Una pulga revoltosa

Cuando nació Pelusa, una pulga común y corriente, la madre supo que iba a ser revoltosa. Apenas estaba aprendiendo a saltar y ya se quería mudar de casa, de perro en este caso.

– Que no Pelusa, decía su mamá, acá vivimos bien es un hogar tranquilo y seguro… este perro casi no se rasca y odia el agua.

Pero Pelusa saltaba y saltaba probando acrobacias que sólo le eran permitidas a pulgas experimentadas. Y en una semana saltó tan alto que fue volando al lomo de un gato siamés con fama de “ malas pulgas”.

El gato la sintió sobre su lomo y empezó la guerra, se revolcaba, pataleaba, sacaba las uñas y daba largos maullidos. Su dueña lo acarició un poco, notó la desesperación y apareció la primera ampolla anti pulgas que conoció Pelusa.

Estornudó, escupió y vomitó mientras corría a refugiarse en otro animalito peludo. Era tan joven e inexperta que aterrizó en un conejo de peluche. Ahí se quedó toda la noche, porque no se sentía bien y así fue como conoció la escuela al día siguiente. Es que la pequeña de la casa se negaba a ir a clases sin su conejo favorito.

Qué experiencia extraordinaria tuvo Pelusa! Aprendió los colores, muchas letras y algunos números. Entendió que era la primera de su familia que lograba leer un poco y por eso, a pesar del hambre, decidió quedarse en la escuela.

Salió unos días más tardes en un perrito marrón con forma de salchicha que tenía patas cortas y entonces, no llegaba con su pata a sacar a Pelusa que se instaló en su lomo. Pero no quiso quedarse ahí para nada a pesar de la comodidad.

Necesitaba un escenario, un perro grande y callejero pensó, para impartir clases a las otras pulgas pues, según ella, era prioridad aprender a leer. Tenía que explicarles sobre los ejércitos de combatientes que usaban los veterinarios. Necesitaban antídotos, un laboratorio especial pero antes, había que aprender a leer.

El perro grande y peludo que andaba siempre en el barrio fue su guarida secreta. Era dormilón y tranquilo, todo el barrio lo quería, siempre le daban comida y Pelusa tenía su gota de sangre asegurada. Así fue como se fue organizando y bien arriba del lomo negro y peludo organizó su escuelita de pulgas. La pena es que eran pocas las que entendían la importancia de aprender y saber, todas estaban conformes con alimentarse bien y conseguir marido y tener hijitos. Las había incluso que no iban a la escuela de Pelusa por no abandonar su hogar lujoso o sea perro o gato de raza.

Y era una batalla hacerlas comprender que esos hogares de lujo eran los más peligrosos. Comida sobraba pero también shampoo, ampollas y collares anti pulgas.

Pelusa no quiso abandonar su lucha, además de su escuela en el viejo perro callejero fue saltando por otros lomos de perros muy pulcros y gatos muy cuidados. Ejércitos de ampollas, peines, baños especiales con jabones de olor insoportable, collares asquerosos tuvo que aprender a esquivar. Saltaba de lomo en lomo y gritaba:

– Pulgas : pónganse a estudiar si no dentro de poco nuestra especie se va a extinguir!!!

Así se pasó una vida, no viven mucho las pulgas, no pudo tener marido, ni hijos, ni un hogar tranquilo. Murió contenta en su escuela, en el lomo del viejo perro negro, segura de haber dejado un gran mensaje pulguero.

Fue una pulga revoltosa qué pasó su vida con mucho coraje y con sueños de Grandes escuelas que aún se están por construir.

Mi nieta está en España

Mi única nieta… allá lejos y con las noticias que llegan al sudamericano Uruguay. Tiene sólo ocho años y hace dos que no la veo… íbamos este año.

Ayer sacó su perrito a pasear con mi hijo, su papá que es un inconsciente pero sólo quería que su hija caminara una cuadra y no llorara más.

Los detuvo la policía y enviaron la niña adentro. Su papá pudo pasear el animalito. La niña regresó desconsolada, hizo un dibujo que pueden ver aquí y decretó: que si ella no puede salir a la calle la policía tiene prohibida la entrada en su casa.

Muero de risa ante su ingenio ingenuo. Muero de ganas de ir a abrazarla y en el medio de mi sueño…el virus de la corona,

Les dejo la anécdota y el dibujo que me hizo reír y llorar.

Palabras encerradas

Y cómo un monstruoso invisible llegó, se expandió, nos enfermó y hasta nos mató?

Las puertas comenzaron a cerrarse, las ventanas casi selladas, las calles silenciosas, el bullicio evaporado y los pasos de unos pocos, apresurados.

Si parece que el monstruo está en cada esquina esperando. En cada huella pegándose. Y en cada abrazo y en cada beso, filtrándose. Tenemos miedo.

Entonces nos quedan las palabras y redescubrimos su poder de abrazar, besar, sonreír y los mensajes no paran. Estamos aislados, encerrados pero a pura palabra. Orales, escritas, las palabras siguen siendo la única manera de mantener el miedo al monstruo, algo controlado.

Y con escudos de palabras pasaremos estos días. Acá, allá y en el resto del mundo. Porque nunca sentimos más necesidad de comunicarnos que ahora, presos en nuestras casas. Prisioneros en nuestras paredes pero llenos de palabras… incluso las que vamos a descubrir en este meterse adentro para evitar al monstruo.

El monstruo se va a comer todo pero no se va a llevar nuestras palabras. Escriban muchas… las palabras además, sanan.

Humor, virus, amor, canabis

Que los de 60 o más “ estamos en el horno” como se dice acá. El dicho puede interpretarse de dos formas: ya estamos cocidos o en el infierno. Y es más o menos lo mismo, lo bueno que este dichoso corona ahí seguro no está porque no soporta el calor.

Y acá estamos haciendo una cuarentena que podría ser sesentena o noventena pues ya no sabemos cuánto estaremos encerrados. Hay que comprar arroz. Que los orientales tienen experiencia y se han aguantado toda guerra a puro arroz ( no sé si se puede comer sin palitos o si cambia el resultado alimenticio…)

Y no sabemos si tendremos fuerzas para este encierro y si en unos meses cuando salgamos a la calle, canas y arrugas expuestas, y deciden qué mejor nos matan para dejar lugar a los más jóvenes.

Así que decidimos pasarla bien. Arroz compramos. Vino también. Dulces varios porque todavía tenemos canabis legal y te da ansias de dulce. Y además el canabis a los sesentones nos estimula la libido…y te da por reírte de todo, hasta del virus de mierda con corona y todo.

Pues ahí estamos nosotros con un ritmo de risa y sexo que no teníamos desde hace veinte años. Tomando vino y comiendo arroz con lo que haya. No pretendo recomendar esta dieta pero que la vamos llevando bien , por supuesto.

Y si el virus no nos respeta habremos de morir con excesos de los buenos. Salud sesentones!

El encierro

Algo lejano a nuestra condición social laboral era el estar presos. Los presos eran para nosotros los delincuentes, de guante blanco o los más, los pobres que caen en tentaciones inevitables. Pero eran otro mundo, apartado del nuestro, en los lindes de la ciudad, con su vida y nosotros, ilusos, vivíamos la libertad prometida.

Resulta que el día que como un meteorito cayó la noticia del virus, nos encerramos aterrorizados. Después vino la orden de no salir. Después los que sí salieron saquearon los víveres dejándonos con escasas provisiones. Después nos dimos cuenta que no duraría ni una, ni dos, ni tres semanas, supimos que podía durar un tiempo sin tiempo. Y vino la desesperación. Y en ese momento no nos dimos cuenta que aún en esas condiciones, estábamos comunicados por Internet. No pensamos que nos podían aislar más aún.

Nos sentimos todas y todos infectados y empezaron a ocurrir cosas, gente que cantaba en las ventanas, gente que llamaba a todas y todos los vecinos para decirles buenos días, cómo están. Gente que empezó a hallar cosas en sus casa que ni sabían que tenían. Un megáfono encontramos nosotras en la nuestra. Antiguo, algo roto pero por suerte, lo pudimos arreglar, a medias pero funcionó.

Desde el balcón y con nuestro megáfono antiguo leíamos cada tarde un poema. Breve, porque el megáfono era bastante primitivo. Y nos pareció al tercer día que la gente estaba esperando esa hora…los vimos asomarse a sus ventanas.

Hace tres meses leemos poemas desde nuestro balcón, ya nadie falta a la cita, salvo claro, los que van muriendo, pero a esos también los despedimos con poemas. Mi hermana dice que en cualquier momento terminamos comiendo los libros de poesía que dejó madre, que ya la despensa está en las últimas…puede ser.

Si la poesía alimenta estos espacios de silencios y encierro, debería poder mantener nuestros cuerpos con vida hasta que alguien nos necesite.

Mi hermano fue un pájaro

Mi hermano nació con una maldición que lo hizo vivir prisionero casi toda la vida. Para cuando le diagnosticaron la esquizofrenia ni yo, ni mi familia, ni los médicos tenían demasiada información sobre el tema. Nos dijeron tantas cosas y nos aconsejaron tantas otras que la mayor parte de su vida probó tratamientos y siempre, lo encerramos.
Pero él era un pájaro. Se escapaba de sus jaulas siempre. Cómo lo hacía no se sabía, porque tenía carceleros fieros pero él, siempre los burlaba. No había forma de tenerlo prisionero, en esas épocas terribles de la dictadura, él sin documentos, sin otra cosa que el uniforme de su cárcel, y burlaba a todos: volaba, se escapaba.
Mi hermano era muy inteligente, leía muchísimo y le apasionaba la geografía. Sin embargo a los médicos no les importaba ese detalle. Mi hermano era peligroso porque en su cabeza las voces lo enloquecían de una manera que la furia lo dominaba y golpeaba a todo lo tocaba. Ni el chaleco de fuerza lo sujetaba. Su locura era de una dimensión extraordinaria.
Mi hermano aprendió a volar y cuando lo encerraban, se escapaba con tal precisión que nunca lo podían rastrear. Volvía a casa hecho un desastre: tiritando de frío, con el cuerpo en un temblor intenso, por el castigo del electro shock, asustado y furioso por su jaula medicamentosa. Y al poco tiempo, otra vez, conseguíamos otra jaula.
En uno de esos escapes una lluvia intensa le mojó las plumas y lo encontraron tirado, ardiendo en fiebre. Fue la única vez que lo rastrearon, que lograron encontrarlo; él, se murió de una infección pulmonar…dijeron. Yo sé que se murió porque le rastrearon su vuelo y porque su sufrimiento, ya era mayor que su locura.

Yo sé que se murió porque ya no soportábamos más sus locuras de oír voces y atacarnos, porque no entendíamos lo que le pasaba en su cabeza y porque no soportaba más electro shock y pastillas a granel. Sé que la neumonía fue una forma de encontrar al fin la libertad de la muerte.

Cuando fui a verlo…en su cajón de hospital mental, todos los locos lo lloraban, mucho más que yo por supuesto. Y me acompañaron con babas, lágrimas y mocos a dejar el cajón en la tierra. Finalmente mi hermano dormía para siempre y su vuelo de pájaro escapista, encontraba un lugar de donde no regresar.

Los locos, todos, todas, amaban a mi hermano y yo me he perdido la historia del porqué… y ya no podré contarla y ya no podré pedirle perdón por mi ignorancia e insensibilidad…pero lo dejé ahí, enterrado en su última jaula donde tuvo amigos de verdad.

Morir de virus o falta de amor

… ustedes díganme… estoy cuidando mi nieto de diez años y trajo otros niños para hacer una cartelera donde destacan que no se toquen, que no se abracen, prohibido besar…

La paranoia total y en la Era de la Robótica? Cómo? Así de golpe hay que decidir si beso, abrazo o muero de virus o de falta de amor?

Y para eso mis tatarabuelos se salvaron de no sé cuántas pestes? No dejaron en mis genes una defensa que me permita hoy abrazar una amiga o a mi amante compañero?

Volverán los besos y abrazos a ser clandestinos?

Ya no podré besar a los niños y niñas que agradecen mis libros? Los miraré desde mi tapabocas?

Se suspendió la Feria del Libro de Bogotá… se suspenderán otras? Leer para otros también será clandestino? Me ilusiona… Lo prohibido suele fermentar, nos acerca… nos provoca…

Ni Internet, ni la inteligencia artificial, ni toda la tecnología nos salva de este virus que tiene corona, debe ser de la realeza, o sea… es como antes : joderse y tomar quina es la mejor medicina.