Anoche soñé con pájaros que bailaban y se reían de mí. Sabía que soñaba pero no quería ni podía despertar. La danza de los pájaros me dolía porque no podía danzar con ellos. En un extremo del cielo se unieron todos y dibujaron figuras geométricas fantásticas. La música era de otra dimensión sin ningún sonido posible o conocido. Una lluvia de terciopelo plateado me mojó las manos y entonces pude extenderlas hacia ellos…era tarde, ya brillaba el arco iris y la danza terminaba con la última gota.
Cuando logré despertar y tomar notas de mi sueño vi la cama cubierta de plumas húmedas.
Autor: María Luisa De Francesco
Agujas
Mamá siempre repetía que ella con una aguja tenía lo que quería. No sólo obtenía un vestido, una camisa, una bata desde un trozo de tela. Mi madre podía conseguir objetos maravillosos que no salen de una aguja común y corriente.
Una vez cosió un billete de cien pesos y tuvimos una época distendida en dinero. Otra vez cosió granos y tuvimos la despensa llena. Cosía pelos de parejas descarriladas y les volvía el amor como en racimos. Cosía ropitas de niños pálidos y les volvía el color y la fuerza. Cosía pelos de animalitos enfermos y los sanaba. Mi padre estaba sujeto a ella por un amor de mil hilos.
Mi casa estaba sujeta a aquella vida por millones de agujas de tamaños inverosímiles. Desde pequeñitas para los llantos de bebé hasta las gigantes que ataban desde un amor o un sueño imposible hasta un hogar, como el nuestro.
Mi madre cosía todo el tiempo y contaba cada puntada. Lo más increíble era que recordaba cuantas daba para cada cosa. A veces cobraba dinero pero otras, comida o ropas, cosas necesarias pero no imprescindibles, decía al pasar los costos. Cuando su fama de costurera universal de todo lo aferrable se extendió por varias zonas, le exigimos con papá que subiera los costos. Y ella cosió para nosotros un billete grande y nuevo. Y comenzaron a llegar a sus manos laboriosas la gente que tiene dinero y aún así, necesita más cosas. Y le pagaban aunque mamá siempre se reía de sus pretensiones. Pero nunca les aferró a sus hilos ambiciones desmedidas o propósitos desopilantes. Mi madre cosía con éxito sólo las posibles necesidades dignas y humanas. Ganó prestigio, todos la necesitaban. Sus manos mágicas cosían un mundo de deseos buenos.
Su vida no fue la misma. Dejó de dormir para poder cumplir y luego de comer. Las agujas y los hilos la fueron atrapando de tal manera que ella misma quedó cosida. Un día dejamos de verla y llorando a gritos la buscamos. Mi padre la encontró cosida a su cama y me dijo que mañana o pasado volvería.
Y volvió. Y fue mi mamá y por suerte nunca más recordó su afán por coser los deseos de otros.
Mujer piedra
Comenzó a juntar piedras cuando era niña. Su búsqueda la hizo construir un espacio en su casa para amontonarlas. Una vez al año las sacaba, las lavaba y las ponía al sol.
En su adolescencia recorrió distancias sólo por encontrarlas. Solía volver a su casa con bolsas llenas de piedras. Llegó el momento en que su familia comenzó a considerar aquello una especie de enfermedad. Intentaron de diferentes formas que abandonara su obsesión. Y por un tiempo detuvo los excesos y trajo sólo alguna los fines de semana.
Cuando ya era una mujer formada, trabajaba y tenía su propio negocio, construyó la casa de sus sueños colocando en el patio todas las piedras que había coleccionado y dormían en la casa de sus padres.
Nunca tuvo tiempo para formar su propia familia, su vida era su negocio y distraerse juntando piedras. Después que tapizó el patio de su casa con las piedras comenzó a buscar más. Y así las fue pegando en las paredes. Hacía una mezcla e iba pegando más y más.
Ella siempre repetía, ante las preguntas inevitables que todos le hacían, que ella no buscaba las piedras sino que ellas la llamaban.
Así fue como un día su casa entera estaba cubierta de piedras, piedrecitas, filosas, chatas, de colores diversos e infinitas formas. Y su casa se transformó en lo más llamativo de la aburrida ciudad.
Envejeció despacio y serenamente, siguió colocando o guardando piedras a diario y un día no la vieron salir más de su casa. Y así pasó una semana, finalmente llamaron a un hermano.
Nunca encontraron rastros de ella. Se hicieron conjeturas de demencia senil y hasta de un posible asesinato. Pero nada fue comprobado y ahí siguió en pie la casa y sus piedras.
Hasta que los sobrinos decidieron venderla… pero nunca lo lograron. Seguramente las piedras no eran bien vistas por los compradores. Y cuando intentaron sacarlas los ganó un cansancio y un hastío súbito y enfermizo que los hizo abandonar la idea.
Pasó un tiempo para que decidieran dona la casa para una escuela de arte. Allí cantaron, pintaron, escribieron, bailaron e hicieron mil cosas más un buen número de niñas, niños, jóvenes.
Lo único extraño, si es que lo hay, es que muchos dibujaban una mujer de piedra…
Este relato fue escrito también en ese taller…
Espejos gemelos
Los compramos idénticos: como vos y yo. Eran como nosotras pero cada quién tenía el suyo. Lástima haberlos comprado idénticos. Eso no fue inteligente.
Fuimos gemelas , alma y corazón en un puño, en un útero crecimos y nos contemplamos. Después pasó la vida. Y justo antes de separarnos el tonto juego de cambiar espejos.
Del otro lado del mundo mi espejo te mira y a mí el tuyo. Te avisa y me avisa y sabemos el final antes que los demás.
Hoy lloré con tu espejo desde el amanecer. Corrí a mirarlo y te vi sin vida. Cuando a media mañana sono el teléfono…ya sabía la noticia: del otro lado del mapa estabas muerta desde hacía casi diez horas.
Hoy regresé de eso que llaman sepelio, horas de viaje en avión para acompañar tu última morada, me traje sólo tu espejo.
Quedará tu ausencia gemela en mi
alma, y una pregunta que ronda mi cabeza… podrás comunicarte conmigo? Habrá alguna posibilidad? El espejo nos servirá de nexo?
Y la otra pregunta: en cuál de los espejos vislumbraré mi muerte antes que llegue?
La bruja Reina
Esta bruja reina
Esta es la bruja Reina
y muchos remiendos usa
Anda sin ninguna prisa :
su escoba es imprecisa,
y está corta de vista
Llega como los reyes,
el seis de enero,
porque ama el veraneo,
pero solo
trae libros y ninguna otra cosa
es una bruja caprichosa…
Llega, tira libros por todos lados
se esconde en algún costado
Y nadie puede descubrirla
porque se transforma en dado!
Es viejita y no ve bien…
Hay que tenerle paciencia
pues es la única en la tierra
que regala historias por doquier
sin preguntar para quién
Año 2021
Quiero escribir un poema
uno que valga la pena
para este año qué pasó
y a todos nos agotó.
Escribir todas las palabras
y de cada uno su azaña
para escaparse de la guadaña.
Quiero dejar mis penas
y escribir a toda prisa,
porque el veinte ya se va,
ojalá no vuelva más,
porque fue un tanto maldito…
Que venga el año nuevecito
lleno de aire limpiecito
y aleje esos bichitos que son
malos, implacables y dan tos
los muy malditos.
Se aferran a los viejecitos
hacen cerrar las escuelas
la calle llena de máscaras :
eso también da pena!
Tengo que escribir rápido
poner un mantel florido
y abrazar con colorido
al año recién nacido!
Abrazar al mundo
mundial entero
portarme mejor prometo
y cuidar a los abuelos!
Llega el año nuevecito:
creo que viene limpito
y en unos días más,
del monstruo del 2020
todos nos vamos a olvidar!!!
La mujer del fantasma
Vivía en una casita pequeña y bonita alejada del pueblo con su perro y nadie más. Subía al pueblo sólo por víveres y conversaba un poco con los vecinos.
– Ni vi ni veré jamás un fantasma – repetía hasta el cansancio cuando surgían inevitables las preguntas.
De noche salía sola a recorrer los senderos que rodeaban su casita, el perro tras ella, con el lomo erizado y gruñendo. Cuando lanzaba el primer aullido ella buscaba entre las sombras y veía el claro contorno de la figura masculina.
El perro se alejaba y ellos caminaban juntos. Una hora, dos, a veces toda la noche. Hasta que sin hablar él la abrazó y la besó. Ella no sabía responder porque no se puede abrazar ni besar un fantasma pero él, podía leer su intención.
Después comenzaron a compartir la cama y los sueños,afuera el perro aullaba como un lobo.
Y para cuando el pueblo se enteró y la tildaron de bruja, para cuando el pueblo se fue de noche a su casita para saber la verdad de este cuento, sólo hallaron al perro gimiendo lastimero y ningún rastro de fantasma… tampoco volvieron a ver a la mujer.
Espejos gemelos
Como vos y yo. Eran nosotros pero cada quién tenía el suyo. Lástima haberlos comprado idénticos. Eso no fue inteligente.
Somos gemelas , alma y corazón en un puño, en un útero crecimos y nos contemplamos. Después pasó la vida. Y justo antes de separarnos el triste juego de cambiar nuestros espejos idénticos.
Del otro lado del mundo mi espejo te mira y a mí el tuyo. Te avisa y me avisa y sabemos el final antes que los demás.
Hoy lloré con tu espejo desde el amanecer. Corrí a mirarlo y te vi sin vida. Cuando a media mañana sonó el teléfono…ya sabía la noticia.








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