Escribir, por qué y para quién.

Me estoy desvelando con estas preguntas. Por qué sigo escribiendo? y para quién lo estoy haciendo? Si fuera una mujer altamente positiva, diría para mí, para el que le guste, para que algo quede y algunas otras trivialidades semejantes.

Pero es que no me conforma. Si bien es cierto que he escrito desde que tengo unos once o doce años, si bien mis períodos han sido irregulares y he tenido esos baches que se llaman «la hoja en blanco», casi siempre seguidos de otras rachas donde no puedo parar de escribir, me siguen la existenciales preguntas.

Creo que es una deformación de la formación: quién se recibe de escritor/a?. Los grandes premiados? Sólo una décima parte de los escritores y escritoras lo son realmente? Y así, pregunta tras pregunta, no paro de preguntarme. Creo que por deformación, al no haber recibido el título de escritora, al no ser una escritora reconocida, no al menos cómo debió ser y no pudo, tengo esa situación de conflicto.

Ayer leí un artículo en un blog, » La hoja en blanco», y un artìculo: Dejar de escribir. Comparto cada una de las cosas que ahí se dicen, pero claro, tengo aristas propias. Por las dudas, les dejo el link: https://hojaenblanco.com/dejar-de-escribir-de-una-vez-por-todas/

Mi arista propia es que no creo poder: aunque tengo agujeros negros, días y días donde no escribo, donde por esfuerzo llega alguna idea pero no con la profundidad ni asiduidad necesaria, no creo que pueda dejar de escribir. Pasarán días, meses, pero un día sentiré la imperiosa necesidad y tendré que hacerlo. Tal vez ya no un cuento pero esto de delirar posturas o de reflexionar frente al teclado, será necesario.

Entonces llego a la conclusión más obvia: escribo por necesidad. Agradezco que la necesidad nunca fue económica. En este país tan pequeño deben de ser contado con los dedos los escritores que viven de los derechos de autor. Aún si me hubiera quedado en Argentina, donde nací, la carrera es tremendamente empinada y además de mucho talento hay que tener muy buenos contactos, hay que saber mucho del momento y el lugar y hay que competir con muchísimos y muy buenos. Repito pues, escribir es una necesidad en mí y por suerte no es necesidad económica.

La otra tarde me quedé viendo la ventana, recordando una frase que le dijo Julio Cortázar a Cristina Peri Rosi: sin melancolía no habría poetas. Y la encontré certera, toda poesía tiene una denotación algo o toda melancólica. A mí me cuesta tremendamente escribir algo similar a un poema, lo mío siempre ha sido el cuento, ni he llegado a pensar en la novela. y mis mejores épocas de producción no han sido las más melancólicas, será que en eso diferimos los que trazamos la prosa con los que dibujan poemas. Otra duda sin respuesta.

Muchísima gente ha escrito el doble en la pandemia e incluso surgieron los que nunca habían escrito, lo he leído en estos dos años, el encierro, la incertidumbre, la lejanía, les ha duplicado la producción o les ha hecho nacer la aficción. A mí me sucedió exactamente lo contrario: nada nuevo surgió y el libro que publiqué llevaba años guardado en la computadora.

Existen muchas dudas más. Escribo bien? ( Si tengo esta duda ya me salgo de la necesidad psicológica o personal de escribir para mí). En mi caso me consuela la LIJ porque al escribir para niños y jóvenes, si ellos leen y les gusta, si yo les leo y les gusta, puedo considerarme dichosa, finalmente yo escribo para niñas, niños, jóvenes, quién más me debería preocupar?. Pero viene la deformación otra vez a molestarme: es buena realmente mi literatura para los más jóvenes?

No tengo respuesta, nunca he logrado una buen premio, y los premios son los que marcan. Los premios dicen siempre la verdad o es otra deformación educativa académica?. El jurado es totalmente imparcial?, jamás subjetivo y usa metódos ortodoxos que responden sólo a la práctica de medir la buena y mala literatura, que de paso: cuáles son?.

A lo largo de mi vida de lectora y escritora me he preguntado siempre cuántos, cuántos libros nos hemos perdido, sí, de verdad. Algunos fueron quemado, quitados del medio de forma brutal. Pero cuántos escritores y escritoras jamás hemos leído, ni leeremos, porque simplemente no llegarán a mostrar su obra. Y no se puede estar seguro si algunos, algunas, realmente buenos, han quedado en ese camino insólito, donde no sólo se necesita tener la idea y escribirla sino, estar en el momento justo y con las personas indicadas para que suceda el descubrimiento. No será fácil el camino y no sé cómo sucede con pintores, escultores, bailarines y músicos. Supongo que es similar. Pero la literatura queda más escondida a la vista general. Las otras artes exigen más escenario.

Como buena habitante de este planeta, y en estas fechas precisas, me hago todas estas preguntas para planificar, evaluar, corregir o simplemente, reflexionar con un informe casi anual y absolutamente existencial. Suena exagerado, mi vida no es: escribo, luego existo. Sin embargo en algún momento de mi historia creo que la lectura me salvó. Debería de seguir esperando que haga lo mismo, salvarme…de la rutina, de los ejercicios de la desmemoria, de la hipocresía, de la falta de imaginación, de la pereza y la abulia…e otras cuantas cosas más, como horas y horas de terapia.

Seguiré escribieno, el 2022 vendrá con nuevas escrituras. No seré famosa, ni rica por ello, pero hay una cosa que no podré hacer, dejarlo, no podré aunque estos y otros misterios y enigmas me desvelen más de una vez.

Finalmente es cierto, quiero que me lean, pero esencialmente escribo para y por mí.

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