Mujer laberinto

Infinitas ideas circulaban por sus neuronas a la velocidad de la Luz. Y cómo a pesar de su esfuerzo y las recomendaciones familiares y médicas no pudo detenerlas, se hicieron profundos laberintos en su cerebro y dejó de entender y dejaron de entenderla.

Pasado un tiempo decidieron que lo mejor era una Institución. Para que la atiendan, también para olvidarla o esconderla, da lo mismo.

Se levantaba al alba y se duchaba con mucha atención, agua fría o caliente, jamás faltaba su ducha y el especial lavado de cabello. Su familia jamás dejó que su único signo de cordura le faltara: su shampoo y su aceite del pelo.

Después salía y se sentaba en el patio con el pelo negro lleno de rulos cayendo perfumado sobre la espalda desnuda. Las enfermeras la obligaban a vestirse cada día. Su mente andaba por ahí o por allá, no hablaba, comía poco y pasaba la tarde fumando sin parar. A la noche con su medicina, caía blandamente en la cama y dormía como una niña exhausta.

La rutina se alteraba apenas los domingos cuando llegaba la madre, el padre, las hermanas y a veces los sobrinos. Los miraba como lejana, como siempre, pero una lágrima tras otra rodaban por su rostro distante. Y la tristeza era reprimida con algún otro fármaco.

De esa manera, cada semana y sobretodo cada domingo, el laberinto se tragaba a la mujer que había sido.

La hoja

No existe mayor deseo en este día de correteo que encontrar un baño medianamente limpio.

Tomé mate durante toda la mañana y corrí en varias direcciones pero no logré ir a un baño y mi vejiga está explotando.

Entonces entro por un café, buena excusa, y voy al baño. Está muy sucio, debo de usar un frasco de alcohol en gel, desespero y cuando logro liberar mi vejiga… la veo…

Perfecta, pegada al espejo sucio, la hoja escapada del otoño. Escapada de las escobas, de los incendios, de la calle y los pisotones, se vino a refugiar en este baño y en este espejo…

Tal vez yo esté pareciéndome a esta hoja… huyendo de mi propio otoño, refugiándome en lugares insólitos para pasar desapercibida…

No sé si llevarme esta hoja o dejar lo único bello de este lugar en su guarida…

Saña

La bisabuela se quedó ciega, había sido lectora, cinéfala y costurera, creo que la ceguera pudo destruir en gran parte su yo íntimo. Con auriculares escuchaba radio y música todo el día…pero se fue quedando sorda y ya no pudo escuchar a los que no le hablaban a los gritos.

La bisabuela tuvo más de sesenta años de matrimonio. No sé si fue feliz. Algunas mujeres que tienen hoy cien años lo habrán sido. Supongo que la bisabuela no. Supongo que se casó sin amor y soportó del otro muchos malos tratos. Y tal vez sí, algunas veces logró estar tranquila y ser casi feliz. Sobretodo después que le sacaran el útero y usó esa excusa para separar las camas para siempre.

Cuando sobre los noventa años el bisabuelo murió, no lo perdonó. Se quedó demasiado sola. Ciega, sorda y sola. Su vida desde entonces, se volvió ácida, irónica y cruel.

Destrató y maldijo como un camionero, justo ella que fue una mujer delicada, no tuvo piedad con nietos y bisnietos, justo ella que amó siempre a todos los niños, odió con una saña incontrolable, justo ella que nos había demostrado el amor por la vida.

A los cien años era una anciana muy mala. Se gana o se pierde en una vida larga. Esa imagen fue lo único que nos quedó porque obstinados, no la recordamos más como la mujer gentil que fue… pero… cuál fue? Tal vez la bisabuela toda su vida fingió y se dió el lujo de ser ella misma al final…

La nobleza del espejo

Desde la lejana historia del espejo que hablaba con una madrastra malvada y del joven Narciso que se miraba enamorándose, hay otras y muchas que tienen a los espejos con roles protagónicos.

Hay una bella historia de una princesa que aburrida rompía el espejo para encontrar más y más amigas en su mismo reflejo.

En las historias de Borges los espejos son como el infinito, una constante literaria que utiliza en forma magnífica.

Sin embargo pocas veces has visto historias donde el protagonista se mete en el espejo, o si lo has visto por ejemplo en Alicia a través del espejo, recordarás el motivo de pasar al otro lado.

Pasar al otro lado en una dimensión especial o donde puedas mirarte y mirar el mundo. Pero lo más impactante es mirarte. Porque estás del otro lado y ahí pierdes tu subjetividad.

Una sola vez pude entrar. Fue y es fatal, pues no pude o no quise salir, por eso, te estoy invitando. Tal vez un día el verdadero apocalipsis tan anunciado y aclamado a voces con tierra seca y sol ardiente, no sea más que eso, todos, absolutamente todos, del otro lado del espejo reflejando la nada que dejamos después de tanta soberbia.