HISTORIA, CENSURA Y GÉNERO EN LOS LIBROS INFANTILES

CONTEXTO HISTÓRICO

Así como nuestra alfabetización, en la mayor parte del continente americano, sucedió después de la Conquista Europea, la posibilidad de tener historias, cuentos, poemas, se trató también de una cuestión colonizante. A la llegada de los colonizadores, eran pocos los aborígenes que gozaban de escritura. La literatura prehispánica, más precisamente de la que voy a hablar, escritas en superficies lisas como piedras, papel, maderas, arcillas, etc., sólo se registraron en las culturas: INCAS, MAYAS Y NAHUAS. Incluso se hallaron Bibliotecas y métodos de estudios. Sin embargos los otros muchos que habitaron en otras étnicas, tenían una riquísima tradición oral que por razones obvias, se perdió mucho más rápido que estas tablillas o piedras.

Así como se dice que el idioma español pese a su belleza, fue enriquecido por las lenguas originarias de Latinoamérica, también sabemos que la mayoría de los idiomas fueron prohibidos y quedaron sólo los que se siguieron hablando en voz baja, como el guaraní por ejemplo.

En la alfabetización de la enseñanza del idioma tanto español como portugués, se incluyeron sin dudas libros de lectura. Pero fueron muy pocos los que no catequizaban o alfabetizaban, sobre todo cuando llegó la etapa, ya lejana a la conquista, donde fue obligatorio por primera vez enviar a los niños/as a la Escuela. Hablamos ya de finales del siglo XIX y principios del XX. Las historias permitidas eran justamente las que estaban a favor de la moral y la religión, o las que enseñaban a hablar correctamente el idioma.

Pero es que en el mundo occidental, la historia de los libros infantiles ha sido esta: censurar, corregir, recortar y modificar, además de moralizar y mostrar un contenido de género puesto al servicio de la época. También la literatura para niñas/os y jóvenes (LIJ) ha sido la historia de Cenicienta: la hermana menor y desprestigiada de la gran Literatura.

Pero la mayoría de nuestros pueblos originarios tenían sus propias historias, en ellas no primaban los valores patriarcales, misóginos y racistas que trajeron los textos extranjeros. Los roles jugados por héroes, heroínas o dioses y diosas, eran mucho más benévolos y representaban una naturaleza más libertaria: sin pecado. Al perderse y quemarse la mayoría de lo escrito y olvidarse, la mayoría de lo oral, quedamos pues a merced de una alfabetización europea pero también, nuestros jóvenes, a merced de historias que venían con toda la intencionalidad del viejo continente donde primaba el patriarcado obediente al feudalismo.

Nunca, en la historia de la LIJ, se ha dejado de censurar, recortar, modificar, moralizar, de acuerdo a lo que los adultos piensan los libros para infantiles. Siempre se ha servido de ellos como ejemplos de moral, de la imperante. Siempre se ha servido de ellos para ejemplificar la cuestión de género y clases sociales. Porque recordemos, voy a hablar de los Clásicos, y esos libros fueron escritos por primera vez alrededor del año 1600, pero sus versiones orales, desconocemos desde cuándo estaban vigentes.

2. EL PROCESO DE CENSURA

Para hablar de la censura en la LIJ, debemos entender cuándo nacieron los libros infantiles (se entienden por infantiles los que van desde la primera infancia hasta los 17 años). Y este género especial comienza a aparecer a fines del siglo XIX pero se hace visible durante el s XX, después de la Primera y Segunda Guerra Mundial porque la visión del niño cambia y deja de ser considerado un humano en miniatura para empezar a verlo por primera vez como un ser en formación y crecimiento. Con el advenimiento de la pedagogía y psicología, nace una nueva concepción de las niñas y niños y comienzan por primera vez a categorizarse “sus libros”. Grande clásicos como Robinson Crusoe, Gulliver o incluso Pinocho, no fueron escritos para niños. Más bien ellos y ellas se los apropiaron.

En la medida que sí aparecen libros dedicados al público joven, aparece la censura. Todo libro para niños tiene un jurado que recorta y ve desde la órbita moral lo que pueden o no leer. Sobre todo en las cuestiones de género, sexo, muerte.

Por eso el estudio de los grandes clásicos de Hadas, da lugar para este artículo porque en su inmensa mayoría no fueron escritos para niños, y porque cuando llegaron a este continente fueron rectificados infinitas veces hasta llegar a las versiones Disney que son, sin dudas, las únicas que conocen las generaciones del hoy, incluso nuestros jóvenes padres y madres.

Como hablamos de libros infantiles, la censura actúa en forma muy severa, y en años de alfabetización masiva, cuando finalmente el niño de pueblo se incorpora a ser alfabetizado, los cuentos formaban parte de su único ocio, también ese ocio fue regulado. Así se fue hablando de los cuentos clásicos, si eran buenos o malos, si eran sanguinarios o mostraban realidades monstruosas y era preciso “proteger al niño” de esas atrocidades. Muchos años después se incorpora a la niña de pueblo a la alfabetización. Es necesario también insistir con esto: lo de género también va de la mano con la alfabetización, las mujeres como lectoras, tenemos menos historia que los hombres, lo cual marca un atraso. Pedo además, con la censura los roles de género fueron asegurando que la niña lectora tuviera un lugar absolutamente pasivo, que es como debería ser la mujer.

Graciela Beatriz Cabal en el libro Mujercitas, ¿eran las de antes? Dice que en 1940 todavía se estudiaban en textos como estos:

“Ella paciente y laboriosa como una hormiga, trabaja sin hacerse notar, y no habla salvo si se le pregunta. Él, en cambio, inquieto y movedizo, se levanta, se sienta, va de un lado a otro y es siempre el primero en tener prontas las respuestas. Es un excelente alumno.”

Las mujeres que llegaron al siglo XIX leyendo y escribiendo, sin ser nobles, se valieron de diversas estrategias para poder hacerlo: se metieron a monjas, así nacieron Las Carmelitas Descalzas o Las Teresas de Córdoba, donde se les permitía leer y escribir para catequizar. Así fue cómo lo logro nada más y nada menos que Sor Juana Inés de la Cruz.

Otra estrategia era leer y escribir escondidas dentro de un ropaje masculino, sobre todo al firmar un escrito. Así lo hizo Aurora Dupont en Francia quién en realidad es la famosa escritora George Sands.

Cuando hablamos de censura en los cuentos infantiles, en la cuestión de género no debemos olvidar esta cuestión femenina del desafío que representó para el género poder leer y escribir.

Tampoco debemos obviar que: cuando se le permite entrar a esa mujer que lee en el mundo laboral, una de las profesiones permitidas fue el magisterio. Eso se debe, sin engañarnos, a que la educación infantil fue, aún lo es, considerada

“una cuestión menor”, no una cuestión de menores como lo es.

Y dentro de ese marco muchas fueron las mujeres que opinaron también que los verdaderos cuentos para la infancia, los Clásicos de Hadas, debían ser censurados y recortados. El sistema patriarcal de ninguna manera involucra sólo a los hombres.

3. PSICOANÁLISIS DE LOS CUENTOS DE HADAS DE B. BETTELHEIM.

La primera defensa de estos cuentos llamados también maravillosos, vinieron con la Segunda Guerra Mundial, a su término toda una nueva postura del infante y sus lectura marcó pautas importantes que llegarían muchísimos años después a nuestra América Latina toda. No sólo la judía Jella Lepman escapa del exterminio y se dedica a la nueva sicopedagogía del niño sino, el psiquiatra Bruno Bettelheim, también salvado por pocos días de la muerte en un campo de concentración nazi, dedica gran parte de su vida al estudio de los pequeños y deja una obra, exclusiva en su género y su época, El psicoanálisis de los cuentos de Hadas.

De este libro sólo debemos conocer es la defensa que hace Bettelheim: dice que en ellos anidaron los miedos de pueblos primitivos, las ausencias y temores, que cobijaron esos pueblos son, dice, los mismos que tienen los niños pequeños. Por eso al narrarle estos cuentos, suelen hacer catarsis. En ellos hay abandonos, pequeños que triunfan frente a los grandes, el bien se aparta del mal, se controla un mundo por arte de una magia que ocasiona siempre finales felices.

Pero además: si estos cuentos han sobrevivido más de quinientos años, si han sido traducidos a muchísimos idiomas, no hay dudas de su valor literario. Y es un derecho de las niñas y niños conocerlos. ¿Pero en qué versiones? Esa era la pregunta que se hacían y aún hoy se hacen los censores. Porque cuando estos cuentos nacieron, lo hicieron en forma oral, fueron recorriendo los campos cultivados y trabajados por esclavos, transformándose en cada narración. Tienen tenor de leyenda: incluso hay vestigios de que algunos de ellos nacieron de hechos reales que se fueron aumentando y alargando con los años. Y nacieron en épocas feudales, fueron la palabra que alimentó a esa gente que trabajaba sin descanso, fue su fantasía recreativa, fueron sin dudas, su única diversión o entretenimiento. Son ferméntales de manera antropológica, sin dudas.

Por eso considero que también los niños y las niñas de nuestra época deben conocerlos. Pero deberían a mi juicio, conocer los originales. ¿A qué llamo yo originales? Pues a los que se escribieron hace cientos de años por primera vez, antes que se perdiera el arte de contarlos. A los que se imprimieron por primera vez.

Charles Perrault, autor de la famosa Caperucita salió a recorrer la campiña francesa antes de escribir la primera versión de esta niña comida por un lobo. Dicen que incluso encontró la misma versión variando en algunos sentidos, más de doscientas veces. Más de doscientas niñas con caperuzas de muchos colores eran devoradas en esas versiones. Y ahí deberíamos considerar la época: ¿no habrá sido cierto que alguna niña o niño fuera devorado en esos bosques? Sin dudas. Lo que podría significar es que la leyenda se construye frente a un hecho real y se le agrega la fantasía de la época en una versión magistral que Perrault por diferentes motivos, ajustará a su escritura.

Sucede casi lo mismo con los hermanos Jacobo y Willermo Grimm, de Alemania, ellos recogen de la campiña alemana las versiones orales de muchísimas leyendas y por primera vez, los escriben e inmortalizan en libros.

Sin embargo entre aquellas viejas versiones recopiladas y las que conocemos hoy existen grandes diferencias. Sobre todo en la cuestión de género. Y por eso muchos movimientos feministas están hoy queriendo prohibir nuevamente estos cuentos donde las niñas sólo aspiran a ser princesas rescatadas.

No voy a discutir acá la postura de las feministas, yo me considero una, sino lo que sí discuto es la prohibición por cualquier motivo, del arte. Y los clásicos infantiles son testigos literarios de la primera orilatura popular. Pero además, estoy casi segura que no conocen las versiones originales, las que de verdad un día salieron de esos esclavos de los señores feudales. Porque el desenlace de las historias varía poco pero el contenido sí, grandemente en algunos de ellos.

Hago mía las palabras de Inés Bengoa, narradora oral:

Bruno Bettelheim nos habla en este libro de la importancia de los cuentos de hadas en el desarrollo integral de la persona, sobretodo en su período infantil.

El lenguaje simbólico, la existencia de un final feliz y la calidad literaria de la obra son algunas de las características fundamentales que ha de tener un cuento de hadas para ser considerado como tal.

Bruno Bettelheim analiza en profundidad estos cuentos y proporciona una lectura del lenguaje simbólico que utilizan, descifrando y explicando el significado de muchos de los escenarios, números, objetos y acciones que tienen lugar en los cuentos de hadas: el bosque, la bruja, la madrastra, el número 3, el 7, la muerte, el zapato de Cenicienta, la rana… y reconoce el valor psicológico que los cuentos de hadas tienen para niños y niñas de todas las edades, sin importar la edad y sexo del héroe de la historia.

Me parece interesante la lectura de este libro en varios sentidos. Por un lado, durante las últimas décadas el cuento de hadas ha quedado bastante “monopolizado” por las versiones edulcoradas e interesadas que hizo Disney y, casi sin darnos cuenta, hemos llegado al punto de temer qué contamos por tener la idea, equivocada, de que podemos “traumatizar” al niño. Como bien explica Bettelheim el cuento de hadas, el que ha llegado hasta nuestros días de boca a oreja, de generación en generación, el que se ha repetido infinidad de veces “es una versión tan satisfactoria, para el consciente y para el inconsciente de gran número de personas”, que es perfecto así como es, cumple con su función sanadora. Puede pasar de todo en el transcurso de la historia siempre y cuando haya un final feliz, sobretodo en referencia a los niños.

4. DECONTRUCCIÓN DE LAS VERSIONES ACTUALES

La verdadera razón de volver a las fuentes originales de estos cuentos, de preparar conferencias y llevarla por distintos puntos de Latinoamérica, obedece sin dudas a la cuestión de género y censura, en ese orden aunque lo uno, va siempre con lo otro.

Cuando se estudian las versiones originales de estos cuentos, la cuestión femenina adquiere otra dimensión que el de la simple princesa callada que espera quien la saque de la torre, del balcón, del féretro o de la casa de una mala madrastra.

Deconstrucción también significa ver las nuevas formas que muchísimos autores han tomado para burlarse o modificar esas versiones por unas más feministas. Pero esos autores conocían sin dudas, las verdaderas.

Sin dudas, ya lo dije antes, el gran hacedor de lo que hoy conocen no menos de tres generaciones fue el último gran fabulista, Walt Disney. El agregó además de color, movimiento y sonido a estos cuentos. Recordemos a este mago de los niños: comenzó con un tímido y raído ratón migrante, Mickey, que poco a poco se convirtió en “el sueño americano”, tuvo su auto rojo, su casa y su elegante novia. Disney fue sin dudas, él mismo, un sueño americano, subió a lo alto de la cumbre, del dólar raído a los millones. Y fue haciendo lo que la sociedad le pidió, en ello, entraron los cuentos de Hadas que para esa época, debían de: “alegrar y motivar a las niñas y niños a ser felices”. La noción de muerte, venganza, incesto, quedaban prohibidas. Las brujas serían brujas muy malas pero nunca, habría venganza cruel sobre ellas. Las Hadas, que habían viajado desde Oriente desde 2 s. antes de Cristo, se convirtieron en seres asexuados y risueños. Todo tenía que tener brillo, luz, armonía, indicándoles a los pequeños que así sería su vida (el sueño americano). Pero una doble carga intensiva para las niñas: calladas, sin rencores, sin grandes pasiones a la espera del príncipe rescatador.

Vamos a reconstruir las versiones Disney. Vamos a contar lo que no nos contaron y a hablar de que aún en esas lejanas épocas las mujeres heroínas podían ser a veces, más malas que las mismas brujas. Hablemos de esas mujeres además en su contexto: era Feudal. Nada se podía esperar si se era esclava, sólo te podía rescatar un noble. ¿Y es importante que el escucha lo sepa? ¿Le diremos al niño o niña que esa es la verdad, que era imposible no ser esclava si no se había nacido en cuna de la nobleza? Pues claro, el contexto histórico es importante.

¿Será posible contarles a niñas y niños de 5 o 6 años estas versiones? Claro que sí, lo hice muchas veces y quedan fascinados con ellas.

Si aceptamos que los clásicos europeos, cuentos de hadas, son cuentos para las niñas y niños, debemos considerar su derecho a conocer distintas versiones y en esas diferencias, hallarán obviamente, las originales. Sin dudas ellas serán las que más les llamen la atención. Por eso conviene contextualizarlas históricamente y narrarlas o leerlas para después hablar sobre las mismas. Es un ejercicio que recomiendo mucho.

Para la próxima nota daré versiones originales de Caperucita Roja, La Cenicienta, La Bella Durmiente, Blancanieves, y algunos otros menos conocidos donde me planteo la cuestión de género y censura. El porqué de esa postura lo explica y cito textualmente la Dra. Sylvia Puentes de Oyenard en su libro, El cuento mensaje universal ( AULI 1994)

¿ Por qué importa este tema en la infancia? Precisamente, porque la literatura ofrece modelos de identificación y así como el niño puede simpatizar con algunos personajes, odiar a otros, hacer su catarsis y proyectar temores, también encuentra modelos con respecto al sexo. En la sociedades patriarcales la mujer es reflejo de épocas en que los hombres administraban el mundo y ella esperaban pasivamente el regreso del conductor familiar. Pero muchas veces se olvida que ellas fueron las recolectoras de producto agrícolas, las que descubrieron técnicas para preparar y conservar alimentos y las que intentaron curaciones con diversas hierbas que, sintetizadas, han dado fundamento a la medicina moderna. La mujer, desde el principio de los tiempos, cuidó a los hijos, los arrulló, les transmitió los conceptos de la convivencia grupal y desarrolló una representación simbólica que fue la base de nuestra evolución como seres que piensan y utilizan el lenguaje como forma válida de comunicación.

Seguiremos en la próxima entrega si les ha parecido interesante.

María Luisa de Francesco

Experta en Literatura Infantil y Juvenil

Experta en animación de lectura y escritura