Traspasar…

…que yo iba caminando por la línea blanca de la carretera, la iba pisando desafiando no salirme, mirando fijo la tormenta que venía hacia mí.

Las nubes oscuras cabalgaban enfrentándome, por momentos algunas dispararon luces con diversas formas, las venía apresurando un viento silencioso…aún.

Sigo caminando, me pongo casi a correr, la última copa suele beberse lentamente, prefiero lo contrario, empecinada avanzo en línea frontal y recta.

Cuando me choca la primera gota siento que me atraviesa, soy permeable. Cuando me llega la ráfaga de aire me zumban los oídos y siento que mi cuerpo se despega…

– Ahora sí, me digo en un murmullo, hay que atravesar la tormenta…

Mi baile y mi psicólogo

Si yo le contara que de noche en casa, de espaldas a la razón, bailo con muertos? Qué tan loca me creería y qué prejuicios tendría?

Recuerdo que no me gustaba bailar, era tímida con mi cuerpo y no quería que me abrazara nadie que yo no hubiera elegido. Para cuando me liberé y tuve compañero de baile y aprendí, pasaron otras cosas… y otras, me fui olvidando del baile.

Pero ahora, sola en este caserón sombrío, en este castillo roto, vacío y lúgubre, me he reencontrado con el baile. Y ahí está la foto del señor de barba que baila conmigo. La del abuelo que he llevado por años en mi cartera. La de mi padre. La de otro gentil señor que en realidad es una pintura. Y bailo…con mis maridos y amantes, muertos todos ya. Y agradezco las fotos que atesoré y escondí. Agradezco la zona de este mausoleo que aún tiene luz y me permite reproducir viejos temas.

Y ellos danzan conmigo, puedo olerlos, percibirlos, hablarlos… mis muertos queridos queribles inolvidables.

Y usted sentado ahí dice que estoy loca, usted me juzga y se cree cuerdo y omnipotente, usted me quiere quitar las fotos de mis muertos para expropiarme mi baile. Acá, el único desequilibrado es usted, gusano reptante que vive a costillas de locas como yo…

En llagas…

…heridas que no cierran y sangran todavía dice un tango, cuál era? No importa, era un tango triste… otro más.

Pero cómo pude dejar de sentir esas llagas que me produjeron tu pérdida? Nunca sabré cómo, tampoco sabré cuándo me llegó el perdón y la aceptación de que no volveríamos a ser nunca más, lo que fuimos y seremos eternamente, esa legítima maternidad de la que hice alardes.

Ni me cuidarás, ni me verás envejecer, ni volveré a ver el futuro por tus ojos, no serás más mi orgullo, mi desvelo ni mucho menos, mi consuelo.

Te arrancaste de mi cuerpo en mi parto casi adolescente y te arranqué de mi lado, te enterré y lloré como muerto. Ha sido una larga llaga viva que me dejó sin piel durante años.

Ya no recuerdo tu mirada, esos ojos por los que sobreviví en el horror de aquellos años. Vencida mi ideología rebelde, encerrada, encapuchada y golpeada, me aferraba al recuerdo de tus ojos de niño para poder resistir.

La vida tuvo tantos tumbos y vueltas que terminé vencida pero logré sacarte de mi vida. No fuiste mi gloria, ni mi perdición, fuiste el hijo pródigo que se rebeló contra mí y jamás regresó.

Una lección te he dejado, una sola, por la fuerza, por obligación, jamás: ahí dejé de ser tu madre y fui mujer.

Lo siento, no aprendiste nada. No te di nada, ni te pediré nada.

Ahora la llaga ha cicatrizado…

Vorágine

No estoy preparada, no tengo resistencia, esta vorágine de clic y más clic y vivir entre pantallas, me agota.

Y ya no sé cuál es mi personaje favorito ni a quién debo responder primero y qué me olvidé de enviar y si era por correo o por Red Social.

Para compensar ya no sé escribir con birome, no sé cursiva y con la imprenta se me mezclan mayúsculas con minúsculas. Recurro a esto y lo otro y sigo clic clic clic…

Esta vejez es agobiante, mi abuela lo tuvo más sencillo, se han triplicado las formas en veinte años, soy un dinosaurio que todavía trabaja y además, le gusta el clic clic clic y cree que esto está buenísimo…

Perdida en la vorágine…

Inocente

Cómo mis gatos: me confieso inocente. Ellos no fueron traídos a mí, los busqué. No son mis hijos, ni mi hija. Los adopté con el afán de tener mascotas.

Están aquí y a veces, me maúllan pidiendo comida, caricias o que abra la puerta. Qué saben ellos de esta tristeza infinita? Son inocentes.

De esta desazón que me hunde en esta cama, son inocentes pero me buscan e intentan acompañarme, instinto?

A veces huraños mis gatos se aletargan y siento que nos parecemos. Soy inocente. Me tiendo me aíslo y no quiero ni caricias…será tan grave, me pregunto, ser inocente y no entender porqué la vida algunos días te resulta extraña pesada y hostil?

Tanta soberbia es innecesaria, una puede sentirse mascota de la vida y ser genuinamente inocente. Todo no puede saberse, ni resolverse, menos aún, entenderlo. Es así… hasta que se active otra vez, eso que llaman » instinto de supervivencia » y saldré a maullar y pedir alimento, incluso volveré a ronronear, agradecida…

Dolerse

Mi vieja gata se lame, se lava, se acicala.

A su edad ya no necesita otra cosa que su propio yo.

No está en celo, no busca dueña, no necesita casa ni comida.

Mi gata se lame horas enteras y me dirás qué es su naturaleza.

Tal vez sea así…

Mi yo mujer tendré en mi naturaleza poder lamerme dolerme llorarme?

Sin medicación por favor !

Denme la posibilidad de bajar la guardia y recorrer mis dolores, lamer mis heridas invisibles sin vuestra atención…

Tal vez también sea un recurso natural como lo es para mi gata…

Viejas putas y rojas

 

De esas rojas putas

heredé el gusto por el tabaco y

la pasión por los que están bajo presión.

El gusto por la letra impresa y estrictamente leída.

El inmune sabor de lo que podría ser una revolución

la clarividencia para detectar a los fascistas

el terror a las capuchas desaparecidas

el pánico a los autos de patrulla

el asco impoluto a todo uniforme

el asedio de noches en blanco, pensando.

El amor al orgasmo libre sin trámite alguno.

De esas viejas rojas, putas,

me he heredado casi todo

Ahora soy yo la vieja, la puta, la roja,

delirante en este mundo de computadoras,

la que sigue soñando y sigue enarbolando consignas

la que escribe y sigue pensando en los de más abajo

la que se duele sin tregua de lo que no fue

la que parió hijos y perdió hijos

la que alborota a los nietos soplándole frases

la que sigue escribiendo en esta madrugada,

atroz de calor y humedad,

las mismas  ideas de las viejas putas y rojas

que una vez fueron mi sangre,

anarcas, comunistas, putas, bien putas,

locas, muy locas,

así, las he heredado y me dispongo a seguirlas legando

a otras, a otros, a muchas y muchos, si puedo

La puerta

Qué época terrible para amarse de esa manera. Qué pasión desmedida que no debió ser. Qué escándalo hubiese sido, la vergüenza de ambas familias y el destierro social para ambas.

Por eso siempre se mantuvieron cercanas, mejores amigas, compañeras. Tragaban las ansias de tocarse, besarse, abrazarse. Lo disimularon por años.

Cuando llegó el tiempo de casarse, lo hicieron apropiadamente. Estaría todo más o menos arreglado? No lo sé pero,en esos años 40 era muy complicado para una mujer liberarse del yugo social y familiar. Tal vez fue pura estrategia femenina…

Tuvieron sus hijos, los cuidaron hasta con excesos, ayudaron a que sus maridos progresaran económicamente y se fueron a vivir a casas contiguas. Lograron incluso que sus amigos, hombres simples de trabajo, fútbol y alguna copa, fueran amigos.

Cuando los hijos comenzaron a estar cada vez más llenos de estudios y los maridos engordaban tranquilos, hicieron la puerta por donde ambas casas se comunicaban.

Por esa puerta pasaban su amor cada vez que podían. Esa puerta las liberaba, pasándola se permitían ser, amarse y olvidar.

Y cuando ya viejas y viudas se quedaron solas, a nadie le extrañó que la puerta quedara definitivamente abierta. Se cuidaron y amaron en la vejez como nunca habían podido. Las viejas, a ojos de los demás, son seres asexuados, por eso, las dejaron libres…