Vera, la prima

Era un invierno cruel, los árboles desnudos temblaban sin trinos.

El hombre se iba alejando amargado, el día le había resultado escaso, el frío le había quemado todo su trabajo en el huerto, sus fuerzas estaban agotadas.

Ella llegó como siempre, sin demasiados rodeos y se sentó en la tierra que de inmediato, reverdeció. Y se iluminó el paisaje, el frío se fue evaporando y el hombre buscó con la mirada…

La vio diáfana, atrevida, sin inmutarse, sonriente y distante. Todo comenzó a brillar en su entorno. Quién eres?, pensó el hombre atolondrado.

– Tu prima, contestó ella musicalmente leyendo su pensamiento.

– Querida…, dijo él sonriendo, casi te había olvidado Vera,al fin regresas…

Texto para la pintura de un amigo facebukeano Mario Rolando Pérez Aparicio.