La Escuela N• 39

La Escuela por suerte tenía lugar para mí sólo en la tarde. Me llevó papá en la camioneta y tuve que ir en la falda de mi madre porque mi hermana también quiso ir.

Cuando entré en la Escuela el pánico se me fue un poco, no sé porqué, sé que la Directora me pareció simpática y dejó que mamá y hermana me llevaran hasta el aula. Una especie de esperanza anidó en mis cinco años, el horror de la primera Escuela, comenzó a desdibujarse un poco.

En el último salón un grupo de alumnos hacían fila. Allí conocí a la maestra unos minutos después. Habló un momento con mi madre, me miró, sonrió y me tomó de la mano. Me llevó con ella al frente, hizo pasar al grupo y pidió silencio para presentarme. Así comenzó mi primer amor por una maestra y por una Escuela. En una semana ya ni recordaba la anterior: fue lo mejor que me sucedió.

No sé porqué mal rendimiento de una memoria contradictoria no recuerdo su nombre. Ella fue un ángel en mi vida escolar, realmente era adorable y aprendí muchísimo… porqué recuerdo perfectamente el nombre de la otra maestra y no de esta? Increíble lo que hace la memoria. Se defiende? No sé, pero no recuerdo su nombre.

Lo que fui descubriendo en el patio y en él aula es que muchos compañeros y compañeras eran muy morochos, rasgos aborígenes que realmente eran novedosos para mí. Eran todos bastante callados, hasta las niñas… y yo qué era tan charlatana.

Me podría haber acostumbrado fácilmente a esas facciones y ese silencio si mi madre no me hubiera recomendado tantas veces: no te juntes con ellos. Y aunque mi hermana en voz baja me aconsejaba: no le hagas caso! Júntate con todos!, creo que seguí el consejo de mamá. No quiero ni contarles lo arrepentida que estoy. Hubiera recordado nombres de niñas o niños y los hubiera buscado. La obediencia en este caso limitó también mi posibilidad de tener amigas y amigos que pertenecían a otra cultura, hubiera aprendido mucho…

En el patio me era muy difícil jugar e integrarme, en el aula siempre me destacaba. Era muy rubia, me traían en camioneta, vivía en una casona y una chacra que parecían nuestra… sin dudas me odiaron un poco y me envidiaron otro poco. Esa es la única pena que me traje, pero la Escuela y sus docentes fueron un amor extra que también sentí por primera vez en mi vida.

La Escuela 39 de Cinco Saltos, mis primeras palabras, primera poesía, primeras cuentas y primer acto de fin de año… pero eso último fue muy especial y merece un capítulo aparte.

Lo que sentí hace pocos días cuando la encontré también merece capítulo aparte.

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