La foto de la muerta

Insisto en las historias de mi tía porque nunca sabré si son reales o les agrega algo de su imaginación.

La tía tiene un montón de hijos pero vive sola en la inmensa casona que quedó de los abuelos. Suelo ir a visitarla y subo los gigantes siete escalones de mármol blanco pensando, repasando, las travesuras que mi infancia tuvo en ese lugar.

Ayer el tiempo fue inclemente y me fui a visitarla, pasar la tarde juntas, con el mate más rico del mundo, galletitas con cereales y una caja llena de fotos. Hay algunas que ya no están en blanco y negro, ya están amarillas de tiempo, como de otoño.

La tía tiene una memoria prodigiosa y cree reconocer y recordar a todos los fotografiados. Me explica quiénes son, no logro entender los vericuetos de la parentela, me tiene que explicar muchas veces. Qué paciencia tiene.

Pero así se va desgastando la tarde, la lluvia y ella resucita desde sus ochenta y tantos, vuelve a ser niña, adolescente, hija, hermana, novia y madre primeriza.

Cuando encontró la foto de la muerta en su ataúd, nos detuvimos largo rato en la historia.

– Esta foto la guardó mamá, me contó, le pareció tan triste que la guardó.

– Ay tía y vos?, dije mirando hipnotizada la foto, para qué la conservas? Quién es? Es una muerta de verdad?

– Claro que es una muerta de verdad. Vivían en el campo hace un montón de años. Imagínate que yo ni había nacido- se ríe y toma un mate- eran vecinos de tu abuela y abuelo. Eran gente muy precaria y muy trabajadora. Tenían dos hijos varones. Ella murió muy joven, los muchachos eran adolescentes y cuando fueron a encargar el cajón para la madre, descubrieron la fotografía en la ciudad. Se sacaron una foto y pensaron en guardar una, aunque sea una de su madre. La cuestión fue que el cajón llegó antes que ellos que a pesar del duelo, se emborracharon y anduvieron de quilombo en quilombo por la ciudad. Para cuando llegaron a la chacra y cuando llegó el fotógrafo, la muerta ya estaba en su cajón, no estaba en la cama blanca como durmiendo . Pero el trabajo estaba pago y el hombre les entregó a la semana la fotografía.

– Y? Cómo fue que se quedó la foto en manos de la abuela?

Eso sí es raro, la tía tomó otro mate y tras un silencio siguió la historia: parece que la foto les trajo pesadillas al marido y los hijos. Ya sé, cosas de antes, de gente de campo… pero la foto no se quedaba quieta…

En ese momento comencé a reírme y me atoré con el mate, la tía también se reía por suerte.

– Dicen que la dejaban en la mesa de noche y amanecía en la mesa de la cocina, si la dejaban entre sus ropas aparecía en el patio… la hicieron bendecir con el cura, la cambiaban todas las noches de lugar y nada, la foto aparecía en otro lado. Antes de deshacerse de ella se la ofrecieron a mamá… habían sido vecinas y buenas amigas, mamá aceptó y la guardó.

– O sea que, exclamé calculando, está en esa caja hace como noventa años?

– No sé… hace mucho que no la veía… queres llevártela?

– Pero por supuesto!, grité exagerando, con esta historia y esta foto puedo planificar varios talleres literarios.

Y acá estoy buscándola, llegué a mi casa y la guardé en la carpeta del taller pero hoy, desde la mañana temprano, la estoy buscando…

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