Distancia

La distancia comienza con el sonido de una

tijera, clap, y ahí se empieza.

La distancia es un mapa de por medio y dos corazones latiendo sin llegar a escucharse.

La distancia es un abismo que separa y derrota, al más débil de los distanciados.

La distancia tiene oscuros silencios pero más que nada: olvidos.

Anoche soñé que nunca más estaremos juntas y me desperté pensando: alguna vez lo estuvimos?

Ah, sí… claro, antes del clap de la tijera quirúrgica.

Me estoy perdiendo de mucho… te estás perdiendo mi última parte, las vivencias finales antes de envejecer y no entender.

La distancia es un camino lleno de rencores y ni vos, ni yo, que debería de ser ejemplo, tenemos ganas de no sentir rencor.

No pido más perdón: soy esto.

No fue cualquier almacenero

La gente joven quizás no conozca al almacenero del barrio, como lo conocì yo. Era ese señor que te vendía de todo, que tenía un poco de todo, que vendía por gramos, que usaba papel de astrasa y que te atendía incluso, fuera de su horario.

El almacenero sin libreta, para apuntar tu deuda y pagar a fin de mes, no existía. Y siempre hubo de los engañados: no le pagaban y luego hacían cuenta en otro almacén. También los engañadores: había que controlar cada día que anotaran lo que se había llevado, y sumar a fin de mes.

Cuando volvimos de mi lugar de nacimiento, Misiones provincia argentina, fulgor de las cataratas de Iguazú, vinimos a la ciudad materna de mi madre y ahí, el eterno almacenero era don Revello. Era una esquina inmensa, de una casona antigua, que habían acondicionado para el almacén. Tenía cosas maravillosas como pesas de bronce, frascos y medidas de todos los colores, en fin, a mis cinco años era un mundo por descubrir.

Mi familia era muy fiel almacenero, toda la familia vivía en el Barrio. Dor Revello era un almacenero común, así lo creía yo por ese tiempo, tenía bigote finito, no era muy alto, tenía una incipiente pelada en su pelo siempre rígidamente peinado hacia atrás, un poco de barriga que ocultaba bajo su delantal crema, siempre bien planchado.

Siempre estaba leyendo algo, desde un diario, una revista, un libro, una enciclopedia. Vivía como buen solterón con su madre muy anciana y sus dos hermanas, solteronas también. Católicas en extremo, hasta para ir a misa dos veces por semana y rezar el rosario cada atardecer. Cuando la letanía del rosario comenzaba Don Revello, cerraba la puerta de comunicación a su casa, se enfrascaba en su lectura o conversaba sin parar con los clientes.

Mientras pasaba el tiempo y yo crecía sin parar, lo seguía visitando, mi hermana era muy de ir por ir, es que ella era muy lectora y me llevaba diez años, se quedaban charlando horas de autores, yo no entendía nada, y como me aburría, jugaba con las pesas y los frascos. Con el tiempo, iría llamándome la atención la charla y comenzaría a parar mis orejas.

Que el almacenero no era uno cualquiera era obvio, se atrevía a hablar de ateísmo en la casa de una madre y hermanas casi beatas. Se animaba a leer sin parar todo tipo de libros. Era un almacenero por designio o por fatalidad, tal vez por haraganería, pero su lugar detrás del mostrador, no le hacía justicia.

Sin embargo qué bien le hizo a nuestras vidas, a mi hermana y luego a mí, era nuestra biblioteca, la más prohibida. Mi padre era muy lector y mamá también pero sus lecturas eran las clásicas de la época, no teníamos demasiados libros escandalosos. Jamás hubiéramos conocido a Annais Nin, ni los evangelios apócrifos, ni algunos libros sobre la anarquía.

Celosamente guardo en mi memoria la Enciclopedia del Conocimiento Sexual. Mi hermana ya tenía más de veinte años cuando don Revello se lo prestó y ella me dijo: Nunca había leído algo así, ni conocía mi cuerpo. Y gracias al almacenero algunos conocimientos sobre la sexualidad que luego los leería en libros importantes, me llegaron tempranamente a mi vida.

Una persona sin importancia, un triste y solterón almacenero que terminó sus días tras el largo mostrador de madera, me hizo entender a temprana edad la importancia de conocer mi cuerpo, la importancia de saber que la mujer no sólo tenía que estar debajo del hombre sino que se le permitía gozar y el mejor amante, era el que lo lograba. La mujer como simple útero, no era la precisión del libro, sino como objeto de goce sexual con el mismo derecho que el hombre. Creo que era muy joven pero cuando enfrenté los otros libros a los 16 años, no me sorprendieron como a mis amigas, no me escandarlizaron como a sus familias y en mi casa, por suerte, nadie me prohibió leerlos.

Miren ustedes, un señor almacenero fue el que me hizo ser mucho más exigente con mi vida sexual. Gracias Don Revello. Anarquista de Ley!

Ideología por tangos

En mi familia siempre dijeron que mis locuras por hacerme de izquierda y pelearme con las dictaduras de turno, eran producto de escuchar dos tíos abuelos comunistas. Después culparon a mi novio, militante de izquierda.

A veces también decían que eran todas esas cosas que leía, que eran todas porquerías de izquierda.

Nunca escuché demasiado sus opiniones y la verdad… no me importaba. Durante aquellos tiempos oscuros, las familias solían sentir pánico de cualquier actividad que se alejara de lo que se imponía. Era lo normal, estábamos todos aterrorizados.

He estado pensando qué cosas con esto de tener una ideología y estoy segura que mi familia tenía razón: mis tíos abuelos, mi novio y los libros que leía tejieron parte del camino. Pero hubo un antes: fueron letras de tango y estoy segura.

“Yo era un purretito cuando murió mi viejo;
Fue tanta la miseria, que mi viejita y yo
Comíamos llorando el pan mugriento y duro
Que en horas de miseria mi mano mendigó.
Mi pobre viejecita lavando ropa ajena
Quebraba su espinazo al pie del piletón,
Por míseras monedas con que calmaba apenas
Las crueles amarguras de nuestra situación.”

Esa letra de Agustín Magaldi cantaba mi madre cada mediodía cuando lavaba los platos. Creo que lloraba imaginando ese niño y esa madre.

Silencio, de Gardel, y esta parte:

Silencio en la noche
Ya todo está en calma
El musculo duerme
La ambición trabaja

Un clarín se oye
Peligra la patria
Y al grito de guerra
Los hombres se matan
Cubriendo de sangre
Los campos de Francia

Hoy todo ha pasado
Renacen las plantas
Un himno a la vida
Los arados cantan

Y la viejecita
De canas muy blancas
Se quedó muy sola
Con cinco medallas
Que por cinco héroes
La premio la patria

Silencio en la noche
Ya todo está en calma
El musculo duerme
La ambición descansa

Otra vez lloraba. El odio a la guerra me llevó a odiar los uniformes militares.

Nunca pude tener aporofobia: yo sufrí mucho con ese niño huérfano cada día.

Lejos en el tiempo recuerdo esos tangos que ya no se oyen hoy. Tal vez, porqué no?, la semilla de mi ideología nació de imaginar cuando mi madre cantaba inocente, letras que hacían nacer en mi mente infantil lo que luego abrazaría como idea política.

Muy loco mi pensamiento pero.. pudo ser el inicio. Gracias por esos tangos mamá y por dotarme de una gran imaginación.

Morir en un loquero


Me avisaron que había muerto mi hermano. Tantos años internado y escapando y de golpe así, la muerte. Una infección pulmonar severa dijeron, no pudo recuperarse.
Y había que ir…a su última jaula. La morada de los locos. Y fuimos con mi tía, allá solas las dos. Porque la familia tenía sus planes y porque mamá ya se había ido antes que él. Así que las dos solas, poniendo coraje, nos fuimos.
Y volví a ver a mi hermano, sereno en su sueño final. Hacía años que no lo veía. Lo vi y lo recordé, pájaro de fuga eterno.
Alrededor los locos lloraban y babeaban su angustia. Inconsolables, penitentes con el féretro y su faraón, mi hermano, durmiendo o muerto o lo que sea.
Tal vez me pregunté si realmente lo lloraban a él pero luego los escuché decir su nombre y vi que mi hermano, en esa locura suya, tenía muchos amigos en el loquero. Pobre pájaro en fuga, de todos modos, lograba sus vínculos en la jaula que le elegíamos.
¿Cómo se vela a un hermano en un loquero lleno de locos que lo lloran? No sé, no supimos, nos las arreglamos para no llorar, para no parecer más locas que ellos.
Y al final el cortejo de locos y nosotras, llevarlo a la tierra, rezar un padre nuestro que no sé si ellos recordaban pero intentaron, rezar para que su alma tan mortificada en esta tierra llena de jaulas, recuperara en la eternidad, su libertad.
Yo no recé, me metí adentro de mi misma y recordé sus eternos juegos conmigo, cuando yo tenía apenas seis años y jugaba con él tardes enteras. Quise recordarlo antes de sus crisis, fue imposible. Nos vinimos las dos tan abatidas y tristes que los locos, se secaron sus mocos y babas para abrazarnos antes de partir. La tristeza es casi tan loca como la alegría. Y ellos, lo sabían.

Día Internacional del libro infantil

Feliz cumpleaños don Hans C. Andersen!

ORIGEN DEL CUENTO INFANTIL EL PATITO FEO *

Hans Christian Andersen nació en Odense, Dinamarca, el 2 de abril de 1805. Hijo de un zapatero y una lavandera, vivió su niñez rodeado de una extrema pobreza, de tal manera que en ocasiones se vio obligado a mendigar y no tuvo otro cobijo que un puente. Sin embargo, el poeta y escritor creía que no era hijo de su padre, sino que era el vástago ilegítimo del príncipe Christian Frederik que más tarde sería coronado como Christian VIII de Dinamarca.

Andersen era un muchacho feo y desgarbado, con una enorme nariz y unos grandes pies, que prácticamente no tuvo amigos en su niñez y sufrió acoso durante años. Incluso en su juventud, fue rechazado como cantante de ópera y artista teatral, siendo objeto de burla por parte de sus compañeros. Sin embargo, finalmente logra triunfar como escritor y alzar el vuelo muy por encima de los que se habían reído de él.

El cuento del «PATITO FEO» sería una metáfora de su propia vida. Un polluelo de cisne criado entre patos. Los historiadores creen que antes de escribir el cuento, el autor encontró algo que le hizo pensar que era de sangre real. La metáfora no sólo se aplica al hecho de que al crecer pudo hacer brillar su belleza interior y su extraordinario talento, sino que explica que él pertenecía a un linaje superior, era hijo de un rey.

Andersen, quiso ser cantante de ópera y actor, pero triunfó como escritor y poeta, siendo sus libros de cuentos de hadas los que le llevaron a alcanzar la fama. Murió en Copenhague el 4 de agosto de 1875.

Que Andersen se inspiró en su propia vida para crear el Patito Feo no es una invención de historiadores y estudiosos de la literatura, lo confesó él mismo. En una ocasión el crítico Georg Brandes le preguntó si tenía pensado escribir su autobiografía, Andersen le contestó que ya había escrito “El patito feo”.

La rubia de los perros

Se había quedado viuda muy joven. Difunto marido empresario , le dejó dinero y una buena pensión. Tenía una linda casa con tejas rojas, columnas y paredes blanca estilo español. Al frente tenía rosales bellos y portones con rejas de hierro. Tenía varios perros.

Le decían, en el barrio “la rubia de los perros”, gozaba además de la fama de no ser rubia natural sino “oxigenada”, que las tintas en esos años, no eran muy famosas.

Creo que yo tenía como diez años y nada de lo que decían me parecía verdadero. A mí me gustaba saludarla y si estaba en el jardín del frente con sus enormes perros, me detenía e intentaba conversar con la vecina. No era muy simpática pero creo que de niña yo era capaz de hacer hablar hasta a los muertos.

No es que yo entendiera que con el paso del tiempo dejó de ser “ la rubia de los perros” y muchas veces era la “degenerada de los perros”. Quiero decir qué pasó mucho tiempo para que mi intriga me hicieran escuchar tras las puertas para ver de qué iba aquella palabra.

– Y por eso tiene perrazos enormes- decían

– Y nunca más se casó- agregaba otra voz.

– Pero ustedes exageran – juzgó otra voz- todo eso no quiere decir que tenga sexo con los perros…exagerados!!!

Y me quedé helada. Sexo con los perros. En mi imaginario eso no existía y odié las invenciones y el chusmerío de los adultos de mi familia. Cada vez que pasaba y veía a la mujer, la saludaba y acariciaba la cabezota de algún perro. Así conseguía que ella hablara algunos minutos conmigo.

Fueron pasando los años, tres o cuatro tal vez, y el chisme ya era notorio, no sólo para el barrio, el pueblo lo sabía. Ella parecía inmutable, siempre saludaba con educación y salía para hacer sus compras muy bien vestida y peinada.

Los perros variaban, no puedo explicar el porqué, tampoco puedo imaginar cómo hacía para cuidar ocho perros enormes. Pero todos estaban bien alimentados y de pelaje brilloso.

Una primavera calurosa dejamos de verla. Nadie preguntó nada pero los vecinos cercanos comenzaron a quejarse del aullido permanente de los perros, que nunca habían molestado. Y después llamaron a la policía porque había mal olor.

Dijeron que en pleno acto sexual con uno de los perros, se atacaron entre ellos y la mordieron tanto a ella que se desangró. Uno de los perros también había muerto.

Mataron en la perrera local a los otros perros, no fue casi nadie a su entierro y después de un tiempo vino un sobrino y puso en venta la casa.

La historia rodó y cambió de boca en boca, como en todo pueblo pequeño. Nunca supe si hubo algo de verdad en ella, desearía que no, pero no tengo forma de saberlo.

Un agujero en el costado izquierdo

Cuando me contó que vivía desde hacía años con un agujero en el pecho, lo tomé metafóricamente.

En las duchas, pude verlo y era un hueco casi sobre el corazón. Limpio, sin sangre, como si lo hubieran trazado con un compás. Y se podía ver para el otro lado sin problemas.

Desde ese día me dió miedo acercarme y hablarle, no se puede ser amistosa con una persona que no tiene corazón o tiene la mitad, pero sigue viva.

Debo reconocer que mi miedo obedece al desconocimiento porque sin ser por ese hueco era amable, simpática, empatizaba y era solidaria.

Pero el hueco y mi ignorancia me alejaron para intentar conocer su verdad…

Dudas

En tiempo cómo estos tengo dudas de estar viva.

Que tengo que redefinir qué es vivir para saber si aún vivo. Funciones vitales que se cumplen a buen ritmo: es vida.

Pero si una siente que ya no puede, que se agotó y nada tiene sentido? Ah, si, claro ahí se toma un antidepresivo y funciona unas horas eso de “ tener ganas”…

Y si llega la noche y el sueño no viene y se agota el pensamiento, viene la otra pastilla que te duerme y te despiertas como idiota.

Hace años soy drogadicta con receta, soy obediente y respeto, tomo lo necesario. Me porto bien y al otro día me baño, trabajo y hago un poco de gimnasia. Qué vida espectacular llevo.

Qué buena y obediente me puse. Pero de todos modos sé que no estoy del todo viva.

Sólo ese amor me hace obedecer. Es un amor que nunca abandona, que siempre acompaña, que jamás traiciona, que cuida y protege.

Estoy medio viva gracias a él.