Cáscara

Se han quedado con mi útero, que anidó tres huevos sanos, se quedaron también con mi saliva que supo gritar cuando se debía. Se quedaron con mi rabia porque me la guardé.

Se quedaron con mi salud, con mi poca lógica y con mi tranquilidad… se quedaron con mi paz interior y mis eternos proyectos.

La posibilidad de que todo regrese, porque todo pasa, es un lento vaivén de olas que me sacuden entre melancolía y ansiedad. Tal vez más pronto que tarde vuelva a ser. Ahora sólo estoy reptando la impotencia de no ser.

Hace años, cuarenta, llegaron y patearon, y a golpes se quedaron con mi destino.

Hoy no son los mismos. Son otros: los que deberían entenderlo que lo vuelven a destrozar.

Estoy solita con mi cáscara pero… aún de pie.

Doliente

Desde la cama a la cama, doliéndome doliente dolor…

No me quedan pasos y borré mis propias huellas…

Ha llegado el último exilio, debo desaparecerme desaparecer desaparecida…

No me quedan restos de inocencia ni fuegos adolescentes…

Voy a marcharme otra vez. A iniciar la etapa de mi propia muerte.

Lo haré con esmero porque ese viaje tendrá la seguridad de quitarme el dolor de pensar.

En este rincón del mundo es peligroso pensar y por eso he vivido de peligro en peligro y de exilio en exilio.

También es peligroso soñar y he tenido la suerte de nacer soñadora.

Mi último destierro será un rincón olvidado donde nadie note mi presencia y mi voz ya no se escuche.

Me voy de nuevo… pero esta vez saqué sólo pasaje de ida.