
Estoy mirándolo, como tantas veces, intentar pescar. De pronto surge esta idea mía que parece tan loca: cuando pesca hace lo que yo también intento …
Escribir y pescar: dos verbos compatibles

Estoy mirándolo, como tantas veces, intentar pescar. De pronto surge esta idea mía que parece tan loca: cuando pesca hace lo que yo también intento …
Escribir y pescar: dos verbos compatibles
Mi nuevo libro ya está casi pronto. Muchos capítulos los diseñé y escribí como borrador en este blog. De pronto, no sé cuándo, mi blog es mi libreta de notas.
Con sesenta y ocho años regresé a la Patagonia Argentina y encontré los vestigios de mi paraíso de infancia. El único y último lugar donde nos recuerdo como una familia feliz.
También fue la primera escuela donde aprendí esto: escribir, leer, escribir y, ese proceso es único.
Únicas fueron muchas experiencias y me ayudaron en el regreso, que fue muy triste, no quería regresar, y con ellos sobreviví y aprendí el arte casero de narrar. De exagerar aventuras. De inventar historias. Estaba aprendiendo literatura.
Mi libro es un homenaje: al lugar y a mi familia que ya no está.
Puede ser que guste o no: a mí me emocionó escribirlo. Puede ser que a otras personas les suceda lo mismo.
Más allá de eso: cumplí con un sueño e intenté ser veraz a pesar del tiempo transcurrido.
Agradezco infinitamente esta oportunidad.
La víspera de la caída del calendario.
La última campanada del año.
Los rituales.
Las agonías.
Las necesidades .
Los muertos que siguen vivos.
Los vivos que son como muertos .
La página en blanco, otra vez…
El despilfarro, el alcohol y la mea culpa.
Los estruendos y la necesidad imperiosa
de saber que será mejor..,
Mírame : estoy envejeciendo y sigo
respetando los ritos y escribiendo en contra de ellos!
Me gustan, pero son ridículos
Son todo lo cursi costumbrista que critiqué y critico.
Pero me pliego, sé que luego voy a arrepentirme.
Repito cada año lo mismo: es una manera de vivirlo
Cómo se viven sino estas fechas? Qué excusa se puede dar?
Mejor a mi manera: lo hago y después me critico a mí misma.
Cuando se ha vivido lo suficiente para saber que el tiempo es tan ajeno, somos tan poca cosa en este infinito universo que, una vez que cambie el calendario, nada cambiará.
Es cierto que una cambia! Es verdad. Se logra.
Pero no se acaba la injusticia, ni la gente con hambre en las calles, ni los pobres sin techo, ni los ricos sin escrúpulos, ni la necedad, la desidia, la envidia y la avaricia…
Nos venderán nuevas palabras pero el significado será el mismo.
Entonces? Basta! Digamos FELIZ AÑO NUEVO!!!
Hagamos la comilona, tomemos dos o tres tragos de más!
Brindemos y seamos tan ingenuos y felices aunque sea por unos minutos…
Mañana volveré a criticarme. Habrá tiempo.
Nada. No sucede nada porque somos parte del caos. Porque sin caos no existiría la vida.
Tranquilos: 2024 será igual o peor y yo seguiré por acá todo el tiempo que pueda…
Ustedes?
No es fácil lidiar con locos. Me acostumbré, sin embargo, casi enseguida, a la rutina del loquero. Tragué todas las pastillas, me bañé a diario y comí con la cuchara. Logré no babear y pude andar sin temblores después que se me fue el efecto de los terribles tratamientos que me aplicaron.
Superé con entusiasmo mi nueva condición y a los tres meses era la favorita de los enfermeros y de los locos. Es fácil ser la favorita: como una niña buena, se acepta, se obedece y listo.
Me aprendí los nombres de todos y gracias a mi madre, que no fallaba en la visita semanal, repartía cigarrillos y chocolates todos los fines de semana. Iba en hora a ver al médico y me aprendí de memoria las respuestas que quería escuchar.
Todos me decían que iba a salir pronto. Yo mantenía los sentidos alertas. Nadie recordaba que el loquero tenía un gallinero lleno de bellas gallinas. Donde hay gallinas hay huevos y hay plumas. Los huevos casi no los tocaba, salvo alguna vez que tuve hambre. Pero las plumas me las llevaba cada noche.
Y acá estoy con mi traje terminado. Tuve que armarlo por las noches y casi sin luz.
Mañana seré como siempre, la primera en ir a bañarme. Nadie se extrañará. Subiré a la azotea y probaré mi traje de plumas. Volaré por sobre los locos y veré las calles de mi ciudad. Ahí están los cuerdos y por ellos, volaré, no quiero volver a vivir entre los cuerdos. Los conozco y son peor que los locos. Quiero irme a otro lugar más seguro.
Mañana volaré y me iré a ese otro lugar…
He sentido durante algún tiempo que soy una especia de cuidadora de las memorias de nosotros, de otros y más que nada, de nuestras mujeres.
Sin proponérmelo me traspasan recuerdos que necesito plasmar. Necesito reflexionar. Necesito dejar en algún rincón de este Planeta.
Entonces lo comprendo: mi rol ha sido siempre ese. Recién lo he comprendido. Tal vez sea tarde y ya no queda mucho tiempo. Dediqué tanta tinta, letra, papel y máquina de escribir para regalar relatos fantásticos que gasté tiempo valioso.
Mi subconsciente necesitaría entrar por alguna hendija.
Ahora me estoy batiendo entre fragmentos reales para entenderme y entender cómo sucedió. No importa cuánto tiempo hay.
Importa regalar para regalarme: historias más o menos veraces y buenas.
Después de un olvido deseado o no, cuesta recordar cómo subir esa escalera.
Olvidar fue la meta, por sobrevivir nada más, nada menos.
Entonces se llega a ese exacto lugar del tiempo donde se necesita la raíz del recuerdo.
También se necesita creer que los recuerdos eran buenos.
Sin ellos la raíz de vida son un pasado siniestro que nadie desea: la mente juega sucio.
Por sobrevivir nada más y nada menos.
Se comienza a perdonar y a colocar en un rincón los trastos de memoria que se mantuvieron dignos de orgullo.
Se apagan luces para no ver el polvo de los rincones.
Se sube el volumen de la música que acalla algunos, muchos, gritos dolorosos.
Se muestra la sonrisa.
Se endurece el llanto.
Es la única forma de volver a pasar la puerta que por años, siglos, mantuvimos cerrada…
Bloqueada…
Olvidada…
Es ley de supervivencia traspasar la puerta.
Y gana casi siempre.
Por sobrevivir nada más y nada menos.
El olvido nace y crece porque se trabaja sin descanso en provocarlo…
(la suerte también se lo propone)
la polvareda de los vientos locos
el desgaste de los huesos
el descreimiento en una misma
la efímera y tardía vida consciente
la necedad
la abulia
la apatía
el egoísmo
la compra compra compra
lo trivial y lo pegajoso
la necesidad de ser simpática
agradable agradecida cuerda
la opacidad de ser una misma
la melancolía
la desmemoria
las trampas propias y ajenas
… todo eso y un poco más, seremos parte del olvido que dejamos y no supimos prevenir.
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