Soledad apresurada

En algún lado leí que Gabriel García Márquez decía que para saber envejecer hay que aprender a llevarse bien con la soledad. Y creo que tiene razón.

Eso le dije a mi prima en su último cumpleaños cuando le entró la crisis de los setenta.

Yo no pienso llevarme bien con nada, me dijo sin apuro. Ni con la vejez, ni con la soledad.

Bueno, parece que la biología te lo aprueba, le aseguré tomando un mate recién cebado, estás espléndida y vas a vivir muchos años más.

Nadie se compra la vida, ha muerto gente tan joven, me respondió casi susurrando. Te das cuenta que tengo setenta años?… y me miró lejana e indiferente.

No sé cómo se las arregló para estar muerta a la semana siguiente. Nunca había sentido nada, era fuerte como un roble, hacía su yoga semanal, su dieta balanceada y un ACV se la llevó antes de que pudiera acostumbrase a la soledad y a sus arrugas.

Mujer pirata

No quiero ser extranjero…

Ni quiero mucho dinero…

Quiero ser pirata

aunque tenga mala pata!

Quiero ser mujer pirata

y calzar sólo alpargatas!

Quiero ver el mar estrellado

y no comer ni un pescado.

Quiero andar con brújula

pero también con una bruja.

Quiero pura piratería

y no visitar ni una tía!

Tener una gata parlanchina

y una amiga de la China!

Un barco medio encallado

con chocolate y helado.

Un mar lleno de risa

sin un asomo de brisa.

Amigas por todos lados

que me escriban de costado

que me escriban en las nubes

que me escriban mal o al revés,

todas sin un después…

Quiero ser mujer pirata

y tirarme al mar de patas!

Usar trabucos y cañones

con flores y caracoles!

Quiero ser mujer pirata

y andar siempre de alpargatas!

No escribo poesía

… no sé escribir poesía, es y será una asignatura pendiente. Alguna vez lo intenté, le puse ganas y amasé supuestos versos que, de verdad, nunca fueron siquiera buenos. Insistí, leí más y más poetas, derrapé tiritando sobre hojas y pantallas, saqué fotos, busqué en forma inútil cómo hacerlo…

Me derrumbó el saber que nunca escribiré poesía, que la prosa se me adhiere como blusa mojada al cuerpo, que me encantan los versos pero me delira la historia y el cuento…

Que la imaginación me vuela y no puedo evitar la prosa cuentera! Nunca seré poeta, soy mujer de mil historias inventar, una Sherezade lejana me brota en cuentos y quizás sea verdad, inventar historias nace del miedo a morir…Lo dijo Eduardo Galeano y es cierto!

Tal vez logre revivir cuando alguien queriendo o no, lea un cuento mío… es el sueño humano, ser un poquito inmortal…

… y si de con alguno de mis cuentos logré que una niña o un niño tuvieran unos segundos de alegría, estoy realizada y no necesito más…

Cuando lo imposible se hace cuento

Saben que yo logro creer que soy escritora cuando las y los niños me escuchan, sus ojos siguen mis movimientos, su silencio le gana a mi pausa y de pronto, sonríen con alegría.

El cuento narrado o leído atraviesa décadas y centenas de años, miles ya sé, pero aún hoy presos de las tecnologías, de las pantallas y en lugares ruidosos, se abren paso las historias y el público joven se pone a escuchar.

En esos momentos me siento mejor con el mundo, conmigo y hasta con la vida. Y la energía me brota como si estos años que llevo no pesaran nada, y la energía de ese público sin dudas me alimenta.

Qué nos ha sucedido que la magia del tiempo se vuelve atemporal y vigente? Pues nada! No culpe al cine, a Internet y la TV, si la culpa es sólo nuestra. Cuántos minutos por día dedica usted a leer para sus hijas/os? Qué son grandes, que lean solos, que no tengo tiempo, que trabajo mucho y mil excusas más. Sucede qué tal vez a usted tampoco le contaron o leyeron historias. Tal vez se ha perdido usted la magia del entrar por la puerta del » Había una vez…» y de cerrar con el otro pase mágico » y este cuento se ha acabado». Dos rutinas que permiten soñar imaginando lo que el otro lee o narrar. Si usted no lo bebió, es difícil que contagie el deseo de beberlo.

Pruebe con buena literatura infantil: busque un cuento para compartir en familia. Puede durar cinco, diez minutos, no se necesitan más. Haga una rutina de lectura de cinco minutos diarios para ir leyendo en forma pausada un poema, cuento o novela, vaya observando qué sucede en usted y su auditorio.

Un lazo de afecto irá impregnando las palabras, además de crecer en imágenes, suposiciones, deducciones y lenguaje, el afecto irá de la mano. Porque sólo lee o cuenta para otras y otros el que ama, aunque sea por un rato y eso, se nota, se vive, se siente.

Leer en familia multiplica la posibilidad de comunicación, estimula la lectura, hace más fluida la comprensión social y afianza la confianza tanto como el afecto.

Inténtelo, vale la pena.

Escribir para niñas y niños ( segunda parte)

Una de las paradojas más increíbles que he visto en estos más de treinta años de dedicarme a escribir para los más pequeños es qué hay escritores que lo hacen sin ellas y ellos presentes.

Cómo se escribe sin los lectores que están lejos de nuestra edad? Cómo se les habla? Cuáles son sus temas cotidianos y a qué le temen? De qué disfrutan?

No se me ocurriría jamás escribir algo para niñas y niños sin leerles de qué trata, sin probar con sus oídos si gusta, sin jugar con el texto y practicar si voy bien o mal…

Creo en el perfecto gusto de los más jóvenes. Creo que son adoctrinados y muy censurados y que por eso, leen pocos libros.

Creo en que deberían ser jurados en los concursos, los verdaderos jueces para calificar y seleccionar sus libros en todo certamen literario que se les dedique.

Pero…ay! los adultos y las éticas, lo sensible que somos para aceptar lo que una vez fue nuestro propio paraíso, la infancia. Cómo nos cuesta adaptarnos, aceptar, mutar, recordar…

Si queremos niñas y niños lectores deberíamos intentar estar más cerca de la niñez de hoy y alejarnos del adulto moralízate y censar que llevamos dentro.

Flores

Las petunias de Marosa se han perdido por este clima que desde el caribe, nos ha contagiado el escritor colombiano. Las camelias de la abuela casi no se ven y Dalias y Hortensias son mucho más pequeñas. El mundo de las flores ha cambiado, también ellas, precisas, frágiles y bellas han optado por abrirse en pleno otoño y casi dormir en primavera.

Ellas, tan sensuales, abriendo sus corolas como piernas que ofrecen la humedad del sexo. Ellas que con lentitud retiran las ropas y muestran su cóncavo interior. Ellas que se excitan, se abren y llenan de vida jardines, senderos, macetas. Trampa para colibríes y néctar de abejas y avispas.

Qué son las flores qué todas, todos, se alegran al verlas cuando muere el invierno? Qué nos despiertan y porqué esa tonta costumbre de regalarla a los muertos? De pura paradoja humana: vida para la muerte!

Cuántas flores has despreciado sin siquiera mirarlas? Son casi un milagro místico en nuestras selvas de cemento, rompen incluso con su fragilidad alguna vereda… las ves? Y en las macetas oprimidas, en balcones locos de altura, en jardines adinerados y en sitios de pobreza extrema? Las flores resisten el tedio citadino, el gris y los grises, apremian con colores nuestros nichos y festejan cada vez que pueden la alegría de la vida…

Debimos de ser flores… cuánta soberbia nos habríamos ahorrado…

Canasto vida

Canasto vida

Mi madre guardaba su vida en un pequeño canasto de mimbre que contenía su todo.

Ahí dentro estaba la flora y la fauna más exótica y también la más autóctona

Lleno de perfiles masculinos y figuras femeninas

Habían detalles tiernos y otros, inverosímiles.

La cadena de colores y texturas anidaban y se enredaban o deslizaban a su antojo.

Según el pulso de mi madre latía en la aguja la textura de la vida que saldría del canasto.

La vi por tanto tiempo días meses años vivir apegada a ese canasto que siempre supe que ahí estaba ella.

No podía dejarlo ni por una tarde.

Era parte esencial de su equipaje.

Cuando se enfermó y aconsejaron internarla, me olvidé de llevarlo.

Por eso mamá aleteó triste su muerte, no tenía su canasto para esperarla tejerla entenderla.

No pudo enredar como buena araña tejedora,su presencia y ella, se la llevó sin su esencia

El canasto vida durmió por años su ausencia hasta que decidí que era hora de dejar de mirarlo y buscar a mi madre en su interior.

Yo soy mi madre, sin su canasto, usando la computadora para tejer relatos…

No es la noche…

Que ya comprendí la noche
que no es de noche,
que no es la madrugada,
que no es la luna,
ni una sola estrella,
es la otra noche
la que no amanece y no hay aurora
y espera en vano la luz
y no aparece,
y el silencio nace muere se estira
y vos no estás, ni yo, ni ellas, ni ellos,nadie nada nunca…
esa es la única noche…
y aún así la amo, la sufro
la vivo y no la duermo
porque la noche no quiere que me la duerma,
la noche me llama lúcida y yo la obedezco,
y son miles de noches, como Sherezade me invento historias,
y son miles de palabras,
y todas son misterios que luego a la luz
no serán o cobrarán fuerza,
ya entendí la noche, mamá, ya entendí que tu desvelo
es mi insominio que me sigue, pero ahora…
yo también lo estoy siguiendo a él…