Mi sombra (2)

Anduve varios días averiguando y preguntando si a alguien más se le ha perdido la sombra. Si han osado liberarlas o alguna se ha fugado. Recién anoche supe de un hombre que hace años vive sin ella. Lo peor que puede sucederte, me dijo susurrando como si alguien lo escuchara, es perder tu sombra. La sombra es, continuó después de un breve silencio, algo así como tu imagen en el espejo. Si no hay sombra, no hay vida.

No quise preguntar más, sus palabras me alertaron.

Salí dispuesta a recuperar la mía, que ya hace días o meses o años, he liberado. Lo bueno es saber donde voy a encontrarla; de mañana juega en la playa con los niños, de tarde anda con las parejas en las plazas y de noche, danza en los espejos iluminados.

Inútil es llamarla, lo sé. Porque la libertad cuando se alcanza, no se desea más que conservarla. Pero he creado una estrategia: seré yo la sombra y ella, mi dueña.