Ironía que no tengo

Me haría falta escribir irónica, hasta sarcástica, pero no sería fiel a la forma en que me salen los textos. En este caso no sé ni siquiera si me saldrá. Le he escrito a muchos muertos que amo, pero esto es diferente porque tengo que traerte y ser irónica, cuando la vida lo fue, estoy segura, no podré.

Después de aquellos meses en la Capital regresaste. Como siempre que descubrías algo, feliz y agradecida. Exaltada por tus descubrimientos, seguro alentada por la prima mayor, de cómo hacer dinero con un trabajo sencillo.

Vos hacías todo lo que una mujer de esa época tenía que hacer: coser, cocinar, bordar, limpiar, y abrir la puerta para ir a jugar, eso último era lo que molestaba más. Entonces buscaste trabajo y un periódico local, tendría cuatro o seis páginas, te dio tu columna. No era de chismes, no, era la página cultural. Confieso no guardar recuerdos. No debo haberte leído nunca. Pero en casa se pusieron algo felices, los chismes sobre tu personalidad extravertida y demasiado simpática, bajaron un nivel.

Redacté una vez lo que significaban los radio teatros en la casona de la abuela:

Radio teatros
La radio del taller de costura, en la casa de mi abuela, estaba siempre encendida y las novelas, radio teatros, se sucedían regularmente. Desde las primeras horas de la tarde hasta llegada la noche.
Mi tía podía seguir más de ocho novelas diarias sin interrumpir su labor de artesana y modista. Cuando el trabajo la desbordaba acudían las hermanas a ayudarla.
Casamientos o fiestas de alto porte demandaban manos extras para finalizar infinitas puntadas.
La tía explicaba antes de cada episodio el resumen del mismo. Y cuando la cortina musical lo anunciaba, las agujas laboriosas trabajaban en silencio. Curiosa por aquellos dramas radiales me acercaba y cebaba mate.
Un mundo de amores y desdenes con fondos musicales caían en mi imaginación casi infantil. Amaba, odiaba, me ponía triste con la ayuda de esas voces. Y lo mejor era el después: comentarios obligados de lo que sucedería en el próximo capítulo.
Los radio teatros como las fotonovelas descansan en el rincón de los olvidos. Hoy quería contar como pasábamos las tardes largas, sin prisas, ni aburrimiento. La voz era nuestra compañía. La imaginación, la aliada.

Y fue por aquellos tiempos cuando aún intentaba adaptarme al Colegio Católico que te presentaste, ahí en la casa de la abuela, un día de obreras de la aguja, con tus ojos enormes y grises, brillando de emoción y dijiste:

  • Voy a hacer un radio teatro! – sonreías- me contrataron.
  • Y el diario?- preguntó mamá
  • Me pagan mejor y me gusta mucho más- dijiste con esa seguridad tuya que nadie creía- desde el lunes, me van a tener que escuchar.

No sé cómo siguió la charla, todas hablaban a la vez, vos volvías a ser la nieta Reina, una verdadera artista de radio teatros.

Otra vez te iba a acompañar para grabar. Eso sentenció mamá y era imposible decir no. O preguntar porqué no iba mi hermano que era mayor y era hombre. Su enfermedad iba en aumento y ya mostraba signos notorios.

Otra vez, como en Cinco Saltos, iba a acompañarte pero esta vez no era por un novio. Era para sumergirte, sumergirme, en el mundo ficcional que eran los radio teatros.

Después vendría el teatro. Y para una niña de nueve, diez y once años fue cultura por inmersión fraterna.

Qué ironía: marcar la huella y no transitarla.

Tener el talento y no disfrutarlo.

En cambio yo…

Casi a la deriva…

Estoy casi a la deriva con tu, mi, historia. Creo que Quiroga no sólo escribió el cuento perfecto sino la realidad cotidiana. Quién, quiénes, no estamos en algún momento a la deriva? A merced de un torrente, no paranaense sino de un tumulto, no acuoso, de cotidianidad incesante?

Quién, quiénes, no naufragarán en los momentos finales, antes de marchar al otro lado de la vida? Quiroga lo hizo muy bien. Lo ayudó una víbora, en mi caso debería de ayudarme mi buena escritura, dudo mucho de qué cosa es y de tenerla.

Debería de picarme todo el canon literario, las horas invertidas en leer y hacer talleres, escuchar conferencias, todo eso debería de ser un gran monstruo y clavarme los colmillos. Más tipo Drácula que Yarará.

Entonces tal vez ese sentimiento de andar a la deriva con tu, mi, historia, sería menos letal y existencial y dudoso. Sería una escritora ( no sé ni siquiera si tengo el título) que se encarama a una historia casi biográfica porque puede hacer por ejemplo, que no lo parezca.

No puedo con esto. Si voy a traerte de nuevo quiero que sea tan real como auténtico el relato. Quiero lo oscuro, la podredumbre, el amor, la ternura, la luz y la alegría. Y hubo de todo. Cuesta ordenarlo pero cuesta mucho más volver a vivirlo sin que vos estés.

Quién te defenderá? Quién alegará, agregará o corregirá a tu favor? La familia? No, casi no leen mis libros. La única con cierta memoria de estos hechos tiene noventa años y no creo que pueda leerlo. También con respecto a vos, esa única tía materna que me queda, debería penderle la espada de Damócles. O tal vez tenga que perdonarla por su edad actual?

O tus oscuridades, no narrarlas porque estás muerta? Odio eso de que los muertos fueron todos perfectos y buenos! No, fueron personas y tuvieron claros y oscuros, como vos y yo.

Cada vez que nos distanciamos volveré a justificar mi actitud y seguro que eso, está mal. Quién expondrá tus razones? Cómo narraré la violación del padrastro a tu hija, mi sobrina, sin culparte? Y después el perdón que te di?

Estoy quirogueando, la barca da vueltas en un tumulto de recuerdos, la literatura no me muerde y mis vísceras reclaman seguir.

Cuál será el puerto?

Más dudas que certezas

En serio voy a contar tu historia que también llevará parte de la mía a desconocidos?

Es verdad que porque una persona percibió por mi libro anterior que tu historia podría ser interesante, solo por esa mención, me voy a atrever?

Si ni siquiera sé por dónde comienzo menos aún la certeza de traerte de nuevo. Porque si te elijo como protagonista te vuelvo a dar vida. A mí tu pérdida me resulta penosa hasta hoy. Porque de nuevo y justamente en el final, existieron circunstancias y personas que no me permitieron estar a tu lado.

Y esas personas, más otras que aparecerán si decido traerte a mis letras, las debo nombrar. Sin contar con tu hija, mi única sobrina a la que debería pedirle permiso. Y no se me antoja, pero sería lo correcto.

Esto, de ser publicado sería más visceral que mi libro sobre nuestros dos años felices en Cinco Saltos. Para escribir ese libro me fui al encuentro del paisaje. Pero para escribir tu libro mi libro, debo hacer no solo un viaje a la memoria sino a ese más allá y no creo que exista.

Traerte del mundo del silencio al de las palabras. Pero son mis palabras que narrarán siempre con diez años menos. Cuando vos probabas tus tacos aguja yo jugaba al elástico en el patio del Colegio. Cuando vos bailabas sin parar yo leía Mujercitas.

  • Quién te gustaria ser en Mujercitas!
  • Jo!- te contesté sin dudar. Y a vos?
  • Meg- respondiste.
  • Por qué? Porque es la mayor?
  • Porque se casó y se fue primero de su casa- respondiste.

Un diálogo que recuerdo porque lo tuvimos más de una vez. El mejor personaje era Jo, para vos y para mí. No te veía casada y con hijos. Te veía escribiendo como lo hiciste cuando regresaste de Buenos Aires y conseguiste tu primer trabajo. Era en un periódico mitad de chisme social y mitad, comentarios de cine y libros. Tu columna. Te brillaban tus enormes ojos grises.

Ves? Es la forma en que puedo recordar, yo te veía Jo, vos querías seguir siendo la mayor, casarte y tener hijos. Irte de casa con tu marido. Tal vez siempre fue tu deseo. Pero con diez años menos no pude o no supe entender.

Y otra vez me entran dudas. A esta altura creo que son existenciales: quién fuiste y quién fui, para terminar siendo hoy una vieja versión de Joshefine March, siguiendo las huellas de una hermana mayor que está muerta.

Muchas dudas tengo. Ninguna certeza…

Empezar por el principio

Qué fácil es contarte y contarme si empezara por el principio. Pero cual principio?

Tu llegada al mundo, después de la hermanita muerta antes del año, fue anhelada, buscada y festejada. Debiste ser, observen el verbo porque es pura suposición, la nieta e hija más mimada.

Pero no se remplaza a nadie, solo se suplanta el dolor por una felicidad que siempre, penderá de un hilo. Así te cuidaron. Así te observaron y preservaron. Y al año, nació nuestro hermano varón. No sé porqué en esa vieja foto que toda la familia guardó, yo también, abrazas al bebé gordito, con un auténtico aire maternal. Una beba de dos años y su bebé de verdad. Cómo habrá sido? Unos años después, cuando la esquizofrenia paranoica estragó la mente de nuestro hermano, nunca fuiste víctima. Nunca te atacó y más de una vez, tu grito a su furia, nos salvó. Tendría él en su memoria tu maternidad precoz?

No sé. Dije que desde el principio. Pero tu principio fue diez años antes que el mío y no tengo recuerdos hasta llegar a Cinco Saltos.

Pues si el principio lo recuerdo en aquel Sur de Argentina, el otro que recuerdo bien es el regreso a Concordia. A la familia matriarcal donde nuestra abuela aún dictaba lo bueno y lo malo. Sin discusión.

Tengo que contar desde el principio y sin embargo me saltan recuerdos aislados. Qué tendría que hacer con ellos? Contarlos por separado?

En Concordia mamá compró un terreno frente a la casa de la matriarca, nuestra abuela. No sé si fue del agrado total de nuestro padre porque lo hizo en uno de sus incontables viajes al Sur. Cuando regresó eran dueños del terreno y comenzaron la casa. Vivir frente a la casa materna tuvo sus ventajas y desventajas.

Mamá, típica canceriana dirías vos cuando muchos años después estudiaste astrología, nunca pudo estar lejos de su familia. Y nosotros nunca la completamos: su familia era con su madre, sus cinco hermanas y un hermano. Incluso creo que por momentos ocupamos el segundo puesto. Hubo espacios de gloria, seguro fueron Apóstoles y Cinco Saltos. Pero en su ciudad la casa matriarcal formaba su eslabón primordial. Y ahí era donde se cocinaba, literalmente los cerdos y los embutidos caseros una vez al año, los chismes familiares una vez al día.

No puedo saber si a vos en tu adolescencia, después de Cinco Saltos, te gustaba ser la comidilla de esos chismes. Sé, estoy segura que andabas buscando un lugar en tu vida y como te gustaba tanto cambiar de novio y salir a bailar, papá decidió que era bueno que fueras unos meses a la casa de su hermana Luisa en Buenos Aires.

Gracias a esa hermana favorita de mi padre, me llamo Luisa. Vos decías que te habían puesto el nombre de las dos tías más locas de la familia. Tenías esa sensación. Creo que no eran locas. Una se casó con un millonario y fue la única auténtica rica de la familia y la otra, la mujer más trabajadora y buena que conocí. Nunca supe porqué las sentías locas y nunca lo dijiste, lo encontré escrito en tus innumerables papeles.

Te fuiste a Buenos Aires, con la tía Luisa y la prima Lidia que te llevaba unos diez años, por mi parte y a mi pesar, me fui al Colegio Católico.

Sigo sin saber si esto es el principio…

Después siempre es tarde

Quisiera poder escribirte cartas. Cartas al más allá. Te irían bien porque a vos todo eso del más allá te gustaba, lo estudiabas y lo experimentabas. Fue de las pocas cosas que no pudiste contagiarme. Pero suena bonito y también obvio eso de cartas al más allá.

En cambio sé que es Después y será, siempre tarde. No podré llegar a tiempo de nada. Te fuiste sin que pudiera saber dónde dejaron tus huesos. Al final de tu vida desapareciste cuando en realidad, la desaparecida tendría que haber sido yo. Otro punto que no pudimos compartir. La política. Mi adolescencia, después de vos, lejos de vos, se llenó de Universidad e ideología de izquierda. Vos seguías en lo tuyo y perdida en la provincia pobre que nos tocó vivir después de nuestro Cinco Saltos. Nada fue igual, lo digo en ese libro visceral que escribí, el libro que me hizo recorrer el mapa argentino, otra vez hacia el Sur y después de tantos años sin ir.

Fue visceral el encuentro con aquel paisaje que compartimos. Y narré en él mucha historia compartida con vos en mi infancia. En mi adolescencia me fui separando y todo lo que me habías leído, ni siquiera lo asocié con algunas ideas.

Vos fuiste la primera voz que defendió a los negros en nuestra familia itálica y racista. Fuiste también la primera en defender a los pobres, sin ideología, defendías y visitabas y ayudabas a la gente pobre aún en contra de las leyes y críticas familiares. También fuiste la primera en dejar de ir a la iglesia y horrorizar a todos con la visita a otras religiones.

Pero en mi adolescencia en Buenos Aires no asocié esas lecturas y recuerdos con la llegada de ideas que me parecieron revolucionarias. Ahora soy una mujer mayor, llegué a una edad que ni siquiera te asomaste, ahora recién entiendo que metiste la semilla de la rebelión en mi cabeza y que después, la regué sin parar.

Ahora te veo en la distancia y te pienso en ese después tardío. Ahora cuando me siento a escribirte, cuando me escribo pensándote, me doy cuenta de cuántas personas fuiste y qué pocas de ellas, fueron comprendidas . Incluso yo no te entendí. Llegó un momento que desistí de entenderte. Eras muchas cosas y yo era una sola, ideología de izquierda. Así me fue…

Te recuerdo eternamente enamorada, agotando los recursos de paciencia de papá y mamá, cambiando de novios, bailando sin discreción. La familia no estaba preparada para tu ir y venir de novios y galanes que disfrutabas. Creo que algunos personajes femeninos de otros cuentos que he escrito , fueron vos y solamente vos.

Nunca fuiste hermosa pero emanabas sensualidad. Para darse cuenta de eso se necesita pasar por la vida y entender que eras sensual y apasionada. Que tu sonrisa y simpatía eran seducción pura. Que eran pocos los hombre que se resistían pero en su mayoría, eran pasajeros. ¿Eran pasajeros? ¿. O vos buscabas otra cosa, o te gustaba ser esa mariposa que salta de flor en flor y parece insaciable?

A ver qué digo ahora. Ahora que mi propia libido a menguado, propio de mi edad, qué digo de aquella hermana mayor que hacía hablar a la familia y las vecinas con sus tacos agujas y sus polleras más que ajustadas, que hacía temblar a los hombres en los bailes porque sabía bailar muy bien y no eran merecedores de aquella mujer sensual…qué digo? Que tal vez las críticas y chismes me alejaron de ese comportamiento tuyo. Elegí el otro camino. Me casé demasiado joven. hubiera querido bailar tanto y como vos. Hubiera querido experimentar como vos. Tal vez, aunque me cueste escribir esto, las monjas, aunque descreída y negadora, hicieron lo suyo en mi subconsciente.

Una de las cosas que debo escribir por enésima vez es que te debo la lectura. En casa todos leían. Pero vos eras la abanderada. Vos eras socia del Club de Lectores y recibías dos o tres libros mensuales que nunca se negaron a pagar nuestros padres, coleccionabas Selecciones y otras revistas y odiabas a Corín Tellado. ¿ Por qué nunca te pregunté porqué odiabas a Tellado? He confesado que la leí, a mi pesar, pero es la verdad. Vos leías otras cosas. Y comenzabas a escribir poemas tibios que quizás, pudieron transformarse en fuertes y grandes poemas. ¿ Por qué nunca pregunté cómo fue que siendo tan buena lectora y con inclinación a escribir poemas y cartas, te permitieron dejar el estudio secundario?

Tus recuerdo de escuela linda, hermosa y qué jamás hubieras abandonado eran de Misiones, donde nací. Apóstoles fue el lugar donde vos te destacaste en la escuela y fuiste feliz. No guardo recuerdos pero me lo contaste infinitas veces. También sé que a los trece años, cuando regresamos a la ciudad de mamá, a Concordia, lloraste mucho la pérdida de tus compañeras y compañeros. Y la inclusión en el secundario de esa ciudad te malogró los estudios. Lo más extraño, aún hoy para mí, es que te lo permitieran. Creo que a partir de que dejaste el estudio formal, te hiciste autodidacta de una cantidad de cosas que en la sociedad que vivíamos, esa sociedad cuyo núcleo central era la familia matriarcal que nos tocó, no eran dignas de todos nosotros. Por suerte, al poco tiempo tuvimos nuestro Paraíso en Cinco Saltos y tuviste por dos años, una felicidad que muchas veces compartimos.

Después de Cinco Saltos, no sé si compartimos felicidades. Creo que todo lo contrario. O no. Porque cuando comenzaste tu carrera de actriz, otra vez me tocó «cuidarte», empezaste a ser vos. Vos que crecías en el escenario y te transformabas.

La felicidad del teatro, no exenta de varios amoríos, nos permitió compartir otro tipo de felicidad. Vos disfrutabas y te agigantabas, yo aprendía y te observaba.

Escribirte es escribirme

Es una idea, loca idea de todas las personas que escribimos, escribir tu historia. Pero escribirla es escribir la mía. Porque es indudable la influencia e incluso creo, los grandes celos fraternos te condicionaron y me condicionaron.

Tuviste celos de mí? Cuándo comenzó? Creo que mamá cuando nací, en aquel lejano lugar argentino, provincia de Misiones, intentó que no fuera así. Mi primer baño me lo diste vos, bajo la custodia y dirección de mamá. Tal vez se despertó en vos un instinto maternal tempranero que nos hizo mal con el tiempo. O no, tal vez no deseabas bañarme y aceptaste como muchas otras cosas en tu vida. El mandato que se recibía en los años cincuenta.

Creo que te he dedicado varios texto, siempre jugando con las metáforas y mis deseos. Desde mi último libro, MI PARADISÍACO CINCO SALTOS, no te he escrito más.

Alguien, que sin dudas leyó bien el libro, me preguntó porqué no hice una novela contigo como personaje. Me tienta la idea. Qué personaje! Pero no puedo separar tu vida de la mía. Y no puedo, ahora que sé otras cosas de la psicología, ignorar lo que significó para vos crecer como hermana mayor y enterarte después que no, no lo fuiste. Una niña cercana al año se murió de meningitis y fue nuestra verdadera hermana mayor.

Y fuiste, lo contaron, la hija y nieta más deseada, porque esa muerte sumió a mamá en una de sus depresiones más largas y a papá en una de sus disconformidades más profundas. Entonces tu nacimiento fue una fiesta. Para completar la alegría naciste con los inmensos ojos transparentes de nuestro padre. Y en esa familia, la materna, era todo un hermoso privilegio.

Tendría que detenerme en ese punto. La familia itálica de mamá, del Sur de Italia, deseando nietos rubios, blancos, de ojos claros. Pero de eso tendré que hablar si decido escribir tu novela, mi novela.

Sin dudas tu personalidad merece una recreación con poca fantasía: vos eras una persona fantástica en sí misma. El gran tema es: escribir otra vez sobre mi vida, porque cuando te tome como protagonista no me puedo separar totalmente.

El otro tema es de qué manera deja de rondar en mi cabeza la idea de escribir sobre vos. Me quedó como una espina.

Al contrario de para quién lo hago, siempre persigo la ilusión de que escribo para mí, es el verdadero motivo. Tal vez solo logre dilucidarlo si te escribo y describo.

Tal vez debería escribir en forma de carta? Porque si hubo una persona que escribió cartas esa fuiste vos, sin dudas. Inauguraste Tinder, mucho antes que existiera!

Mi querida adorada hermana, cuantas veces nos distanciamos y cuantas otras nos abrazamos? Incontables! Podré con eso? Podré con tus huesos perdidos a razón de no estar cuando moriste? Podré realmente retratar tu personalidad tan divertida, solidaria, diferente, irreverente, extra vertida y disfuncional?

Es un desafío? Tal vez…

Insólito

… el esfuerzo y el descuido.

Insólito

la pérdida incalculable y

y desinterés

Insólito

que seamos estas personas

dónde están aquellas?

Insólito

desconocidos somos.

Dos desconocidos dos que nunca que nadie que jamás se amaron?

Insólito

esta forma de despedida antes del final

antes del adiós es uno antes o dos o tres,

no importa cuántos sean.

Solo sabemos que habrá un final.

Insólito

porque tu mano estaría en la mía,

tu piel sería la mía,

tu boca y el último beso serían …

Insólito

no poder estar segura de nada.

Insólito

que el mar amanezca tan bello

y no lo podamos ver.

Insólito

que no reclames ese abrazo que te debo pero

aún más insólito que yo no te lo dé…