Escribirte es escribirme

Es una idea, loca idea de todas las personas que escribimos, escribir tu historia. Pero escribirla es escribir la mía. Porque es indudable la influencia e incluso creo, los grandes celos fraternos te condicionaron y me condicionaron.

Tuviste celos de mí? Cuándo comenzó? Creo que mamá cuando nací, en aquel lejano lugar argentino, provincia de Misiones, intentó que no fuera así. Mi primer baño me lo diste vos, bajo la custodia y dirección de mamá. Tal vez se despertó en vos un instinto maternal tempranero que nos hizo mal con el tiempo. O no, tal vez no deseabas bañarme y aceptaste como muchas otras cosas en tu vida. El mandato que se recibía en los años cincuenta.

Creo que te he dedicado varios texto, siempre jugando con las metáforas y mis deseos. Desde mi último libro, MI PARADISÍACO CINCO SALTOS, no te he escrito más.

Alguien, que sin dudas leyó bien el libro, me preguntó porqué no hice una novela contigo como personaje. Me tienta la idea. Qué personaje! Pero no puedo separar tu vida de la mía. Y no puedo, ahora que sé otras cosas de la psicología, ignorar lo que significó para vos crecer como hermana mayor y enterarte después que no, no lo fuiste. Una niña cercana al año se murió de meningitis y fue nuestra verdadera hermana mayor.

Y fuiste, lo contaron, la hija y nieta más deseada, porque esa muerte sumió a mamá en una de sus depresiones más largas y a papá en una de sus disconformidades más profundas. Entonces tu nacimiento fue una fiesta. Para completar la alegría naciste con los inmensos ojos transparentes de nuestro padre. Y en esa familia, la materna, era todo un hermoso privilegio.

Tendría que detenerme en ese punto. La familia itálica de mamá, del Sur de Italia, deseando nietos rubios, blancos, de ojos claros. Pero de eso tendré que hablar si decido escribir tu novela, mi novela.

Sin dudas tu personalidad merece una recreación con poca fantasía: vos eras una persona fantástica en sí misma. El gran tema es: escribir otra vez sobre mi vida, porque cuando te tome como protagonista no me puedo separar totalmente.

El otro tema es de qué manera deja de rondar en mi cabeza la idea de escribir sobre vos. Me quedó como una espina.

Al contrario de para quién lo hago, siempre persigo la ilusión de que escribo para mí, es el verdadero motivo. Tal vez solo logre dilucidarlo si te escribo y describo.

Tal vez debería escribir en forma de carta? Porque si hubo una persona que escribió cartas esa fuiste vos, sin dudas. Inauguraste Tinder, mucho antes que existiera!

Mi querida adorada hermana, cuantas veces nos distanciamos y cuantas otras nos abrazamos? Incontables! Podré con eso? Podré con tus huesos perdidos a razón de no estar cuando moriste? Podré realmente retratar tu personalidad tan divertida, solidaria, diferente, irreverente, extra vertida y disfuncional?

Es un desafío? Tal vez…

Sentada

En el sofá de mirar la vida

la abuela sentada, espera,

mano sobre mano,

ojos allá lejos y una sonrisa

leve, apenas perceptible,

endulza su cara.

Afuera se agita la vida,

ella, adentro, espera.

La sangre de su sangre

la carne de su carne, corre,

se apura, huye y se descalabra.

La vida de la vida suya también

anda por los caminos, las rutas,

los mapas, con apuro… la máquina

de producción los devora.

Ella, sentada ve pasar, ve girar

la vorágine que ya no es suya,

Ahora, se dice, me toca esperar…

Espera o vigila que pueden ser, la misma cosa.

Y con esa actitud, casi ingenua,

no debelará secretos. Los atesorará

en su eterno baúl de recuerdos.

No se acuerda de casi nada, murmuran,

los verdaderos ingenuos,

mientras ella repasa confidencias,

infidelidades, deseos, odios muy recónditos,

lejanos y de otros tiempos.

Mira siempre lejos y no ve casi nada,

se preocupa su joven nieta;

pero ella mira allá, adentro. Y puede percibir

angustias, envidias, miedos, siente

los celos y puede ver muertos.

Una nunca sabe de verdad, qué cosas hace

una abuela que divaga y se distrae,

cómo más allá del tiempo.

Dudas

En tiempo cómo estos tengo dudas de estar viva.

Que tengo que redefinir qué es vivir para saber si aún vivo. Funciones vitales que se cumplen a buen ritmo: es vida.

Pero si una siente que ya no puede, que se agotó y nada tiene sentido? Ah, si, claro ahí se toma un antidepresivo y funciona unas horas eso de “ tener ganas”…

Y si llega la noche y el sueño no viene y se agota el pensamiento, viene la otra pastilla que te duerme y te despiertas como idiota.

Hace años soy drogadicta con receta, soy obediente y respeto, tomo lo necesario. Me porto bien y al otro día me baño, trabajo y hago un poco de gimnasia. Qué vida espectacular llevo.

Qué buena y obediente me puse. Pero de todos modos sé que no estoy del todo viva.

Sólo ese amor me hace obedecer. Es un amor que nunca abandona, que siempre acompaña, que jamás traiciona, que cuida y protege.

Estoy medio viva gracias a él.

Inevitable

El olvido nace y crece porque se trabaja sin descanso en provocarlo…
(la suerte también se lo propone)
la polvareda de los vientos locos
el desgaste de los huesos
el descreimiento en una misma
la efímera y tardía vida consciente
la necedad
la abulia
la apatía
el egoísmo
la compra compra compra
lo trivial y lo pegajoso
la necesidad de ser simpática
agradable agradecida cuerda
la opacidad de ser una misma
la melancolía
la desmemoria
las trampas propias y ajenas
… por todo eso y un poco más, seremos parte del olvido que dejamos y no supimos prevenir.

Teatrerías

Conocí la lectura y el teatro de la mano de mis padres, pero el teatro así, casero, de gira en gira, de la mano de mi hermana. No saben ustedes lo feliz que puede ser una niña haciendo ruta, tipo circense así de casero,e ir de pueblo en pueblo. Y lo más lindo: ver entre bambalinas, por así llamarlas que a veces eran baños y de aquellos que …casi ni puertas.

Y las madrugadas juntando todo para irse de regreso. Y los paisanos que a veces no entendían…muy gracioso pero en su momento, qué disgusto. Debo de ser una agradecida porque de eso a escuchar ópera en el Colón hay mil pasos y yo, los di siendo niña.

Tendría unos diez años cuando mi hermana de veinte, quiso hacer su debut en el teatro local, pequeño pueblo de provincia argentina. Mi padre, horrorizado, lo prohibió porque sin ser el Colón, todo lo otro era de putas. Pero mi madre logró a duras penas, convencerlo.

Convencer a mi padre fue lo mejor porque mi hermana emprendió una carrera artística y yo, condición especial, tenía que acompañarla.

Era teatro pueblerino, los fines de semana a veces nos íbamos de gira por pueblitos rurales. Los paisanos poco entendían a Lorca pero silbaban como locos ante las actrices, aunque usaran el riguroso luto de Bernarda Alba.

Eso me permitió aprender libretos de memoria, de puro aburrimiento y recorrer zonas rurales alejadas , de la mano de mi hermana y del arte teatrero.

Mi hermana en escena se transformaba y crecía, así la veía yo. Dramática por excelencia no sé si hubiera podido ser cómica. El teatro la llevó a hacer radio teatro y ahí comprendí más aún la esencia de la oralidad.

Me debía este recuerdo después de tantos años de amar el teatro y la oralidad. La vida de nosotras con el arte tendría mal final: mi hermana no pudo seguir porque los rumores le ganaron a la buena voluntad de mamá y en mi caso, me ganó la dictadura y debí callar por años mi secreto arte de narrar.

Caritas

Ustedes no tienen idea de los millones de rostros que me siguen, a diario, desde mi escritorio, desde mi computadora, desde las pantallas…Caras de niñas y niños, me miran, sonrientes en su mayoría. Y me dicen que no soy millonaria?
Estas niñas y niños, algunos hoy tienen más de treinta años, son profesionales y todavía no se olvidan de mi cuentos. Me asombran…
Se acuerdan de títulos que yo he olvidado…
Qué magia tuvo ese instante para ellas, ellos, que pueden recordar lo que les narré aquella vez.
Y de todos esos momentos he guardado fotos, antes en papel, ahora en pantallas. Y me han regalado fotos en jarritos, en murales, en cuadros, en latitas que hoy sirven de porta lápices.
Montones, millones de rostros, de los cuales solo algunos o algunas volveré a ver y/o reconocer…me miran, sonríen y me piden otro cuento.
Hace treinta y cinco años que me dedico a narrar y leer en escuelas, liceos, instituciones públicas y privadas, en teatros, en escenarios al aire libre, en planes de vivienda, en cooperativas, en jardines de infantes, en cárceles…no sé que escenario me ha faltado conocer…
Y todos esos recuerdos son caritas que me siguen mirando, sonriendo por el cuento, sonriendo por esa magia compartida…
Increíble lo que puede hacer esto de narrar o leer, después de años de hacerlo y repetirlo, sigue siendo una maravillosa intimidad con la palabra y mi público que mayoritariamente, siguen siendo los más pequeños.
Si habrá que contar…que leer para otros, para compartir…para hacerles las vidas un poquito más lindas…Qué bueno fue venir de una familia de cuenteros y cuenteras que nos hacían soñar con las historias.
» Sherezade es la mamá de los cuentacuentos…el arte de narrar nació del miedo a morir…» dice Eduardo Galeano y qué gran verdad, contando no me muero porque el cuento, perdura y siguen recordándolo.
Si uno sólo de los cuentos narrados ha servido para hacer más feliz a una niña y un niño, todo valió la pena…voy por un poco más!

Mi sombra

Tuve, alguna vez, una sombra. Me sorprendió un mediodía de verano, tendría unos seis años. Me encantaba sentirla mi amiga y andaba buscándola en cada espacio de luz; al lado, atrás o adelante. Mi sombra me seguía o me acompañaba. Era mi mimo propio. Cuando descubrí que era mi esclava la liberé. Ella no entendía y se quedaba de noche junto a mi lámpara procurando comprender.

Una noche se fue y no regresó. Tomó su camino propio. La he visto bailar, seducir, engañar y huir por todos lados. Se ha mimetizado con otras sombras. Se ha sublevado y es transgresora. Desde mi rincón, solitaria, la miro. La envidio, la quiero otra vez presa de mis trucos de sobrevivencia.

Ella no va a regresar. Es libre y le ha gustado ser la sombra de otras que no saben que la tienen.

Mujer laberinto

Infinitas ideas circulaban por sus neuronas a la velocidad de la Luz. Y cómo a pesar de su esfuerzo y las recomendaciones familiares y médicas no pudo detenerlas, se hicieron profundos laberintos en su cerebro y dejó de entender y dejaron de entenderla.

Pasado un tiempo decidieron que lo mejor era una Institución. Para que la atiendan, también para olvidarla o esconderla, da lo mismo.

Se levantaba al alba y se duchaba con mucha atención, agua fría o caliente, jamás faltaba su ducha y el especial lavado de cabello. Su familia jamás dejó que su único signo de cordura le faltara: su shampoo y su aceite del pelo.

Después salía y se sentaba en el patio con el pelo negro lleno de rulos cayendo perfumado sobre la espalda desnuda. Las enfermeras la obligaban a vestirse cada día. Su mente andaba por ahí o por allá, no hablaba, comía poco y pasaba la tarde fumando sin parar. A la noche con su medicina, caía blandamente en la cama y dormía como una niña exhausta.

La rutina se alteraba apenas los domingos cuando llegaba la madre, el padre, las hermanas y a veces los sobrinos. Los miraba como lejana, como siempre, pero una lágrima tras otra rodaban por su rostro distante. Y la tristeza era reprimida con algún otro fármaco.

De esa manera, cada semana y sobretodo cada domingo, el laberinto se tragaba a la mujer que había sido.