
Las que cuentan


Ya son las cuatro y media. Perdón que te despierte pero necesito ver la luna, la noche, las estrellas, antes que amanezca.
Estás en tu sueño más profundo y me da pena molestarte pero no puedo abrir yo solo la puerta y trancaste las ventanas.
Somos buenos compañeros y me encanta estar a tu lado pero llega un momento en que algo, algo más grande y profundo que el afecto que tengo, me grita desde la noche. Algo primitivo y lejano me llama. Te juro que te veo dormir y quiero quedarme pero al final, te despierto.
También sé que tu humor estará de malas hoy. Qué no dejarás de ponerme al alcance todo lo que necesito pero siento, porque soy muy perceptivo, que estarás de mal humor. Perdón. Es más fuerte que yo.
Soy tu gato amigo, siempre cantaré un ronroneo cuando lo necesites, beberé y agradecer los alimentos, traeré pequeños trofeos de caza cuando los consiga, me cobijaré contigo cuando te enfermes y andaré tras tus pasos en el día.
Pero en las noches de verano… no voy a dejarte dormir bien.
Con amor…
Tu gato
Quizás muera pronto; entonces, nadie se acordará de mí y nadie estará junto a mi tumba. Algunos de los que me conocieron dirán: Era un buen caballero, y otros dirán: Era un sinvergüenza despreciable.
Mi página en el registro de la vida se cerrará y no quedará ningún rastro de mi venida. La vida después de mí será como era antes, nada cambiará en ella y el sol seguirá saliendo cada mañana y poniéndose cada noche. Lo único que ha cambiado es mi ausencia.
Entonces aquí he pasado toda mi vida preocupándome y dudando, con miedo de lo que pasó y de lo que pasará, olvidándome de mí mismo y prestando atención a lo que dicen los demás».
Y si nunca sentiste esa vaga sensación de no saber dónde estás, esto puede parecerte un delirio. Y tienes razón.
“ Si el espacio es infinito y el tiempo es también infinito: estamos en cualquier lugar del tiempo y el espacio “, dijo Borges. No es textual pero es más o menos lo que quiso expresar.
Como en este momento siento que no sé dónde estoy, si tengo en cuenta esta frase, estoy en cualquier lugar, no importa tanto.
Tal vez no es que no sepa en qué espacio de mi vida estoy, tal vez no sé en qué momento emocional de mi tiempo me encuentro. He tenido mis momentos de niñez, adolescencia, adultez y ahora: soy una adulta mayor que aún tiene dudas existenciales. No las he podido superar.
Estará la muerte a mis pies llamando y yo seguiré preguntándome sobre mi pasada existencia. Y me habré pasado la vida haciéndome preguntas.
Lo único bueno de esto: aprendí, hace poco, a no juzgarme.
Sigo preguntándome dónde ando…
Una gata y dos ratones pactaron
salir de vacaciones.
Ni corridas, ni escondidas,
se dieron tregua por unos días.
La gata marcha muy elegante
con sombrero de playa
y cintas color granate.
Los ratones llevan moños y mochilas
llenas de frutas y muchas comidas.
El mar infinito les hace guiñadas
pero la gata está muy cansada.
Los ratones, hambrientos, se ponen
a roer fetas de queso con pan francés.
La gata se estira, ronronea,se duerme,
el mar está lejos, el sol al poniente.
Hartos ya de queso los felices
ratones, bailan en la playa,
de pronto, la marea,se apresura y los alcanza.
El agua y la espuma los dispersa
con prisa, huyen todos juntos,
dejan la comida, pierden las cintas.
El día de tregua y de vacaciones
termina bajo un árbol
y entonan canciones.
Los ratones cantan y la vieja gata,
desafina tanto, que al final el trío
se queda callado.
Vacaciones y descanso tomaron estos tres…
Les duró sólo un día pero les alcanzó,
pues cuando volvieron el perro los
corrió!
@marialuisadefrancesco
Tola y Antonio
La ratona Tola y el ratón Antonio
hace mucho tiempo
se han puesto de novios.
La ratona Tola y su novio, Antonio,
salen de paseo
mientras gato Gato Cato,
duerme por un rato.
Como en unos días se quieren casar
muchas cosas lindas quieren encontrar.
Y van por ahí,
y van por aquí,
buscando cositas para ser feliz.
Encuentran tela blanca, cintas para el vestido.
También encuentran queso y un gran
salame cocido.
Regresan contentos, corren sin aliento.
A todos los amigos
invitan al casamiento.
Ha llegado el día de la ceremonia y en su
cuevita, se viste la novia.
El novio, nervioso, se viste apurado.
Todos los amigos lo notan preocupado.
Es que… el gran Gato Cato, despierto y
alerta, vigila y vigila,
todas las puertas.
Los amigos del novio
roban de la cocina
una gran lata de sardinas…
El gran Gato Cato, muy fino de olfato,
se olvida de Tola y va derecho al plato.
Por fin los ratones se pueden casar!
Luego, en la fiesta, van a cantar y bailar.
Mientras Gato Cato con su panza llena
está de duermevela,
todos los ratones gritan:
Que vivan los novios!
Que vivan Tola y Antonio!
Vacaciones y otra vez, la casita de la playa. La prima Juana iba con vos y sus padres , iban después. Tu amigo Miguel ya estaba en la playa.
Te llevaste la pelota, esa que en Navidad te regaló tu papá y te dijo: es una profesional.
Te la va a pinchar el vecino, no quiero llantos. Eso dijo tu mamá pero vos volviste a buscar tu pelota. Es que una chica de once años que juega tan bien al fútbol , merece, pensaste, ir una vez con una buena pelota. Y lo del vecino, bueno , eso era cierto, siempre que caía la pelota en su casa te la devolvía por encima del cerco, pinchada.
Este año será diferente, pensaste en todo el entrenamiento, en los goles que metiste, en que fuiste titular. No, este año no se te escaparía un tiro errado, menos aún con una “ profesional “.
Al segundo día armaron el partido. Vos con Miguel y Juana con un amigo. Empezaron bien, sudaron y se rieron de tu grito: ojo con el vecino. Y justo así riéndote, pegaste un patadón desviado, el aire del mar soplaba fuerte… Resultado: la pelota otra vez en la casa del vecino.
No!, fue el grito de los cuatro que jugaban. Vos no demoraste un minuto, saliste corriendo, el pelo al viento y las mejillas coloradas. Te sentiste más valiente, más Julieta que Juli, como te decían. Golpeaste las manos en el portón del vecino, decidida. Iba a aparecer el viejo, ya tenía como cuarenta dijo un día tu mamá, y le ibas a rogar que esa pelota no. Le ibas a explicar, tenia que comprender.
Pero el vecino no salió. Lo que se asomó fue un perrazo enorme que ladró dos veces y después gruñó con el lomo erizado. No!, fue el grito de tu prima y tus amigos detrás tuyo.
La pelota estaba cerca, el perro más lejos. Una excelente jugadora podía ganarle. Así que abriste el portón con cuidado y te lanzaste, como atajando un penal. Caíste arriba de la pelota y la abrazaste, cuando levantaste los ojos el perro, perrazo, estaba a tu lado.
Primero protegiste la pelota, lo miraste con un ojo y ante su fiereza comenzaste a llorar. Desde el otro lado del portón tu prima y tus amigos hicieron un silencio que te asustó más aún. Lloraste con más ganas, abrazada a tu pelota. Te iba a morder, iba a doler, pero esa pelota no la iba a pinchar con sus colmillos. Cuando sentiste una lengua babosa y tibia secándote las lágrimas, lo miraste. La cola se movía, te invitaba a jugar. Es un cachorro, gritó tu prima, un cachorro enorme!
Pararte sería como acepta jugar. Tiraste la pelota con la mano y Miguel la tomó del otro lado. El enorme cachorro corrió hacia el cerco pero vos fuiste más rápida. Saliste por el portón y lo trancaste. El perro te miró con angustia: jugamos, te decía su mirada.
Mañana compro una de plástico y te la tiro perrito lindo, le dijiste ya afuera. Cuando ibas corriendo a recomenzar el juego viste llegar el auto del vecino. Por primera vez le dijiste:
– Hola, vecino, cómo le va? – y te fuiste al encuentro de la profesional prometiéndote comprar una para el cachorro que lamió tus lágrimas.
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