Escribir

Qué verbo tan perseguidor el de escribir, escribo, escribía y escribiré. En lo personal cuando tengo estos baches de ausencia del verbo en mi vida, me da una culpa triste y persistente. No es como otra culpa, es mucho más miedosa, el pánico de quedarme sin tema es peor al otro, el de repetirme.

Escribir es también un poco una manía, en mi caso una manía en evolución, del papelito, a la máquina portátil, la computadora y ahora el blog directo del celular. Pero no estoy segura de haber evolucionado: creo que el papel, cualquier papel en cualquier lugar, es un recuerdo romántico de mi misma.

Ahora, en este momento, estoy en medio de un acto y la gente debe de pensar que estoy en las Redes o en WhatsApp, nadie sospechará que reflexiono en mi blog. En cambio en aquellos lejanos días donde cualquier hoja de papel me servía y sacaba una lapicera, tinta verde, y escribía con actitud concentrada… era mirada como la joven intelectual, la joven poeta, la joven que quiere ser escritora… Era más lindo sentirme así.

Es una gran suerte tener esta edad: me importa un carajo si piensan que soy una vieja obsesionada por cadenas de WhatsApp. Me gustaría que pensaran que soy una vieja que tiene amantes lejanos y aprovecha este montón de gente para escribirles y pasar casi desapercibida.

En estos días mis historias no fluyen, ando floja de ritmo poético y reflexionando menos. Terrible culpa. Y sin embargo estoy sentada en medio de un acto político, porque me sigue interesando, y escucho detrás mío una cuerda de tambores que hacen repicar un candombe tan afro uruguay que me eriza la piel.

Si tendría yo material para escribir sobre el tema: cuando llegué huyendo de la dictadura argentina, con solo 24 jóvenes años, me asomé a un balcón del hotel y escuché este ritmo por primera vez. Después conocería los conventillos donde los esclavos pedían permiso para tocar “tangó”, y ese ritmo hereje y africano un día ganó las calles y se instaló en el pueblo. Cada vez que lo escucho un ancestro africano de millones de año me grita desde las tripas.

Tendría tanto para contar: incluso del negocio que se ha hecho hoy para el turista. Pero yo lo conocí un poco antes: antes que la dictadura uruguaya lo prohibiera, o lo corriera de las calles. Por eso hoy, aquí, en pleno acto político escribo y divago: tengo sed y hambre de escribir pero mis personajes han huido y mis historias no son y mis reflexiones no me habitan.

Culpa: a mea culpa.