Vendedor de espejos.

Un vendedor de espejos en este siglo es una auténtica estupidez. Eso pensó el pueblo entero y esa noche, en la plaza, cuando el hombre armó su estand y comenzó a lucir sus espejos, no se arrimó nadie.
Pero el hombre fue perseverante, toda la semana a la misma hora montaba su puesto ambulante de espejos. Al final nos ganó la curiosidad y fuimos visitándolo.
Nadie se quedó sin comprar un espejo. Era fascinante: llegabas y sólo con tu nombre, tu fecha de nacimiento y tu color favorito, te asignaba tu espejo. Después de conocer estos datos buscaba con paciencia entre las filas de espejos colgados, apilados, embalados. Su concentración mientras revolvía aquel mundo de espejos era absoluta. El resultado: increíble.

Una vez que te daba tu espejo lo comprabas, era imposible no hacerlo. En primer lugar porque nunca se excedía con el precio pero, lo más importante era lo que veías en él.

En laberíntica forma se veía tu vida: la infancia desamparada o feliz, la adolescencia rebelde o abúlica, tu presente incierto o realizado… pero aún más: tu futuro a corto o lejano plazo.

Y el pueblo se obsesionó y nadie se quedó sin su espejo. Y había una especie de fijación por mirar cada día el futuro, algunos que habían tenido pasados felices se quedaban en él y ya no veían más. Otros, abstraídos sólo atinaban a espiar su muerte.

Y cambiamos….y el vendedor se fue, no supimos cuándo, dejó un pueblo diferente. Ya nadie puede ser la misma persona cuando puede recordar con precisión o saber cómo y cuándo será su muerte.

Espejos gemelos

Los compramos idénticos: como vos y yo. Eran como nosotras pero cada quién tenía el suyo. Lástima haberlos comprado idénticos. Eso no fue inteligente.

Fuimos gemelas , alma y corazón en un puño, en un útero crecimos y nos contemplamos. Después pasó la vida. Y justo antes de separarnos el tonto juego de cambiar espejos.

Del otro lado del mundo mi espejo te mira y a mí el tuyo. Te avisa y me avisa y sabemos el final antes que los demás.

Hoy lloré con tu espejo desde el amanecer. Corrí a mirarlo y te vi sin vida. Cuando a media mañana sono el teléfono…ya sabía la noticia: del otro lado del mapa estabas muerta desde hacía casi diez horas.

Hoy regresé de eso que llaman sepelio, horas de viaje en avión para acompañar tu última morada, me traje sólo tu espejo.

Quedará tu ausencia gemela en mi

alma, y una pregunta que ronda mi cabeza… podrás comunicarte conmigo? Habrá alguna posibilidad? El espejo nos servirá de nexo?

Y la otra pregunta: en cuál de los espejos vislumbraré mi muerte antes que llegue?