Cesar

Quedar al margen.

Estancarse o terminar…se?

Una vida se evalúa en cómputos previstos y mendigos para que ceses…

Y los jóvenes te dicen: yo también me quiero jubilar!

Yo no! Yo quiero seguir trabajando porque he sido una privilegiada, me ha gustado mi trabajo.

Pero estoy encerrada en este cuerpo, en esta edad donde se supone, debo cesar y vivir mi nueva etapa.

Consejos? Miles. Estupideces casi todos ellos, frases hechas, felicitaciones huecas, como si todos y todas, fuéramos iguales.

Al fin me voy al margen a mirar cómo otras y otros corren y yo, simplemente, miraré y casi seguro, descargaré por acá la ausencia laboral.

Sin excusas para no leer ni escribir…

Trampas

Trampas

El olvido nace y crece porque se trabaja sin descanso en provocarlo…

(la suerte también se lo propone)

la polvareda de los vientos locos

el desgaste de los huesos

el descreimiento en una misma

la efímera y tardía vida consciente

la necedad

la abulia

la apatía

el egoísmo

la compra compra compra

lo trivial y lo pegajoso

la necesidad de ser simpática

agradable agradecida cuerda

la opacidad de ser una misma

la melancolía

la desmemoria

las trampas propias y ajenas

… todo eso y un poco más, seremos parte del olvido que dejamos y no supimos prevenir.

Luna sobre el mar

Poesía pura. No podría escribir nada que ya no se lo hayan dicho. Magnífica.

Los turistas de este lugar remoto que no somos muchos estamos atrapados y sacamos fotos. Estamos sin querer asombrados como primitivos frente a la belleza…

Me pregunto… cuando quede solitario y frío este lugar y ella vuelva majestuosa a iluminar el océano que le baila, la mece, le canta… seguirá así? Mostrará la misma impúdica belleza o esperará al próximo verano para enseñarnos dónde habita la poesía sin título?

La karateca

Me es imposible saber la historia de mujeres que arribaron con destreza a las artes marciales acá, en Sudamérica. Supongo que en los años 60 no habría muchas.

Por eso me interesó la historia de esta mujer menuda, con cara de niña pobre, que asaltaba conductores y los golpeaba terriblemente si no accedían a entregarle el dinero.

La muchacha se paraba en zonas estratégicas de la ciudad en horas de la noche. Cuando veía un conductor solitario, que no llevaba prisa, salía a su encuentro gritando, gesticulando desesperada como si se le fuera la vida en ese aventón rogado.

Después de explicar al conductor que la llevase unas pocas cuadras que su novio la venía persiguiendo para golpearla, el auto arrancaba y a los pocos metros explicaba con voz suave la realidad de su aventón:

– Vas a detener el auto ahí, despacio, me vas a dar todo lo de valor que tengas. Si no lo haces, lo vas a lamentar, soy karateca, te romperé los huesos.

Y lo hizo más de una vez, no sé si rompía huesos, pero los dejaba para hospitalizar por la golpiza. La noticia demoró en cobrar notoriedad y sinceridad porque la mayoría de los asaltados no querían : decir que levantaban jovencitas solitarias en la noche y mucho menos, que habían sido atracados y golpeados por una mujer de menos de 60 kilos.

Así que la » Karateca» ladrona de conductores solitarios se hizo famosa por los murmullos y no llegó a los diarios. Y siguió robando.

Cuando llegó la denuncia oficial del primer hombre que se atrevió a revelar la verdad, después de soportar más interrogatorios y ofensas que un delincuente, la ladrona tuvo tiempo a organizar su escape.

Desapareció. Quedó su historia y la de sus golpeadas víctimas que, haciendo gala de su ego macho, no contaron que también ellos habían caído en la trampa sutil y dolorosa de una jovencita diestra en trucos y artes marciales.

Encallando por amor

Importa la fecha exacta? Las cosas que valen la pena y casi nunca se cuentan, no deberían tener fecha.

Gibelina era una mulata que trabajaba en un puerto brasileño. Esclava por generaciones seguía fregando pisos y escapando de las manos ávidas de su patrón. Escapando de su ama que comenzó a golpearla cuando a ella le crecieron los pechos y su cuerpo se hizo de guitarra.

Gibelina tenía un don natural para bailar agitando sus caderas y vibrando y sudando arrancaba ansias de cualquier mortal. Algunas veces se escapó a bailar en el puerto y los aplausos la entusiasmaron. Se escapó cada vez más hasta que aquel hombre barbudo la raptó y la encerró en su barco.

Gibelina resistió la violación con uñas y dientes y el hombre decidió dejarla sin comida y sin agua para » ablandarla». No la quería de prepo, quería que ella gozara.

Así zarpó su barco, con Gibelina encerrada y él intentando conquistarla. Cuando la mulatase dió cuenta que se alejaba de sus amos, sonrió y comenzó a mirar al hombre con un poco de cariño. A los diez días se dejó abrazar y después poco a poco, se dejó llevar al camarote. Después no hubo después, la pasión los desbordó y salían del camarote solo a buscar comida y agua.

La tripulación se cansó de llamar al dueño del barco porque el rumbo estaba mal y se preveía que podían encalla. No hubo forma. El hombre y la mujer se amaban sin treguas y dormían como osos y recomenzaban.

La tripulación se salvó con los botes salvavidas. Ellos habrán encontrado la muerte con estertor de orgasmo o durmiendo el agotamiento, es lo mismo.

Nunca sacaron el barco que encalló en esta playa, antes no habrán podido, después no habrán querido. Ahí está, corroído por el salitre, asoma entre el oleaje, testigo de un amor suicida y perpetuo.

Cada año, en verano, camino cuadras por la arena y le invento una historia…

Mutaciones

La vida amerita mutar. Me lo dijo en tono filosófico y yo, que le creía todo, lo acepté. Mutar lo que se dice mutar. No una simple máscara de carnaval o de vida. No, no, que lo tuyo era del blanco al negro y del gris, al rojo.

Entonces dije o más bien pensé, que se arregle, entre tantas mutaciones se perderá de sí mismo. Y así fue.

En un recodo de la vida se encontró tan perdido que ni la memoria le servía para nada. Esas preguntas triviales que nos hacemos en crisis existenciales, rebotaban vacías, sin respuestas. Perdido y sin huellas de sí mismo también, consecuencia casi lógica, perdió el rumbo.

Anduvo buscando su yo y se encontró con tantos que no supo con cual quedarse y menos aún, cual de ellos era su esencia. Perdido, sin memorias fidedignas descubrió horrorizado que no tenía sombra. Ni de día ni de noche. Ni en la arena ni en la pared.

Ahora anda en su búsqueda. Alucina pensando que al encontrarla, se hallará. No sabe que cuando una sombra desaparece, otro dueño la ampara y ella, porque es mujer orgullosa, no regresa jamás.

Año Nuevo

No voy a tomar nota…

ni a sacar cuentas, ni a describir escribir diseñar el nuevo año. Ni siquiera voy a intentar razonar sobre lo que, supuestamente, voy a hacer. Nada. Voy a ir por primera vez un día por vez, digo día a día, noche a noche; momentos, instantes…

Lo que dura tu sonrisa…

Lo que demora tu abrazo…

Lo que tarda tu llamada…

Y a partir de este certificado especial me declaro en huelga de pensamientos en cuotas, de anticipo de tiempos a plazos, de especulación horaria a crédito.

Todo lo que diga o haga será al contado rabioso del día,noche o tarde que suceda. El presente es el único momento válido en mi vida. Y será vivido con la alegría motivación emoción intensidad que merece o sea, total.

Salud, brindo por derrotar el pasado y dejar de prevenir el futuro!

El Don de los vientos

El hombre que vive conmigo, que me ama y me acompaña, mi compañero de vida, no mi esposo ni mi marido ni concubino, mi eterno amante, tiene el don de los vientos.

Una de sus virtudes es conocer las ciudades sin haber llegado y ubicarse en el lugar que está así lo hayan tirado de un camión en marcha. Para mí, carente de toda brújula, perdida en mi propio patio, esa es una razón para amarlo.

Suele tener una ironía un tanto entreverada que me motiva la risa y esa también es una razón para amarlo. Sin risa el amor es imposible, sería casi como sin orgasmos.

Me encanta que domine los vientos. Que estemos frente al mar y me diga que en media hora virará el Sur y será del Este. Me gusta aún más que me lo tenga que explicar tres veces o más porque yo nunca sé dónde están los puntos cardinales.

Esta es una reflexión muy seria porque cuando se justifica el amor parece qué hay que tener un montón de motivos para amar al otro.

Cómo puede una mujer perdida en sí misma no amar a un hombre que domina los vientos?

Sé que suena a elemento fantástico pero ha sido él, quien sin ninguna prisa, corrigió mis tormentas y dominó mis vientos locos.

Cada vez que lo consigue, lo admiro y lo amo…

Pero me encanta provocarlo nuevamente y vuelvo a ponerme tormentosa, llena de viento Norte, el de locos y locas, para buscar al hombre que domina los vientos… un juego que venimos repitiendo hace casi diecinueve años…

Felicidades 🍾🎈🎉🎊