Hambrunas

Por qué será que todo festejo lleva a excesos de comidas y bebidas? Por qué será que aún en la actualidad, muchas personas publican, publicamos, mesas llenas de comidas?

Más allá que algunas fotos de hoy también muestran ciertos restaurantes significativos del verbo poder, del verbo puedo pagar, del verbo me invitan porque soy de clase A, y otros verbos que no se conjugan en letras sino en los egos; mucho más allá de esas trivialidades,siguen mostrando comida.

Siempre había pensado que mis abuelos europeos, itálicos, exageraban y les gustaba mostrar sus mesas repletas porque habían venido de guerras y grandes hambrunas. Era casi lógico festejar que se podía comer abundante o buscar una excusa para mostrarlo.

Si hoy sigue sucediendo, y vaya si sucede, estará en nuestro ADN, será una defensa de vida, una valoración de nuestra necesidad de preservar la especie. En fin, algo muy primitivo.

Será así?

La paradoja es que mientras los manjares se exhiben en mesas repletas, las figuras humanas se estilizan hasta llegar, en algunos casos, a esqueletos vivientes.

Hay qué mostrar comida pero no comer o apenas mordisquear.

No desesperes! Hay una solución: ser personaje de cine y ahí sí, comes y bebes, hasta llegar a limites irracionales y sigues siendo casi un esqueleto o tienes el cuerpo perfecto.

Sucede en la ficción…

En la realidad la comida exagerada engorda y el alcohol también, además las resacas son terribles y los resultados nada agradables.

Pero eso sí : no te olvides de seguir mostrando que la hambruna, el hambre, no te pertenece, tú, tu familia y amistades pueden pagar excesos de todo tipo y no invitar a los verdaderos dueños del hambre.

Romantiquerías

Y no me digan que si pretende una persona escribir, lo mismo lo hace en la selva mientras los mosquitos le rompen la piel.

En un cuarto de dos por dos en verano, sin vista hacia afuera y con un ventilador de la segunda Guerra…

En un bus que intenta amontonar cuarenta personas donde caben veinte.

En un escritorio inventado donde marido y niños dejan cosas tiradas o mocos pegados.

En una casa pequeña donde no deja de sonar el móvil, la aspiradora y la máquina de sopa.

En un bar, hermoso, donde una chica insiste en darte otro café cada media hora y una orla de universitarios ríen en el fondo.

En una playa… una llena de gente, pelotas, perros que cagan, madres que gritan y tipos que juegan al fútbol.

No puedo. Antes, hace mucho lo hacía, me venía la idea, tomaba mi libreta y un bolígrafo y anotaba en una sola página la idea esencial. Después la recuperaba.

Ahora ni eso hago. Mi letra manuscrita es como la de un médico, me olvido dentro de lo esencial que apunté que quería destacar y odio la idea de sentarme y reconfigurar lo que olvidé.

No sólo es la edad, estoy aburguesada, he mirado mucha película romántica sobre escritores y escritoras. Quiero un mecenas. Una casa junto al mar o la montaña, puede ser en el campo, quiero silencio, respeto, quietud. Un escritorio bello, una buena portátil o dos, y por favor alguien que me cocine y limpie sin molestar.

Gatos fuera, perros fuera, marido e hijos de vacaciones… porque tan malvada no soy. Todos disfrutando en un lugar bello y yo, escribiendo. Abriendo y cerrando libros si debo consultar, hablando con editores, inventando personajes… con la ventana abierta mirando el mar, la montaña o el campo.

Demasiado tarde. Eso debí haberlo buscado cuando tenía bella figura, ni una arruga, ni una cana y una sonrisa fatal. Ahora, de tener que enviar una foto actualizada a una portada, el terror se apodera de mí. Ida Vitale hay una sola, vamos…

La daga

Tan fina y filosa, tan delicada, parecida más a una joya que a un arma mortal. Con todos sus brillos, la miope veía sólo la empuñadura, no miraba el filo.

La daga trazó el camino a su antojo, la tonta la aplaudió porque era tan lindo tenerla cerca, no miraba que iba directo al corazón.

La daga hizo su danza buscando ser diosa, dominar y reinar, la humillada sólo pensó en llorar. La daga la comenzó a matar.

Gota por gota la iba matando, como un vampiro la iba estrujando, la moribunda no se defendía, ya sólo se moría sin notar la muerte. Seguía la danza de la daga.

Daga con filo, daga con trazo fino, daga mal intencionada pero harto certera te quedaste con su destino.

Con su poco destino.

Con su nada de destino.

Tal vez ya estaba muriendo, tal vez era demasiado feliz, tal vez estaba en la cima y ya no la querías ahí.

Daga azul, daga blanca, bordada de sangre con perlas de lágrimas, soberbia y magnífica seguiste bebiendo el último aliento y luego, en silencio, te fuiste a llorarla.

Tiempo

Ay el tiempo!
Me gustaría tener una jeringa para succionarlo
El de las ausencias llenas de silencios
El de la indiferencia que produce tantos pobres
El de los agobios existenciales llenos de tabúes y desprecios
El tiempo del lucro y la avaricia
El de la inhumanidad y de los prejuicios
…no es que quiera un tiempo perfecto
…no quiero algo irreal ni maravilloso
…me gustaría tener un tiempo sin odios y con eso tal vez, me conformaría
( domingo reflexivo)

Elsa, inspiración

(Imagen de PingLabel)

Me persigue su imagen, su historia, su sonrisa y calma, sobre todo su calma. Ante los imprevistos más increíbles guardaba una calma increíble. Se parecía a esa calma que deben de gozar las Monarcas. Tal vez.

Me persigue su vida arruinada con una madre que no la cuidó y cómo logró escapar, en un pueblo pequeño, cerca del campo, de un destino previsto.

Me persigue que fue autodidacta y logró manejar como mano derecha una empresa sólida, de donde se jubiló con honores.

Me persigue su historia de amor perdido, por un desencuentro y su castigo a sí misma, casada más de 60 años con un hombre que no amó. Incluso creo que despreció, lo aborreció, aunque jamás dijera nada.

Con ella se podía recorrer cualquier lugar, incluso los lujosos, nadie notaría su vida pueblerina, su auto didactismo. Sabía callarse a tiempo y tenía, más que nada, la buena costumbre de escuchar.

Sobria en sus gustos, serena en su andar, su hablar suave, sus gestos tan exquisitos, difícil era descubrir su verdadera infancia. Difícil era verla junto a su marido: era su polo opuesto.

Me persigue su recuerdo. Cuánto puede soportar una mujer para vivir así más de sesenta años?. Ese autoflagelo de una vida entera?

A los pocos años de casada le quitaron el útero, los ovarios. Eso le permitió alejar la relación sexual y olvidarse de parir por segunda vez. Ese cáncer la liberó de la parte más asqueante de su relación. Y todo lo demás lo vivió y soportó con una calma incansable.

Pero, lo que más me persigue, me asombra y me intriga de su historia, fue la maldad que soltó después de la muerte de su marido. Se acabó la calma. Su boca fue un deshecho de palabras crueles, insultos, ironías. Y creo, puedo equivocarme, que se hacía la sorda para poder gritarlas.

La historia de Elsa me persigue porque no sé cómo pudo soportar tanto y porqué dejé de verla cuando su calma y delicadeza, se transformaron en furia y acritudes miles.

También a mí me gustaba más la otra Elsa? También a mí me interesaba la amiga que soportaba el patriarcado con una finísima calma?

También yo soy hipócrita?

Pasillos de incertidumbre

Vas caminando con pasos temblorosos

después, te pones casi con los pies de punta,

el pasillo, largo, interminable, o tal vez

demasiado estrecho que podría ser lo mismo,

es como un elástico y entonces te apuras,

pero hay tanta gente que querés desaparecer.

Cómo odias los pasillos, los eternos pasillos

que ni empiezan ni terminan y que hoy,

parecen no llevarte a ningún lado.

Justo hoy, un día que no es cualquiera,

un día que consideras imprescindible,

un día determinante, con todas las fricciones.

Agonizan tus pasos, aletargados por otros pasos,

pies calzados o semi desnudos, media estación,

pies apurados y otros lentos, otros arrastrándose.

Y el pasillo no termina, la incertidumbre te

ofrece una paradoja existencial: porqué tuvo

que tocarte este pasillo?

Habrá en este mundo algún pasillo corto y sencillo?

Ahora, parece que estás llegando, sabes que vendrá la otra incertidumbre: elegir bien la puerta.

Tenés un número en la mano, pero sabés que es un número trampa.

Las puertas no tendrán número y tendrás que usar tu intuición. Todavía te queda?

Mientras vas enfrentando con pánico a las puertas , recordas: en una te humillan, en otra te ignoran, en otra te gritan, en otra te mienten y hay una, sólo una, que contiene la verdad.

Cuál será? Si no te animas hoy, tendrás que volver a vivirte la congoja del pasillo.

Elegir o elegir: como todo en la vida.

Un cuento de terror

Vos me pedías un cuento de terror y yo, lejos de pensar en uno, me imaginaba que me decías:

Mamá tengo hambre

Y no teníamos nada, ni una miga de pan, la desesperación y el horror llenaban mi corazón de congoja y llorábamos juntas . Vos, de hambre, yo de impotencia.

Me imaginaba tumbada contigo pegada a mi cuerpo, sobre unos cartones y nylon, durmiendo con un ojo solo para protegerte.

Mamá tengo frío…

Y te apretaba sobre mi pecho, sobre mi ropa sucia, te masajeaba el cuerpito flaco, pero el viento era implacable en la calle y en la noche.

Te imaginé con ojos vidriosos de fiebre, los mocos, la cara pálida y empezar, con desesperación a pedir para llevarte al hospital. La indiferencia también es implacable.

Te imaginé sin juguetes, ni libros, ni escuela, pobre como yo, tu madre que no conseguía ni una miserable limpieza contigo de la mano. No conseguía ni barrer una vereda con la mugre que teníamos.

Nos imaginé durmiendo en un refugio, con un ojo sí y otro no, para cuidarte de las otras miradas hambrientas.

Nos imaginé terribles de abandonadas y pobres, tanto que podía sentir mi corazón apretado, el terror, el verdadero , debe de ser ese, lo pensé y lo supe.

Un cuento de terror es no tener para darte de comer y verte llorar de frío y no poder abrigarte, no poder curarte si estás enferma, ni siquiera poder bañarte… eso sí que da terror.

Me miraste con eso ojos tuyo azules y sagaces, corriste y me abrazaste.

No llores mami, no pienses en esos cuentos de terror, mejor vamos a caminar y si vemos gente así de pobre, los ayudamos… queres?

Ingenua niña mia, me enternece tu solución para el final de mi cuento de terror.

Muerte de un pez

El joven lo engañó con el anzuelo,

lo sacó con bríos a pesar de su lucha

en el agua amarronada.

Lo desenganchó del anzuelo, un hilito

insignificante de sangre manó de la

boca pequeña y enseguida,

el joven pescador lo dejó tirado

mientras preparaba su siguiente anzuelo,

cazador de ingenuas aletas.

Me quedé mirando, no sé si quise hacerlo,

la lenta agonía del pez…

La boca que se abría y cerraba,

los aleteos y coletazos, que fueron aminorando,

los ojos que iban buscando la estaticidad de la muerte,

el brillo de las escamas sobre las rocas y el sol de primavera.

Agonizó lento, buscando desesperado el agua que no volvería,

se fue muriendo ahogado de oxígeno y se fue quedando quieto, más y más quieto,agonizando a la deriva de rocas y veredas.

Mirándolo entendí que su muerte y la mía no tenían diferencias

Viéndolo morir me vi morir

Tirado él en una ciudad indiferente, así estaré algún día, en un cementerio indiferente.

El joven pescador se fue al poco tiempo, ni recordó al pobre muerto que se iba secando.

Así será el olvido, me iré, tú también, secando y siendo olvidados.

Algún anzuelo llamará mi, tu, muerte y nos llevarán a la agonía y después a la muerte y al olvido.

Es ley natural? Seguro que sí… pero qué pena el anzuelo, la lucha, la agonía y la muerte lenta…

Pero más triste el olvido, para qué hacerlo morir y dejarlo olvidado?

Si hubiera sido una niña o un niño… lo hubiera enterrado e incluso hubiera marcado su tumba…

Pero soy una persona mayor esperando ver el anzuelo…