Magia

Encontré la llave en el mar!

El agua salobre la escondió,

la enterró en la arena

Mi pie hizo magia, la pisó

Regresamos felices a disfrutar enero…

Después la vida como

en un recorte presupuestal

en una dictadura patriarcal

en una hegemonía de macho

me escondió otra vez la llave

No la he vuelto a encontrar…

La magia es para una vez.

La Esmeralda

Estaba lejos, lejísimos y

nosotras llegamos extenuadas esa noche.

Mi madre conmigo a solas, al otro día

llegaría papá. La casa era enorme pero

estaba casi a oscuras. ( Las casas desconocidas de noche, son todas oscuras).

Esa enorme casona fantasmagórica

que me dejó insomne a los cinco años,

se iba a transformar en la casa inolvidable,

la más recordada

la más anhelada

la más buscada

de toda mi vida.

Pero esa noche abrazada a mi madre

vi enormes sombras sobre los iguales gigantes espejos. La cama era infinita y afuera el viento silbaba entre unos pinos

que jamás había visto, salvo en ilustraciones de cuentos. Qué noche profunda, cómo podía mamá dormir mansa y feliz. A mí me latían

las orejas, me daba dolor en la panza, quería ir al baño, tenía miedo al sueño y quería ver el sol.

Al sur de Argentina y en invierno, el sol sale tarde. Juro que no dormí. Imaginé mil aventuras, recordé mil historias, inventé otras y desperté a mi madre unas quince veces.

Al otro día, el vozarrón de barítono de papá me alegró la vida con su abrazo de oso y su presencia protectora. Y la casa comenzó a ser desde esa mañana helada de invierno, nuestra casa.

La he buscado tanto, la he reinventado tanto,

la he recordado otro tanto y me esfuerzo aún por hacerlo en infinitas formas románticas…(

el tapizado de los enormes sillones, la cocina y sus estantes, la bañera y sus patitas, el sobrio comedor y sobre todo, mi paraíso: mi habitación de juegos y lecturas en la planta alta).

La Esmeralda se llamaba, ahí vivimos los instantes más gloriosos de nuestras vidas. Dónde está La Esmeralda. Quién más pudo recorrer sus habitaciones con tanta alegría como yo, quién habrá usado mi paraíso, quién se ocupó del hermoso jardín de mamá y usó el escritorio de papá. Quién aprendió como yo la combinación de la caja fuerte para mitigar el aburrimiento y quién trabajó para llenar el sótano de mermeladas caseras.

Nuestra Esmeralda fue, es, será, la joya preciada donde únicamente nosotros vivimos felices. Su cobijo fue íntegro y seguro. Su resplandor resguarda una Infancia que no puedo, ni quiero, ni sueño con olvidar.

De cómo un recuerdo puede en años y años, proteger los momentos donde la magia fue posible con las cosas más simples.

Por qué nos fuimos de La Esmeralda?

Éramos tan felices. Nunca entendí el espíritu nómada de mis padres ni si alguna vez, en sus eternas mudanzas y viajes pensaron en nosotras sus hijas, su hijo.

Éramos extrañas criaturitas que no contábamos en esa cuestión y si había que mudarse, no se cuestionaba. Qué importaba si justo eras feliz y tenías una linda escuela con amigas y amigos, si la casa era hermosa y sentías que ahí estaba tu vida.

Un día dejamos La Esmeralda y retornamos como siempre, al mismo lugar. Demoré como un año en aceptar que ya no vivíamos ahí. Fue el año más largo de mi vida.

Los años de la infancia tienen otra textura y dimensión. No se pueden medir en años adultos.

Entre dedos

Entre dedos

Mi madre tenía los cinco sentidos entre sus yemas, índice y pulgar.

Tocaba las telas y te decía

tipo, calidad y caída.

Tocaba las flores y te

explicaba su perfume

( lo explicaba tan bien que

olías y entendías)

Tocaba los árboles y te hablaba

de sus frutos y sabores

( también sabía si un

árbol estaba enfermo)

Mi madre entre sus dedos

tenía los cinco sentidos,

por eso, cuando pasaba las páginas

de su novela favorita,

yo podía verla ante mis ojos…

Gotera

Gotera

Imperceptible la gotera,

apenas una gota tras la otra,

ardua labor del engranaje que

le permite deslizarse.

Y sigue goteando y

yo sin pegar un ojo,

repica irónica y desafiante,

es sólo una gota de agua

que inhibe mi sueño

perturba mi noche y me tiene

despierta y furiosa.

La gota cae y se ríe, canta,

yo maldigo y suspiro.

Se escurre la noche del insomnio

con gotas desafiantes

que se llevan el agua.

Tan sólo una gotera

puede arrasar tu noche,

o tu vida,

o tu tiempo,

que al final, son la misma cosa.

Seres

Seres 1

⁃ Otra vez haciendo ruta vos? Gritó desesperado y me alcanzó al vuelo.

⁃ Otra vez, le dije en un susurro mientras el aire se movía suave.

⁃ Así no se puede, me volvió a decir, podrías para un poco alguna vez…

No le hice caso, apreté el pico, extendí las alas, hice un giro artístico, nivelé el peso y aún así y con todo eso, le grité:

⁃ Seguime! …- pero no lo volví a ver…

Seres 2

Los caminos de la noche son solitarios pero no me importa. Me gusta la soledad y amo los muros altos o la azotea oscura donde camino hoy. Mi salto se extiende, me estiro y lo logro, otra azotea por recorrer. La luna me mira y yo desde acá le maúllo de amor. Camino agazapada, me voy ronroneando un mimo noctámbulo que nadie escuchará.

Seres 3

Mi camino no tiene sendero, voy con toda la rapidez que puedo. Deslizo mi cuerpo frío por las piedras picantes de sol. Huyo de las botas que buscan pisar mi cabeza, de la piel que dejo atrás, de los ganchos que quieren atraparme, escondo mis colmillos venenosos lo mejor que puedo. No quiero darles el antídoto, no quiero morir pisada, no quiero defenderme, sólo quiero mi cueva… es tarde, me están alcanzando…

Seres 4

Correr, correr, correr. Nada más que eso, por el placer de gozar mis músculos a pleno, sentir el aire caliente que sale de mi hocico, los cascos que pisan apenas la tierra que va quedando detrás. Correr sin meta, sin freno, hasta agotarme y sudar. Correr liviana, sin que nadie me gobierne y después, comenzar a trotar y relinchar hasta agitar la tarde con un único sonido.