Una pelusa gris

Soy una pelusa gris de un gorrión con frío. O de un árbol desnudo que se dejó llevar una muestra de su invierno. Soy una pelusa gris que sale de una chimenea donde adentro da calor a una casa. Soy una pelusa gris de un perro o un gato callejero. Soy una pelusa gris que se voló de un abrigo de un pobre que duerme bajo cartones.

Soy una pelusa gris que atraviesa este aire gélido de invierno y que como aquella estatua de EL PRÍNCIPE FELIZ, va mirando el hambre, los huesos torcidos de un anciano, la poca carne de una olla en una casita llena de niños… voy volando y mirando y contando hambres, sudores, lágrimas, fríos y desesperanzas.

Soy una pelusa gris espiando las casas donde el fuego arde, las luces están todas encendidas y la comida pasa de abundante a desapercibida. Soy esa gotita en el aire helado que se va achicando por la tristeza.

Soy polvo, pelos, sufrimiento y negación de este siglo que no entiendo. Sigo volando… quiero extinguirme y desaparecer. Me duelo y no puedo ser otra cosa…

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