Una pelusa gris

Soy una pelusa gris de un gorrión con frío. O de un árbol desnudo que se dejó llevar una muestra de su invierno. Soy una pelusa gris que sale de una chimenea donde adentro da calor a una casa. Soy una pelusa gris de un perro o un gato callejero. Soy una pelusa gris que se voló de un abrigo de un pobre que duerme bajo cartones.

Soy una pelusa gris que atraviesa este aire gélido de invierno y que como aquella estatua de EL PRÍNCIPE FELIZ, va mirando el hambre, los huesos torcidos de un anciano, la poca carne de una olla en una casita llena de niños… voy volando y mirando y contando hambres, sudores, lágrimas, fríos y desesperanzas.

Soy una pelusa gris espiando las casas donde el fuego arde, las luces están todas encendidas y la comida pasa de abundante a desapercibida. Soy esa gotita en el aire helado que se va achicando por la tristeza.

Soy polvo, pelos, sufrimiento y negación de este siglo que no entiendo. Sigo volando… quiero extinguirme y desaparecer. Me duelo y no puedo ser otra cosa…

El casamiento

En los años 70, casi toda la década, Sudamérica entera era aplastada por dictaduras militares. Uruguay no fue la excepción. País pequeño y de pocos habitantes, el único grupo armado “ Tupamaros” fue reducido rápidamente y para el 73 ya no quedaba ninguno libre.

Sin embargo las desapariciones, torturas y secuestros se perpetuaron hasta los 80 y algo y las escuchas telefónicas durante por lo menos cinco años más de que llegara la democracia.

Sé que no fui de las más castigadas porque sobreviví y no desaparecí. Cada persona vive el miedo, la violación, los golpes, la tortura psicológica y física cómo puede. Nunca fui muy valiente: mi última detención me marcó muchísimo y aún hay noches que me despiertan sueños relacionados con el tema.

Pero una vuelve a amigarse con la vida. Cría hijos, trabaja, vuelve a tener esperanza y se hace amiga de aquellos y aquellas con que comparte algunos, por lo menos algunos, principios políticos, éticos, filosóficos.

Y entonces tu amiga te cuenta lo del casamiento y vos, yo, ingenua se lo creo.

“ Hubo un casamiento acá en la ciudad, éramos todos amigos y familiares porque la novia y el novio, ya estaban requeridos por la justicia. Fue casi un secreto. Cuando terminamos sobre la madrugada cada cual volvió por diferentes lugares, había toque de queda. Al otro día estaban todos detenidos! A los novios no los volvimos a ver, los otros fueron todos presos…”

Obliga preguntar: “ y ustedes?”. No, que increíble a nosotros y otra pareja no nos vinieron a buscar.

Increíble me digo, pero no sospecho porque la conozco como mujer de izquierda. “ Sería porque en ese tiempo mi marido estaba a cargo de los documentos, las cédulas de identidad de la policía”… Ahhhh era de las Fuerzas Armadas?!!!

“ Nooooo él era civil, estaba a cargo de las cédulas nada más “

Nada más y nada menos: sabía perfectamente quienes eran los requeridos. Desconfío durante demasiado tiempo de este relato. De que esta mujer embanderada con la izquierda me haya contado la verdad. Es muy sospechoso el cuento…

Hace un par de meses sé que fueron ellos los denunciantes. Y me rechinan los diente y tengo una rabia metida en el pecho que no me la puedo quitar. Fui a su casa, compartí almuerzos, trabajé con ella, nuestros nietos se conocieron… y son responsables de por lo menos dos desaparecidos y varios encapuchados, golpeados, detenidos…

Y con cuántas personas más en este caótico

“ olvido inyectado” habré almorzado yo? Y con cuántas o cuántos responsables de torturas me habré dado la mano? Me da pánico pensarlo…

Y no los puedo culpar: era tanto el miedo que muchas y muchos querían agradar y quedar fuera de toda sospecha. La disciplina del terror sufre efectos. En mi familia ocurrió y logré entender que confesaran mi paradero.

Pero la familia no se elige… los amigos y amigas si y me duele mi propia ingenuidad. Y los jóvenes novios y los otros y me duele de nuevo mi propia desventura y el encierro por atreverme a pensar diferente. Otra vez… me duelo.

Invitación hoy 19 hs

Vamos a juntarnos por Zoom a charlar y opinar de manera informal sobre la novela LA TREGUA DE MARIO BENEDETTI. Escrita en 1959 y llevada al cine en Argentina, 1973, fue la primera en llegarse un galardón para el Oscar a mejor película extranjera, aunque fue ganado por Fellini y su Amarcord.

De todos modos la novela tiene una característica propia que podría pasar por un clásico de época.

Y nuestro café literario virtual es informal: no tiene características de análisis literario sino de opiniones diversas de lectores libres.

Inscripciones: http://centroculturalvirtual.com

Autorización

A quién le pide autorización la autoridad?

Quién pone las reglas de autorizar en la ley?

Cómo se hace para autorizar lo imposible y desautorizar lo mejor?

Quién puede discutir si autoridad es dignidad o si da lo mismo que no lo sea?

Podría algún personaje desautorizarse a sí mismo ? Tienen una conciencia “ Pepe Grillo” que los autoriza interiormente?

La autoridad es una señora o una señorita?

Por qué la autoridad corre siempre en un mismo sentido? No conoce las avenidas de doble mano?

La autoridad es prima de la justicia? O son hermanas?

La desautorización es hermana de la mendicidad?

La sociedad está totalmente autorizada?

Por qué hay que pagar autorizaciones?

Por qué los autoritarios son soberbios?

Por qué hay que obedecer sin protestar a la autoridad?

Quién autorizó la autoridad?

Firma: una casi anarquista.

Invitación 2 de julio

La Secretaría de Cultura de Fusagasugá con el apoyo de la Secretaría de Familia e Integración Social te invitan al #JuevesDeCaféLiterario un espacio para el empoderamiento femenino☕📚 👩🏻‍🦱👩🏽👩🏻‍🦰

Invitadas especiales:
📖 María Luisa de Francesco (Escritora)
📜 Diana Lorena Cruz Castellanos (Poeta y Tecnóloga industrial)
🏜️ Laura Arenas (Profesional en filología e inglés y candidata a magíster en Literatura)

🔴 #FBLive
🗓️ Jueves 2 de julio a las 5:00 P.M.
https://www.facebook.com/SecretariadeCulturadeFusagasuga/

¡Los esperamos!

@Alcaldía de Fusagasugá
#ConLaFuerzaDeLaGente

LaCulturaEsDeLaGente

LeerNoEsCosaDeOtroMundo

Todas muertas

No despertamos aquel día, ni acá, ni allá en el otro hemisferio. Morimos todas: las madres, las abuelas, las hijas, las pequeñas, las medianas, las profesionales, las prostitutas, las graves, las moribundas, las atletas, las modelos, las gordas, las anoréxicas, las pobres, las ricas… se entiende? No quedó una sola mujer sobre el planeta.

Hartas de miles de años de postergaciones y luchas, hartas de malos tratos, de que nos usen, de que nos violen, nos peguen, nos maten y nos desvaloricen, en un cónclave secretos esa noche, nos morimos todas.

Y finalmente el mundo fue todo, todito de los hombres. Todos alterados por ser machos alfa de su manada pero… sin hembras para montar. Muchos lloraron, muchos se arrepintieron y otros se acusaban hasta sin razón. Muchos otros empezaron a organizar el mundo sin nosotras y los hubo que decidieron morir por la misma causa.

En otro pasadizo del tiempo y del espacio nosotras, más allá de lo que llaman muerte, reunidas en un aquelarre infinito, especulábamos y cuestionábamos la decisión de vivir en esa dimensión pero sin miedo… libres y soberanas.

Y nos quedamos ahí. Y de tantos Apocalipsis imaginados en libros y películas los hombres tuvieron que ver y padecer y morir en el verdadero: un mundo sin mujeres.