Del silencio

Qué es el silencio?

Es esta cantidad de palabras que zumban en mi mente y no dejo salir?

Son estos pasos míos que resuenan mientras dejo mi boca muda?

Es tal vez, este murmullo de viento qué hay en mis oídos?

Ese rumor de agua y yo callada, es silencio?

Esa música que no pedí pero no puedo evitar, es eso?

Dónde habita el silencio? Cuál es su guarida? Dónde esconde su real sentido?

Será que su lugar habita al límite de todas las palabras? Será que es infinito cómo los números y siempre y más allá está lleno de más silencio?

A veces me gusta. Me dejo ganar, me dejo habitar por su magia.

Atrapo todo lo que dije, digo, diré y entonces, callo.

Vestida de silencio, atrapo mi lengua y mi voz se enmudece.

Y todo cobra sentido. Este aire que inhalo y nunca escucho me llena de vida. Esta sangre que como por laberintos recorre mi cuerpo tiene sonido, mis vísceras aúllan, mi piel transpira ruidosa, soy una con mi silencio; me escucho.

En mi útero inmóvil se duermen todas las palabras hasta que decida cuando dejar de acunarlas,. Hasta que vuelva a parirlas, me llenaré de un profundo silencio o respeto, que es casi lo mismo.

Del silencio

Qué es el silencio?

Es esta cantidad de palabras que zumban en mi mente y no dejo salir?

Son estos pasos míos que resuenan mientras dejo mi boca muda?

Es tal vez, este murmullo de viento qué hay en mis oídos?

Ese rumor de agua y yo callada, es silencio?

Esa música que no pedí pero no puedo evitar, es eso?

Dónde habita el silencio? Cuál es su guarida? Dónde esconde su real sentido?

Será que su lugar habita al límite de todas las palabras? Será que es infinito cómo los números y siempre y más allá está lleno de más silencio?

A veces me gusta. Me dejo ganar, me dejo habitar por su magia.

Atrapo todo lo que dije, digo, diré y entonces, callo.

Vestida de silencio, atrapo mi lengua y mi voz se enmudece.

Y todo cobra sentido. Este aire que inhalo y nunca escucho me llena de vida. Esta sangre que como por laberintos recorre mi cuerpo tiene sonido, mis vísceras aúllan, mi piel transpira ruidosa, soy una con mi silencio; me escucho.

En mi útero inmóvil se duermen todas las palabras hasta que decida cuando dejar de acunarlas,. Hasta que vuelva a parirlas, me llenaré de un profundo silencio o respeto, que es casi lo mismo.

Lazadas

Lazadas

Sentada pierna sobre pierna

viendo sin ver

la esperanza diluida en un espejo

las manos entrelazadas,

de esa pose, a la paciencia infinita.

Y de pronto las agujas,

el ganchillo,

artesanía pura.

Emergen rosas y mariposas

surgen barcos y caminos

árboles y perfiles,

paisajes fantásticos que sólo ella conoce.

Cuenta, a veces en voz alta para no ser interrumpida, puntos y lazadas.

Ya no existe la nostalgia, no hay desesperanza, olvida el olvido.

Mi madre con una sola aguja

tejía lo imposible y alejaba,

de vez en cuando, el destino.

Fantasma

Esa insana costumbre de

meterte en mis sueños

hurgando en mi mirada y

tu propio recuerdo.

Sí, aún estoy y lo siento.

Sí aún te sueño y eso sí,

es grave.

Y esta extraña coincidencia

de traerte de nuevo

de buscar respuesta

como si fuera posible…

Por castigo a mi ateísmo

de pronto, al día siguiente sucede,

que sí, que tuvo algún significado,

mínimo o casi imperceptible pero algo sucede o se anuncia.

Y a qué volver a soñar tu mirada…

A qué volver a soñar tu consejo…

Tu reproche…

O tu bendición.

No entiendo nada y

también, es insana mi costumbre

de querer entender todo.

Vos nunca tuviste mucha explicación

ni yo misma, ni las formas

que secretamente nos unieron

tuvieron una coherencia…

Pero ahora te pido por favor,

debo de estar muy loca,

para pedirte que ya está,

no regreses en mi sueño…

O tal vez te pida,

vuelve cada noche,

conviértete en pesadilla.

Transforma mi descanso en un abismo

es lo mismo.

De una u otra forma

una noche me iré contigo

Tejedoras

De las mujeres y sus agujas sé un poco,

de las mías, casi nada.

Todas cosían o tejían en torno a la matriarca

que dirigía, mi abuela… y yo nada,

no aprendía no podía no quería esas

agujas, las odiaba.

Ser rechazada en la niñez es tremendo,

se te agujerea el estómago porque deseas ser la mejor y la más aceptada.

También es frustrante no acatar el mandato y darte cuenta que esa es tu misión de vida.

Las rondas en torno a las agujas eran diarias,

los hilos, lanas y agujas diseñaban y pintaban

infinitas formas que me eran indiferentes.

Me ponían a cebar mates porque era la única holgazana en la colmena hacendosa.

También rechazaba mi misión de cebar mates e intentaba todos los trucos, hasta los más asquerosos, para que desistieran… no había

forma. Nunca pude resignarme a las agujas y los mates.

Una tarde de verano, con chicharras y ventiladores, tomé un libro y leí en voz alta.

La colmena escuchó y aprobó mi lectura.

Ese día comencé mi carrera ejecutiva de leer para otras, las laboriosas.

Sigo siendo holgazana con las agujas, sigo siendo indiferente a los tejidos, sigo sin entender nada de telas, colores, formas.

Mi mano sólo teje a tientas con la fina aguja de la palabra. Algunas veces el tejido me satisface y otras, lo deshago mil veces y vuelvo a intentarlo.

Estas palabras como lanas e hilos que se meten en mi mano y tejen sin parar son las manos de mi madre, las de mi abuela, mis tías, mi hermana y mis primas, laboriosas y tejedoras, costureras, bordadoras que me enseñaron el arte de contar.

Una contaba puntadas, la otra ganchillo, la otra lazadas y así vivÍan sus días; hoy soy yo que la paso tejiendo y destejiendo a pura palabra.

No fue en vano hacerle asco a usar aquellas agujas, no fue malo rechazar aquellas lanas, me hizo muy bien el método y sigo intentando hilar, coser, bordar, remendar y volver a empezar.

Tejedoras

De las mujeres y sus agujas sé un poco,

de las mías, casi nada.

Todas cosían o tejían en torno a la matriarca

que dirigía, mi abuela… y yo nada,

no aprendía no podía no quería esas

agujas, las odiaba.

El rechazo cuando sos niña es inmenso,

se te agujerea el estómago porque deseas ser la más y mejor aceptada.

También es frustrante no aceptar el mandato y darte cuenta que así seguirás.

Las rondas en torno a las agujas eran diarias,

los hilos, lanas y agujas diseñaban y pintaban

infinitas formas que me eran indiferentes.

Me ponían a cebar mates porque era la única holgazana en la colmena hacendosa.

También rechazaba mi misión de cebar mates e intentaba todos los trucos, hasta los más asquerosos, para que desistieran… no había

forma. Nunca pude resignarme a las agujas y los mates.

Una tarde de verano, con chicharras y ventiladores, tomé un libro y leí en voz alta.

La colmena escuchó y aprobó mi lectura.

Ese día comencé mi carrera ejecutiva de leer para otras, las laboriosas.

Sigo siendo holgazana con las agujas, sigo siendo indiferente a los tejidos, sigo sin entender nada de telas, colores, formas.

Mi mano sólo teje a tientas con la fina aguja de la palabra. Algunas veces el tejido me satisface y otras, lo deshago mil veces y vuelvo a intentarlo.

Estas palabras como lanas e hilos que se meten en mi mano y tejen sin parar son las manos de mi madre, las de mi abuela, mis tías, mi hermana y mis primas, laboriosas y tejedoras, costureras, bordadoras que me enseñaron el arte de contar. Una contaba puntadas, la otra ganchillo, la otra lazadas y así se pasaban la vida. Hoy me la paso tejiendo y destejiendo a pura palabra.

No fue en vano hacerle asco a usar aquellas agujas, no fue malo rechazar aquellas lanas, me hizo muy bien el método y aprendí finalmente a intentar hilar, bordar, coser, remendar y volver a empezar.

Nunca voy a estar pronta

Para desear eso que tú piensas o decir o predecir, no podré,

desconfiada de los brillos, desatinada con los

tiempos, disgustada con los silencios y

amante de las palabras no podré estar pronta

nunca para no hacer nada.

Hago y deshago sin tino, gran verdad,

lanzo al aire mis pasiones y me ilusionan

las letras en todos sus colores.

No estaré pronta para ver lo que me muestran.

No oiré lo que me dicen, obviaré las indirectas,

preguntaré aunque lo sepa:

Dónde está la razón y dónde dónde la justicia?

No estaré pronta para aceptar la verdad

absoluta, la hipocresía y la soberbia.

Me reiré en silencio de los pobres mediocres,

de los que envidian y temen,

de los que odian tanto que se olvidan,

no son inmortales.

Nunca voy a estar pronta para callarme,

voy a decir y a decir y a decir,

y cuando ya no pueda, lo escribiré como hoy:

Nunca estaré pronta para esta sociedad

tan lógica, patriarcal y endiosada,

que por momentos da asco y rabia.

Voy a morir como mi abuela: con rabia

por lo que no fue,

pero pronta a resignarme?

Nunca!

Trenes

Trenes

Largo, sinuoso, eterno,

marchaba más de mil quilómetros

el tren que nos llevaba a los brazos

poderosos de mi padre.

En la ventanilla se descolgaba un

paisaje de picos, cumbres nevadas,

majestuosidades naturales que

podían justificar cualquier demora.

Yo me aburría y no podía más que

fastidiar a mi madre.

Ella contaba historias, inventaba juegos,

me permitía ir y venir molestando con

mi cháchara infantil a otros pasajeros.

Cuando ya mi impaciencia la colmaba

me llevaba al salón comedor

dónde esperar manjares, me entretenía

un par de horas.

Así recorríamos el largo mapa,

llegaría exhausta del tren y de su hija,

pero en la estación, brillaban los ojos de mi padre, su abrazo reparador y protector.

Mi madre recuperaba el humor.

Cuando se quedaban a solas los veía

besarse como novios y

no sabía, no entendía, que trenes y

vida, camino de amor, eran su mejor

herencia para mí.