Maldades oníricas (3)

Yo era una palabra, no sé cuál,

( acaso importa?),

era un par de sílabas,

un sonido,

salía de una boca

y volaba por el aire

iba directo a una oreja.

La oreja no quería dejarme entrar,

tenía que volver a intentarlo…

Acción en cadena repetitiva

iba y venía de la boca a la oreja.

La boca se iba exasperando

me iba pronunciando en voz aullido,

en casi grito, luego en grito.

Entonces yo palabra, salía

volada, escupida, empujada.

Y la oreja nada, se resistía y me cerraba

la única posibilidad de ser oída.

Me desperté ronca esa mañana,

con la sensación de haber gritado

en silencio toda la noche,

y la angustia de que nadie quiso

saber qué palabra era…

Tampoco yo la recordaba…

Maldades oníricas

Maldades oníricas

¿por qué no soñar cómo todo el mundo

con mis muertos o con calles vacías?

¿con necesidades incompletas o

verdades develadas en quién sabe qué pasillo?

No, otra vez se me enroscan dos víboras

en los tobillos tallados de musgos,

otra vez las veo sutiles y rápidas

ejerciendo un poder ancestral

que me guía al centro de un espiral eterno,

una fuerza poderosa me lleva: estoy muerta,

más allá de las sombras la luz prometida

y la trampa de siempre:

siete puertas para elegir paraíso o infierno.

(no las cuento el número es símbolo)

Alguien a mi lado me arroja

(¿ángel o diablo?)

un manojo de finísimas llaves doradas

(¿ángel o diablo?)

Tengo que elegir con cuidado

cielo o averno,

tengo tan poco tiempo y

es tan difícil… que me despierto asustada:

¿por qué no sueño con mi

último libro leído o veo el rostro

de los que me amaron?