer contactos con mundos inimaginados.

Nadie en su pueblo la despertaba, ni le temían, ni la escondían, ni la miraban de soslayo. Era esa sombra de la sombra que todo pueblo necesita para tener una leyenda y no morir en el olvido.

Por eso anduvo vagando de noche en noche sin control ninguno. Parió sus hijos caminando en noches tormentosas y los dejó en el camino mientras seguía durmiendo y se iba sin notar nada. Tuvo amores permitidos con muchos y con ninguno, suele ser la misma cosa.

De día jamás recordó su viaje al otro lado. Se despertaba y hablaba, contaba, miraba con ojos nuevos a la luz de la mañana.

A veces predijo tormentas y otras, desgracias o tal vez, eso no fue verdad, pero necesitaban magia y ella era lo único que aquel pueblo tenía.

Cuando se fue envejeciendo el sonambulismo recrudeció. No pasó una sola noche sin andar de vagabunda. Ella y su sombra blanca decidieron ir así, de golpe, a visitar la luna. Y ya nunca más la vieron. Pero inventaron la historia y la luna de ese pueblo tiene la sombra de una sonámbula eterna.

Octavo almohadón

La mujer había bordado con esmero el octavo almohadón del día y cuando lo colocó para vender supo que no era otro cualquiera.

El almohadón en el puesto de venta también supo que era diferente porque no podía quedarse quieto.

Los almohadones, sobre todo los bordados primorosamente, suelen ser hechos para el descanso y la holgazanería, o también para exhibir en forma estática sus dibujos y colores.

Octavo almohadón nació con vida propia y le arruinó la vida a mucha gente. Su propia bordadora apuró su venta a mitad de precio, al verlo saltar de estante.

La joven que lo compró creyó que estaba loca al verlo cambiarse de posición y de lugar; lo abandonó en la basura. Octavo almohadón no se quedó mucho tiempo ahí, se fue con un señor mayor un poco borracho, le sirvió de almohada por un rato hasta que saltó debajo de un gato. El gato huyó despavorido, el señor juró no beber más y el Octavo siguió arruinando vidas, con su tejido intacto y su figura perfecta.

Libre y con vida propia anda Octavo almohadón asombrando o asustando personas y animalitos.

De pesca

En invierno salimos a pescar y el río estaba silencioso. En la seguridad del silencio hicimos las trampas para los peces. El día, frío pero sin crueldad, tenia de su parte un sol tibio.

Tiramos las líneas he hicimos acopio de esa paciencia infinita de los que sí saben pescar y aprovechamos, supongo, para dejar vagar ideas, pensamientos viajeros, silencio con propósito de que la mente se liberara.

A las dos horas, el sol ya se estaba alejando, decidimos volver, apenas dos peces serían la cena frugal pero sin dudas, festejada. Y tiramos los anzuelos por última vez ;mi hermana gritó feliz, traía sin dudas algo grande.

Y tuvimos que tironearle entre las tres, agitadas y maravilladas, ya hacíamos conjeturas cuando vimos el cuerpo sin vida que acercábamos.

Mi hermana soltó todo y corrió hacia el camino como si yéndose pudiera evitar lo ya hecho. Mi madre, ecuánime y curiosa, siguió tirando y me ordenó que llamara al 911.

Fue el principio de la catástrofe. Cómo íbamos a saber que pescaríamos un suicida que había sido mi primer novio…

Caracol enamorado

Por la mar se ha acercado

un caracol encantado

y por mirar desde la cresta

vio a la Pirata en su cuesta,

arrimando un bote con destreza.

En una isla del caribe caracol

la descubrió,

y de pronto, un fueguito le calentó

su frío corazón, como un sol.

Era audaz esa Pirata que andaba por el mar

arremetiendo en las olas,

quemándose con la sal.

La amistad surgió el día que vino un nubarrón,

la Pirata se aferraba a su bote

con valentía y mucho vigor.

Caracol, casi enamorado, sin pensarlo

se tiró al bote, arrebatado,

intentando ayudar a la Pirata

que lo miró y pensó: «este no se me escapa»

Así que intentó seducir a Caracol

pensando en su buen sabor.

Caracol ya enamorado ni recordaba

que podía morir sancochado.

Mientras el bote al barco se acercaba

Pirata no le quitaba la mirada,

Caracol más y más se encandilaba

mientras de su refugio se alejaba.

Subieron al barco abrazados,

Caracol enamorado y la Pirata,

recordando recetas de pescado.

Al fin ya en cubierta,

Pirata quiso mostrarle su cocina,

que tenía olor a sopa de gallina.

-Se te antoja un caldo para entrar en calor?

preguntó la Pirata mirándolo con candor.

-Se me antoja sí señora!

contestó sin mirar la olla,

donde ardía el agua

sobre la fragua.

Mientras entraba con ojos enamorados

al caldo donde sería cocinado,

ella le entonaba una canción de amor!

Nunca nadie murió tan enamorado

como Caracol cocinado

por la Mujer Pirata que nunca

supo de su amor y tampoco

de su sabor,

pues era tan mala cocinera

que aquel baboso le dio mal sabor a sus muelas!

Mujer Pirata (2)

Te acordas la historia de la Pirata?

Sí, la que usaba sólo alpargatas…

Se ha mandado una gran metida de pata!

Se enamoró de una garrapata!

En las olas del mar Egeo

atraída, por matar un pulpo feo,

se encontró navegando sin rumbo,

pues a veces anda dando tumbos.

Pidiendo auxilio desde un salvavidas

vio al amor de su vida.

Se enamoró casi al instante

de la bella garrapata que flotaba,

gritaba desesperada, casi ahogada.

Se enamoró de su valentía de arrojarse

al mar sin saber nadar,

de sus patas y ese andar

tan habilidoso en la tierra y tan torpe

para el mar.

Así nació un amor loco

que a las dos les rompió el coco.

Porque ninguna entendía que era amor

sin sentido y sin ton ni son.

Navegaron como amigas

por toda una larga vida.

Cuando garrapata extrañaba

Pirata un gato subía por estribor,

o un perro por babor,

para entretener a su amor.

Si la Pirata estaba aburrida, Garrapata

la hacía reír con extrañas serenatas:

«Ya ves no hay amores imposibles»

«Ni canciones más horribles»

«Es cuestión de entender que

en el mar, todo puede suceder»

Y el barco casi se hunde

por tanto bicho que sube.

Las dos hacen guisos con agua salada,

después reparten a toda la manada.

Con la sangre asegurada Garrapata

vive y baila muy feliz,

nuestra amiga la Pirata

ya aprendió a cantar un twist

En el medio de la mar,

qué más se puede pedir?