Por puro placer de Alvaro Muti


Por puro placer

Si no le ha parecido suficiente, la lectura (especialmente la de ficción) parece aumentar la reserva cognitiva, que es la habilidad de tolerar cambios cerebrales que suceden con la edad sin presentar síntomas de demencia. Para García Ribas, la alta ficción seguramente sea la forma más estimulante para el cerebro. «La no-ficción, como los ensayos, también podría proporcionar beneficios, pero necesitaría estar escrita de una forma compleja, no simplemente en forma de frases planas y directas”, prosigue. En cualquier caso, lo que se ha comprobado es que «en personas mayores la capacidad lectora es un marcador de la capacidad intelectual mejor incluso que los años de estudio». Y a mayor disposición lectora, menor riesgo de demencia. «En una famosa investigación llamada El estudio de las monjas, se tuvo acceso a los diarios que estas debían escribir cuando entraban en la orden, aproximadamente a los 20 años. Muchas de ellas donaron el cuerpo a la ciencia, y cuando se fueron realizando las autopsias se comprobó que aquellas que habían escrito diarios más complejos, con mayor riqueza verbal, tenían menos signos de Alzheimer y un cerebro en mucho mejor estado al morir. Es de suponer que escribían mejor, en gran parte, porque habían leído más”, asegura García Ribas.

Por último, y no menos importante, entregarse a la aventura de un libro es beneficioso para usted porque provoca deleite. Ya lo expresaba el poeta colombiano Álvaro Mutis: “Lean por placer, tengan una profunda sospecha”.

Lo que quedó

A mí no me sacaron nada es decir, se llevaron todo.

A mí no me desaparecieron o mejor dicho, me invisibilizaron.

A mí no me derrotaron más bien me arrasaron.

A mí en realidad no me pasó nada salvo la llaga del miedo recuerdo.

La escondí, la ignoré, la sepulté, la disimulé y cada tanto la miré desde lejos con más miedo…

Cuando el miedo a recordar es más fuerte que el recuerdo hay que evitarlo… si se puede.

Pero la llaga miedo recuerdo se agazapa y vive escondida en mí, se alimenta de los años que van pasando y se torna más y más vulnerable.

Pero aún así la obligo, me dispongo a escribir cantar amar como antes como siempre.

Obediente la llaga miedo se queda quieta y me deja tejer una vida, dos, tres, me deja parir y soñar.

Pero sé que está y ahora, más vieja ella y yo, a veces conversamos… me permito recordar sin dolerme tanto, me permito escucharme sin asco, que el rencor no opaque mis días y que mis pasos puedan seguir esperanzados…

A mí no me vencieron… sigo pensando igual aunque ellos crean que me derrotaron.

Sigo enseñando a mis hijos y nietos como es vivir con miedo, hago lo mismo con mis alumnos y alumnas.

Me esfuerzo más y más en que esta llaga recuerdo no muera conmigo, la hago grano de arena, la sumo al montón de arena…

A mí me derrotaron porque se quedaron con algo mío pero no pudieron borrarme la idea, la intención, la ideología y las ganas…

Mientras escribo mi llaga se alivia…

Por eso, por aliviarla y aliviarme, sigo escribiendo…

Puertas o ventanas

Quería hablar sobre puertas pero me tocaron las ventanas. Al final entendí que también podía escapar por una y relativicé la temática.
Abrir las ventanas para escapar es más riesgoso que escapar por la puerta. Las ventanas pueden dar al vacío y las puertas, siempre desembocan en algún pasillo. La cuestión es saber discernir si es preferible el vacío o el laberinto.
Las ventanas no tienen posa pies e invitan a volar. Las puertas son terrenales. Sería cosa de decidir si sueño con volar o sigo caminando.
Las ventanas invitan a ver la luna y las puertas, nuestro suelo. Las ventanas, casi siempre, se abren de a dos, las puertas de a una. Las ventanas invitan a entrar al sol y las puertas a salir al sol.
Desde Romeo y Julieta que las ventanas tienen historias reconocidas y las puertas, se cierran en el final de las historias.
Me encantan las ventanas pero me daría pánico vivir sin puertas…
( filosfilosofía dominguera)

Alocado

Algo brusco e inesperado

Un algo bueno y delicioso pero

desparejo y a veces des prolijo…

Un brusco azote de viento sin ton ni son

Un abrazo de oso

Un mensaje inapropiado y prolongado

Una mancha y sus consecuencias

Un escrúpulo indecente y ridículo

Una obligación de nada y todo

Un estrecho vendaval de lujuria

Un abanico de colores imposible

Veinticinco mil lunas y trescientos soles

Todo eso y algunas cosas más

sucedieron en veinte años y casi

ni nos enteramos….

Mujer lámpara

Todos los días llegaba a su casa y tiraba los zapatos, se quitaba la chaqueta e indolente se tiraba sobre el sofá. Al poco rato estiraba la mano y encendía la lámpara. Poco a poco la luz amarillenta iba dando sombras como un carro da tumbos.

Mucho rato después de abstraerse contemplando su pequeño espacio bajo el efecto de la luz de la lámpara, se movía hacia el baño, la cocina y luego otra vez, se tiraba sobre el sofá y miraba la lámpara… su efecto en ella era mágico.

Y así se le sucedían los días, sin cambios aparentes y con una fuerte inclinación a quedarse cada día un poco más embelesada con la luz de su lámpara. Y no era gran cosa, era una lámpara común y corriente, una pantalla mediana, un pie recto que simulaba bronce. Pero las pupilas de ella cuando la encendía se dilataban y cada objeto, cobraba otra sensación.

Se animaban, cobran vida, la alfombra vieja, el adorno de porcelana, el espejo, los libros y los discos… ah!!!! esos eran los mejores. Cuando encendía la lámpara y miraba fijamente un libro podía recordar su historia, el libro se la contaba. Con los viejos discos igual, era suficiente con mirar uno de ellos y las melodías llenaban sus oídos.

La mujer tenía un sólo momento de felicidad al día, pues era obvio que volvía agotada de la calle, y ese momento era cuando tirada en el sofá encendía la lámpara y alucinaba sin necesidad de nada, sólo de su luz.

Amaba por eso el invierno porque la luz natural se iba antes y tenía más tiempo para su delirio.

Después de unos meses, en ese crudo invierno, ella comenzó a dormirse bajo la luz de la lámpara. Ya no fue más a la habitación, ya no apagó más su luz en toda la noche. En sus sueños veía su vida como una lámpara, parada, erguida y derramando luz cálida sobre objetos, personas…

Cuando dejó de salir de su casa llamó casi enseguida la atención. El teléfono se agotó de sonar y el timbre de la puerta, igual.

Fue como a los diez días que entraron para saber qué sucedía y no encontraron nada y el misterio se planteó como tal. La ropa, los documentos y las pertenencias todas de la mujer estaban en su lugar. Y la tranca puesta del lado de adentro.

La policía comenzó a buscarla de verdad, la familia agotó recursos en su búsqueda y al cabo de dos años, no habían logrado nada.

Fue cuando vaciaron su pequeño apartamento que vieron que la lámpara no se apagaba y su pie de bronce era sin dudas, la forma del cuerpo de una mujer. Una particularidad que dejaron pasar pues no le encontraron explicación.

Ahí la dejaron y ahí se quedó, feliz, esperando alumbrar a los nuevos inquilinos…

Teoría sobre el dinero y la muerte

Creo qué hay un puñado de personas que creen realmente poder comprar la vida y evadir la muerte.

Son unas cien o doscientas familias en el planeta Tierra que acumulan tanto dinero como tiene todo el resto o aún más. Algo así… o más o menos así, no importa, aún cuando fueran mil familias entre ocho mil millones de humanos…

Es un disparate tan grande, o yo soy tan pobre, que se me ocurre que siguen acumulando dinero porque están seguros de poder comprar la vida… o comprar la eternidad. Los seres humanos dicen que siempre han soñado con la eternidad, es una postura, yo creo que llega un momento que vivir cansa.

No los entiendo, tienen la vida asegurada por tres generaciones y quieren más y sufren por un poco que entregan como dádiva, aunque sonríen en la foto… Para qué quieren más?

Sufren todos de avaricia? Estoy segura que creen que serán inmortales. Es una teoría… es eso y como no entiendo la avaricia, ni el egoísmo y mucho menos el afán de ser eternos… sigo siendo pobre y escribo para no olvidar.

I

Tu huella de sangre…

Eran casi las dos de la madrugada. El frío intenso se colaba por todas las ventanas. Viento del Sur pensé. Encendí un rato la calefacción y encendí el TV para ver si lograba conciliar el sueño.

Me abstraje en una de esas películas donde todo lo imposible parece posible, una estupidez de cuarta pero son las que me duermen, entonces sonó el estampido.

Un cohete? A las dos de la madrugada y con cero grado? Fui en puntas de pie al balcón, no sé porqué fui como no queriendo hacer ruido, mis persianas levemente entreabiertas me permitieron ver cómo arrastraban un cuerpo, allá abajo, en el asfalto helado de la calle.

Dos tipos lo llevaron de una esquina a la otra. Tiritando bajo el camisón me quedé mirando, sin volver a encender la calefacción para no hacer ruido.

Después vino un auto, bastante usado, bastante rápido y vino otro y lo chocó . El que lo chocó se fue enseguida y el cuerpo que seguía en el asfalto, lo tiraron en el coche viejo.

Todo esto que narro no debió llevar más de cinco minutos. Insomnio asegurado, me dije, y ni siquiera llamé a la emergencia. A la media hora sentí sirenas, me asomé de nuevo, vi la policía y una ambulancia. Algunos vecinos muy abrigados se asomaban a las puertas.

Al otro día, con ojeras insostenibles salí temprano a la calle… la huella de sangre tenía cien metros. Lo mataron de un balazo en la esquina de abajo, fingieron el accidente cien metros más arriba.

Por supuesto que el hombre ya estaba muerto cuando llegaron los que deben hacerse cargo. Y ahora están investigando y tal vez, lo dudo, descubran algo. Una venganza, un ajuste de cuentas, un marido celoso, un prestamista inescrupuloso? No sé…

El resto de estas noches me la he pasado repasando el cuento TÚ RASTRO DE SANGRE EN LA NIEVE de Gabriel García Márquez y pienso… este rastro, que no fue desde España a Paris, fue sólo en mi calle… no dejó algún testigo de porqué?

Las escobas minuciosas al día siguiente lavaron la calle después que se retiró la policía.

Hoy aparecieron de nuevo….las huellas de sangre están otra vez sobre mi calle… como reclamando…

Me culpa esa huella?

Mirna en el recuerdo

Viajamos juntas a Montevideo, sentada una junto a la otra y no dormimos nada. Ella, compañera de trabajo, me contó su vida.

Maestra por vocación, adorada por sus alumnos, era rubia, elegante, tal vez hasta exuberante. Tenía una simpatía sana y una forma resulta de ser y sentir. Por eso aquella noche cuando me contó su historia, ya no pude dormir y la dejé que hablara a su antojo.

Casada, con dos hijos varones ya adolescentes, recién hacía un par de años había logrado alejar al marido que era un hombre golpeador. La había enviado al hospital más de una vez. Y la justicia lenta, y las familias ayudando poco o nada, y ella trabajando en dos Escuelas, criando los hijos y aguantando la bestia. Finalmente consiguió no sólo el divorcio sino la prohibición de que el marido se acercara a la casa. Y recuperó la relación con sus hijos, desgastados por las peleas, golpizas, jueces y mil trámites que los destemplaron en plena adolescencia.

Ya cerca de llegar,con la cara iluminada de felicidad me anunció que esa mañana no la esperara en el curso donde asistiríamos.Qué hacía un año estaba en una relación con un hombre de Montevideo y que por primera vez en veinte años era feliz.

Así que después de escuchar a los pedagogos de la mañana, con más sueño que entendimiento, fui a la Plaza Matriz a encontrarla. Realmente la vi resplandeciente, hermosa, con una sonrisa inigualable y pensé: “ de verdad, encontró el amor “.

Cuando regresamos a nuestra ciudad vinimos planificando talleres literarios para los niños. Estábamos tan entusiasmadas. Y fue un éxito. Al mes hicimos el llamado y lanzamiento de nuestro proyecto y nos desbordaron las inscripciones. Un mes entero de felicidad, me dijo esa noche. Porque hacía un mes había visto a su amado y porqué nuestro proyecto era sin dudas , muy exitoso.

Me voy este fin de semana a verlo, me anunció antes de subirse a la moto, no te vienen a buscar?, preguntó, te llevo en la moto?

Pero en ese momento el auto de mi marido iba llegando y nos despedimos felices hasta la semana siguiente. Al llegar a casa, habrían pasado veinte minutos, oí el teléfono fijo y tuve un revoltijo en el pecho…Otra maestra amiga me anunciaba que Mirna estaba ingresando a Cuidados Intensivos con fractura de cráneo y posible muerte cerebral.

La historia se terminó en tres dias para que los hijos asumieran la idea. Su cerebro estaba muerto. Yo entraba en hora de visita y miraba su pecho subir y bajar gracias a la máquina y pensaba en su corazón… tan lleno de amor, tan feliz por tan poco tiempo, tan solidario y tan resistente a las injusticias que sufrió…

Mirna se murió feliz. Cuando la camioneta la arrolló ni lo sintió, iría pensando en el éxito de nuestro proyecto, en que vería a su amor ese sábado o qué cenaría con sus hijos? No sé…

La muerte la sorprendió y no le dió tiempo a pensar? Tampoco lo sé…

Lo único que sé es que yo podría haber subido a esa moto…

Lo otro que sé es que la vida le dió por un tiempo la posibilidad de una dicha que nunca había tenido.

Y lo otro que sé… es que su amado amante nunca se enteró de su muerte porque ella no le había contado a nadie de su romance. Con todo lo que había sucedido en su mal matrimonio, iba despacio con la información de su nueva pareja.

En vano buscarlo en Montevideo. No tenía nada de él salvo su primer nombre. Quién podría ayudarme a encontrarlo y explicarle que ese sábado ella faltó a la cita porque llegó la muerte primero?

Mirna me contó su secreto. Yo lo guardé. Después cuando su vida ya era recuerdo… no supe qué hacer…ni supe más del hombre que aquel sábado la esperó en vano… habrá sido mejor así?