Desde mi balcón

Asomarme sin intenciones al estrecho balcón que me regala buena vista.

Un tumulto de estrellas, a las que alguna vez, de niña, intenté recordarle sus nombres, siguen perennes sobre mi cabeza.

En los caminos zigzagueando andan luces por doquier, más allá en los edificios, las otras luces anuncian sus costos elevados. 

La noche densa y tranquila trajo un poco de frescor. Me quedo contemplando estrellas distantes, luces de todos tipo y mi gato, me acompaña.

Entonces percibo o recuerdo que bajo las mismas estrellas corre marrón y seguro un río de todos los tiempos. Un río que sigue su camino sin importarle nada. O todo, que es lo mismo.

Adentro del bote estamos todos, a la deriva, todos y todas, picados por la víbora desde que nacimos. Todas y todos recordando, elucubrando, adormecidos o incluso, lúcidos y soberbios.

Sí, allá está el río y todos están en el bote. Yo también. A la deriva, como escribió el maestro. *

La muerte está a la vuelta. Sobre un remanso, sobre un remolino, va hacia ella el bote, con o sin orgullo. Va, porque tiene que ir y porque estamos a la deriva aunque muchos creen poder dominarlo.

Ya llevamos el veneno dentro. Será cuestión de tiempo. Las estrellas seguirán mirándonos. Las luces irán cambiando de dueños o no. Eso no es importante.

Antes de entrar y tener esta certeza decido tipear lentamente las letras. No olvidar el bote, el veneno que es destino incuestionable. 

Es fácil desde un pequeño balcón recordar quién soy y bajo un puñado de estrellas respirar la belleza porque también voy hacia el mismo final.

Mi gato, que no lo sabe, maúlla pidiendo entrar. Es mejor que el atrapa sueños nos regale otra ilusión.

*Horacio Quiroga, cuento A la deriva.

Cuentos

Cuento muchos cuentos, es verdad,
a veces creo que me brotan
que no los escribo yo
creo que me salen solos
por si sí o por si no.
A veces hasta los escribo
otras no,
pero que la vida me llenó de cuentos
eso lo sé solo yo.
Cuando era niña contaba
mentiras de aventuras, también de
travesuras, en realidad no sabía
que estaba ensayando historias
que luego escribiría.
A mí me brotan cuentos y quisiera
contarlos todos,
no sé si me dará el tiempo
o acaso termine antes mi vida.
A mí me gusta contar y escribir,
narrar y cantar, ver a otros escuchar,
me gusta abrir libros y ponerme
a leer, a veces en voz muy baja,
otras, para quien quiera escuchar.
Si yo pudiera vivir algunos años más,
me gustaría pasarme esos días
leyendo a los demás y a veces,
con vos bajita leyendo solo para mí,
pero completaría mi sueño morir
escribiendo historias que son verdad
o mentiras, que importa si al final.
las historias de mentiras son igual
a la verdad.

Pregunta

Probamos todo pero después nos dimos cuenta que había sido poco o nada.

Leímos muchísimo y nos percatamos que era tanto lo que nos faltaba que nunca sería suficiente.

Llenamos hojas de letras, palabras, frases y jamás estuvimos conforme, rompimos y comenzamos de nuevo, rehicimos y no fue suficiente. 

Agotamos las noches en charlas y debates, café de por medio, nunca nadie pudo salir conforme; siempre quedaba algo pendiente o mal comprendido.

Corrimos bajo el sol y terminamos entendiendo que caminar conversando era más saludable.

Ajustamos los relojes, cumplimos los horarios, nos dejamos vencer por el sistema e hicimos compras los domingos.

Después de las compras vendrían más compras y no pudimos, nos dejamos vencer, quisimos salir pero a su vez, nos fabricamos nuestra zona de confort y ahí nos apretujamos.

Cada tanto, en alguna tanda comercial, miramos hacia adentro y nos dimos asco pero para poder vivir, nos perdonamos.

Hubo momentos en que la ideología y la filosofía dominó tan intensamente nuestras vidas que hasta peleamos por ideas. Nos fracturaron por eso.

Hubo también tiempos de pura atención al arte y lo social, debatiéndonos entre la belleza y la desesperanza.

Intentando entender los vertiginosos cambios hace más de treinta años nos establecimos  a mirar, explicarnos, intentar re aprender lo que jamás pensamos íbamos a repasar.

Se nos aquietó el espíritu y tenemos un tiempo, eso es relativo, de contemplación que queremos disfrutar.

Cada tanto igual soñamos y hablamos en voz alta de quimeras cada día más imposibles.

Ahí, debajo de esa piel que aún resiste, arde el lejano fuego de hacer, deshacer, discutir, apasionarnos, correr, tirar todo para recomenzar.

Debajo de estas estructuras óseas que aún caminan arden fuegos, luchas y algunos, muchos, misterios sin resolver.

Al final como el viejo poeta diremos: vida, estamos en paz? 

O el último suspiro será de: vida, aún me quedé sin aprender?

Dónde estaré…

Y si nunca sentiste esa vaga sensación de no saber dónde estás, esto puede parecerte un delirio. Y tienes razón.

“ Si el espacio es infinito y el tiempo es también infinito: estamos en cualquier lugar del tiempo y el espacio “, dijo Borges. No es textual pero es más o menos lo que quiso expresar.

Como en este momento siento que no sé dónde estoy, si tengo en cuenta esta frase, estoy en cualquier lugar, no importa tanto.

Tal vez no es que no sepa en qué espacio de mi vida estoy, tal vez no sé en qué momento emocional de mi tiempo me encuentro. He tenido mis momentos de niñez, adolescencia, adultez y ahora: soy una adulta mayor que aún tiene dudas existenciales. No las he podido superar.

Estará la muerte a mis pies llamando y yo seguiré preguntándome sobre mi pasada existencia. Y me habré pasado la vida haciéndome preguntas.

Lo único bueno de esto: aprendí, hace poco, a no juzgarme.

Sigo preguntándome dónde ando…

Cáscara

Se han quedado con mi útero, que anidó tres huevos sanos, se quedaron también con mi saliva que supo gritar cuando se debía. Se quedaron con mi rabia porque me la guardé.

Se quedaron con mi salud, con mi poca lógica y con mi tranquilidad… se quedaron con mi paz interior y mis eternos proyectos.

La posibilidad de que todo regrese, porque todo pasa, es un lento vaivén de olas que me sacuden entre melancolía y ansiedad. Tal vez más pronto que tarde vuelva a ser. Ahora sólo estoy reptando la impotencia de no ser.

Hace años, cuarenta, llegaron y patearon, y a golpes se quedaron con mi destino.

Hoy no son los mismos. Son otros: los que deberían entenderlo que lo vuelven a destrozar.

Estoy solita con mi cáscara pero… aún de pie.

Doliente

Desde la cama a la cama, doliéndome doliente dolor…

No me quedan pasos y borré mis propias huellas…

Ha llegado el último exilio, debo desaparecerme desaparecer desaparecida…

No me quedan restos de inocencia ni fuegos adolescentes…

Voy a marcharme otra vez. A iniciar la etapa de mi propia muerte.

Lo haré con esmero porque ese viaje tendrá la seguridad de quitarme el dolor de pensar.

En este rincón del mundo es peligroso pensar y por eso he vivido de peligro en peligro y de exilio en exilio.

También es peligroso soñar y he tenido la suerte de nacer soñadora.

Mi último destierro será un rincón olvidado donde nadie note mi presencia y mi voz ya no se escuche.

Me voy de nuevo… pero esta vez saqué sólo pasaje de ida.