El casamiento

En los años 70, casi toda la década, Sudamérica entera era aplastada por dictaduras militares. Uruguay no fue la excepción. País pequeño y de pocos habitantes, el único grupo armado “ Tupamaros” fue reducido rápidamente y para el 73 ya no quedaba ninguno libre.

Sin embargo las desapariciones, torturas y secuestros se perpetuaron hasta los 80 y algo y las escuchas telefónicas durante por lo menos cinco años más de que llegara la democracia.

Sé que no fui de las más castigadas porque sobreviví y no desaparecí. Cada persona vive el miedo, la violación, los golpes, la tortura psicológica y física cómo puede. Nunca fui muy valiente: mi última detención me marcó muchísimo y aún hay noches que me despiertan sueños relacionados con el tema.

Pero una vuelve a amigarse con la vida. Cría hijos, trabaja, vuelve a tener esperanza y se hace amiga de aquellos y aquellas con que comparte algunos, por lo menos algunos, principios políticos, éticos, filosóficos.

Y entonces tu amiga te cuenta lo del casamiento y vos, yo, ingenua se lo creo.

“ Hubo un casamiento acá en la ciudad, éramos todos amigos y familiares porque la novia y el novio, ya estaban requeridos por la justicia. Fue casi un secreto. Cuando terminamos sobre la madrugada cada cual volvió por diferentes lugares, había toque de queda. Al otro día estaban todos detenidos! A los novios no los volvimos a ver, los otros fueron todos presos…”

Obliga preguntar: “ y ustedes?”. No, que increíble a nosotros y otra pareja no nos vinieron a buscar.

Increíble me digo, pero no sospecho porque la conozco como mujer de izquierda. “ Sería porque en ese tiempo mi marido estaba a cargo de los documentos, las cédulas de identidad de la policía”… Ahhhh era de las Fuerzas Armadas?!!!

“ Nooooo él era civil, estaba a cargo de las cédulas nada más “

Nada más y nada menos: sabía perfectamente quienes eran los requeridos. Desconfío durante demasiado tiempo de este relato. De que esta mujer embanderada con la izquierda me haya contado la verdad. Es muy sospechoso el cuento…

Hace un par de meses sé que fueron ellos los denunciantes. Y me rechinan los diente y tengo una rabia metida en el pecho que no me la puedo quitar. Fui a su casa, compartí almuerzos, trabajé con ella, nuestros nietos se conocieron… y son responsables de por lo menos dos desaparecidos y varios encapuchados, golpeados, detenidos…

Y con cuántas personas más en este caótico

“ olvido inyectado” habré almorzado yo? Y con cuántas o cuántos responsables de torturas me habré dado la mano? Me da pánico pensarlo…

Y no los puedo culpar: era tanto el miedo que muchas y muchos querían agradar y quedar fuera de toda sospecha. La disciplina del terror sufre efectos. En mi familia ocurrió y logré entender que confesaran mi paradero.

Pero la familia no se elige… los amigos y amigas si y me duele mi propia ingenuidad. Y los jóvenes novios y los otros y me duele de nuevo mi propia desventura y el encierro por atreverme a pensar diferente. Otra vez… me duelo.

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