La rubia de los perros

Se había quedado viuda muy joven. Difunto marido empresario , le dejó dinero y una buena pensión. Tenía una linda casa con tejas rojas, columnas y paredes blanca estilo español. Al frente tenía rosales bellos y portones con rejas de hierro. Tenía varios perros.

Le decían, en el barrio “la rubia de los perros”, gozaba además de la fama de no ser rubia natural sino “oxigenada”, que las tintas en esos años, no eran muy famosas.

Creo que yo tenía como diez años y nada de lo que decían me parecía verdadero. A mí me gustaba saludarla y si estaba en el jardín del frente con sus enormes perros, me detenía e intentaba conversar con la vecina. No era muy simpática pero creo que de niña yo era capaz de hacer hablar hasta a los muertos.

No es que yo entendiera que con el paso del tiempo dejó de ser “ la rubia de los perros” y muchas veces era la “degenerada de los perros”. Quiero decir qué pasó mucho tiempo para que mi intriga me hicieran escuchar tras las puertas para ver de qué iba aquella palabra.

– Y por eso tiene perrazos enormes- decían

– Y nunca más se casó- agregaba otra voz.

– Pero ustedes exageran – juzgó otra voz- todo eso no quiere decir que tenga sexo con los perros…exagerados!!!

Y me quedé helada. Sexo con los perros. En mi imaginario eso no existía y odié las invenciones y el chusmerío de los adultos de mi familia. Cada vez que pasaba y veía a la mujer, la saludaba y acariciaba la cabezota de algún perro. Así conseguía que ella hablara algunos minutos conmigo.

Fueron pasando los años, tres o cuatro tal vez, y el chisme ya era notorio, no sólo para el barrio, el pueblo lo sabía. Ella parecía inmutable, siempre saludaba con educación y salía para hacer sus compras muy bien vestida y peinada.

Los perros variaban, no puedo explicar el porqué, tampoco puedo imaginar cómo hacía para cuidar ocho perros enormes. Pero todos estaban bien alimentados y de pelaje brilloso.

Una primavera calurosa dejamos de verla. Nadie preguntó nada pero los vecinos cercanos comenzaron a quejarse del aullido permanente de los perros, que nunca habían molestado. Y después llamaron a la policía porque había mal olor.

Dijeron que en pleno acto sexual con uno de los perros, se atacaron entre ellos y la mordieron tanto a ella que se desangró. Uno de los perros también había muerto.

Mataron en la perrera local a los otros perros, no fue casi nadie a su entierro y después de un tiempo vino un sobrino y puso en venta la casa.

La historia rodó y cambió de boca en boca, como en todo pueblo pequeño. Nunca supe si hubo algo de verdad en ella, desearía que no, pero no tengo forma de saberlo.

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